The New York City
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Salón de la fama
Nació en la ciudad de New York, con descendencia inglesa por parte de ambos padres quienes se dedicaban al narcotrafico. Sus padres se vieron obligados a dejar Londres gracias a que sus cabezas tenían precio; ambos pensaron que en New York estarían a salvo , consiguieron nuevas y viejas amistades, se hicieron un lugar entre las mafias de la ciudad, hasta que un día, nueve años después sus enemigos finalmente los encontraron. Irrumpieron en la residencia de los Ripper y armaron un baño de sangre del que nadie salio vivo, nadie a excepción de Derek quien se mantuvo escondido mientras la ayuda llegaba. Antes de que se armara todo el escándalo por el baño de sangre, los hombres de un viejo amigo de los Ripper llegaron al lugar, rescataron a Derek y lo llevaron a Corvinus, un viejo mafioso retirado que a partir de ese momento se hizo cargo de Derek. Lo educo con métodos poco usuales, educación solo en casa, torturas, castigos, golpes que fueron llenando poco a poco el cuerpo de Derek con todas las cicatrices que tiene hoy en día bajo los tatuajes de su piel. Siempre vio a Corvinus como su segundo padre, pensando en que todo lo que le hacía era por su bien, nunca tomo rencor contra él. En el tiempo de su estadía con Corvinus conoció a Dimitri, él que se convertiría en su mejor amigo casi hermano y con quien años después, a la edad de 19 años se marcharía para probar fortuna por su propia cuenta, sin la ayuda de Corvinus. Fueron años los que le costaron para escalar escalón por escalón para llegar a la cima. Hizo cosas inhumanas para lograr sus objetivos, paso por encima de quien hiciera falta para conseguirse el respeto de sus enemigos y de todo aquel que siquiera escuchara su nombre y 5 años más tarde se convirtió en uno de los narcotraficantes más conocidos en New York y más buscados por la policía.
Líder Mafioso
Derek W. Ripper
Nació en California gracias a un accidente de una noche, motivo por el cual en su infancia se vio reflejado el poco apego por parte de sus padres, sobretodo por el lado de su progenitor. En la misma época, se vio desplazado por la presencia de su hermano menor que pareció ser la solución a todos los problemas que la familia presentaba. De tal manera, se crió casi por su cuenta de forma inestable, llegando a crear conceptos bastante errados y desconcertantes acerca de la vida misma. A los dieciocho años, abandonó su hogar para entregarse a las calles, donde se dedicó a vender droga para costearse la carrera de arquitectura en la universidad. A pesar de haberse graduado, nunca llegó a ejercer, pues durante el trayecto descubrió la gran pasión que sentía por la mezcla y las bebidas. Empezó específicamente a los veintitrés como conserje en un bar de mala muerte, lugar en el que se dedicó a observar la manera en la que los que atendían la barra se desplazaban para luego copiar sus movimientos en sus horas libres. Fue avanzando así hasta adquirir experiencia en el asunto y acabar recorriendo medio país con el único fin de ganar reconocimiento, acabando por ser el favorito de uno o más empresarios exitosos. A la edad de treinta y cinco, decidió establecerse en New York donde su carrera alcanzó el apogeo al ser ascendido a gerente del bar en el que trabajaba, obteniendo así la preferencia de las grandes estrellas de la ciudad y además, al ganar el World Class que lo coronó como el mejor barman del mundo.
Bartender World Class
Boris Dixon
Ivy Rose nació la noche caótica del fin de milenio en un hospital del Bronx, en una sala llena de gente, junto a una anciana que moría y de la cual, por un error, tomó su nombre. Nació adicta y su madre la abandonó ahí mismo. A los seis meses salió de rehabilitación por heroína solamente para ser encerrada de nuevo en uno de los tantos MAC de la ciudad de New York. A los ocho años forma parte de un programa de integración al arte, decantándose por el ballet, mismo que practica hasta ahora y para el cual tiene bastante habilidad. A los doce es adoptada por una pareja de artistas de éxito que la hacen conocer el mundo exterior, lo caótico y hermoso que puede ser, lo brutal también pues, después de adaptarse y amarlos, se lo arrebatan todo de golpe. Su madre adoptiva se suicida dos años después y su marido la sigue un año después. Ahí comienza la caída libre para Ivy quien a los quince era alcohólica y comenzaba con otro tipo de drogas; convencida de que su paso por el mundo sería breve, Ivy Rose comenzó a dar pasos gigantescos, comienza a querer vivir y experimentar de todo hasta que se da cuenta que no puede, porque algo dentro de ella se apagó cuando se dio la primera línea de coca y llegó a un hogar vacío. Es en ese mismo año que conoce a su mejor amigo con el que tendrá una experiencia demasiado grave la cual la hace reconsiderar un poco su vida, anesteciada de emociones, entra en rehabilitación, se llena de trabajos, retoma la escuela y conoce a Felicia. De marzo a mayo trabaja como Bella Durmiente, un servicio de chicas para hombres acaudalados en donde conoce a Nando Morelli, el hombre que le torcería la vida de nuevo al iniciar una relación por demás ílicita. Recae en las drogas y desciende más hacia el abismo hasta tomar una escala, un coma a causa de una sobredosis. Nando desaparece de su vida y ella sigue cayendo. Son los Peyton quienes colocan una red de contención y la detienen adoptándola al conocer su historia, es con ellos con quienes conoce lo que es tener una familia y una vida digna. Morelli reaparece en su vida, limpio y amándola y es él la parte más rota de su vida por la cual entra más luz a su interior. Después de caer por fin en el abismo y darse cuenta que lo que había ahí abajo era ella misma en su total realidad, Ivy Rose decidió comenzar a subir, paso a paso, tomando la mano de los que la rodean y quieren verla bien, de los que la apoyan. Una oportunidad única en la vida llega gracias a alguien que ella desconoce y su rumbo toma otra dirección, lejos de la ciudad, tomando un lugar por el cual, siempre en su vida, tendrá que luchar con uñas y dientes por mantener. Ha fijado residencia en Covent Garden, Londres, viajando a New York cuando puede, aunque no sean muchas ocasiones porque tiene demasiadas cosas que hacer, Academia, colegio, pareja, mantener la popularidad que gracias a su personalidad y escándalos (su relación ilícita, aunque legal en Londres, ahora es pública) ha obtenido… Intentando salvarse de ella misma cada día, pero intentando sobrellevarlo todo con una enorme sonrisa y con el orgullo y la arrogancia que la caracteriza.
High School Queen
Ivy Rose Hathaway
