The New York City
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Nació en la ciudad de New York, con descendencia inglesa por parte de ambos padres quienes se dedicaban al narcotrafico. Sus padres se vieron obligados a dejar Londres gracias a que sus cabezas tenían precio; ambos pensaron que en New York estarían a salvo , consiguieron nuevas y viejas amistades, se hicieron un lugar entre las mafias de la ciudad, hasta que un día, nueve años después sus enemigos finalmente los encontraron. Irrumpieron en la residencia de los Ripper y armaron un baño de sangre del que nadie salio vivo, nadie a excepción de Derek quien se mantuvo escondido mientras la ayuda llegaba. Antes de que se armara todo el escándalo por el baño de sangre, los hombres de un viejo amigo de los Ripper llegaron al lugar, rescataron a Derek y lo llevaron a Corvinus, un viejo mafioso retirado que a partir de ese momento se hizo cargo de Derek. Lo educo con métodos poco usuales, educación solo en casa, torturas, castigos, golpes que fueron llenando poco a poco el cuerpo de Derek con todas las cicatrices que tiene hoy en día bajo los tatuajes de su piel. Siempre vio a Corvinus como su segundo padre, pensando en que todo lo que le hacía era por su bien, nunca tomo rencor contra él. En el tiempo de su estadía con Corvinus conoció a Dimitri, él que se convertiría en su mejor amigo casi hermano y con quien años después, a la edad de 19 años se marcharía para probar fortuna por su propia cuenta, sin la ayuda de Corvinus. Fueron años los que le costaron para escalar escalón por escalón para llegar a la cima. Hizo cosas inhumanas para lograr sus objetivos, paso por encima de quien hiciera falta para conseguirse el respeto de sus enemigos y de todo aquel que siquiera escuchara su nombre y 5 años más tarde se convirtió en uno de los narcotraficantes más conocidos en New York y más buscados por la policía.
Líder Mafioso
Derek W. Ripper
Nació en California gracias a un accidente de una noche, motivo por el cual en su infancia se vio reflejado el poco apego por parte de sus padres, sobretodo por el lado de su progenitor. En la misma época, se vio desplazado por la presencia de su hermano menor que pareció ser la solución a todos los problemas que la familia presentaba. De tal manera, se crió casi por su cuenta de forma inestable, llegando a crear conceptos bastante errados y desconcertantes acerca de la vida misma. A los dieciocho años, abandonó su hogar para entregarse a las calles, donde se dedicó a vender droga para costearse la carrera de arquitectura en la universidad. A pesar de haberse graduado, nunca llegó a ejercer, pues durante el trayecto descubrió la gran pasión que sentía por la mezcla y las bebidas. Empezó específicamente a los veintitrés como conserje en un bar de mala muerte, lugar en el que se dedicó a observar la manera en la que los que atendían la barra se desplazaban para luego copiar sus movimientos en sus horas libres. Fue avanzando así hasta adquirir experiencia en el asunto y acabar recorriendo medio país con el único fin de ganar reconocimiento, acabando por ser el favorito de uno o más empresarios exitosos. A la edad de treinta y cinco, decidió establecerse en New York donde su carrera alcanzó el apogeo al ser ascendido a gerente del bar en el que trabajaba, obteniendo así la preferencia de las grandes estrellas de la ciudad y además, al ganar el World Class que lo coronó como el mejor barman del mundo.
Bartender World Class
Boris Dixon
Ivy Rose nació la noche caótica del fin de milenio en un hospital del Bronx, en una sala llena de gente, junto a una anciana que moría y de la cual, por un error, tomó su nombre. Nació adicta y su madre la abandonó ahí mismo. A los seis meses salió de rehabilitación por heroína solamente para ser encerrada de nuevo en uno de los tantos MAC de la ciudad de New York. A los ocho años forma parte de un programa de integración al arte, decantándose por el ballet, mismo que practica hasta ahora y para el cual tiene bastante habilidad. A los doce es adoptada por una pareja de artistas de éxito que la hacen conocer el mundo exterior, lo caótico y hermoso que puede ser, lo brutal también pues, después de adaptarse y amarlos, se lo arrebatan todo de golpe. Su madre adoptiva se suicida dos años después y su marido la sigue un año después. Ahí comienza la caída libre para Ivy quien a los quince era alcohólica y comenzaba con otro tipo de drogas; convencida de que su paso por el mundo sería breve, Ivy Rose comenzó a dar pasos gigantescos, comienza a querer vivir y experimentar de todo hasta que se da cuenta que no puede, porque algo dentro de ella se apagó cuando se dio la primera línea de coca y llegó a un hogar vacío. Es en ese mismo año que conoce a su mejor amigo con el que tendrá una experiencia demasiado grave la cual la hace reconsiderar un poco su vida, anesteciada de emociones, entra en rehabilitación, se llena de trabajos, retoma la escuela y conoce a Felicia. De marzo a mayo trabaja como Bella Durmiente, un servicio de chicas para hombres acaudalados en donde conoce a Nando Morelli, el hombre que le torcería la vida de nuevo al iniciar una relación por demás ílicita. Recae en las drogas y desciende más hacia el abismo hasta tomar una escala, un coma a causa de una sobredosis. Nando desaparece de su vida y ella sigue cayendo. Son los Peyton quienes colocan una red de contención y la detienen adoptándola al conocer su historia, es con ellos con quienes conoce lo que es tener una familia y una vida digna. Morelli reaparece en su vida, limpio y amándola y es él la parte más rota de su vida por la cual entra más luz a su interior. Después de caer por fin en el abismo y darse cuenta que lo que había ahí abajo era ella misma en su total realidad, Ivy Rose decidió comenzar a subir, paso a paso, tomando la mano de los que la rodean y quieren verla bien, de los que la apoyan. Una oportunidad única en la vida llega gracias a alguien que ella desconoce y su rumbo toma otra dirección, lejos de la ciudad, tomando un lugar por el cual, siempre en su vida, tendrá que luchar con uñas y dientes por mantener. Ha fijado residencia en Covent Garden, Londres, viajando a New York cuando puede, aunque no sean muchas ocasiones porque tiene demasiadas cosas que hacer, Academia, colegio, pareja, mantener la popularidad que gracias a su personalidad y escándalos (su relación ilícita, aunque legal en Londres, ahora es pública) ha obtenido… Intentando salvarse de ella misma cada día, pero intentando sobrellevarlo todo con una enorme sonrisa y con el orgullo y la arrogancia que la caracteriza.
High School Queen
Ivy Rose Hathaway
Nacido en Queens, Nueva York de madre inmigrante. Lo poco que Lucas ha conocido de su verdadera madre es que era mexicana y que murió al darle a luz, muchos rumores sobre su madre biológica le han confirmado que probablemente su padre era un mafioso muy influyente, sin embargo esos rumores nunca fueron confirmados y después de todo eso fueron. Adoptado por una pareja que jamás tuvo la dicha de formar su propia familia, sin embargo al ver al pequeño bebé de inmediato comenzaron los trámites para adoptarlo y terminaron por ponerle Lucas Earle. Su padre un policía de Queens le enseñó cada una de las cosas que hoy en día aplica. Cuando aplicó a la academia, pronto destacó entre sus demás compañeros, sus jefes pronto notaron que aquel joven tenía una vocación que una profesión de ser policía, lo recomendaron para que fuera a la Interpol en Londres donde pasó un tiempo y de inmediato fue asignado a Nueva York como policía encubierto, pronto conoció a la que se convertiría en una de sus mejores amigas y madre de sus hijos. El tiempo con la Interpol término cuando la CIA comenzó a ofrecerle un puesto como agente, pero Lucas decidió rechazarlo. No fue que hace dos meses que estuvo como agente de la CIA y después de terminar un caso enorme de trata de personas con toda su red, sufrió un accidente que dañó parte de su cerebro, actualmente rige como Jefe de Fuerzas Tácticas, puesto que sus amigos y compañeros no dudaron en recomendarlo por su enorme esfuerzo y porque realmente es un policía de campo con ese toque de saber cómo piensa una mente criminal.
Jefe de Fuerzas Tácticas de la CIA
Lucas Earle
Nació una tarde de Agosto en Seattle. Hija del dueño de una fábrica de vidrios y una abogada fue la adoración. Segunda y última hija del complicado matrimonio Peyton, fue la bebe que se suponía salvaría el matrimonio pero no pudo ser, las disputas ganaron la batalla a la familia y terminaron divorciándose cuando Isabella no cumplía un año de nacida. Ambas niñas se fueron con su madre quien dejo su crianza en mano de sus abuelos por lo que ambas fueron enseñadas con los mismos principios con los que sus abuelos criaron a sus hijos. Isabella siempre hablaba y pedía tener acercamientos con su padre quien las visitaba pocas veces en Seattle, aun así en ella nació una afición por el vidrio que pronto le terminaría haciendo descubrir el arte en él. A medida que fueron creciendo Lucy se alejaba más de Isabella quien siempre quedaba detrás gracias a su edad, para cuando Lucy cumplió dieciocho años ya no estaba presente en la vida de su hermana menor quien con trece años quedo a la merced de los juegos de sus primos menores. A pesar de que el malestar por la actitud de Lucy la afligía su adolescencia no estuvo llena de únicamente momentos tristes, sus primos le enseñaron a adorar aquellas costumbres de la ciudad que finalmente despertaron su interés, los próximos años los paso entre juegos de fútbol americano, reuniones con sus amigos de escuela y el estudio del vidrio y los grandes murales que llenaban de colores las iglesias y daban al sol una bienvenida feliz todo los días. Su padre comenzó a mostrar más interés por acercarse cuando Isabella tenía 15 años, la joven no puso contras al interés de su padre, ella quería estar presente en la fabricación del vidrio desde cerca, quería convertirse en una artista que pudiese moldear figuras fantásticas y brillantes, por ese motivo acepto que su padre la llevara de paseo a Nueva York de vez en cuando donde paso muchas horas en su fábrica, aprendió a calentar vidrio y darle formas, a tallarlo y pintarlo, su padre dio riendas sueltas y fueron los años más maravillosos de su vida. Entre aviones y viajes llego a la universidad de Boston donde estudio Artes modernas. Con 23 años tenía una carrera prometedora, por lo que se mudó a Nueva York donde con ayuda de su padre comenzaría a dibujar el nuevo destino como artista dejando a un lado cualquier sentimiento que le hiciera sentir culpable de nuevo. En La ciudad del pecado conoció a su mejor amigo quien más adelante se convertiría en el padre de sus dos hijas. Después de haber tenido en mente una colección formada por cuadros cuya pintura se vería mezclada con pedazos de vidrios de colores, se atrevió a realizarla y enviarla a Italia para que fuese publicada en una galería en crecimiento que celebró una gala para críticos exigentes. Sus cuadros fueron un éxito total. Uno de ellos se comenzó a exhibir en una famosa galería donde solo los grandes artistas exponen sus obras. Después de ese día Isabella fue reconocida por periódicos locales Como una gran artista en el arte del vidrio y se hizo famosa a nivel mundial. Sus cuadros ahora son valorados por grandes cantidades de dinero y tiene muchos pedidos de clientes exigentes y conocedores.
Artista Vidriera
Isabella Peyton
Un 18 de Octubre de 1990 nacería una rubia dispuesta a comerse el mundo. Elisabeth Angelica Maier se trataba de la hija de Michael Maier y Arabella Leisser. Ambos que se conocieron en Harvard, su padre dejó el mundo militar para acabar derecho allí mientras que su madre, proveniente además de Ámsterdam, intentaba sacar adelante la carrera de empresariales pagándose los estudios trabajando como camarera en el propio recinto universitario. Hay personas que no creen en el amo a primera vista, pero lo que ellos tuvieron fue prácticamente un flechazo. A los 25 se casarían y enseguida tendrían a su encantadora hija. Elisabeth era especial, su abuelo paterno lo sabía ya que tenía un magnetismo completamente distinto al de sus demás nietos. Criada en el propio territorio paterno, no era raro que la muchacha empezase a alimentarse del ambiente jurídico, a fin de cuentas los Maier eran famosos por eso. A medida que los años pasaban ella seguía interesándose por ese mundo, y además intentaba paliar cualquier grado de controversia experimentado en su círculo familiar. Sus padres no dejaban de pelearse, vivía un puro drama aquella rubia aniñada. A los 10, se divorciarían. Entre la poca comunicación que existía entre sus padres, y que a ella le mandaban de un lugar a otro para tenerla lejos de ese conflicto... Ella acababa hartándose. A Elisabeth le gustaba estar con sus primos y sus abuelos, pero evitaba en cualquier situación encontrarse con los otros dos. Los años no tardaron en pasar y a pesar de que en su vida emocional hubiese pasado un bache como el de Jakob Hoffman, sintió la necesidad de cortar raíces e ir a la misma Universidad que la de toda la familia Maier, a estudiar lo que le gustaba; El Derecho. Tenía pensado acabar aquella carrera y una vez así entrar en el bufete de su abuelo, no tardó demasiado en acabar y así hacerlo. Empezó a hacerse un nombre en el propio bufete, subiendo escalafón y a raíz de pelearse con unos y con otros llegó a dónde quería. Deseaba poder ser una digna sucesora de su abuelo y así hacerse con la empresa. Tenía todo en mente, pero por su vida se cruzaron un par de ''obstáculos'' que no podía dejar de lado. Se casó con el que creía ser el hombre de su vida, creyó estar embarazada de él y justo después de descubrir todas las mentiras que le había estado diciendo, se divorció y se encontró con que no era el padre de sus actuales retoñas. Al parecer este bombo sorpresa vino de regalo por un encuentro que tuvo con el que ha considerado -y sigue considerando- su mejor amigo, y actual pareja, Boris Dixon. Su vida sentimental parecía mejorar, y hasta la de sus padres que volvían a las andadas con encuentros sexuales muy de la época de los setenta. Pero su vida no se vio completa hasta que por fin, el mismo día de sus veintiséis cumpleaños su abuelo y su padre le regalasen la meta que siempre había ansiado; Ser la dueña del bufete. Madre de gemelas, dueña de cuatro perros, novia de lo más encantadora y ahora, jefa de su propio mundo. ¿Se podría pedir algo más?.
New York's Drama Queen
Elisabeth A. Maier
Normas básicas
Ξ Mínimo 10 líneas completas.

