The New York City
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Salón de la fama
Nació en la ciudad de New York, con descendencia inglesa por parte de ambos padres quienes se dedicaban al narcotrafico. Sus padres se vieron obligados a dejar Londres gracias a que sus cabezas tenían precio; ambos pensaron que en New York estarían a salvo , consiguieron nuevas y viejas amistades, se hicieron un lugar entre las mafias de la ciudad, hasta que un día, nueve años después sus enemigos finalmente los encontraron. Irrumpieron en la residencia de los Ripper y armaron un baño de sangre del que nadie salio vivo, nadie a excepción de Derek quien se mantuvo escondido mientras la ayuda llegaba. Antes de que se armara todo el escándalo por el baño de sangre, los hombres de un viejo amigo de los Ripper llegaron al lugar, rescataron a Derek y lo llevaron a Corvinus, un viejo mafioso retirado que a partir de ese momento se hizo cargo de Derek. Lo educo con métodos poco usuales, educación solo en casa, torturas, castigos, golpes que fueron llenando poco a poco el cuerpo de Derek con todas las cicatrices que tiene hoy en día bajo los tatuajes de su piel. Siempre vio a Corvinus como su segundo padre, pensando en que todo lo que le hacía era por su bien, nunca tomo rencor contra él. En el tiempo de su estadía con Corvinus conoció a Dimitri, él que se convertiría en su mejor amigo casi hermano y con quien años después, a la edad de 19 años se marcharía para probar fortuna por su propia cuenta, sin la ayuda de Corvinus. Fueron años los que le costaron para escalar escalón por escalón para llegar a la cima. Hizo cosas inhumanas para lograr sus objetivos, paso por encima de quien hiciera falta para conseguirse el respeto de sus enemigos y de todo aquel que siquiera escuchara su nombre y 5 años más tarde se convirtió en uno de los narcotraficantes más conocidos en New York y más buscados por la policía.
Líder Mafioso
Derek W. Ripper
Nació en California gracias a un accidente de una noche, motivo por el cual en su infancia se vio reflejado el poco apego por parte de sus padres, sobretodo por el lado de su progenitor. En la misma época, se vio desplazado por la presencia de su hermano menor que pareció ser la solución a todos los problemas que la familia presentaba. De tal manera, se crió casi por su cuenta de forma inestable, llegando a crear conceptos bastante errados y desconcertantes acerca de la vida misma. A los dieciocho años, abandonó su hogar para entregarse a las calles, donde se dedicó a vender droga para costearse la carrera de arquitectura en la universidad. A pesar de haberse graduado, nunca llegó a ejercer, pues durante el trayecto descubrió la gran pasión que sentía por la mezcla y las bebidas. Empezó específicamente a los veintitrés como conserje en un bar de mala muerte, lugar en el que se dedicó a observar la manera en la que los que atendían la barra se desplazaban para luego copiar sus movimientos en sus horas libres. Fue avanzando así hasta adquirir experiencia en el asunto y acabar recorriendo medio país con el único fin de ganar reconocimiento, acabando por ser el favorito de uno o más empresarios exitosos. A la edad de treinta y cinco, decidió establecerse en New York donde su carrera alcanzó el apogeo al ser ascendido a gerente del bar en el que trabajaba, obteniendo así la preferencia de las grandes estrellas de la ciudad y además, al ganar el World Class que lo coronó como el mejor barman del mundo.
Bartender World Class
Boris Dixon
Ivy Rose nació la noche caótica del fin de milenio en un hospital del Bronx, en una sala llena de gente, junto a una anciana que moría y de la cual, por un error, tomó su nombre. Nació adicta y su madre la abandonó ahí mismo. A los seis meses salió de rehabilitación por heroína solamente para ser encerrada de nuevo en uno de los tantos MAC de la ciudad de New York. A los ocho años forma parte de un programa de integración al arte, decantándose por el ballet, mismo que practica hasta ahora y para el cual tiene bastante habilidad. A los doce es adoptada por una pareja de artistas de éxito que la hacen conocer el mundo exterior, lo caótico y hermoso que puede ser, lo brutal también pues, después de adaptarse y amarlos, se lo arrebatan todo de golpe. Su madre adoptiva se suicida dos años después y su marido la sigue un año después. Ahí comienza la caída libre para Ivy quien a los quince era alcohólica y comenzaba con otro tipo de drogas; convencida de que su paso por el mundo sería breve, Ivy Rose comenzó a dar pasos gigantescos, comienza a querer vivir y experimentar de todo hasta que se da cuenta que no puede, porque algo dentro de ella se apagó cuando se dio la primera línea de coca y llegó a un hogar vacío. Es en ese mismo año que conoce a su mejor amigo con el que tendrá una experiencia demasiado grave la cual la hace reconsiderar un poco su