Nacido en Queens, Nueva York de madre inmigrante. Lo poco que Lucas ha conocido de su verdadera madre es que era mexicana y que murió al darle a luz, muchos rumores sobre su madre biológica le han confirmado que probablemente su padre era un mafioso muy influyente, sin embargo esos rumores nunca fueron confirmados y después de todo eso fueron. Adoptado por una pareja que jamás tuvo la dicha de formar su propia familia, sin embargo al ver al pequeño bebé de inmediato comenzaron los trámites para adoptarlo y terminaron por ponerle Lucas Earle. Su padre un policía de Queens le enseñó cada una de las cosas que hoy en día aplica. Cuando aplicó a la academia, pronto destacó entre sus demás compañeros, sus jefes pronto notaron que aquel joven tenía una vocación que una profesión de ser policía, lo recomendaron para que fuera a la Interpol en Londres donde pasó un tiempo y de inmediato fue asignado a Nueva York como policía encubierto, pronto conoció a la que se convertiría en una de sus mejores amigas y madre de sus hijos. El tiempo con la Interpol término cuando la CIA comenzó a ofrecerle un puesto como agente, pero Lucas decidió rechazarlo. No fue que hace dos meses que estuvo como agente de la CIA y después de terminar un caso enorme de trata de personas con toda su red, sufrió un accidente que dañó parte de su cerebro, actualmente rige como Jefe de Fuerzas Tácticas, puesto que sus amigos y compañeros no dudaron en recomendarlo por su enorme esfuerzo y porque realmente es un policía de campo con ese toque de saber cómo piensa una mente criminal.
Jefe de Fuerzas Tácticas de la CIA
Lucas Earle
Nació una tarde de Agosto en Seattle. Hija del dueño de una fábrica de vidrios y una abogada fue la adoración. Segunda y última hija del complicado matrimonio Peyton, fue la bebe que se suponía salvaría el matrimonio pero no pudo ser, las disputas ganaron la batalla a la familia y terminaron divorciándose cuando Isabella no cumplía un año de nacida. Ambas niñas se fueron con su madre quien dejo su crianza en mano de sus abuelos por lo que ambas fueron enseñadas con los mismos principios con los que sus abuelos criaron a sus hijos. Isabella siempre hablaba y pedía tener acercamientos con su padre quien las visitaba pocas veces en Seattle, aun así en ella nació una afición por el vidrio que pronto le terminaría haciendo descubrir el arte en él. A medida que fueron creciendo Lucy se alejaba más de Isabella quien siempre quedaba detrás gracias a su edad, para cuando Lucy cumplió dieciocho años ya no estaba presente en la vida de su hermana menor quien con trece años quedo a la merced de los juegos de sus primos menores. A pesar de que el malestar por la actitud de Lucy la afligía su adolescencia no estuvo llena de únicamente momentos tristes, sus primos le enseñaron a adorar aquellas costumbres de la ciudad que finalmente despertaron su interés, los próximos años los paso entre juegos de fútbol americano, reuniones con sus amigos de escuela y el estudio del vidrio y los grandes murales que llenaban de colores las iglesias y daban al sol una bienvenida feliz todo los días. Su padre comenzó a mostrar más interés por acercarse cuando Isabella tenía 15 años, la joven no puso contras al interés de su padre, ella quería estar presente en la fabricación del vidrio desde cerca, quería convertirse en una artista que pudiese moldear figuras fantásticas y brillantes, por ese motivo acepto que su padre la llevara de paseo a Nueva York de vez en cuando donde paso muchas horas en su fábrica, aprendió a calentar vidrio y darle formas, a tallarlo y pintarlo, su padre dio riendas sueltas y fueron los años más maravillosos de su vida. Entre aviones y viajes llego a la universidad de Boston donde estudio Artes modernas. Con 23 años tenía una carrera prometedora, por lo que se mudó a Nueva York donde con ayuda de su padre comenzaría a dibujar el nuevo destino como artista dejando a un lado cualquier sentimiento que le hiciera sentir culpable de nuevo. En La ciudad del pecado conoció a su mejor amigo quien más adelante se convertiría en el padre de sus dos hijas. Después de haber tenido en mente una colección formada por cuadros cuya pintura se vería mezclada con pedazos de vidrios de colores, se atrevió a realizarla y enviarla a Italia para que fuese publicada en una galería en crecimiento que celebró una gala para críticos exigentes. Sus cuadros fueron un éxito total. Uno de ellos se comenzó a exhibir en una famosa galería donde solo los grandes artistas exponen sus obras. Después de ese día Isabella fue reconocida por periódicos locales Como una gran artista en el arte del vidrio y se hizo famosa a nivel mundial. Sus cuadros ahora son valorados por grandes cantidades de dinero y tiene muchos pedidos de clientes exigentes y conocedores.
Artista Vidriera
Isabella Peyton
Un 18 de Octubre de 1990 nacería una rubia dispuesta a comerse el mundo. Elisabeth Angelica Maier se trataba de la hija de Michael Maier y Arabella Leisser. Ambos que se conocieron en Harvard, su padre dejó el mundo militar para acabar derecho allí mientras que su madre, proveniente además de Ámsterdam, intentaba sacar adelante la carrera de empresariales pagándose los estudios trabajando como camarera en el propio recinto universitario. Hay personas que no creen en el amo a primera vista, pero lo que ellos tuvieron fue prácticamente un flechazo. A los 25 se casarían y enseguida tendrían a su encantadora hija. Elisabeth era especial, su abuelo paterno lo sabía ya que tenía un magnetismo completamente distinto al de sus demás nietos. Criada en el propio territorio paterno, no era raro que la muchacha empezase a alimentarse del ambiente jurídico, a fin de cuentas los Maier eran famosos por eso. A medida que los años pasaban ella seguía interesándose por ese mundo, y además intentaba paliar cualquier grado de controversia experimentado en su círculo familiar. Sus padres no dejaban de pelearse, vivía un puro drama aquella rubia aniñada. A los 10, se divorciarían. Entre la poca comunicación que existía entre sus padres, y que a ella le mandaban de un lugar a otro para tenerla lejos de ese conflicto... Ella acababa hartándose. A Elisabeth le gustaba estar con sus primos y sus abuelos, pero evitaba en cualquier situación encontrarse con los otros dos. Los años no tardaron en pasar y a pesar de que en su vida emocional hubiese pasado un bache como el de Jakob Hoffman, sintió la necesidad de cortar raíces e ir a la misma Universidad que la de toda la familia Maier, a estudiar lo que le gustaba; El Derecho. Tenía pensado acabar aquella carrera y una vez así entrar en el bufete de su abuelo, no tardó demasiado en acabar y así hacerlo. Empezó a hacerse un nombre en el propio bufete, subiendo escalafón y a raíz de pelearse con unos y con otros llegó a dónde quería. Deseaba poder ser una digna sucesora de su abuelo y así hacerse con la empresa. Tenía todo en mente, pero por su vida se cruzaron un par de ''obstáculos'' que no podía dejar de lado. Se casó con el que creía ser el hombre de su vida, creyó estar embarazada de él y justo después de descubrir todas las mentiras que le había estado diciendo, se divorció y se encontró con que no era el padre de sus actuales retoñas. Al parecer este bombo sorpresa vino de regalo por un encuentro que tuvo con el que ha considerado -y sigue considerando- su mejor amigo, y actual pareja, Boris Dixon. Su vida sentimental parecía mejorar, y hasta la de sus padres que volvían a las andadas con encuentros sexuales muy de la época de los setenta. Pero su vida no se vio completa hasta que por fin, el mismo día de sus veintiséis cumpleaños su abuelo y su padre le regalasen la meta que siempre había ansiado; Ser la dueña del bufete. Madre de gemelas, dueña de cuatro perros, novia de lo más encantadora y ahora, jefa de su propio mundo. ¿Se podría pedir algo más?.
New York's Drama Queen
Elisabeth A. Maier
Normas básicas
Ξ Mínimo 10 líneas completas.