Ξ El +18 está permitido on-rol, se debe indicar en el post.

Ξ Recuerda que saludar a los demás en la CB es parte de una convivencia más agradable y llevadera.

Ξ Avatar: 220x400 / Firma: 500x250

Ξ La multicuenta está permitida, pero si el primer PJ es femenino, el segundo debe ser masculino, sin excepciones; lee el reglamento completo para mayor información.

Ξ Antes de realizar registros hay que tener aceptada la ficha.

Ξ Para tener color hay que tener la ficha aceptada, todos los registros hechos y el MP de la cuenta New York respondido.
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Mensaje por Gabriel A. Peyton el Jue 18 Ago - 22:42
El calor de verano parecía estar pasándole factura, el día por fin se había llegado y ahora estaba ahí sacando todas las cajas que había empacado de su anterior lugar, sin contar que había alguien más a su lado que se había decidido a mudarse con él en ese apartamento que después de entregarle las llaves, por fin podía empezar a llenarlo con sus cosas y las de João. Subió las escaleras con una caja que tenía un par de libros de abogacía, le gustaba lo especioso que era aquel lugar. Tres recamaras, dos baños individuales, uno que se compartía con la sala, sala de descanso y un mini estudio que ya le había dicho al joven brasileño que ocuparía para meter todos los libros de su carrera, era realmente pequeño y podría ocuparlo como biblioteca.

Depositó la caja en la sala y se tiró sobre el sofá que su primo político le había heredado como “parientes” que eran, pero realmente aquel sofá era cómodo, más que el suyo propio que había vendido porque le traía de cierta manera malos recuerdos, observó hacia la puerta abierta y sonrió al rubio que le miraba.

-Estoy literalmente muerto y tengo hambre que es lo peor- se quejo como un niño pequeño a punto de hacer una rabieta, ya le faltaban pocas cajas pero el sol del verano ya estaba apagándole los ánimos de seguir bajando por sus cosas, ya incluso pensaba en que se las robaran para no tener que cargar con ellas, después de todo Lucas le había dejado un par de cosas que podía vender o quedarse con ellas, sabía que el policía no había pasado mucho tiempo en aquel apartamento por sus constantes viajes. Sus ojos observaron un costal de croquetas, unos platos para perro y una cama que había dejado y que iba a utilizar para sus propios canes –Ven a descansar dos minutos- tocó con su palma el sitio a su lado para que João se sentara con él, a pesar de la plática que habían tenido solo un par de día atrás y la tarde que habían seguido charlando de sus vidas, su nuevo compañero le había llamado solo días después para aceptar vivir con él y que ambos compartieran los gastos que eran realmente accesibles. Y en el fondo de todo, él se alegraba de haber encontrado a un chico como él para que viviesen juntos, tal vez aun no llegaban a conocerse del todo, pero apostaba que la convivencia entre ambos iba a forjar una amistad entre los dos, aunque sabía, que después de aquella noche sus pensamientos no habían podido dejar de pensar en esos ojos, esos labios y en los tatuajes que había tocado con sus yemas, de hecho tenía la ligera sospecha que aún podía sentir la textura de su piel y eso le estaba poniendo de un extraño humor que no lograba descifrar.

-¿Cuántas cajas te faltan? ¿Son muchas? Podemos pedir algo de comer mientras terminamos de subirlas y luego desempacamos- lo bueno de que en su viejo apartamento conservaba cajas que no había desempacado de Seattle y ahora ya tenía el tiempo para tomarse un día y acomodar todo, ropa, cosas, libros y sus mascotas.


Última edición por Gabriel A. Peyton el Vie 26 Ago - 6:48, editado 1 vez
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Mensaje por João Da Souza el Vie 19 Ago - 1:22
Era día de mudanza. Para lo desordenado que a veces podía ser João, fue toda una odisea colocar sus cosas en cajas y luego llevarlas al que sería su nuevo hogar. Todavía estaba procesando el hecho de vivir con Gabriel. Jamás había sentido estar tan cerca de algo tan tentador como él - Es la parte fea de las mudanzas - Decía, apilando una caja junto a otra con relativo esmero. No quería trabajar el doble o el triple por dejar todo tirado o en medio del camino. El sol no ayudaba a hacer la tarde más sencilla. Lo único que en verdad le preocupaba es que algo se perdiera. Era de esas cosas demasiado fáciles de suceder en un proceso como ese - Ya va. Solo me quedan un par más - Salía y entraba del piso con una caja tras otra hasta terminar con todas. No quedaba nada ya más que acomodarse en ese nuevo espacio. Quería estar mentalmente despejado para poder descansar como se merece.

Se sentó al lado de Gabriel y lo miró, sonriendo - Tú siempre con hambre - Replegó un poco su cuerpo en el sofá, dejando que sus músculos se aliviaran del esfuerzo de aquella tarde. Había cancelado sus clases de ese día, aunque ya tenía algo en lo que "ejercitarse" al llevar una a una sus cajas - Aunque ya he terminado y solo falta desempacar, me parece buena idea lo de la comida - Pensó en cocinar algo, pero eso significaría dejar a Gabriel con la carga de ordenar todo. No. Se permitiría pedir de comer y mientras podrían terminar con la mudanza. Eso sería lo que más les tomaría, mas no pretendía terminar todo en un día - Más bien estaba pensando en cocinar, pero hoy ando flojo. Ya trabajé lo suficiente y todavía falta más - Rió y dio un largo bostezo. No estaba con sueño, solo necesitaba oxigenar un poco su organismo. Su mente empezaba a despejarse. Se daba cuenta de la nueva etapa que significaría para él el hecho de vivir con alguien más. Jamás lo había hecho, salvo con su familia, pero de eso hacía ya muchos años. Sería divertido, pensaba, aunque también sabía que habrían muchas cosas en las que tener que ponerse de acuerdo y no esperaba que Gabriel le dijera sí a todo. Ya bastante estaba haciendo con dejarle estar ahí a pesar de que pagaría la mitad de los gastos.

Miraba a su alrededor. El sitio era espacioso, incluso para dos personas. La propuesta del joven abogado había llegado en el mejor momento - Y pensar que no he acomodado nada aún pero ya me siento como en casa - Había tenido que mudarse varias veces, fuera por cuestiones económicas o que la disponibilidad de los pisos era temporal. Ahora era diferente o por lo menos así lo sentía. Lo miró de nuevo, sonriendo - Siento que nos vamos a divertir - Trataba de que sus palabras no tuvieran segundas intenciones, pero sabía que podía haber sonado así. Dio una palmada en la rodilla de Gabriel y se puso de pie - Bueno ¿Qué pido de comer? ¿Pizza? ¿Hamburguesas?... ¿Comida china? - Echó a reír nuevamente.
João Da Souza

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Mensaje por Gabriel A. Peyton el Vie 19 Ago - 6:46
Apoyó la cabeza en el cómodo respaldo del sofá mientras sentía la presencia de su compañero de piso a su lado, su sola presencia ponía a Gabriel en una especie de nave espacial en medio de un despegue, no porque quería huir, no, esa sensación era más bien porque su cuerpo estaba reaccionando al otro, a esa cercanía que poco a poco estaban formando al convertirse en compañeros de piso, tal vez no eran amigos y prefería que las cosas empezaran despacio a liarse de nuevo. Sonrió un poco mientras miraba al contrario.