vida, anesteciada de emociones, entra en rehabilitación, se llena de trabajos, retoma la escuela y conoce a Felicia. De marzo a mayo trabaja como Bella Durmiente, un servicio de chicas para hombres acaudalados en donde conoce a Nando Morelli, el hombre que le torcería la vida de nuevo al iniciar una relación por demás ílicita. Recae en las drogas y desciende más hacia el abismo hasta tomar una escala, un coma a causa de una sobredosis. Nando desaparece de su vida y ella sigue cayendo. Son los Peyton quienes colocan una red de contención y la detienen adoptándola al conocer su historia, es con ellos con quienes conoce lo que es tener una familia y una vida digna. Morelli reaparece en su vida, limpio y amándola y es él la parte más rota de su vida por la cual entra más luz a su interior. Después de caer por fin en el abismo y darse cuenta que lo que había ahí abajo era ella misma en su total realidad, Ivy Rose decidió comenzar a subir, paso a paso, tomando la mano de los que la rodean y quieren verla bien, de los que la apoyan. Una oportunidad única en la vida llega gracias a alguien que ella desconoce y su rumbo toma otra dirección, lejos de la ciudad, tomando un lugar por el cual, siempre en su vida, tendrá que luchar con uñas y dientes por mantener. Ha fijado residencia en Covent Garden, Londres, viajando a New York cuando puede, aunque no sean muchas ocasiones porque tiene demasiadas cosas que hacer, Academia, colegio, pareja, mantener la popularidad que gracias a su personalidad y escándalos (su relación ilícita, aunque legal en Londres, ahora es pública) ha obtenido… Intentando salvarse de ella misma cada día, pero intentando sobrellevarlo todo con una enorme sonrisa y con el orgullo y la arrogancia que la caracteriza.
High School Queen
Ivy Rose Hathaway
Nacido en Queens, Nueva York de madre inmigrante. Lo poco que Lucas ha conocido de su verdadera madre es que era mexicana y que murió al darle a luz, muchos rumores sobre su madre biológica le han confirmado que probablemente su padre era un mafioso muy influyente, sin embargo esos rumores nunca fueron confirmados y después de todo eso fueron. Adoptado por una pareja que jamás tuvo la dicha de formar su propia familia, sin embargo al ver al pequeño bebé de inmediato comenzaron los trámites para adoptarlo y terminaron por ponerle Lucas Earle. Su padre un policía de Queens le enseñó cada una de las cosas que hoy en día aplica. Cuando aplicó a la academia, pronto destacó entre sus demás compañeros, sus jefes pronto notaron que aquel joven tenía una vocación que una profesión de ser policía, lo recomendaron para que fuera a la Interpol en Londres donde pasó un tiempo y de inmediato fue asignado a Nueva York como policía encubierto, pronto conoció a la que se convertiría en una de sus mejores amigas y madre de sus hijos. El tiempo con la Interpol término cuando la CIA comenzó a ofrecerle un puesto como agente, pero Lucas decidió rechazarlo. No fue que hace dos meses que estuvo como agente de la CIA y después de terminar un caso enorme de trata de personas con toda su red, sufrió un accidente que dañó parte de su cerebro, actualmente rige como Jefe de Fuerzas Tácticas, puesto que sus amigos y compañeros no dudaron en recomendarlo por su enorme esfuerzo y porque realmente es un policía de campo con ese toque de saber cómo piensa una mente criminal.
Jefe de Fuerzas Tácticas de la CIA
Lucas Earle
Nació una tarde de Agosto en Seattle. Hija del dueño de una fábrica de vidrios y una abogada fue la adoración. Segunda y última hija del complicado matrimonio Peyton, fue la bebe que se suponía salvaría el matrimonio pero no pudo ser, las disputas ganaron la batalla a la familia y terminaron divorciándose cuando Isabella no cumplía un año de nacida. Ambas niñas se fueron con su madre quien dejo su crianza en mano de sus abuelos por lo que ambas fueron enseñadas con los mismos principios con los que sus abuelos criaron a sus hijos. Isabella siempre hablaba y pedía tener acercamientos con su padre quien las visitaba pocas veces en Seattle, aun así en ella nació una afición por el vidrio que pronto le terminaría haciendo descubrir el arte en él. A medida que fueron creciendo Lucy se alejaba más de Isabella quien siempre quedaba detrás gracias a su edad, para cuando Lucy cumplió dieciocho años ya no estaba presente en la vida de su hermana menor quien con trece años quedo a la merced de los juegos de sus primos menores. A pesar de que el malestar por la actitud de Lucy la afligía su adolescencia no estuvo llena de únicamente momentos tristes, sus primos le enseñaron a adorar aquellas costumbres de la ciudad que finalmente despertaron su interés, los próximos años los paso entre juegos de fútbol americano, reuniones con sus amigos de escuela y el estudio del vidrio y los grandes murales que llenaban de colores las iglesias y daban al sol una