Ξ El +18 está permitido on-rol, se debe indicar en el post.

Ξ Recuerda que saludar a los demás en la CB es parte de una convivencia más agradable y llevadera.

Ξ Avatar: 220x400 / Firma: 500x250

Ξ La multicuenta está permitida, pero si el primer PJ es femenino, el segundo debe ser masculino, sin excepciones; lee el reglamento completo para mayor información.

Ξ Antes de realizar registros hay que tener aceptada la ficha.

Ξ Para tener color hay que tener la ficha aceptada, todos los registros hechos y el MP de la cuenta New York respondido.
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Mejor Chico
Nathael Haggard
Mejor Roler
Evangeline Cárthaigh
Mejor Recién llegado
Eleanor K. Cárthaigh
Mejor Grupo
Stardom
Twitter
Otoño
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13
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48
B. Owners
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Stardom
26
Artists
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Mensaje por Frank S. Rickwell el Jue Jun 02, 2016 1:32 pm
Había pasado casi toda la tarde durmiendo y la alarma había sonado media hora antes de las nueve, Frank se levantó del sofá y se dió una ducha, se puso una camiseta holgada y unos vaqueros ceñidos, después de eso se peino como siempre y colocó en la mesita del salón dos vasos y una botella de whisky y varias de cerveza de importación alemanas aunque a el le gustaban las norteamericanas pero tal vez la tatuadora prefería algo mejor. En la mesa también habia agua y zumos por si acaso no quería alcohol.

Frank había preparado la mesa de el comedor que era extendible, ahora estaba cubierta con una sabana blanca y al lado de esta había un taburete alto de bar que tenía para comer ya que el estudio tenía barra americana en la cocina y tenían que usar esos taburetes.

Todo estaba dispuesto, faltaban aún minutos para que llegase la chica y a Frank le volvía a dar miedo que se desmayase de nuevo pero esta vez... oh amigo, esta vez jugaba en casa y ya se había bebido varias cervezas para tranquilizarse un poco. La hora se acercaba y los nervios se incrementaban. Frank había pagado 300 pavos y no iba a perderlo por lo que se iba a tatuar de una forma u otra pero esta vez iba a aguantar, oh si, vaya que si iba a aguantar.
Frank S. Rickwell
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Mensaje por Bonnie Key el Jue Jun 02, 2016 3:27 pm
Al cerrar la tienda sobre las ocho llegó a casa. No había tenido más que un cliente después de Frank, todo había ido sobre ruedas. Al llegar a casa se dio una ducha fría, de esas que aún le recuerdan que sí puede sentir, aunque solo sea el frío. Cogió algunos materiales para tatuar, y aún con el pelo mojado y poniéndose lo primero que cogió del armario salió de casa. -Mmmm... Las llaves, movil... cartera... materiales y desinfectante, llaves, ah si, llaves.- hizo el frecuente recuento de objetos antes de salir de casa y se apresuró escaleras abajo. Cogió su bicicleta y voló a la dirección que aquel muchacho le había dado.
Podría perfectamente haberse negado a hacer eso, pero el muchacho tenía bastante dinero, seguro que le ofrecía algo bueno para beber, y además, ya le había cobrado y Bonnie no era una usurera, lo poco que ganaba, lo ganaba con sudor y dibujos.
Aparcó la bici junto a la puerta de la dirección que le había proporcionado el muchacho y subió escalera arriba. Revolvió su pelo y llamó al timbre, llevando a su espalda la mochila con materiales de tatuar y muchas ganas de hincarle aguja a aquel pequeño corderito, quedaría muy sexy tatuado.
Bonnie Key