-A mí también me quedan dos cajas- dijo en un tono de puchero, sonriendo un poco cuando la mirada del chico cayó sobre sus labios –Pero no te preocupes, mi primo dice que el vecindario es bastante tranquilo y nunca nada se les perdió a los vecinos- la verdad que el futuro esposo de su prima sí que había tenido buen ojo para aquel lugar, más aún viviendo solo –Hay una especie de balcón que le servía para sus pitbulls, tiene dos y son monísimos- sonrió al recordar ambos perros –Y claro que tengo hambre- se mordió el labio inferior un tanto antes de mirarle –No hago bien las comidas, vivo de café y donas o galletas que ponen en el pequeño comedor que tiene el bufete, la verdad desde que he cambiado de categoría he podido tener un poco más de tiempo entre los trayectos que hago- le miró y arqueo un ceja –Ya, no me regañes que puedo leerlo en tu rostro- se encogió un poco de hombros para luego arquear una ceja bastante intrigado por la forma de decirle que andaba un poco flojo y que era buena idea pedir de comer, igual no hubiera dejado que el contrario se pusiera a cocinar, tenían que establecer algunas cosas en ese aspecto porque no quería ser un abusador, no porque le había dado la oportunidad de vivir ahí tenía que hacer las comidas, él no era completamente inútil pero vamos que podía alimentarlo con pasta y otra cosa que pudieran cocinar juntos –No, no vas a cocinar porque lo digo yo- cruzó los brazos sobre el pecho en un claro intento de aparentar un poco de dominio aunque lo hacía jugando.

Iba abrir la boca para decir algo más cuando aquellas palabras salieron de aquellos labios de una manera que provocó un escalofrío en su espina dorsal, tragó saliva y no evito mirar hacia la boca ajena, deseaba acortar la distancia para saber si esos labios se amoldaban a los suyos, tuvo que usar toda su fuerza de voluntad para no atrapar el rostro de João y en cambio se puso en pie como un resorte con aquel toque en su rodilla.

-Comida china es mi favorita, pero hoy te dejo decidir a ti- no sabía porque ya estaba en la puerta, hizo un gesto con la mano de que bajaría para terminar por fin aquel suplicio de subir las últimas dos cajas  y así despejar la mente en el sol del verano –Te veo abajo- alcanzó a gritar, pero necesitaba huir de ahí, de inmediato.

Gabriel A. Peyton
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Mensaje por João Da Souza el Vie 19 Ago - 19:17
No se permitiría que Gabriel siguiera comiendo eso cuando estaba él que podía cocinar. Quizás no sería un experto, pero tener que comer sano cuando se vive solo es un reto que obliga a aprender a hacer algunas cosas. Eso y el hecho de que comer fuera estaba completamente anulado de la ecuación por lo costoso que era al final. Alzó la mirada, aún en el asiento cuando el contrario salió a terminar con la mudanza ¿Estaba haciendo algo mal? Podía apostar a que lo estaba evitando a toda costa. Quizás debía irse con más cuidado que a Gabriel no parecía agradarle esa clase de bromas o "toques" que hacía. João era muy corporal, teniendo como costumbre tocar, golpear, apretar, pero siempre con cuidado. Le gustaba el contacto con otras personas - Sí, ya... voy - Dijo mientras la voz se le apagaba, a la par que el joven abogado salía de la habitación.

Se quedó sentado por algunos momentos, pensativo. Sabía muy bien lo que sucedía, pero no quería tocar el tema hasta que sus palabras estuvieran ordenadas en su mente. Tomó su móvil e hizo el pedido. Llegaría en una media hora, así que les daba tiempo de terminar con relativa calma. Llegó a la planta baja donde estaba Gabriel y las pocas cajas que les faltaban. Apiló una encima de otra y fue avanzando hasta su piso, mas en el camino, una vecina le hizo el habla - Eres nuevo ¿No?... Vi que entras al piso de Gabriel ¿Acaso son novios? Bueno, que si no, ya debes haber visto que tenemos una piscina en el espacio común. Deberías venir, yo vivo con mis primas y siempre estamos ahí por las tardes. Dale, dale - Se sintió abrumado por las palabras de aquella chica. Debía ser un tanto más joven que João, pero eso era lo de menos. Las cajas no pesaban, pero quedarse estacionado en medio de las escaleras era un tanto incómodo - Gracias, gracias. Por ahora ando con la mudanza, pero de repente me paso luego - Dijo por puro compromiso. Si bien no descartaba la idea de hacer amistad con sus nuevos vecinos, aquella esa chica se le hacía algo pesada. Ya imaginaba que si en el momento le decía que sí se iba a meter en una de la que jamas saldría. Esperaba que con sus palabras fuera más que suficiente para tenerla calmada hasta la próxima vez que se cruzaran, si es que no tenía la osadía de tocarle la puerta para irlo a buscar.

Suspiró como si la vecina, con tanto parloteo, le hubiera robado algo de energía. Llegó al piso, dejando sus cajas a un lado. Con eso ya habían terminado y solo faltaba empezar a desempacar y ordenar las cosas. Eso demoraría más, pero era mucho menos pesado - Simpática tu vecina - Rió con claro sarcasmo. No la odiaría, mas si pudiera evitarla de vez en cuando, lo haría. La comida llegaría en unos minutos, tiempo en que quizás sería bueno darse una ducha. El calor del clima y el esfuerzo de subir y bajar un par de veces empezaba a sentirse en su cuerpo. Sacó una toalla de su mochila y dirigió su mirada a Gabriel - ¿Te molesta si me ducho en lo que llega la comida? - Preguntó curioso.
João Da Souza

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Mensaje por Gabriel A. Peyton el Vie 19 Ago - 22:37
Agradeció al hombre del camión dándole una propina por haberlos esperado y notó un poco el cambio en su compañero de cuarto, no quería que tomará a mal su reacción pero es que ya Gabriel no estaba seguro de que iba a pasar de ahora en adelante, sentía que las palabras del brasileño dichas de esa forma acompañadas de un toque en su piel ocasionaban reacciones completamente olvidadas de su cuerpo y que lo aturdían porque a pesar de salir de una rara relación que a fin de cuentas realmente no había sido más que una amistad con algo de derechos, ahora estaba completamente libre de hacer y sentir lo que le viniera en gana y probablemente esas reacciones pasaban porque no había esperado que hubiesen llegado tan pronto y  mucho menos que tomara la decisión de vivir con alguien que apenas tenía poco de conocer pero que a pesar de no conocerlo tanto, podía asegurar que no se había equivocado.

Ignoró prácticamente a las mujeres que le saludaron, se disculpó con un “tengo cosas que hacer” y las dejo hablando, las había conocido solo un par de días atrás mientras había ido con Lucas a que le explicará todo sobre el sitio y claro que se había presentado, les había cortado la forma de mirarlo diciéndole que era homosexual, cuando sabía que no lo era completamente y apostaba que habían visto a João por lo que intuía que ya estaban imaginando que eran pareja y probablemente lo dejara claro porque no le gustaba que sus vecinas anduvieran de chismosas.

Cerró la puerta y volvió al sofá, tirándose de nuevo como si aquel esfuerzo fuera realmente descomunal y sonrió hacia el muchacho que enfocaba su vista y soltaba eso de su vecina, gruñó bajo y rodó los ojos para luego taparlos con su brazo y negar debajo de ese brazo –Le he dicho que somos novios para que deje de joder- mintió aunque seguro que la mujer ni siquiera había preguntado pero por su descortesía esperaba que se metieran en sus asuntos –Luke me dijo que las ignorase y que las saludara, que eran un poco metiches pero mientras no le siguieras la corriente- quitó el brazo de sus ojos y le miró –Dime que no le has seguido la corriente- le dijo con un tono de reproche, aunque tal vez la culpa había sido de él por no mencionarle nada, realmente no esperaba que las mujeres estuvieran ahí al pendiente de ellos, tal vez que habían visto el brasileño y se les había caído la baba como él comenzaba a ocurrirle -¿Cómo sigues de tus golpes? ¿Necesitas ayuda?- no supo cómo es que ya estaba cerca de su compañero, demasiado cerca para su salud mental y sonrió. Tenía ganas de decirle que quería besarlo solo para ver si lo que estaba sintiendo era por la forma en que el menor le trataba o sí era realmente porque había algo ahí entre ambos que iba poco a poco construyéndose –Date un baño que realmente te hace falta- bromeo, si alzaba su mano podía rozar el pecho del contrario, de hecho sus ojos claros buscaron los del joven dándose cuenta que casi competían con el mismo color de ojos, no sabía porque el ambiente se tornaba un tanto extraño, incapaz de descifrar porque era que de alguna forma no quería que el chico se sintiera mal por las cosas que él hacía –Sacaré los platos mientras te espero- pero curiosamente no se movió de su lugar.
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Mensaje por João Da Souza el Sáb 20 Ago - 21:18
Ladeó la cabeza. Cuales fueran los motivos que había tenido Gabriel para decir que eran novios, parecía no funcionar. Lo notaba a leguas al recordar la actitud ligera de la vecina en cuestión - No. Solo les dije que podría ir luego, ya sabes, eso que uno dice para quitárselas de encima, aunque no sé si funcione. Por lo menos la que me habló tiene cara de cabezota - Miró al otro cuando notó que las distancias se cortaban. Por un lado estaba algo nervioso, pero por otro, le gustaba esa clase de situaciones en las que parecía que la vida confabulaba para que algo sucediera - Si no me dices ni me acuerdo, bueno, cuando me veo las marcas se nota que ha pasado algo. Estoy bien - Rió y luego hizo el ademán de olerse, como si sintiera algo. Quizás no apestaba, pero sentía que la ducha era realmente necesaria.

Y eso que no me has visto luego de bailar. Ahí si estoy hecho un asco - Bromeó con confianza y asintió cuando Gabriel le dijo que tendría las cosas listas para cuando llegara la comida. Si su cálculo mental era correcto, no debía demorar mucho. Mejor, que saldría con un hambre voraz cuando saliera de bañarse. Ya estaba más o menos orientado espacialmente en el apartamento, así que sin dudas en su cuerpo, toalla en mano, se dirigió al baño, al que estaba en una de las habitaciones, la que se destinaría a él. Dentro ya, se quitó la ropa y entró bajo el chorro de agua tibia. A pesar del clima, a João no le agradaba ducharse con agua fría. Como era de esperarse, todas las ideas acerca de Gabriel empezaron a tomar forma en su cabeza. Definitivamente algo pasaba entre ambos y el brasileño lo notaba, pero no estaba seguro todavía de cómo actuar. Sabía que podía cometer errores y joderla en grande si hacía algo mal. Su compañero estaría en todo su derecho de botarlo de ahí si su presencia era más dañina que favorable ¿Por qué no podía ser todo más sencillo? A pesar que el agua le cubría por completo, João se giraba bajo el chorro en claro signo de ansiedad. Daría todo por alguna clase de señal o epifanía que le pudiera dar luces sobre el siguiente paso a seguir. No quería que su relación con Gabriel se tornara rutinaria y monótona.