bienvenida feliz todo los días. Su padre comenzó a mostrar más interés por acercarse cuando Isabella tenía 15 años, la joven no puso contras al interés de su padre, ella quería estar presente en la fabricación del vidrio desde cerca, quería convertirse en una artista que pudiese moldear figuras fantásticas y brillantes, por ese motivo acepto que su padre la llevara de paseo a Nueva York de vez en cuando donde paso muchas horas en su fábrica, aprendió a calentar vidrio y darle formas, a tallarlo y pintarlo, su padre dio riendas sueltas y fueron los años más maravillosos de su vida. Entre aviones y viajes llego a la universidad de Boston donde estudio Artes modernas. Con 23 años tenía una carrera prometedora, por lo que se mudó a Nueva York donde con ayuda de su padre comenzaría a dibujar el nuevo destino como artista dejando a un lado cualquier sentimiento que le hiciera sentir culpable de nuevo. En La ciudad del pecado conoció a su mejor amigo quien más adelante se convertiría en el padre de sus dos hijas. Después de haber tenido en mente una colección formada por cuadros cuya pintura se vería mezclada con pedazos de vidrios de colores, se atrevió a realizarla y enviarla a Italia para que fuese publicada en una galería en crecimiento que celebró una gala para críticos exigentes. Sus cuadros fueron un éxito total. Uno de ellos se comenzó a exhibir en una famosa galería donde solo los grandes artistas exponen sus obras. Después de ese día Isabella fue reconocida por periódicos locales Como una gran artista en el arte del vidrio y se hizo famosa a nivel mundial. Sus cuadros ahora son valorados por grandes cantidades de dinero y tiene muchos pedidos de clientes exigentes y conocedores.
Artista Vidriera
Isabella Peyton
Un 18 de Octubre de 1990 nacería una rubia dispuesta a comerse el mundo. Elisabeth Angelica Maier se trataba de la hija de Michael Maier y Arabella Leisser. Ambos que se conocieron en Harvard, su padre dejó el mundo militar para acabar derecho allí mientras que su madre, proveniente además de Ámsterdam, intentaba sacar adelante la carrera de empresariales pagándose los estudios trabajando como camarera en el propio recinto universitario. Hay personas que no creen en el amo a primera vista, pero lo que ellos tuvieron fue prácticamente un flechazo. A los 25 se casarían y enseguida tendrían a su encantadora hija. Elisabeth era especial, su abuelo paterno lo sabía ya que tenía un magnetismo completamente distinto al de sus demás nietos. Criada en el propio territorio paterno, no era raro que la muchacha empezase a alimentarse del ambiente jurídico, a fin de cuentas los Maier eran famosos por eso. A medida que los años pasaban ella seguía interesándose por ese mundo, y además intentaba paliar cualquier grado de controversia experimentado en su círculo familiar. Sus padres no dejaban de pelearse, vivía un puro drama aquella rubia aniñada. A los 10, se divorciarían. Entre la poca comunicación que existía entre sus padres, y que a ella le mandaban de un lugar a otro para tenerla lejos de ese conflicto... Ella acababa hartándose. A Elisabeth le gustaba estar con sus primos y sus abuelos, pero evitaba en cualquier situación encontrarse con los otros dos. Los años no tardaron en pasar y a pesar de que en su vida emocional hubiese pasado un bache como el de Jakob Hoffman, sintió la necesidad de cortar raíces e ir a la misma Universidad que la de toda la familia Maier, a estudiar lo que le gustaba; El Derecho. Tenía pensado acabar aquella carrera y una vez así entrar en el bufete de su abuelo, no tardó demasiado en acabar y así hacerlo. Empezó a hacerse un nombre en el propio bufete, subiendo escalafón y a raíz de pelearse con unos y con otros llegó a dónde quería. Deseaba poder ser una digna sucesora de su abuelo y así hacerse con la empresa. Tenía todo en mente, pero por su vida se cruzaron un par de ''obstáculos'' que no podía dejar de lado. Se casó con el que creía ser el hombre de su vida, creyó estar embarazada de él y justo después de descubrir todas las mentiras que le había estado diciendo, se divorció y se encontró con que no era el padre de sus actuales retoñas. Al parecer este bombo sorpresa vino de regalo por un encuentro que tuvo con el que ha considerado -y sigue considerando- su mejor amigo, y actual pareja, Boris Dixon. Su vida sentimental parecía mejorar, y hasta la de sus padres que volvían a las andadas con encuentros sexuales muy de la época de los setenta. Pero su vida no se vio completa hasta que por fin, el mismo día de sus veintiséis cumpleaños su abuelo y su padre le regalasen la meta que siempre había ansiado; Ser la dueña del bufete. Madre de gemelas, dueña de cuatro perros, novia de lo más encantadora y ahora, jefa de su propio mundo. ¿Se podría pedir algo más?.
New York's Drama Queen
Elisabeth A. Maier
Normas básicas
Ξ Mínimo 10 líneas completas.