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Mensaje por Frank S. Rickwell el Jue Jun 02, 2016 4:30 pm
Pasaban los minutos y la chica no llegaba.Frank temía que le hubiese timado y ahora tendría trescientos dolares menos, esos dolares le habían costado mucho trabajo y ahora podía perderlos de un plumazo. Algo le decía que debía esperar y confiar en la gente pero... ¿Como iba a confiar si ya le habían traicionado tantas veces?. No, no era muy confiado desde cierto tiempo por culpa de aquellos a los que creía amigos.

Por fin el timbre sonó y Frank corrió hacia la puerta abriendo con rapidez. En ella apareció el repartidor de las pizzas. Si, en todo ese tiempo había pedido una carbonara y otra caribeña por si tardaba la chica.

Tras pagar al repartidor puso las pizzas en la mesa pero las quitó a continuación. ¿Tomaría la tatuadora eso como una cita?. No, mejor guardar las pizzas y sacarlo por si tenía hambre pero no quería que pensase que eso era una cita. ¿lo era?. No, a su modo de ver solo venía a tatuarlo.

Ahora si, volvieron a picar la puerta y Frank re-peinándose abrió la puerta y al verla sonrió un poco y se aparto de la puerta.Hola, bienvenida a mi casa, adelante pasa.En verdad era un pequeño estudio con cocina y salon en el mismo sitio y una cama separada por un biombo mientras que Frank dormía en una cama plegable muy incomoda y estrecha.
Como verás no es nada del otro mundo pero es todo lo que necesito para mi y estoy muy feliz aquí. Señaló hacia la mesa del comedor.¿Te sirve eso para tatuar?En la mesa del salon estaba la bebida.Puse algo de beber por si... por si te apetece.
SOUNDTRACK DEL ROL
Frank S. Rickwell
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Mensaje por Bonnie Key el Jue Jun 02, 2016 5:41 pm
Se abrió paso en el piso de Frank una vez este abrió la puerta. Le dio una palmadita en el hombro, y dio un giro sobre sí misma, echandole un vistazo al apartamento y la mesa con las bebidas. -¡Eeeeeeey! ¡Whisky!.- sonrió ampliamente y se sirvió un vaso, cómoda y descaradamente.
-Bueno, no esta mal. Deberías echar un ojo al mio, hay bunquers más acogedores. -bromeó y se sentó en la mesa que Frank había preparado para tatuarse.
Le miró fijamente unos instantes, intentando leer lo que pensaba y si seguía tan nervioso como antes. Movió su cabeza al son de la canción que sonaba de fondo. Nickleback, ugh, aquellas melodías le recordaban a Chicago, a su hermano y a su madre, cuando aún estaba cuerda, claro...
Sonrió levemente y sacó sus cosas de la mochila, dejándolo todo sobre la mesilla y se quitó la chaqueta, quedándose con una fina camiseta blanca que estaba algo arrugada. Dio un par de golpecitos al taburete que estaba junto a ella, indicándole que se sentase junto a ella. -[color:ace1=#66ccff]Eh, vamos, no muerdo. Comencemos. Vamos a darle tinta a ese brazo.-le guiñó un ojo a la vez que explotaba la burbuja que hizo con el chicle.
-Eh... ¿eso que huelo es pizza?
Bonnie Key

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Mensaje por Frank S. Rickwell el Jue Jun 02, 2016 6:07 pm
Miraba a la tatuadora nervioso de nuevo ,al menos ahora no habría vuelta atrás y con esas cervezas se sentía mejor, mucho mejor. Cerró la puerta una vez la chica entro y la siguió, se fijo en su cuerpo y suspiró negando. ¿Cuanto hacia que no tenía esa intimidad con una mujer?. Tal vez años, muchos y ahora ella estaba en su casa para terminar el trabajo que Frank no pudo aguantar.

Sonrió al escuchar sus palabrar y asintió a su pregunta sobre la pizza, en ese momento sintió verguenza y la miró tratando de dar una disculpa.Ta.. tal vez te parezca como una cita pe..pero es para que te concentres mejor... solo esoMiro directamente a sus ojos, esos ojos que le intimidaban.La priva y la pizza va por mi cuenta solo que no te emborraches o me clavas la aguja en otro sitio y no quiero acabar tatuado de pies a cabeza como ese tio que tiene tatuado un esqueleto, si es un modelo ruso y no se su nombre.Le había impresionado ese modelo aunque ya no sabía quien era.