Terminó con su ducha y empezó a secarse, envolviéndose con la toalla que había llevado. Frente al espejo del lavamanos, las ideas seguían fluyendo en su mente. Se peinó con las manos y terminó de secarse mejor. Tomó su ropa sucia y la puso en un canasto que había en el sitio. Era bueno que el lugar que sería para él estuviera más o menos amoblado, que así se ahorraba algunos dólares necesarios para pagar otras cosas más importantes. Vio la habitación que sería para él. Le gustaba y empezaba a hacerse la idea de lo nuevo que sería para él estar ahí. Cuando escuchó el timbre de la puerta, su organismo le recordó el hambre que tenía, poco más y empezando a salivar. Habiendo dejado un par de cajas ahí, supo que tenía ropa limpia. Se vistió con unos shorts y sandalias. El calor ameritaba estar algo descubierto, además de ser una costumbre en él estar con poca ropa en casa - Espero que te guste lo que mandé traer - Dijo a Gabriel, yendo a la cocina para ayudarlo a tener todo listo para comer.
João Da Souza

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Mensaje por Gabriel A. Peyton el Dom 21 Ago - 4:59
Hubo una especie de alarma en su cerebro que pitó con mucha insistencia cuando vio marchar a João, él no había querido seguir al brasileño con la mirada, pero joder, lo había hecho y era patética la forma en que estaba comportándose con él. ¿Qué rayos le pasaba? Se llevó las manos a la cara para subirlas hacia sus cabellos y despeinarlos un poco, no quería acechar al chico que tenía de compañero de piso y joder las cosas entre ellos, aunque probablemente lo hiciera porque era la primera vez que alguien iba a vivir con él, ni siquiera su melliza duro mucho viviendo en su casa porque Isabella había encontrado una casa donde vivir, pero ahora las cosas estaban saliéndose de control, tenía que poner sus jodidas reacciones en control y apaciguar esa necesidad tan imperiosa que parecía surgir cerca del rubio.

Controló su respiración con inhalaciones y exhalaciones que también calmaban su mente. Sacó platos y vasos que tenía en una caja cerca de la cocina y que había puesto ahí para ubicar sus cosas más fácilmente y los colocó en aquella mesa de cuatro sillas que había en el comedor, puso un poco de hielos en un vaso extra para servirlos en los diferentes vasos y sacó una gaseosa con una botella de agua del refrigerador, no sabía que le gustaba al brasileño tomar en esos aspectos, pero él si iba a engordar con la gaseosa.

Minutos después, sacando un par de cosas de las cajas para ubicar su contenido. Observó al muchacho pasearse sin más por el sitio sin camisa, admirar esos tatuajes en su espalda solo hicieron que sus dedos picaran por la sensación de querer volver a sentir esa textura de la tinta en sus yemas, quería sentir de nuevo el calor de su piel. João estaba torturándolo. Giró el rostro hacia la caja para seguir clasificando las cosas, omitiendo mirar hacia el chico que estaba en la cocina, colocando lo que a él se le había pasado como servilletas, tenedores en caso de ocuparlos. Su mirada iba a regresar a buscar su objetivo cuando el timbre de la puerta sonó y literal, la campana lo salvo.

-Va, que mientras sea comida china todo me gusta- admitió, acercándose a él para sacar su cartera y buscar algún billete para darle a su compañero, claro que el que pago fue el menor y sonrió hacia el chico de la entrega –Tenemos que hablar de algunas cosas- inquirió mientras le seguía hacia la mesa para colocar las cosas y tomar asiento, observando la mesa por si faltaba algo, pero al ver que al parecer todo lo necesario estaba ahí, se sentó a esperar que la bolsa de la comida fuera abierta y el aroma le abrió sin duda el apetito –Que hambre tengo- musitó, arqueando una ceja porque no estaba seguro en qué contexto había sido traicionado por su cerebro y se mordió el labio inferior un tanto para comenzar a servirse un poco de frituras, tomó los palillos chinos y los abrió –Siempre me ha gustado usarlos- miró a su acompañante y evitó que sus ojos bajaran más allá de la barbilla –Y sobre las vecinas, no creo que te molesten sí les has dado las largas- asintió, llevándose un poco de arroz a la boca. Gimió cuando el sabor le explotó en la boca y estuvo a punto de ponerse a babear –Está comida está riquísima- comenzó a masticar y pasarse el alimento para evitar hablar con la boca llena –Y tenemos que hablar de los horarios, bueno del trabajo y demás cosas- como la limpieza, comida y demás cosas que necesitaban ponerse de acuerdo.

Gabriel A. Peyton
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Mensaje por João Da Souza el Dom 21 Ago - 9:06
La comida china era lo mejor, según João. Dentro de todo lo que pudiera ser comida chatarra, le parecía la más alejada de aquel término, además de lo agradable de ser de rápida digestión. Nada de esas sensaciones incómodas de llenura, por lo menos no por mucho tiempo - Felizmente, que por lo menos yo es con lo que más me salgo de la dieta - Era algo así como su forma de castigarse, aunque su alimentación no era precisamente rigurosa. El baile hacía la mayor parte del trabajo. Él lo único que tenía que hacer era no abusar de los alimentos preparados y cosas con alta cantidad de grasa. Fue acomodando las cosas en la mesa, abriendo los envases para que la comida se fuera enfriando lentamente, de paso que los aromas que despedían empezaban a abrirle todavía más el apetito. Y eso que no estuviera precisamente hambriento. Empezó a comer con el tenedor, que se le daban muy mal los palillos, al punto de ponerle de malas.

Levantó la mirada curioso. Le había sonado un tanto serio aquello de hablar algunas cosas - Espero. Siempre puedo seguir el juego que les has inventado, eso de que somos novios. Al final que cuando me preguntaron no les dije que si ni que no - Continuó comiendo. Tampoco era que las vecinas fueran lo peor del mundo. Siempre había esa clase de personas en un edificio. Le daba igual que pensaran lo que quisieran con que no fueran demasiado entrometidas. Asintió a Gabriel - No hay pierde con la comida china - Sonrió y sirvió gaseosa para los dos. No recordaba la última vez que había comido con tanto gusto, justamente porque siempre que cenaba estaba solo. No era lo peor, pero estar con alguien con quien compartir los alimentos y de paso una agradable conversación, no tenía punto de comparación. Volvió a asentir cuando le habló de horarios, suponiendo que era necesario acordar algunas cosas para que la convivencia fuera lo más llevadera posible - Entre las prácticas y las clases, estoy entre 9 de la mañana y 7 de la noche. De ahí pues, supongo que vendré acá. Si es que hay alguna competencia, pues depende, que el horario es variable, pero eso siempre lo sabré con anticipación - Explicó durante la pausa que se dio de comer. Desde ya quería que algunas de las actividades quedaran a su cargo, como cocinar. No siempre podría hacerlo, pero por lo menos varias veces a la semana - Creo que lo de la limpieza podemos hacerlo entre ambos o tomarnos turnos. Si no tienes inconveniente, me gustaría encargarme de la comida, sea de cocinar o hacer las compras. Me da el tiempo para eso - Los fines de semana le quedaban casi siempre libres para aquellos quehaceres.

Sobre los gastos, creo que lo más justo es ir mitad y mitad - Añadió. Cualquier otra cosa que hubiera que acordar podía hacerse en la marcha. No creía que la convivencia fuera a ser necesariamente perfecta, esperando que sus hábitos pudieran chocar de vez en cuando. El punto era conversar lo posible para que ambos estuvieran cómodos dentro de lo posible - Si hay algo en lo que hago o digo, no sé, algo que no te gustara de cómo actúo, quisiera que me lo dijeras - Se miró, llevando sus ojos a su propio pecho - Por ejemplo, yo soy de ir sin camiseta, más cuando he salido de ducharme. Si eso te incomoda, me gustaría saberlo - Dejó sus cubiertos apoyados en el plato, atento a lo que Gabriel pudiera decirle. Tomaba muy en cuenta su opinión, más si gracias a él estaba en ese nuevo apartamento.
João Da Souza

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Mensaje por Gabriel A. Peyton el Dom 21 Ago - 21:05
Escuchó con atención cada palabra que su compañero soltó mientras disfrutaban de esa deliciosa comida, él no era precisamente quisquilloso a la hora de comer, de hecho no había encontrado nada que no le gustase, se adaptaba bastante a lo que cocinaran las personas que lo invitaban o cuando iban algún restaurante, dejo los palillos sobre el plato y tomo un poco del refresco, aquello era la gloria pura hecha comida.

-Está bien si les dices que somos algo, así no las tenemos aquí tratando de conquistarte- bromeo, guiñándole un ojo de paso y sonriendo –Y sobre los horarios, vaya estás todo el día fuera- asintió, dando otro trago más a su vaso antes de volver a tomar los palillos. El no tenía un horario previamente establecido pero su hora de salida generalmente era a las 4 de la tarde, claro que todo dependía de los casos en cuestión o de las llamadas de última hora cuando le pedían cubrir algún nuevo cliente –Yo generalmente estoy fuera todo el día, pero más tardar a las seis de la tarde estoy por acá- asintió, dando un trago más o menos aproximado –Y a veces sí que no vendría a dormir y mis viajes a D.C.- soltó mirándole a los ojos y bueno, bajando un poco la mirada –De hecho tal vez no me hubieras conocido si hubiera aceptado un trabajo en Washington, tenía todo y realmente pensaba seriamente en irme- todo fuera por olvidarse de todo lo que había pasado con él, pero ahora veía las cosas que se hubiera perdido y agradecía a sus decisiones de no marcharse –Pero solo iré un par de días al mes, es una especie de acuerdo que tengo con uno de mis tutores de carrera- asintió y volvió a tomar los palillos para echarse a la boca otra fritura, escuchando de nuevo sus palabras –La limpieza me parece bien si la hacemos entre los dos o igual turnarnos, sobre todo por mis mascotas- actualmente él tenía dos perros y una serpiente, así que era su trabajo tener el apartamento limpio –Y sobre cocinar, me parece bien y te acompañó a comprar las cosas, así dividimos también esos gastos que no quiero abusar de ti- asintió a sus palabras, además que así aprovechaba a comprar las cosas que le gustaban, como comprar una caja de palomitas, cervezas y demás –Y no sabía que hicieras dieta, porque hombre, estas muy bien- levantó la mano en un gesto que señalaba su cuerpo de arriba abajo –Y sobre la camisa no hay problema, yo no estaba muy acostumbrado a ver a alguien semidesnudo pero yo también ando sin camisa casi siempre- eran hombres al fin y al cabo –Y está es tú casa tanto como la mía, así que no dudes que los gastos serán en partes iguales, solo sí alguna vez sientes que te atoras en algo no dudes en preguntarme si te puedo echar la mano, que para eso estamos- exactamente no supo porque al analizar sus palabras le sonó como una especie de invitación a algo que le provocaba cierto cosquilleo en la piel, aún así dejo pasar la sensación y sonrió –Y lo mismo va para ti, si algo te molesta de mí no dudes en decirlo. La lavandería esta abajo, así que podemos turnarnos para ir a lavar ropa o hacerlo a la misma vez- no sabía que más se le estaba pasando y recordó entonces su vehículo –Y tengo un Honda, ya lo has visto mi coche- le miró a los ojos –Generalmente no lo uso, así que se queda aquí, cuando lo necesites puedes tomarlo siempre tiene gasolina- él no era envidioso, su coche realmente lo ocupaba cuando viajaba o cuando iba hacer las compras.