Ξ El +18 está permitido on-rol, se debe indicar en el post.

Ξ Recuerda que saludar a los demás en la CB es parte de una convivencia más agradable y llevadera.

Ξ Avatar: 220x400 / Firma: 500x250

Ξ La multicuenta está permitida, pero si el primer PJ es femenino, el segundo debe ser masculino, sin excepciones; lee el reglamento completo para mayor información.

Ξ Antes de realizar registros hay que tener aceptada la ficha.

Ξ Para tener color hay que tener la ficha aceptada, todos los registros hechos y el MP de la cuenta New York respondido.
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Mensaje por Ethan P. Langdon el Mar 31 Mayo 2016 - 22:32
Después de haber visitado el hospital y que le diagnosticaran diabetes gestacional, Ethan estaba mucho más pendiente de Day. Sí que podía agobiar un poco, lo admitía, pero quería que estuviese bien, tanto ella como el bebé y solo pisar el hospital para las ecografías o las visitas reglamentarias del embarazo. Habían salido a comprar unas cuantas cosas que necesitaban, la nevera y la despensa se estaban quedando vacías por lo que decidieron salir al súper aquella tarde. Incluso habían pasado por una tienda para bebés en el que Day había aprovechado para comprarle ropa al pequeño que estaba en camino. No podía creer que después de unos meses tuviese a algo tan pequeño, tan suyo, entre sus brazos.

Las bolsas pesadas las llevaba Ethan mientras que Day llevaba la ropita y alguna bolsa menos pesada. En su estado mejor que no cogiera peso por lo que al llegar al bloque en el que vivían y saludar al portero, decidieron subir por las escaleras en vez de subir por el ascensor. Últimamente Day prefería hacer ejercicio, como ella lo llamaba, y subir por las escaleras antes que por el ascensor. Estaban casi llegando al rellano dónde se encontraba su puerta, cuando de repente se apagó la luz. — Pero… ¿Qué…? — se quejó subiendo un escalón al ver aquel apagón. Se asomó por el hueco de la escalera y pudo ver que todo el edificio estaba a oscuras. — Mierda, tengo el móvil sin batería — dijo a tientas buscando a Day al escuchar un golpe sordo. — ¿Day? ¿Estás bien, amor? — preguntó preocupado.
Ethan P. Langdon
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Mensaje por Daisy O'Neil el Dom 5 Jun 2016 - 18:14
El estado de mi embarazo avanzaba sin más sustos. Desde que habíamos salido del hospital me había tomado el embarazo de otra manera. Estaba bastante concienciada en que debía dejar el azúcar ya que me habían diagnosticado diabetes gestacional, así que aparte de quitarme el azúcar de la dieta la mejore mucho mas haciéndola más saludable y añadí hacer ejercicios diariamente y no solo el que hacía con Ethan casi a todas horas. Joder, parecía que el que estaba embarazado fuera él y no yo. Obviamente no iba a ser yo la que me quejase ya que me encantaba hacer el amor con él y además había leído que era bueno para el bebé ya que los estímulos que me provocaba Ethan ayudaban al mejor crecimiento del feto o eso había entendido que tampoco es que yo fuera una entendida del tema pero que si decía que follar era bueno pues me aprovechaba de ello.