Se sentó a su lado y la miró tratando de no parecer nervioso para que ella no pensase que podía desmayarse de nuevo.¿Ya vas a empezar?La miró de nuevo y vió de reojo como tenía todos los utensilios preparados para realizar de una vez por todas esos dos tatuajes que no pudo acabar la tarde y que ahora lo haría.Vamos allá!Intentó sonar valiente pero... ¿Volvería a desmayarse?
Frank S. Rickwell
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Mensaje por Bonnie Key el Vie Jun 03, 2016 6:58 am
Sonrió levemente a aquel chico, le recordaba a alguien, pero no conseguía recordad a quien. Parecía inocente e ingenuo a ojos de Bonnie, todo un corderito, desde luego, no parecía carne de la noche, y estaba sorprendida con el hecho de que fuese un DJ reconocido. A ojos de Bonnie, habría dicho que era un estudiante derecho, historia o... qué sabía ella, un estudiante simplemente.
Soltó una pequeña carcajada al escuchar lo que decía el chico sobre la cita, podía oler su nerviosismo a kilómetros, pero no le importó, ella estaba ahí para tatuarlo, volverlo nimiamente más rudo poniendo un poco de tinta en aquella piel. Además, aquel chico de ojos inocentes incluso había pedido pizza y había traído bebida. Así, era fácil de ganarla.
-No te preocupes, se que no es ninguna cita o rollo de esos. Se perfectamente que no soy tu tipo, o no debería de serlo. Por tu bien-le miró juguetona y le sacó la lengua. -Además ¿qué diablos es una cita? Nunca he tenido una, me parecen incomodas y demasiado estándares... son para gente básica.- rió entre dientes mientras preparaba todo el material, con el chico a su lado.
Era cierto, Bonnie nunca había tenido una relación que le durase mas de un par de meses, siempre acababa cansándose, necesitando cambios y se mudaba de sitio, buscando cambiar de aires. Tampoco estaba en busca de nada parecido. No era partidaria de la monogamia, y mucho menos en una ciudad como Nueva York, que está hecha para pervertir hasta al más inocente hijo de papá.
-Bueno. -le miró a los ojos, intentando transmitirle confianza.-Esta vez irá bien. Tengo ese presentimiento.-Sin pedir permiso alguno cogió la manga de la camiseta del chico y le subió hasta el hombro.
-No quiero mancharte con tinta, quizás sería mejor que te la quitases. -le miró sin darle gran importancia a lo de la camiseta, esperando que el joven no fuese vergonzoso y prefiriese no mancharse o no mostrar su torso delante de ella. Además, no estaría mal tatuar a un hombre sin camiseta mientras comía pizza y daba unos tragos al whisky.
Bonnie Key

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Mensaje por Frank S. Rickwell el Vie Jun 03, 2016 10:13 am
Frank suspiró aliviado cuando la chica le dijo que sabía que no era una cita, eso le relajo bastante y sonrió algo nervioso pero mucho menos que hacía unos minutos. Tal vez ahora podría relajarse y la chica pensase que solo había venido por un tatuaje. ¿Es lo que quería Frank, una relación puramente profesional?. Tal vez se había ilusionado mucho con la idea de que ella se quedase a tomar algo y cenar así al menos no se sentiría tan mal.

Solo tuve una cita, fue muy rara e incómoda y bueno no acabó muy bien así que mejor sin citas ni tonterias.Sonrió y la miro fijamente a su rostro, le hubiese gustado tocarla y oler su pelo... ¿oler su pelo, enserio Frank?. Si, a Frank le gustaba el olor del pelo de algunas chicas, las colonias eran una forma de identificarlas o aunque fuese el olor.

Miró a la chica y sus aparatos ya listos para penetrar piel. Si, ahora estaba preparado e iba a aguantar como un campeón para que la chica esa no pensase que era un flojo o un niñito. ¿Ya empezamos?Lo dijo con decisión mientras la chica también le decía que iría bien, Frank también lo creía por lo que sería pan comido pero... ¿Y si le dolía y era insoportable?. Dudo que a la chica le agradase venir por nada incluso habiéndolo cobrado. Los nervios de nuevo se incrementaron sin saber como sería el dolor o si iba a tardar mucho.

La chica le dijo que quitase la camisa y Frank asintió algo abobado ya que estaba frente a una chica y eso imponía pero tampoco quería poner perdida la camiseta nueva por lo que lentamente se la fue quitando quedando desnudo de torso para arriba con solo su cadena, una cadena que su abuela le regaló de niño y la cual tenía un valor incalculable para Frank.

Dejó la camiseta sobre el sofá y miro a la chica, inconscientemente se mordió el labio y se excitó un poco por verla alli, en su casa y el desnudo. Se dio cuenta y despejo toda esa tonteria. ¿Que coño haces Frank?, no me jodas.
Frank S. Rickwell
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Mensaje por Bonnie Key el Lun Jun 13, 2016 4:45 pm
Aquel chico estaba desnudo de torso para arriba, preparado para ser tatuado por Bonnie, y además, iba a ser su primer tatuaje. Bonnie estaba segura de su trabajo, sabía que siempre hacía un buen trabajo, sobre todo con primeros clientes a los que quería sorprender.

Estaba sorprendida con ella misma. En una situación normal en la que un cliente no pudiese tatuarse en cierto momento, le habría pedido que volviese al estudio otro día, jamás habría aceptado ir a casa de un extraño. Sobre todo, con lo desconfiada que era. De todas formas, allí estaba, quizás fueron los ojos de Bambi inocente que tenía aquel chico los que le dieron el impulso de estar en aquella mesa tatuándolo en aquel momento. Suspiró, haciendo que un mechón de su cabello volase hacia atrás.

-Allá voy. -le dedicó una pequeña sonrisa antes de ponerse a tatuarle. Apoyó levemente la aguja sobre la piel del chico, con suma delicadeza y concentrándose en el diseño del dibujo. Un dibujo significativo, merecía el doble de esfuerzo. Esperaba que no fuese demasiado molesto para el chico, un tatuaje no era ni de lejos un dolor insoportable.

-¿Vas bien?- le miró a los ojos, mientras con la mano con la que no le tatuaba le daba un trago a la cerveza de importación que había traído Frank. -Bueno Frank, y cuéntame, ya que no quiero que te concentres únicamente en la molestia del tatuaje sobre la piel… ¿Quién es Frank? Dices que eres DJ y sé que vives en Nueva York, pero dime, ¿cómo es un día en tu vida? Que te gusta…coméntame.-intentó captar la atención del chico haciéndole preguntas, despistandolo del tatuaje para que pudiese distraerse.