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Mensaje por João Da Souza el Mar 23 Ago - 18:58
Así estaba la cosa, teniendo que pasar casi todo el día fuera de casa, aunque a su parecer, tenía un horario bastante bueno. No necesitaba salir muy temprano y a su regreso tenía todavía un buen de horas para hacer algo adicional, incluso si se trataba de cosas cotidianas como comprar comida o limpiar - No sé como haces con las mascotas cuando te vas, pero no te preocupes por si tienes que dejármelas a cargo - Había tenido pocas mascotas en su vida, pero era responsable con las mismas cuando era necesario, de paso que le hacían compañía cuando Gabriel estuviera ausente. Con lo que el joven abogado le contaba, estaba más convencido de que todo había confabulado a su favor y no era por sonar como un interesado, pero realmente le había salvado el pellejo de una situación muy fea.

Sonrió. No sería la primera persona que le decía que estaba bien. Le gustaba un poco de adulación de vez en cuando, sobre todo porque sabía el esfuerzo que le había tomado pasar de ser un flacucho sin fuerza alguna a poder sostener casi el doble de su peso en alguna de las coreografías más acrobáticas que pudiera tener que realizar - No hago dieta, solo cuido de no abusar de las frituras y eso. El baile es lo que me mantiene en forma - Comentó, mirando a Gabriel. No había tenido la oportunidad de verlo ligero de ropa, pero la que llevaba puesta no ocultaba que bajo las capas de tela escondía un cuerpo trabajado y eso que sus actividades poco o nada tenían que ver con estar en forma. Tenía, para João, un poco más de mérito, pues debía tener la fuerza de voluntad para darse tiempo de entrenar. Eso o tenía un metabolismo envidiable - Sí, he visto tu coche, aunque dudo que le dé uso. Es que no sé conducir - No le gustaba. Había practicado suficiente como para manejar un auto, salvo el hecho de estacionarlo. El hecho de tener que estar a la defensiva y el estrés que se ganaba con el tráfico diario de la ciudad, hizo que João jamás sacara su licencia de manejo - Me las arreglo con la bicicleta o con el transporte público - Prefería el primero, por obvias razones, pero cuando la necesidad apremiaba no le hacía asco a aquello.

Continuó comiendo, aunque el hambre ya había sido saciada casi por completo. Solo estaba disfrutando del sabor de aquella cena. Se quedó mirando a Gabriel por unos segundos, luego bajando la cabeza, pensativo. Otra vez las ideas empezaban a fluir respecto a su compañero y eso no le gustaba, por lo menos no en ese momento en que debería estar tranquilo. Terminó con la comida de su plato y llenó su vaso con refresco, levantándose de su asiento con tranquilidad - Discúlpame. Iré un momento a fumar - No era común en João antojarse de un cigarrillo tan de la nada. Necesitaba alguna clase de excusa para tomar algo de aire. Con su vaso en mano, fue hacia el balcón. Encendió la barrita de nicotina, empezando a inhalar repetidas veces.
João Da Souza

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Mensaje por Gabriel A. Peyton el Mar 23 Ago - 20:11
Soltó el aire cuando Jo salió antes de que cualquier respuesta saliera de su boca, se quedó sentado un par de segundos o minutos no estaba seguro cuanto, se le hacía un poco descortés que le dejaran solo ahí, pero al final él también ya había terminado. Acomodó los platos, vertiendo el contenido en otro cerró las cajas y se llevo otra fritura a la boca mientras comenzaba a recoger aquello, a él le disgustaba el humo del tabaco y solo lo toleraba cuando iba algún bar donde se pudiera fumar. Llevó las cosas a la cocina y lavó los platos, los seco y apoyó las manos en la barra de la cocina, apretando un poco los puños porque ya no estaba seguro si era buena idea que estuvieran juntos más cuando sus ganas de tocarlo aún no se esfumaban del todo.

Resopló y tomó un par de bocanadas para tomar una maleta con sus cosas del día y un par de trajes que había colgado y que no iban ahí, los cuartos eran iguales, así que tomó el diferente en donde el menor se había bañado y abrió la puerta del clóset, metió los trajes y comenzó a guardar todo lo que ocupaba, había una cómoda de madera que trajo de su anterior departamento y lo había colocado ahí un día antes de que Jo y él estuvieran ya mudándose por fin. Su televisión estaba de 50 pulgadas la había llevado a casa de Isabella y mañana pasaría por ella, algunas otras cosas que eran electrónicas y que no había llevado consigo por que se le había hecho más fácil dejarlas en casa de su prima, mañana ya pasaría por todo.

Terminó de acomodar las pocas cosas que necesitaba para mañana ir al trabajo y se quitó la camisa, tirándola a un pequeño cesto de ropa sucia que su anterior dueño dejo, había un espejo integrado en la puerta del ropero por lo que se miro y suspiro ante su aspecto tan deplorable, se acercó al marco de la puerta –Voy a darme un baño- alzó la voz un poco y fue hacia el cuarto de baño, quitándose la ropa y abriendo el grifo, observó su barba de unos días y sus pequeñas ojeras, bajo su mirada hacia la pequeña cicatriz de solo un par de semanas, que ya comenzaba a tornarse rosada. Los gajes del oficio y término apuñalado por no soltar su dinero.

Entró a la regadera, dejando que el agua cayera sobre su cabeza, el cabello se le pego a la frente y metió las manos entre las hebras oscuras. Después de un refrescante baño, salió de la regadera para anudarse la toalla a la cintura, sacudió sus cabellos como un perro al ser remojado y quito el exceso de agua que se acumulaba, una vez dentro de su habitación se dio cuenta que no había metido la ropa que ocupaba y salió hacia la sala donde reposaban más bolsos con ropa, sonrió al encontrar la indicada y tiró con suavidad, busco con la mirada al chico pero suponía que seguía fumando, por lo que camino hacia la salida del balcón y apoyó su cadera en el marco para mirarlo fumar. Desde su sitio podía apreciar bastante bien todo de él, su perfil, su espalda y bajó su mirada un poco más hacia donde aquellos pantalones cortos mostraban su espalda baja y un poco más, tragó saliva y gruño ante su propia respuesta a ese cuerpo. Puso la bolsa de ropa frente a él y sonrió al chico cuando este le miro, esperando que no captara nada raro en él –Creo que voy a dormir un poco- musitó, muerto de vergüenza y con deseos de tirarse al vacío porque jamás en toda su vida mirar un cuerpo de la forma que lo había hecho con João le había hecho reaccionar así.
Gabriel A. Peyton
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Mensaje por João Da Souza el Miér 24 Ago - 2:57
Sus antebrazos se apoyaban en el barandal, mirando a la ciudad a esas horas de la tarde. Empezaba a oscurecer y a enfriar un poco, aunque el clima le permitía a João seguir sin camisa por un tiempo más. Cuando terminara entraría y se pondría algo. Ya luego decidiría que hacer el resto del día, que lo tenía libre. Lo mejor sería empezar a arreglar sus cosas, desempacar y hacer algo de orden. Se conocía y si no empezaba con algo jamás iba a terminar. Volteó al notar ruido al interior del apartamento. Era Gabriel haciendo orden con las cosas que habían quedado de la comida. Se maldijo a sí mismo por estarle dando esa carga tan pronto, más cuando escuchó el sonido del agua correr, comprendiendo que su compañero estaba lavando los trastes. Ya más tarde vería la forma de compensar su amabilidad. El ruido interior se fue perdiendo, junto con los pasos de Gabriel. Lo escuchó avisar sobre la ducha que se daría, aunque João no se tomó el trabajo de responder.

No quería gritar y parecía no estar del mejor humor. El cigarrillo iba muriendo en sus labios, mirando el humo que se perdía rápidamente en el exterior. El brasileño suspiraba a medida que las ideas iban y venían en su mente. Estaba mal, muy mal todo lo que pensaba sobre Gabriel. Estaba a punto de joderlo todo, a su parecer, sobre todo con lo que estaba haciendo ahí. En lugar de decir algo o simplemente echarlo a la espalda, había huido de la escena del modo más cobarde posible. Estaba enojado con sigo mismo y eso era más fuerte que cualquier tipo de culpa ajena, mas sabía que lo peor sería irse de ahí, tal como su mente le hacía creer por algunos segundos. Debía vencer a las tentaciones ¿O no? Escuchó unos pasos tras de él. De seguro era su compañero, pensó. Tenía que sacarse ideas equivocadas de su cabeza, cosa que fue imposible cuando le vio tan ligero de prendas a pocos metros de él, con esa sonrisa que parecía hecha para hacerle perder el control - ¿Tan temprano? Ni siquiera anochece del todo - Dijo en una especie de excusa para seguirle la conversación y tratar de ser lo más casual posible. No, es que era inútil. Esa piel visiblemente suave y la leve humedad de su cabello eran una combinación hecha para hacer caer al más fuerte de voluntad. En ese momento fue como si el tiempo se paralizara. Sus pensamientos iban a una velocidad inhumana, o por lo menos así lo sentía João. Parecía tener todos los minutos del mundo para calcular su siguiente movimiento, el que definiría lo que pasaba o no esa noche.

Se acercó relativamente inocente, gesticulando con sus manos, ya sin cigarrillo alguno que estorbara - Gabriel, mira, no quiero que te asustes... - Era la frase perfecta para que sí se asustara - ... pero la verdad es que no me puedo ni quiero controlar - Estaba a nada de él, sintiendo en su propia piel la calidez ajena. Sus ojos estaban conectados en los de su compañero. Sus manos se movieron solas, apoyándose suavemente en las caderas de Gabriel. Era precisamente como lo imaginaba, suave, tibio, completamente apetecible. Sin más, se lanzó a sus labios en un beso que de dulce no tenía nada. Estaba hambriento, animal, descontrolado aunque sin desesperarse. Solo se limitó a comerle la boca como hacía demasiado tiempo lo había reprimido.
João Da Souza

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Mensaje por Gabriel A. Peyton el Miér 24 Ago - 5:36
Sonrió ante las palabras de él, sabía que era temprano pero la mudanza, la comida y el baño, provocaron más que normal aquella reacción en su cuerpo, una especie de cansancio estaba en su sistema, así que asintió, aún con sus ojos mirando cada parte del cuerpo de Jo, en aquella posición.