Lo mire por encima de mi hombro – No me mires así, no solo vamos a hacer ejercicio en horizontal – le guiñe un ojo y solté una carcajada mientras seguía subiendo las escaleras. Habíamos ido a hacer la compra porque las reservas en casa habían bajado considerablemente así que era hora de hacerle una visita al supermercado. Aparte habíamos pasado por una tienda de bebés en el que acabe comprando un par de cosillas para mi bichito. Cuando llegamos a casa tuve la genial idea de subir por las escaleras por eso de hacer un poco mas de ejercicios lo malo fue que de repente la luz se fue dejándonos completamente a oscuras. – Mira, alégrate, si hubiéramos ido por el ascensor estaríamos encerrado allí dentro y eso si que no – dije divertida mientras a tientas seguía subiendo – Yo me lo deje en casa así que lo llevamos claro – me apoye en la pared y fui a subir cuando perdí el equilibrio. Sin saber como lo hice me acabe cayendo culo – Auch – dije al notar el golpe en los riñones – Me he caído, nene – le informe al escucharle tan preocupado – deja una ratito que se me vaya el dolor de riñones – me apoye un poco hacia atrás para intentar tranquilizarme y que no cundiera el pánico – Joder no se ve un carajo – dije con cierta molestia en la baja espalda.
Daisy O'Neil

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Mensaje por Ethan P. Langdon el Jue 9 Jun 2016 - 20:00
En aquello Day tenía razón, si hubiesen cogido el ascensor se hubiesen quedado allí encerrados hasta que se solucionase el problema de la luz. Ethan se había quedado sólo una vez encerrado en uno cuando era más pequeño, cuando acompañó a su padre a los juzgados a por unos papeles y no había sido especialmente agradable la experiencia. Se preocupó bastante más de lo que ya estaba al saber que se había hecho daño por lo que se sentó en el escalón e intentó llegar hasta ella guiándose por su voz. — ¿Dónde te duele? — preguntó tocándola a tientas para ayudarla. Quiso mantener la tranquilidad, no quiso ponerse nervioso ante la situación en la que ahora mismo se encontraban. Sin luz, en las escaleras y Day con dolor por la caída.

La tranquilidad le duró bastante poco, al acercarse un poco más notó un líquido que parecía sangre. — Day… estoy notando algo que no me gusta nada — buscó su mano a tientas y la puso en el lugar dónde estaba aquello. — ¿Seguro que solo te has hecho daño en los riñones? — se iba a cagar en todo si se había hecho algo pero sobre todo si el bebé había sufrido algún daño. — ¡LA LUZ JODER! — gritó al portero para que encendiera los plomos y volviese la luz. ¿Por qué coño se había tenido que ir la luz en ese momento y no cuando estaban en casa? Inspiró para calmar los nervios y negó, no, no podía haberse hecho tanto daño. — Vale, tranquila — agarró su rostro.
Ethan P. Langdon
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Mensaje por Daisy O'Neil el Lun 20 Jun 2016 - 3:14
El dolor comenzaba a cesar así que me calme, no había sido grave. Me intente levantar pero entonces escuche a mi hombre algo desesperado y me quede quieta – Estoy bien amor, solo ha sido una caída tonta – dije sonriendo como una tonta al notarlo tan preocupado por nosotros, si es que Ethan era sin duda el hombre perfecto. Alce un brazo para que lo cogiera ya que no se veía ni un carajo – Aquí, mi amor – le informe al cogerle de la mano y ayudarlo a sentarlo. – Todo bien, enserio – le volví a decir divertida por su reacción – No te preocupes tanto – comente mientras notaba como empezaba a palparme por todos lados buscando a saber que. Pero entonces sentí como se ponía tenso al instante – ¿Ethan? – pregunte ahora nerviosa porque no sabia que lo había puesto así de tenso. Para suerte o desgracia no tarde en descubrirlo – Cariño me estas asustando tú – dije justo antes de notar el liquido denso y caliente que salía de mi baja espalda. Fue en ese momento donde entre en pánico.