Bonnie notaba una pequeña tensión entre ellos. Aquel inocente chico era bastante atractivo y parecía tener buen corazón. Bonnie no quería tener nada que ver con él a nivel personal, ya que ella podría ser muy dañina para él, al fin y al cabo, era de todo menos buena.
Bonnie Key

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Mensaje por Frank S. Rickwell el Lun Jun 13, 2016 6:21 pm
Mientras estaba en aquella mesa Frank sentía miedo, miedo a volver a quedar como un llorica, miedo a que se arrepintiese después de hacérselo, miedo a que le quedase mal y tuviese que llevar algo desastroso en el brazo. Por suerte ya no podía echarse atrás y en cuanto noto la aguja suspiró y se concentró el la luz del techo que alumbraba esa zona, dicha luz tenía mucha potencia pero a Frank no le molestaba ya que respiraba tranquilo mientras la chica le comenzaba a tatuar y su única concentración era esa luz que provenía de la lampara del comedor.

Pronto la chica le habló, seguramente quería que no se pusiese nervioso como había hecho la primera vez donde Frank le contó que era Dj y un poco de su vida, en esta ocasion la chica quería que le relatase un día de dj... un dia que no era raro para empezar.

[color=#4597b3]Bueno, mis dias son bastantes normales, suelo ver algo de televisión, luego salgo a correr,después de eso almuerzo y duermo un par de horas para prepararme e ir a trabajar. Me gusta los sitios sin gente donde lo único que escucho es los pájaros, el sonido lejano de los coches y nada mas, ese es mi mayor gusto.[color]Normalmente para poder lograr esto se subía a cualquier rascacielos o tejado donde no había gente, donde estuviese solo y pudiese pensar sin que nada ni nadie le molestase.

El tatuaje iba poco a poco y esta vez el dolor era totalmente soportable ya que era una molestia acompañado de algún pequeño dolor que totalmente podía soportar.
Frank S. Rickwell
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Mensaje por Bonnie Key el Lun Jun 13, 2016 7:21 pm
Asintió con la cabeza, escuchando lo que el chico decía y sonriendo levemente. -Mmmm. Para ser un DJ entonces, tu vida es bastante normal, no es demasiado diferente.
Siguió pigmentando la piel de aquel chico, poro por poro, siguiendo la linea del dibujo y concentrándose en que quedase bien. No quedaban muchos trazos por realizar, ya había cogido forma y podía verse perfectamente el rostro de aquella mujer en el brazo del chico.
Dio unos últimos trazos y dejó la maquina sobre la mesa, apagada. -Bueno Frank, esto ya está. Rápido, sencillo e indoloro, ¿verdad? -sonrió levemente. -Te has portado muy bien. -bromeó. -Ha quedado muy bien, cicatrizará rápido si comes sano y blablabla.- Dijo mientras daba un mordisco a aquella pizza que aún estaba caliente y le atraía con su olor.
Se quitó los zapatos, quedando descalza, acomodándose y buscando algo en su mochila. Sacó el bepanthol, la mejor crema cicatrizante y se la puso levemente sobre los dedos indice y anular. Pasó la crema por el brazo del chico, pasándola por encima del tatuaje, que estaba enrojecido y algo sangrante aún.
-En un par de días estará intacto. De todas formas, te voy a dejar esta crema aquí, aplicatela dos veces al día durante una o dos semanas. -le guiñó un ojo al acabar de darle la explicación y dándole otro gran mordisco a la pizza.
-Uhm... está buenísima esta pizza, pruebala.
Agradecía el hecho de que el chico se hubiese molestado en traer todo aquello, verdaderamente, aunque no fuesen los servicios tradicionales que ofrecía en la tienda, tatuar a un tio bueno sin camiseta que le ofrecía pizza, birra y whisky, no era tan mal plan.
Bonnie Key

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Mensaje por Frank S. Rickwell el Mar Jun 14, 2016 5:19 pm
Mientras tanto el tatuaje seguía haciendose, Frank aún seguia concentrado en aquella luz led que le deslumbraba pero que no paraba de mirar.El tatuaje cogía forma y ya poco le faltaba para terminar y así Frank podría relajarse aunque le quedaba el de las notas que no sabía si iba a hacérselo hoy o otro dia.

El tatuaje terminó según aquella chica y Frank se levantó de la camilla para mirár su brazo, un brazo rojo pero que ahora tenía el retrato de su abuela marcado con tinta para toda su vida.
Te ha quedado muy bien, me gusta como esta aunque resquema un poco.Frank notaba el resquemos del tatuaje recién hecho. La chica saco un tarro que Frank no sabía que era, lo abrió y se lo puso entre dos dedos para echársela a Frank en el tatuaje, este sintió como algo frío entraba en contacto con el tatuaje y la sensación era muy buena.

Frank miraba furtivamente a la chica, era bastante guapa y no podía quitarle el ojo de encima cuando tenía ocasión. En este momento la chica cogía un trozo de pizza por lo que Frank embobado miraba el busto de la chica y se imaginaba como tenía que ser estar al lado de ella siempre y poder sentir que ella solo pensaba en el y en nadie mas. ¿Enserio Frank?... estás colgado, esa chica jamás se fijaría en alguien como tu, a ella le van mas los rockeros o los heavys, no un dj de musica electronica.

Frank sonrió al comentario de la pizza y se levantó de la mesa, cogió su camiseta y se la puso, sintió ese resquemos en el brazo como cuando te quemas en la playa y no puedes ponerte nada así que volvió a quitarla y fue a su cuarto a cambiarse de camiseta por una de tirantes que no rozase nada del tatuaje.