-Comida, baño- se encogió un poco de hombros, tratando de controlar sus jodidas respiraciones, no ayudó en nada que su compañero de piso se acercará a él de esa forma, tenerlo tan cerca solo provocaba esas reacciones a su cuerpo que ya era imposible negar, soltó la bolsa que minutos antes tenía sujeta para sorprenderse de aquel gesto al tomarle de las caderas, estaban cerca, demasiado que era capaz de ver sus tatuajes con más nitidez -¿João, qué…?- sus palabras apenas musitadas por las palabras ajenas fueron acalladas por ese beso que explotó y colisionó todos sus sentidos. Fue devastador que aquella boca se presionará tan hambrienta de la suya, sus manos incapaces de quedarse quietas subieron al cuello del contrario y luego una de ellas fue hacia su nuca, donde sus dedos se introdujeron entre sus cabellos, como para afianzar un poco aquel beso que nublaba cada parte de su mente.

Su cuerpo busco más contacto, pegándose completamente al contrario. Su pecho contra el otro, húmedo y fresco entraron en contacto y jadeo, por la sensación que causaba aquel roce de cuerpos, haciendo que su sangre le tronará en los oídos, gimió entre besos que encendían más la sangre que corría por su torrente sanguíneo, mordisqueando los labios contrarios, saboreando el tabaco de la boca ajena y dejando de lado que en algún momento la piel de su espalda encontró la pared del balcón, sentía el aire fresco en la piel cálida y se separó de João un poco, el suficiente para que sus pulmones encontraron una fuente de oxígeno en el ambiente casi nocturno, estaban cerca, con las respiraciones aceleradas y sus labios los sentía tan sensibles. Rozó su nariz con la contraria en un gesto un tanto dulce, pese a que el beso que acababan de compartir no tenía nada dulce, más bien bastante animal y que aún sentía en su piel.

Los dedos en la nuca contraria acariciaron despacio los cabellos a su paso mientras que su otra mano bajaba del cuello con lentitud hacia su hombro, delineando apenas la sensación cálida de ambas pieles y sonrió, cuando su mano bajo más, hacia su pecho, se sentía extasiado y a punto de irse volando por la sublime sensación de aquellos labios y manos sobre su cuerpo. Iba a decir algo, una palabra que podía hacer que aquello dejara de existir, pero la guardó en lo más profundo de su mente con llave para atraerle y volverle a besar con fuerza, con ganas y con el deseo de llevar al final lo que fuera que estaban teniendo, mañana podría arrepentirse, ambos, pero hoy desconectaba totalmente la razón que le decía que debería detenerlo, su mano en el pecho bajo hacia sus caderas y profundizó más sus besos, pegándose y que aquella simple toalla revelará lo que Jo le hacía sentir, no le sorprendió del todo que también hubiese esa respuesta en el contrario, le gustaba y se pegó más a él si eso era posible, necesitaba quitarle la ropa, que se sintieran completamente.
Gabriel A. Peyton
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Mensaje por João Da Souza el Vie 26 Ago - 6:37
Desde el primer segundo en que sus labios estuvieron encima de los ajenos, se preparó para lo peor. Fuera una mordida defensiva, un golpe en la boca del estómago o un rodillazo en la entrepierna, todo era posible, según João. Luego de ello pasaría a recoger sus cosas, que, o la vergüenza lo mataba o Gabriel no soportaría vivir con alguien tan lanzado como él. Nada de eso pasaba, a medida que su boca seguía retozando con la del joven abogado. Sus pieles chocaban y se rozaban como si pelearan, siendo así como le gustaba al brasileño que todo estuviera pasando. Era alguien con sentimientos y demás, pero ahora estaban completamente de lado. Claro, que consideraba a su compañero de piso como una persona por la que cualquiera perdería la cabeza, incluso él, descartando completamente su atractivo físico. Tenía una personalidad, en una sola palabra, encantadora.

Sin embargo, ese no era el lado de Gabriel que lo alborotaba en ese momento. Lo deseaba con locura, quería hacerlo suyo esa noche a como diera lugar. Sus manos luchaban por no ser más descaradas, cosa rara, que el acto en sí destilaba pura osadía. Usaba su cuerpo para empujar el contrario al interior del apartamento. El avance constante les hizo dar con una pared, la que usó para tener preso al contrario. Ya sentía como la piel ajena era estimulada con sus propias manos. Tanto tiempo había deseado tocarlo con las ganas que en ese instante demostraba que parecía no saber por dónde empezar. Su boca, traviesa hasta el momento, no tuvo reparos para moverse, ubicándose en el cuello todavía algo húmedo de Gabriel. Era la zona que más buscaba besar, succionar, morder si es que era necesario. Era el espacio en el que descargó todas las ganas que le tenía, por lo menos hasta ese segundo - No te imaginas cuánto deseaba esto... - Dijo en un susurro a su oído, aprovechando la cercanía para morder su oreja, estirando un poco de la misma, jugando con la agradable textura de esa parte de él. Ya se estaba demorando demasiado en caer aquella toalla, pensó. Tal vez no debía dejar tantas cosas al azar, por ello es que no le tomó más de un par de segundos luego de pensarlo en remover de él esa poca tela que lo separaba de la completa desnudez. Ni siquiera esperó a que Gabriel hiciera algo al respecto por lo injusto de que uno no tuviera nada encima y el otro, João mismo, tuviera los shorts aún. Él mismo se los quitó, junto con su ropa interior. Una ola de calor empezó a llenarlo desde el pecho hasta el último rincón de su organismo. Era la emoción y excitación de estar en esa situación con Gabriel, de sentir como su piel se rozaba tan intensamente con la suya.

Sus manos se volvieron más traviesas, recorriendo áreas que antes no tuvo el valor de tocar. Se separaba solo un segundo para tomar aire, mirando a los ojos a Gabriel, queriendo comunicarle el hambre que tenía por él sin mediar palabra alguna. Tragó saliva, vio a los labios ajenos y se lanzó a los mismos. La pared pudo servir como apoyo para que João bajara sus manos a los muslos del moreno y alzara las mismas para tenerlo sostenido con ayuda de sus caderas. Así el roce era más fuerte y le demostraba de nuevo que no se iba medir en nada. Todo lo que su mente y sus fantasías pudieran imaginar se harían realidad esa noche, siempre que su compañero no lo impidiera. Hasta el momento parecía que ambos estaban en la misma sintonía.
João Da Souza

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Mensaje por Gabriel A. Peyton el Sáb 27 Ago - 7:26
Tenía demasiado calor, tanto que por un instante creyó sinceramente que iba a incendiarse el mismo y para colmo llevarse a João con él en esa combustión pero nada de eso paso, más bien se dejaba hacer por el rubio que sin mucha prisa pero tampoco con lentitud tiro de él entre besos hacia el apartamento, agradeciendo que aquella escena en el balcón no fuera captada por ningún ojo curioso, la privacidad de su apartamento quito una preocupación a esos pensamientos que se instalaban y se embotaban por todo lo que su cuerpo le hacía sentir. Besó, mordió y tiro de los cabellos de la nuca contraria con ese magnetismo animal que encendía la sangre de ambos, se dejó hacer cuando su espalda volvió a sentir algo completamente duro y frío por el aire acondicionado que tenían puesto, exponiendo el cuello para que aquellos labios y dientes, le hicieran lo que quisieran a esa parte sensible de su cuerpo.

Gimió cuando los dientes del contrario mordieron y succionaron con bastante lasciva su piel, se estremeció completamente porque la tela de la toalla causaba una fricción contra su ya notada erección, no podía evitar esas reacciones que su cuerpo manifestaba y hubiera puesto pausa si el brasileño hubiera pasado de él minutos antes de besarlo de esa forma, de reclamarlo de la manera que estaba haciéndolo. Gabriel no era precisamente alguien que se le daba ser activo siempre, más bien le gustaba la diversidad y en ese momento que Jo o él compartieran los roles de activo era lo de menos, necesitaba sentirlo por toda la piel, de hecho cuando esas palabras fueron susurradas en su oído, amplió la sonrisa y buscó su boca, pero se quedó completamente con las ganas de atacarle la boca como Jo cuando su desnudez fue evidente, una protesta murió en sus labios ante la desnudez del contrario y joder, se hubiera corrido en ese momento cuando sus cuerpos volvieron a tocarse, en todas partes sin pudor ni nada que pudiera decirle a Gabriel que detuviera toda aquello.

Él quería aquello tanto o más como João.

Sus manos exploraron toda la espalda del brasileño y una de ellas se afianzó de su cuello cuando sintió las manos contrarios en sus muslos, en un intento por hacer que sus piernas se sostuvieran de las caderas ajenas, aquel contacto entre ambos era para mandarlo al cielo. Su boca buscó la contraria, llevando su labio inferior por debajo del labio inferior contrario y frotó su lengua con la ajena, introduciéndola en la cavidad húmeda de la boca de Jo, deleitándose por el sabor del tabaco que a pesar de no gustarle, en su boca el sabor era completamente adictivo. Su mano izquierda situada en la cintura ajena bajó hacia la espalda baja del rubio, abarcando una de sus nalgas y apretándola entre sus dedos, para empujarlo más contra su cuerpo si eso era posible, era como si buscara fundirse con el contrario, sus dedos encontraron la unión entre ambas nalgas, moviendo sus propias caderas para rozarse con bastante descaro con las otras y sus labios buscaron la barbilla de João, mordiendo y bajando también hacia donde le latía el pulso, quería marcar a ese hombre como suyo pesé a las implicaciones que eso traería después y que mando a lo profundo de su mente.

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Mensaje por João Da Souza el Miér 31 Ago - 19:47
Lo conocía de tan poco y nada de eso importaba en ese momento, aunque sabía de él algunas cosas, lo suficiente como para sentir que no estaba dejándose llevar solamente por los instintos clásicos del encuentro de una sola noche. No, que sabía las repercusiones que lo que sucedía podría tener en la vida futura de los dos. Estaba en el medio, tampoco permitiendo que otros pensamientos lo nublaran de lo que sucedía ahí. Se dejó tocar por Gabriel como quisiera. Las miradas que se echaron antes se habían traducido en caricias fuertes que buscaban conocer cada rincón del cuerpo opuesto. Suspiraba en la boca de su compañero, aspirando su aliento y compartiendo el propio, esperando que el gustillo a tabaco fuera más un aliciente que algo posible de espantarlo. Igual y buscaba tenerlo preso de su agarre, aunque no era solamente el hecho de tenerlo sujeto sino, con esas mismas manos, demostrarle el antojo que tenía por él y el tiempo casi infinito que se había guardado.