Sin poder remediarlo, dos gruesas lagrimas se derramaron de mis ojos – Ethan… Ethan… – comencé a decir algo perdida en mis pensamientos mientras lo escuchaba gritar al portero, el pobre no tenia culpa. Lo cogí de la camisa y tire de él para abrazarlo – Ethan tengo miedo… – le confesé entre lagrimas – ¿Y si le ha pasado algo a Evan? ¿Y si esta mal? Soy una inconsciente, esto es por mi culpa… si hubiéramos ido por el ascensor esto no habría sucedido – comencé a decir sin parar de llorar por los nervios y por la situación.
Daisy O'Neil

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Mensaje por Ethan P. Langdon el Lun 20 Jun 2016 - 21:00
Suspiró al saber que estaba bien, que no se había hecho daño nada más allá del golpe y agarró su mano cuando la encontró acercándose a ella. — Mi amor, será mejor que nos tranquilicemos o será peor — dijo al notar la reacción de Day al tocar lo mismo que había tocado el segundos antes. O se tranquilizaban o se pondrían mucho más nerviosos. — En cuanto vuelva la luz, nos vamos al hospital cagando leches — comentó preocupado dándole un beso en el pelo mientras la apretaba contra él para tranquilizarla, aunque el estuviese peor que ella. Tenía muchísimo miedo, al igual que ella, de que le hubiese pasado algo a Evan. Ahora ni se atrevía a moverse, no se veía nada de nada y temía que volviese a caerse y volviese a hacerse daño.

Acarició su vientre y se separó un poco de ella. — ¿Te duele o notas algo raro? — no tenía ni puta idea de que hacer pero al menos así, intentaba ayudarla en saber si de verdad algo iba mal o no. — ¿Te notas como siempre a pesar de la caída? — preguntó de nuevo. Sentía que si le preguntaba quizá la podía ayudar aunque lo que realmente necesitaban en aquel momento era un médico. 
Ethan P. Langdon
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Mensaje por Daisy O'Neil el Lun 20 Jun 2016 - 21:55
Todas las cosas malas habidas y por haber se me pasaban por la cabeza entre ellas la de perder a mi bebe a pocas semanas de dar a luz, estaba de 8 meses ya y perderlo ahora significaría mi muerte como persona. Apreté el abrazo que le daba a Ethan aun sintiendo mi mano manchada de ¿sangre? No tenía ni idea si era o no sangre y mucho menos lo podía averiguar a oscuras. Solloce de nuevo al escucharlo – Es lo que intento pero no dejo de pensar en si estará bien o no – dije como pude entre lagrimas – si le pasa algo te juro que me muero, Ethan – podía parecer un tanto melodramática, y quien dice un tanto dice muchísimo pero es que tan solo de pensar que a mi pequeño le pudiera pasar algo me mataba. Tome aire para intentar tranquilizarme, sabía que si me alteraba podía afectar a Evan si ya de por sí estaba mal – Nada mas vuelva la luz subes a casa y coges mi móvil para llamar a Dylan – dije algo mas calmada y mentalizándome para lo que pudiera pasar.

Tome aire varias veces para regular mi respiración y note como Ethan acariciaba mi barriga – No sé amor, estoy rara – confesé sin saber muy bien que decirle – lo que quiero decir es que estaba bien hasta que me has dicho lo de la sangre a partir de ahí como que me creo que me duele todo – suspire y entonces una cosa se me vino a la cabeza – Ay dios, seguro que esto es culpa de la puta de Samantha… no soporta que sea feliz y me ha echado un mal de ojo seguro – dije un tanto ida – como le pase algo a mi bebé te juro que la mato, Ethan – dije muy convencida con que la culpable era la bruja de mierda esa.
Daisy O'Neil

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Mensaje por Ethan P. Langdon el Lun 20 Jun 2016 - 23:41
Si le pasaba algo a su hijo, él también moriría. Aún no había nacido pero todo lo que les estaba haciendo sentir a los dos desde ahí dentro, era único e inigualable, por lo que las ganas de tenerlo entre sus brazos aumentaban a cada mes que pasaba. — Lo sé, cariño — la pobre estaba haciendo de todo por tranquilizarse y Ethan lo notaba. — No le va a pasar nada, todo va a ir bien — asintió y acarició su vientre de nuevo. — ¿Verdad que si, pequeñín?— preguntó acercándose a su vientre, hablando con su pequeño, guardando la esperanza de que estuviese más que bien. Asintió ante aquella petición. — Será lo primero que haga, tranquila — le faltarían piernas para subir hasta casa y llamar a su cuñado. Él mejor que nadie sabría qué hacer en aquellos momentos.