Frank volvió a esa salita donde había bebida y la pizza, saco esta última afuera y miró a la chica. Es tarde, tal vez cuando quieras irte prefieras que te acompañe o bueno, mi compañero no esta y hay una habitación vacía que...Frank no pudo continuar, al pensarlo se dio cuenta de lo que estaba diciendo, tal vez la chica pensase que iba con segundas, o que era de esos tios que pensaban que las chicas no se podían valer por ellas mismas o algo peor. Se puso nervioso, muy nervioso y sus mejillas se tornaron a rojas mientras que su mirada miraba a la moqueta intentando ocultar ese comentario del cual se arrepentia.
Frank S. Rickwell
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Mensaje por Bonnie Key el Miér Jun 15, 2016 10:06 am
Bonnie no podía dejar de pensar lo poco corrupto e inocente que parecía aquel chico. Tan sencillo y con unos ojos tan puros... le despertaba cierta ternura que ella creía inexistente dentro de su frío corazón.
Lo siguió con la mirada allá a donde se dirigía, se movía mucho, y ella no apartaba la mirada de su trasero, para que mentirse. El chico dulce tenía un cuerpo más bien spicy. Mientras le veía ir y venir de la habitación, Bonnie ya había arrasado con dos trozos de pizza y daba diversos tragos a su cerveza, la cual le refrescaba y la atontaba a la vez. Cada vez notaba sus movimientos más lentos y suaves.

Escuchó al chico pronunciar algo sobre quedarse o acompañarla y rió en voz alta. Desde luego, era un cervatillo. -Tranquilo, cuando quiera irme, me iré. O cuando quieras echarme, puedes hacerlo sin problema. Pensaba quedarme por aquí de chachara un rato más, si no te importa, claro. -se encogió de hombros y le lanzó una fugaz sonrisa, dándole a entender que ella estaba a gusto.

Bonnie tenía la inmensa facilidad para encontrarse en casa allá a donde iba, no necesitaba grandes amigos o gran confianza para ser ella misma y sentirse a gusto, y desde luego aquel chico estaba cuidándola mejor en ese rato que cualquier miembro de su familia en toda su vida, así que no veía razón para marcharse con prisa. Además, en un rato se lanzaría a su cuello, para hacerle el otro tatuaje, claro. O lo que le saliese en ese momento.
Bonnie Key

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Mensaje por Frank S. Rickwell el Miér Jun 15, 2016 5:14 pm
Allí estaba el,aún superando esa pregunta tonta que le había hecho pero al parecer a la chica no le había afectado ni lo mas mínimos, tras eso Frank se cogió una botella de cerveza y la abrió con el abridor, después le dio un buen trago. La cerveza estaba fría aún, estaba en su punto y solo faltaba la pizza que estaba ahora sobre aquella mesita.

Frank cogió un trozo de pizza, después miró a la chica de reojo mientras le daba un mordisco a aquella pizza. Nunca habían sido su especialidad, si bien le gustaban había cosas mucho mejores para Frank como los kebabs y las hamburguesas que superaban eso pero bueno... la pizza ¿no estaba mal no?.

Tras escuchar a Bonnie sonrió asintiendo y la miro fijamente Me gusta... hablar si, y bueno. ¿Lo de las notas lo haremos otro día?.Volvió a mirarla y le dio un trago largo a la cerveza mientras que alternaba también con la pizza. El silencio invadía la casa y Frank sabía que si no abría tema ella se sentiría incomoda y tal vez se fuese.
¿Llevas mucho...tatuando?. ¿Y porque no abres tu propia tienda?Las dos preguntas salieron seguidas y sin pensar, eran preguntas personales pero no tanto como las de ella, a Frank no le interesaba la vida de los demas pero por esta si. ¿Tendría algo especial esa tatuadora?. No lo sabía..
Frank S. Rickwell
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Mensaje por Bonnie Key el Miér Jun 15, 2016 6:41 pm
Se puso en pie y comenzó a dar vueltas por la sala del chico. No estaba muy amueblada, de hecho le recordaba bastante a su piso, era lo último en lo que se había puesto a invertir tiempo desde que llegó, y ni falta que hacía. Bonnie solía ser indiferente normalmente, pero entre el calor que le había provocado la cerveza y que el chico le parecía muy atractivo para corromper, le invadía la curiosidad por saber algunas cosa más, sobretodo, después de haberle tatuado a su abuela en el brazo.
-Tranquilo, te las tatuaré luego si estás a gusto, o sino otro día. Así, tendré excusa para volver a clavarte una aguja en la piel.- sonrió picara y le sacó la lengua, bromeando.
Siguió dando vueltas por la sala, buscando alguna fotografía, imagen o figura en la que pudiese basarse para saber algo más de el. Pero poco después decidió volver a tomar asiento junto a Frank, esta vez ligeramente más cerca a su cuerpo.
Cogió la birra entre sus finas manos que estaban algo manchadas de tinta y asintió. -No llevo tatuando más de tres años. Antes vivía en Chicago, y allí solo dibujaba. Cuando me mudé aquí vi que tenía que ganar dinero de alguna forma, y conociendo gente y todo eso... terminé en el estudio de Marco. A veces también expongo en galerías. -le tendió una tarjeta con su nombre, dirección de galería y numero de teléfono. -Ten, por si algun día te come la curiosidad y quieres venir a ver lo loca que estoy y como lo reflejo en mis dibujos.
Bonnie exponía frecuentemente en unas pequeñas galerías de amigos de amigos en Queens y Brooklyn, exponía junto a más artistas y no ganaba mucho por sus obras, pero entre eso y los tattoos, conseguía sobrevivir en Nueva York y pagar su alquiler y vicios, le valía con eso.
Le miró fijamente y frunció el ceño. Aquel chico era curioso.
-No tengo estudio propio porque no tengo pasta, simplemente. Me gustaría, me gustaría mucho. Aunque imagínate, yo llevando mi propio negocio, seguro que sería un verdadero desastre. -dejó salir una carcajada de su boca al imaginar sus horas de apertura y gestión de material y facturas por su cuenta. Un autentico desastre.
Su risa se apagó poco a poco hasta encontrarse con la mirada del chico, que la miraba mientras hablaba. Le tendió la cerveza, para brindar.
-Por tu nuevo tattoo y esta birra tan buena.