Se excitaba más y más con el roce de sus cuerpos, siendo ahora sendas erecciones las que comunicaban lo que el resto de ellos pudiera omitir de algún modo. Era la señal masculina más clara de que el deseo era correspondido. El frescor de la piel de Gabriel parecía esfumarse para dejarle sentir lo cálido de su cuerpo. Apartaba un poco su cuello para dejarle morder, marcarlo si es que así lo deseaba. Ese hecho de dejar huella el uno en el otro le despertaba un morbo particular, sobre todo porque ya se había decidido a que ese encuentro no fuera flor de un solo día. La posición empezaba a ser un poco incómoda y suponía lo mismo para su compañero. Lo tomó de la mano hacia la habitación, la de él, la que estaba obviamente mejor acomodada. En el pasillo, aunque solo les tomara un par de segundos, João se encargaba de mirarlo y dejarle saber con una sonrisa pícara que lo deseaba mucho y que la habitación sería el sitio donde, al fin, consumarían el deseo que tan intensamente se sentía en el aire. João no era de que se jactara de haber tenido muchas parejas, siquiera encuentros. No. Si de algo podía estar consciente y casi orgulloso es de ser un amante detallista. Por tratarse de Gabriel, alguien que despertaba en él un nivel de atracción y lujuria que no había sentido antes, se encargaría de darle el mayor placer posible. Ya en la habitación, lo empujó en la cama, sonriendo desde su posición al ver su cuerpo con mayor atención.

El hambre se le notaba en los ojos al brasileño. Quería memorizar cada detalle del cuerpo de Gabriel. Si tenía alguna peca, alguna marca o lo que fuera, deseaba ser quien supiera dónde estaba. Se fue acomodando suavemente a su lado, acariciando sus piernas primero. Su mano no dudó en acariciar su miembro sin apretarlo del todo. Sentía que tenía todo el tiempo del mundo, o por lo menos toda esa noche, para disfrutar de él. No había razones para apresurarse. Su mano siguió subiendo por su abdomen, por su pecho, acariciando todo a su paso. Se acomodó mejor, acercando su boca a la contraria, pero esta vez, mientras devoraba nuevamente sus labios, la otra mano se encargaba de empezar a masturbarlo suavemente, seguro de tocar cuanto fuera posible.
João Da Souza

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Mensaje por Gabriel A. Peyton el Jue 1 Sep - 4:06
No había pensamientos en su cerebro mientras sus cuerpos se rozaban de esa forma, lo único que pensaba seriamente es que quería culminar todo ese tumulto de sensaciones que sobrecargaban su cuerpo. Su piel ahora estaba realmente cálida al tacto, producto sin duda de ambos cuerpos al acercarse y rozarse de la manera más lasciva, sus manos se habían vuelto a ocupar de los cabellos de su nuca para atraerlo a sus labios y volver a besarlo, como si no hubiera un mañana y solo él hoy existiera en ese momento, quiso protestar por la incomodidad que era estar pegado contra la pared fría de la sala y tragó saliva cuando la mano del rubio tomó la suya y les guío hacia la habitación, en cuanto cruzaron el umbral supo que no había vuelto atrás de nada.

Cayó contra el suave colchón y tomó un par de bocanadas para que su cerebro no colapsara al tenerlo ahí ante sus ojos, como su madre lo había traído el mundo. Curvó un poco la comisura de su boca en una sonrisa que era un tanto nerviosa por estar tan expuesto y dejando que el contrario tomara las riendas de la situación, llevó la cabeza hacia atrás cuando sus manos tocaron la piel de sus piernas y sí, justo en donde su erección clamaba por un poco de atención y protestó un poco cuando las manos se deslizaron por su abdomen, subiendo y haciendo que mordiera su labio, ahora que tenía aquella cicatriz en el costado izquierdo no era precisamente alguien que le gustara mostrar su cuerpo demasiado, claro que había subido fotos al twitter que ya no mostraban nada pero aún así, había algo inseguro detrás de su mente, sus bocas se encontraron de nuevo, bebió de sus labios el dulce sabor de su boca y llevó su propia mano hacia la mejilla de Jo para abarcarla y corresponder con más intensidad el beso, metiendo la lengua en la cavidad ajena, en un puro acto de lo que quería sentir, reclamando aquellos labios y todo del menor para él.

Jadeo por aire y detuvo los besos entre las caricias que ya tenía hacia su miembro, estaba completamente erguido y la forma en que la mano de João le abarcaba sin prisas, simplemente acostumbrándole a la textura de la palma contraria contra ese piel sensible, gimió contra su boca en cortos besos y sus ojos viajaron hacia abajo, donde aquella mano nublaba sus pensamientos, haciendo que jadeos salieron de sus labios y echara la cabeza un poco hacia atrás, completamente sobrecargado por todo lo que su cuerpo estaba sintiendo. Volvió su vista completamente oscura por el deseo y pasión hacia el contrario y empujó despacio con su propio cuerpo el otro.

-Eres hermoso Jo- le dijo con la voz ronca, llevando sus dedos acariciar su barbilla ahora que lo tenía recostado y se apoyó en su codo para levantarse un poco, las yemas de sus dedos delinearon los labios ajenos, bajando hacia su barbilla, pero la idea de saborear su piel fue mejor. Sus labios se posaron en la barbilla del brasileño, sacando la lengua para saborear la salada piel, bajando en besos por su cuello, mordisqueando ahí donde sus dientes podían, llegando a una de las tetillas y la raspo con sus dientes, para luego consolarla con su lengua, el mismo procedimiento fue a la otra. Abarcó con su palma el abdomen del bailarín y se sorprendió de lo firme que ahí estaba –Me gustan tus tatuajes- musitó, bajando sus yemas por el vello que bajaba de su ombligo y sus ojos claros se encontraron con los contrarios antes de bajar su mano para tomar aquella erección que le incitaba a tocarla –Me preguntó si sabes tan rico ahí como tu piel- sus dedos acariciaron la punta de la erección, para luego rodearlo y depositó un beso debajo de su ombligo, bajando un poco más para acogerlo en su boca.
Gabriel A. Peyton
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Mensaje por João Da Souza el Jue 1 Sep - 5:00
No esperaba que Gabriel dijera algo. Le parecía estar bastante absorto, como él, en lo que sucedía, ni hablar de los niveles de concentración y excitación que hacían que cualquier palabra estuviera de sobra. De todos modos, las tomaba a bien, sobre todo si se trataba de halagarlo. Por supuesto que no era solamente ello, si no el hecho de ser correspondido por él de manera verbal, sabiendo que no era el único con los deseos galopantes a flor de piel. Dejó espacio a ese leve empujón. Era hora de que Gabriel participara un poco más, por que lo creyera y simplemente porque así le gustaban las cosas. Su compañero sumaba puntos uno por uno. Con querer actuar un tanto más le hacía ver que no era alguien que simplemente se dejaría hacer, si no que si algo deseaba iba a por ello. No supo que decirle durante los primeros segundos, que pensándolo bien, decirle algo por las líneas de "son tus ojos los que me ven así" hubiera quedado un poco más que ridículo.

Le gustaba el tacto en sus tatuajes y el hecho de que los admirara de cierto modo. Si bien se los había hecho para él, agradecía que fueran, a su parecer, incluso una suerte de estimulante. Tal vez Gabriel era de los que consideraba a los tatuajes como un elemento atractivo y sensual - Ahora los puedes ver bien de cerca - Expresó con cierta dificultad. Las mordidas y besos en su pecho prometían ponerlo aún más caliente si es que eso era posible. Lo que le dijo luego fue la cereza del pastel, por lo menos en cuestión de palabras. Con la mano puesta en su miembro, el otro dejaba en claro sus intenciones. João no pondría trabas si de ello se tratara. Era quizás de los juegos previos que más le gustaban, incluso quedando bastante complacido si las cosas solo rondaban en ese tipo de toqueteos. Sin embargo, ya se había propuesto no tener reparos en cuanto a satisfacer sus deseos y los de Gabriel se tratase - Se me hace que estás por descubrirlo - No encontraba mejor manera de decirle que prosiguiera, que esos labios que su boca tan bien había probado debían sentirse mucho mejor en zonas tan íntimas como aquella. Todo su cuerpo aumentaba en sensibilidad de manera exponencial, más cuando el moreno rodeó su virilidad en su boca, empezando a felarlo. João se irguió levemente, solo levantando un tanto su torso con ayuda de sus codos, quedando medio reposado en una altura que le dejaba ver mejor lo que sucedía. Era una imagen que jamás se iría de su mente a pesar de que no era la primera vez que recibía esa clase de atenciones. La diferencia estaba en que tanto su cuerpo como su vista eran estimuladas a un punto en que la locura parecía ser algo demasiado cercano.

Se sentía tan bien y no solo por lo que sentía desde la punta de su miembro hasta irradiar a todo su ser. Sentía que había corrompido un poco a Gabriel por abordarlo de esa manera, incluso si es que estaba, obviamente, respondiendo de la misma manera. Esa noción de llevarlo a un punto en que solo quedaba dejarse llevar por lo más animal de sus instintos despertaba un morbo en el brasileño que desconocía hasta el momento.
João Da Souza

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Mensaje por Gabriel A. Peyton el Jue 1 Sep - 22:22
Hacía tiempo que no hacía ese tipo de cosas, al menos podía decir eran unos dieciocho meses, más o menos que no tenía sexo oral con alguien del sexo masculino, pero aquello se sentía muy bien. Su mano subiendo y bajando por aquel falo, su boca acogiendo lo que podía y su lengua saboreando cada parte de su piel. Aquel acto de lamer encendía también su cuerpo, quería seguir descubriendo cada parte de la piel del brasileño, sus tatuajes eran algo que simplemente le fascinaban. Lamió en un acto bastante lujurioso todo el falo hasta la base y de regreso hacia la punta, le gustaba el sabor y sus ojos claros buscaron la otra mirada, pasión y hambre animal podían reflejarse claramente en aquellas pupilas, encendiendo su ya caliente cuerpo. Masajeo con suavidad los testículos contrarios, no estaba seguro si aquello era lo que quería pero entre caricias bajo un poco más, hasta encontrar los pliegues rugosos de su entrada. No presionó, pasó la yema de su dedo por encima y alzó la mirada hacia Jo, buscando algún indicio de que quería detenerlo, pero una sonrisa bastante lobuna se instaló en sus labios cuando no hubo ningún queja al respecto sobre lo que acababa de hacer y lo que quería hacer.  