Ven y tranquilízate — abrió los brazos y la rodeó. Así él estaba mucho más tranquilo, si la tocaba y la abrazaba era como si algo en su interior le decía que todo iba bien. Ni en aquellas situaciones podía dejar de soltar esos comentarios, sus paranoias eran únicas. — Joder Day, eres de lo que no hay hasta en situaciones como esta — dijo riendo intentando calmarse. — ¿A qué viene eso ahora? — preguntó alzando una ceja.
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Mensaje por Daisy O'Neil el Mar 21 Jun 2016 - 0:10
Ya entre sus brazos algo mas relajada pero aun así alterada por mi descubrimiento, acabe por alzar la cabeza para mirarlo con el ceño fruncido – ¿Qué soy de lo que no hay? – pregunte sintiendo como la vena del cuello se me hinchaba por el cabreo – ¿Qué a que viene? O sea flipo – dije realmente cabreada, aunque sinceramente no sabía muy bien porque – Esa zorra lleva queriendo tener lo que yo desde la universidad – dije toda rabiosa – Es mas la muy puta al enterarse que estaba enamorada de ti te tiro los trastos y tu el muy idiota caíste y te acostaste con ella – de la nada cogí un folleto y comencé a darle con él al aire hasta que alcance a darle a él – ¿Cómo es posible que ella se diese cuenta que te quería y tu no, eh? – le espeté furiosa dándole con el papel a donde pillara – y lo que es peor… ¿Cómo es posible que te acostases con ese engendro del averno y no conmigo, eh? – bufe molesta – a veces pienso que te falta un hervor, después me dices que me ama y se me pasa – baje el folleto que había usado como arma y suspire cansada, esto se me estaba yendo de las manos.

A lo que me refería es que esa zorra inmunda no es la primera vez que me lo hace – dije aun convencida de que era eso – la última vez me paso en una audición, me caí y me lesione, poco después me entere que había sido ella – volví alzar el folleto al aire – te juro que como la pille le meto esto por el culo – sentencie aun enfadada y acabe girándome para volver a darle un golpe, esta vez supe que había sido en la cabeza – esa por acostarte con ella antes que conmigo, jum – esa espinita siempre la llevaría conmigo.
Daisy O'Neil

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Mensaje por Ethan P. Langdon el Mar 21 Jun 2016 - 0:31
Frunció el ceño ante tal cabreo, no sabía a santo de que venía ese tema ahora. Lo de Samantha había sido algo pasajero, un aquí te pillo aquí te mato y si te he visto no me acuerdo. Y precisamente eso era lo que le estaba pasando a Ethan, que ni siquiera se acordaba de ella. — No me acuerdo de ella — negó y de la nada notó como algo le daba en la cara. — ¿En serio me estás pegando con a saber que por eso? — preguntó riendo. Le hacía gracia la manera en la que le hablaba de aquella época y la tirria que le tenía a la chica. — Ya te lo he dicho muchas vecesestaba ciego y era un poco gilipollas, se repitió para sí mismo una vez más. — Y sabes que te amo y que eres la mujer más increíble que he conocido en toda mi vida — dijo acariciando su rostro.

Volvió a reír. — ¿Se puede saber que es eso? — preguntó antes de notar el golpe en la cabeza. — Ya me ha quedado claro. Para ya y relájate, por favor — pidió llevándose la mano dónde había recibido el golpe. — Joder Day, vas a dejar a Evan sin padre, al paso que vas… — bromeó intentando quitarle aquello que fuera lo que llevara en la mano. — Además, qué más da eso ahora, estoy contigo y me vas a dar un hijo. ¿Qué hay más importante que eso?— dijo pegándose un poco más a ella en el escalón.
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Mensaje por Daisy O'Neil el Mar 21 Jun 2016 - 18:41
Nerviosa como estaba por todo cuando me pregunto por segunda vez con que le estaba dando bufe – Yo que se, con un papel o un puerro ¿Quién sabe? Se me habrá olvidado como tu has olvidado a la puta esa – dije con inquina, no porque la hubiese olvidado si no por haberse acostado con ella – además para ser jugador de fútbol americano eres un quejica – le volví a dar con mi poderosa arma – Esa por quejica – dije antes de soltarla y suspirar porque sabía que tenía razón, ahora íbamos a ser padres, íbamos a tener un bebé y estábamos juntos al fin así que no debía recordar el pasado si no mirar al presente. – Oki ya, Señor endeble – dije abrazándome a él – te perdono que a veces seas tan cortito – sentí de nuevo la humedad entre mis piernas y me angustie nuevamente – ¿Es que nunca va a volver la puta luz? – dije al borde de un ataque de nervios – Como el portero no lo arregle pienso bajar con mi papel/apio asesino y le voy a dar pa el pelo – vale que no tuviera culpa pero debía pagar con alguien mis nervios.