Mientras esperaba el brindis, continuó mirando a los oscuros ojos del chico, con una ceja alzada y media sonrisa dibujada en su rostro. Le hacía sentirse a gusto y despreocupada, y aquella maldita cerveza no dejaba de provocarle calor y ganas de contacto. Agh.
Bonnie Key

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Mensaje por Frank S. Rickwell el Jue Jun 16, 2016 1:19 pm
Frank veía como la chica se levantaba y comenzaba a dar vueltas por la casa, no sabía si es que buscaba algo o que tal vez quisiese estirar las piernas y bueno, quien sabe. Bonnie volvió a sentarse y mientras Frank la miraba ella le contestaba la pregunta al chico que no quitaba los ojos de ella mientras iba explicando como había llegado hasta aquí y etc...

Tras unos momentos Frank la miró, la chica tal vez no conociese a mucha gente de la ciudad, a Frank le pasaba lo mismo salvo por Davey y su odiosa hermana a los que conocía desde hacia tiempo pero quitando a esos dos era un desconocido en esa preciosa ciudad.

Bonnie extendió una tarjeta y Frank la cogió con suavidad mientras la miraba... a Bonnie ya que no le quitaba ojo, antes de guardar la tarjeta la miró y sonrió, siempre se había imaginado que todos los tatuadores eran unos artistas salvo que en vez de pintar en lienzo, o papel pintaban en la piel de las personas. Quería ir a la exposición y quería hacerlo pronto.

Vaya... tiene que estar bien que tus obras, tus cuadros y tus sentimientos esten colgados en un sitio público donde la gente te ve a ti a traves de tus dibujos... es algo... guay.La miró de nuevo y bebió lo que quedaba de cerveza de un trago, después el último trozo de pizza que le quedaba en la mano y se giró para coger la botella de whisky y echarse en un vaso.¿Quieres whisky?Le preguntó mientras echaba unas piedras de hielo y lo tomaba en su mano justo cuando la chica propuso brindar.

Brindó con tanta fuerza que el vaso rompió y el contenido cayó por la camiseta y parte del pantalón de el, el vaso chocó contra el suelo partiéndose en mil pedazos con un sonoro estruendo de cristal roto.
Oh mierdaa..., lo lo siento de verdad, yo... soy un torpe.En verdad si lo creía, ahora debía cambiarse de ropa por tercera vez en el dia, debía limpiar eso y la chica tal vez pensase que no podía ni agarrar una copa.Tu... sigue, yo lo limpio.Le sonrió y se dirigió a la cocina a por la escoba pensando que era el mas gilipollas de todos los hombres
Frank S. Rickwell
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Mensaje por Bonnie Key el Dom Jun 19, 2016 3:20 pm
Asentía con la cabeza, dándole la razón respecto a exponer tus sentimientos y que la gente pueda verlos. De hecho, esa era laúnica verdadera forma con la que Bonnie sabía que no era de hielo, porque a veces, podía dibujar cosas... cosas que salían de algún lugar de ella.
De pronto, sin poder remediarlo, el chico rompió el vaso, haciendo que esta también se manchase de whisky, su camiseta blanca ya no era tan... blanca. No pudo aguantar soltar una risa.
-Menuda fuerza bruta Hulk. Si que te tomas en serio los brindis.- rió entre dientes e ignoró totalmente lo que le dijo sobre estarse quieta. Se agachó y recogió los pedazos de cristal del suelo, ayudandole a que la situación fuese algo menos desastrosa, si cabía.
-Mierda... agh.[/i]- exclamó entre susurros. Dirigió su dedo indicé directo a la boca, ya que con uno de los cristales del suelo se había hecho un pequeño corte y estaba sangrando minimamente. No quiso darle demasiada importancia, y alzó la vista para mirar a Frank, que estaba empapado.
Dejó los cristales amontonados en la mesilla, ya sin posibilidad de que hiriesen a ninguno de los dos.
-[i]Quizás... deberías cambiarte. Y si no es demasiado pedir, dejame una cami
. Que esta me la has puesto bonita, Hulk.- le miró bromeando y señaló las camisetas de ambos, que estaban algo mojadas y le hacía bastante gracioso poder ver los pezones de Frank a través de la camisa por la humedad.
Bonnie Key

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Mensaje por Frank S. Rickwell el Lun Jun 20, 2016 5:27 pm
Tras barrer un poco el desperdicio de whisky tiró todos los restos al cubo y miró a la chica que también estaba empapada por su culpa, sonrió al escucharla y asintió para responderle-Es que... soy muy fuerte cuando me dan whisky Dijo en un tono de broma mientras veía como la camiseta se ceñía a su cuerpo y marcaba este.En verdad...lo siento, estas empapada y es por mi culpa.Había sido torpe y la camiseta de ella estaba manchada de whisky por lo que no podría estar así.

Frank asintió a la chica antes de entrar en la habitación para cambiarse, quitó su camiseta y su pantalón y se colocó una seca al igual que se ponía un vaquero corto. Ahora la camiseta de ella, buscó por los cajones hasta que encontró una de cuando era mas joven que seguro le quedaba mejor y salió con ella en la mano hacia el salón.

Se acercó a Bonnie y le entregó la camisetaDe veras lo siento, no quería incomodarte asi que... te lavaré la camisa.Frank no tenía a nadie que le limpiase y solía hacer el la colada por lo que no le importaba lavar una camisa mas aunque esa camisa era de una chica guapa, muy guapa que le había hecho un tatuaje el cual le resquemaba un poco.-Póntela en mi cuarto si quieres para que... bueno, para que estes cómoda.Señala la camiseta y rie mientras vuelve a sentarse en el sofá.
Frank S. Rickwell
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