-¿Preservativos y lubricante?- preguntó. Bajó de la cama para ir en su búsqueda y se mordió el labio ante aquella gloriosa visión de verlo tan magnífico cuando  volvió, no había tardado nada y se trepó a la cama, había traído unos cuatro preservativos y un par de bolsitas de lubricante, volvió a sus labios para morderlos, saborear su boca de nuevo y mientras su mano acariciaba su pecho, entre besos, le instó a que se pusiera boca abajo. Su espalda era como la recordaba y depositó sus labios en su nuca para luego morderla un poco y pasar la lengua por la marca roja que se había marcado, besó poco a poco la unión entre los omoplatos, pasando la lengua a su vez para compensar los besos y las pequeñas mordidas con sus dientes, masajeando con sus manos la cintura y presionando un poco la carne, estaba al paso de perder la locura y mandar todo a volar, quería simplemente estar ahí hundido. Gruñó para controlar los instintos animales que parecían bullirle de las entrañas, siguió su camino hacia abajo, llegando a la espalda baja y más, sintió la reacción de Jo al sentirle justo ahí, presionando con su dedo índice la húmeda entrada, despacio para no incomodarlo fue introduciendo un dígito, moviéndolo un poco en círculos, para expandir el estrecho conducto, los gemidos que salieron de la boca del rubio solo hicieron que su ya hinchado falo protestara por atención, sus dedos lo masajearon un poco e introdujo un segundo dedo, el calor que sentía iba a terminar por incendiarlo.

Rompió la bolsita del preservativo con los dientes con cuidado de no romperlo y una vez que estuvo seguro que no sería tan bruto y animal, se lo colocó. Tiro de la cintura de Jo para levantarle el culo en popa y con lubricante en la mano, lo puso por todo lo largo y ancho de su erección, ya la sentía gotear de impaciente y su cerebro ya solo estaba en estado automático, sus instintos más primarios estaban controlando ya todas sus acciones. De lo único consciente es que ya estaba listo, colocó las rodillas sobre el colchón para tomar altura. El corazón le latía con fuerza en el pecho, incapaz de controlarse por todo lo que había hecho al cuerpo del brasileño, primero le había dejado besarle y que marcara todo lo demás, pero en cuanto sus instintos se hicieron con el control, pasó a tocarlo, besarle los tatuajes, mordisquearle el pecho, incluso masturbarlo con la mano y la boca, prepararlo y ahora le sostenía un lado de sus caderas con una mano mientras la otra mano sostenía su erección y la guiaba hacia la entrada ya salivada, presionó ahí la punta de su miembro y este comenzaba a introducirse entre aquellos pliegues acogiéndole, estuvo seguro que no murió de una embolia por la sublime sensación de ver como entraba y salía de a poco.

-Joder- jadeo la palabra entre los dientes, echando la cabeza hacia atrás. Marcando despacio el ritmo de sus embestidas para no terminar aquello tan rápido, sus labios murmuraron palabras obscenas y se sujetó con ambas manos de las caderas del rubio.
Gabriel A. Peyton
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Mensaje por João Da Souza el Vie 2 Sep - 18:07
Gabriel demostraba un nivel de lascivia que agradecía estuviera presente. Estaba respondiendo de la mejor manera. Solo había que ver el modo en que el brasileño presionaba sus manos sobre las sábanas, ahogando algunos gemidos mientras su rostro se desfiguraba por culpa del placer. Aquella boca lograba maravillas en él y en la zona tan sensible que había tenido a bien atender. Disfrutó que no dejara área de él sin recorrer, aunque cuando empezó a estimular su ano, supo por dónde iba el rollo. Le daría el beneficio del rol activo en esa oportunidad, siendo João alguien que disfrutaba casi por igual de tomar una u otra posición. Casi siempre dependía del tipo de aspecto propio que le despertaba la otra persona. En el caso de Gabriel, despertaba todo en él, por ello es que abrirse de piernas, por más grosero que lo imaginase, era algo que no le disgustaba para nada. Mientras más lo pensaba, el morbo crecía más en él. Tendría el placer de alojar a su compañero en lo más profundo de sus entrañas. Su cuerpo empezaba a predisponerse a ello, haciendo que el calor de aumentara más y más. Asintió a su pregunta, que no había nada mejor que estar protegido desde el primer momento.

Ahí es cuando el ser bailarín comenzó a ser algo de provecho. La flexibilidad no era problema para João. Se dispuso más a él cuando supo que lo estimularía previamente, girándose, entregando lo más vulnerable de su anatomía, como un perro que entrega su estómago ante la posible amenaza, solo para mostrar que va en son de paz. Si es que era considerado el condenado, pensó. Le sorprendía para bien que en un instante de tanto descontrol se dedicara a introducir su dedo, uno tras otro, poco a poco, sintiendo como él mismo perdía toda rigidez. Hacerse la idea de que sería penetrado esa noche fue todavía de más ayuda, que no estaba dispuesto a poner resistencia alguna. Se levantó un poco con las mordidas en su nuca y su espalda, la misma que se arqueaba pronunciadamente solo por el placer que le daba sentir los dientes de Gabriel en su piel. El momento estaba cada vez más próximo. Respiraba agitado de impaciencia y un poco de nervios. No era virgen, para nada, pero sabía que estaba consumando un deseo de mucho tiempo en lo que iba a suceder en cuestión de segundos. El corazón le latía a mil por hora y su piel quemaba casi al tacto. Sintió la presión en su entrada, relajada en cierto modo, pero presionando de manera involuntaria con solo sentir aquel trozo de carne que empezaba a invadirlo. Dejó salir un suspiro hondo, ronco, pero lleno de gusto. Poco a poco su cuerpo pasaba del incómodo dolor inicial a un placer que había extrañado por demasiado tiempo - Dios... - Estaba en la gloria, en ese momento en que ya nada fastidiaba y era solo sentir la piel ajena, sus manos en sus caderas, su miembro entrando y saliendo a buen ritmo, el calor del ambiente. Era lo mejor que podía estarle pasando.

Separó un poco más sus piernas, permitiendo que lo embistiera con más profundidad. Si iba a tomar ese rol esa noche, se aseguraría de hacerlo bien, de que Gabriel gozara de su cuerpo como su hambre animal lo demostraba. Movía sus caderas al ritmo contrario de las opuestas, permitiendo que cada estocada resonara más fuerte cada vez. Elevó su cuerpo, dejando que su espalda se apoyara en el pecho de su compañero, sintiendo el calor del mismo. Llevó una mano hacia atrás, hacia la nuca del moreno, haciendo que se acercara a él y que, con un poco de esfuerzo, pudieran juntar sus labios nuevamente. Los besos seguían siendo agresivos, sedientos. Mordía sus labios, gemía dentro de la boca ajena. No se guardaba nada, respondiendo a las palabras que Gabriel le propinaba con otras tan o más obscenas - Más... - Fue lo único que creyó necesario decir para que su compañero imprimiera más fuerza a sus embestidas. João se sentía en una especie de baile sexual, un rito en el que el decoro era dejado de lado para dar paso a las pasiones más primitivas. Movía así su cuerpo de modo serpenteante, logrando que el roce fuera más intenso y no quedara solo reducido al foco de su placer. Rozaba sus manos, su espalda, su trasero sobre todo, golpeándolo contra la firme pelvis que también respondía con fuerza, arrancándole cuantos suspiros fuera posible.
João Da Souza

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Mensaje por Gabriel A. Peyton el Dom 4 Sep - 7:48
Sus caderas chocaban de manera bastante obscena contra las caderas del contrario, llenando la habitación de los sonidos al chocar y sus propias respiraciones, las palabras jadeadas que salían de su boca solo probaban que estaba perdiendo completamente la cabeza, embistió con más fuerza después del pedido de Jo buscando más contacto. La piel de su pecho pegada a la otra provocaba una fusión de calor que bien podría incendiar el apartamento, el calor que se formaba en sus entrañas estaba a punto de bullir de su interior y aunque aquello era la cosa más sexy que había sentido nunca, quería más, no quería terminar las cosas tan rápidas, detuvo el movimiento ante la protesta de los labios contrarios y atrapó los labios en un beso que demandaba todo del rubio.

-En la cama- le dijo, su voz ya estaba tan ronca que no parecía reconocerla y sentía la piel ya ligeramente húmeda por el esfuerzo, no era un actor porno por lo que sabía no podía durar tanto tiempo si era realista pero se había dejado las ganas de eyacular porque quería hacerlo de la forma que quería. João era realmente alguien por el que babearía las calles, al verlo tendido sobre la cama, tan casi saciado solo encendía más sus ganas de volver a estar donde quería. Sonrió un tanto pícaro por ver sus facciones y de nuevo se guió con la mano para presionarse contra su entrada dilatada, apoyó las palmas de las manos a cada lado de sus hombros y bajó su cuerpo para presionar su pecho contra el contrario, sus labios fueron por los otros, para morderlos y comenzó de nuevo. Marcando estocadas rápidas y duras.

-Dios…- se iría al infierno por blasfemar en medio de aquel acto sexual, su cuerpo volvió a tomarle el ritmo, buscó las manos de Jo para entrelazar sus dedos y subírselas por la cabeza, mientras su boca buscaba más besos, más jadeos y palabras que salían de aquellos labios que estaba gustándole besar. No tardó demasiado en sentir de nuevo esa creciente ola de calor que se generaba en sus entrañas, entre más profundas fueran las embestidas sentía el cuerpo en tensión, gruñó un jadeo ronco en el cuello ajeno, apretando un poco los dientes, estremeciéndose y embistiendo despacio conforme el orgasmo iba disminuyendo, pegó su frente sudorosa a la de Jo y bajó su mano entre ambos cuerpos para encontrar la goteante erección, acarició la punta con el dedo pulgar para esparcir el líquido pre seminal y bajo sus dedos para rodearle la carne erecta, bombeo de arriba abajo, hasta escuchar sus gemidos más fuertes y sintió como el líquido caliente manchaba su propio abdomen, buscó de nuevo sus labios para besarlos con un poco de ternura pesé al acto en sí que habían tenido y salió de su interior para quitarse el preservativo. Lo tiro en la papelera del baño, llevó con él un poco de papel sanitario para limpiar su propio abdomen y del contrario. Sabía que era sexo, pero ya no estaba seguro a donde iría a parar eso, desconectó su cerebro y terminó por sentarse a un lado de Jo, se sentía bastante satisfecho con lo que acababan de hacer, de hecho la idea de repetir pero cambiar los papeles estaba realmente instalándose en su cerebro.

-Jo…- sus labios se despegaron, no sabía que decir y tampoco tenía ganas de decir algo. Eran adultos, así que se puso en pie y reptó por el cuerpo del brasileño para volver a unir sus labios, instaló una sonrisa algo maliciosa cuando sus miradas se encontraron –Sí te quedan energías podemos repetirlo pero a la inversa- sonrió y colocó las yemas de sus dedos donde latía el corazón descontrolado del contrario, a pesar de que había tenido un sexo alucinante, su cuerpo estaba recobrando sus energías y probablemente lo hicieran de nuevo, mientras el día no terminara podían estar en la cama del contrario, el problema sería al día siguiente.

Gabriel A. Peyton
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