De repente, como si dios me hubiera escuchado la luz se hizo en toda la escalera y rápidamente mire a Ethan – Rápido sube y llama – dije haciendo que saliera disparado hacia arriba como alma que lleva el diablo. Con temor mire hacia abajo y cuando descubrí que era lo que me mojaba una furia asesina me invadió. Como salida del mismísimo infiero me levante y cogí las cosas. Cuando llegue a casa lo encontré buscando el móvil – ¡ETHAN! – grite y justo cuando me miro acojonado le lance el tomate que había espachurrado con mi culo a la cara – Maldito era un puto tomate no nuestro hijo – y fue entonces cuando mire de nuevo a Ethan, con el tomate recorriendo su rostro que me dio y acabe sentándome en el suelo con un ataque de risa. – Estas bien cosita mía – dije acariciando mi vientre entre risas.
Daisy O'Neil

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Mensaje por Ethan P. Langdon el Mar 21 Jun 2016 - 19:33
Negó ante aquel mal humor que se gastaba a veces y que a él le hacía gracia. — Soy tu quejica favorito — dijo antes de llevarse otro golpe con el papel o apio, o lo que eso fuera. Aún tenía aquella espinita clavada de que se hubiese acostado con Samantha en sus tiempos y no con ella, que llevaba enamorada de él casi desde que lo había visto por primera vez. — Todo un detalle — bromeó abrazándola de nuevo, acariciando su pelo. — Como no se arregle pronto me voy a cagar en todo lo cagable — se unió a su queja y como si alguien los hubiese oído, comenzaron a encenderse las luces de la escalera poco a poco.

En cuanto volvió la luz ni siquiera miró que aquello que se había derramado fuese sangre, corrió escaleras arriba en busca del móvil de Day para llamar a Dylan. A duras penas pudo abrir la puerta de casa para abrir de lo nervioso que estaba. Una vez dentro, buscó el móvil de Day hasta que la oyó gritarle para de repente al asomarse, verse con un tomate espachurrado en toda su cara. — ¡Joder Day, ni que tuvieras puntería! — dijo quitándose los restos y comenzando a reír mientras se acercaba a ella poniendo morritos. — Ven aquí, patita — abrió los brazos para abrazarla y llenarla de tomate a ella también. Vaya paranoia se habían formado con el puto tomate, menos mal que Evan estaba perfectamente y no le había pasado nada.
Ethan P. Langdon
Localización :
Manhattan

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Mensaje por Daisy O'Neil el Mar 21 Jun 2016 - 23:14
Cuando sentí al tonto acercarse a mi para acabar esparciéndome el tomate por la cara, lleve mi mano hacia atrás y alcance mi arma suprema. No me lo pensé y le di un nuevo golpe en la cabeza – Eso te pasa por mancharme – dije entre risas para acabar abrazándome a él. Alce de nuevo el folleto y lo mire con una sonrisa divertida en los labios – Patentare esto como arma asesina en contra de quejicas – solté una carcajada y lo lance lejos con tan mala suerte que le di a un jarrón y lo partí – ¡Oh, cielos! Si que tiene fuerza ¿no? – mire a Ethan con cara de circunstancia y acabe por besarlo con amor – Debes estar pensando que tienes por novia a una loca – sonreí más ampliamente – debo darte la mala noticia de que así es, estoy loca – solté una nueva carcajada – loca por ti – volví a besar sus labios y cuando me separe me puse de pie para estirarme. Lo mire con una sonrisa – Ya que todo ha sido una falsa alarma y que todo esta bien por estos lares – me señale la barrigona – ¿Qué te parece si nos damos una ducha para quitarnos todo este tomate traidor de encima? – pregunte extendiéndole la mano para que me la cogiera, cuando lo hizo tire de él y ambos nos fuimos juntos pero sobre todo tranquilos a quitarnos de encima el tomate. Tendríamos una anécdota divertida que contarles a nuestros nietos.
Daisy O'Neil

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