The New York City
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Salón de la fama
Nació en la ciudad de New York, con descendencia inglesa por parte de ambos padres quienes se dedicaban al narcotrafico. Sus padres se vieron obligados a dejar Londres gracias a que sus cabezas tenían precio; ambos pensaron que en New York estarían a salvo , consiguieron nuevas y viejas amistades, se hicieron un lugar entre las mafias de la ciudad, hasta que un día, nueve años después sus enemigos finalmente los encontraron. Irrumpieron en la residencia de los Ripper y armaron un baño de sangre del que nadie salio vivo, nadie a excepción de Derek quien se mantuvo escondido mientras la ayuda llegaba. Antes de que se armara todo el escándalo por el baño de sangre, los hombres de un viejo amigo de los Ripper llegaron al lugar, rescataron a Derek y lo llevaron a Corvinus, un viejo mafioso retirado que a partir de ese momento se hizo cargo de Derek. Lo educo con métodos poco usuales, educación solo en casa, torturas, castigos, golpes que fueron llenando poco a poco el cuerpo de Derek con todas las cicatrices que tiene hoy en día bajo los tatuajes de su piel. Siempre vio a Corvinus como su segundo padre, pensando en que todo lo que le hacía era por su bien, nunca tomo rencor contra él. En el tiempo de su estadía con Corvinus conoció a Dimitri, él que se convertiría en su mejor amigo casi hermano y con quien años después, a la edad de 19 años se marcharía para probar fortuna por su propia cuenta, sin la ayuda de Corvinus. Fueron años los que le costaron para escalar escalón por escalón para llegar a la cima. Hizo cosas inhumanas para lograr sus objetivos, paso por encima de quien hiciera falta para conseguirse el respeto de sus enemigos y de todo aquel que siquiera escuchara su nombre y 5 años más tarde se convirtió en uno de los narcotraficantes más conocidos en New York y más buscados por la policía.
Líder Mafioso
Derek W. Ripper
Nació en California gracias a un accidente de una noche, motivo por el cual en su infancia se vio reflejado el poco apego por parte de sus padres, sobretodo por el lado de su progenitor. En la misma época, se vio desplazado por la presencia de su hermano menor que pareció ser la solución a todos los problemas que la familia presentaba. De tal manera, se crió casi por su cuenta de forma inestable, llegando a crear conceptos bastante errados y desconcertantes acerca de la vida misma. A los dieciocho años, abandonó su hogar para entregarse a las calles, donde se dedicó a vender droga para costearse la carrera de arquitectura en la universidad. A pesar de haberse graduado, nunca llegó a ejercer, pues durante el trayecto descubrió la gran pasión que sentía por la mezcla y las bebidas. Empezó específicamente a los veintitrés como conserje en un bar de mala muerte, lugar en el que se dedicó a observar la manera en la que los que atendían la barra se desplazaban para luego copiar sus movimientos en sus horas libres. Fue avanzando así hasta adquirir experiencia en el asunto y acabar recorriendo medio país con el único fin de ganar reconocimiento, acabando por ser el favorito de uno o más empresarios exitosos. A la edad de treinta y cinco, decidió establecerse en New York donde su carrera alcanzó el apogeo al ser ascendido a gerente del bar en el que trabajaba, obteniendo así la preferencia de las grandes estrellas de la ciudad y además, al ganar el World Class que lo coronó como el mejor barman del mundo.
Bartender World Class
Boris Dixon
Ivy Rose nació la noche caótica del fin de milenio en un hospital del Bronx, en una sala llena de gente, junto a una anciana que moría y de la cual, por un error, tomó su nombre. Nació adicta y su madre la abandonó ahí mismo. A los seis meses salió de rehabilitación por heroína solamente para ser encerrada de nuevo en uno de los tantos MAC de la ciudad de New York. A los ocho años forma parte de un programa de integración al arte, decantándose por el ballet, mismo que practica hasta ahora y para el cual tiene bastante habilidad. A los doce es adoptada por una pareja de artistas de éxito que la hacen conocer el mundo exterior, lo caótico y hermoso que puede ser, lo brutal también pues, después de adaptarse y amarlos, se lo arrebatan todo de golpe. Su madre adoptiva se suicida dos años después y su marido la sigue un año después. Ahí comienza la caída libre para Ivy quien a los quince era alcohólica y comenzaba con otro tipo de drogas; convencida de que su paso por el mundo sería breve, Ivy Rose comenzó a dar pasos gigantescos, comienza a querer vivir y experimentar de todo hasta que se da cuenta que no puede, porque algo dentro de ella se apagó cuando se dio la primera línea de coca y llegó a un hogar vacío. Es en ese mismo año que conoce a su mejor amigo con el que tendrá una experiencia demasiado grave la cual la hace reconsiderar un poco su vida, anesteciada de emociones, entra en rehabilitación, se llena de trabajos, retoma la escuela y conoce a Felicia. De marzo a mayo trabaja como Bella Durmiente, un servicio de chicas para hombres acaudalados en donde conoce a Nando Morelli, el hombre que le torcería la vida de nuevo al iniciar una relación por demás ílicita. Recae en las drogas y desciende más hacia el abismo hasta tomar una escala, un coma a causa de una sobredosis. Nando desaparece de su vida y ella sigue cayendo. Son los Peyton quienes colocan una red de contención y la detienen adoptándola al conocer su historia, es con ellos con quienes conoce lo que es tener una familia y una vida digna. Morelli reaparece en su vida, limpio y amándola y es él la parte más rota de su vida por la cual entra más luz a su interior. Después de caer por fin en el abismo y darse cuenta que lo que había ahí abajo era ella misma en su total realidad, Ivy Rose decidió comenzar a subir, paso a paso, tomando la mano de los que la rodean y quieren verla bien, de los que la apoyan. Una oportunidad única en la vida llega gracias a alguien que ella desconoce y su rumbo toma otra dirección, lejos de la ciudad, tomando un lugar por el cual, siempre en su vida, tendrá que luchar con uñas y dientes por mantener. Ha fijado residencia en Covent Garden, Londres, viajando a New York cuando puede, aunque no sean muchas ocasiones porque tiene demasiadas cosas que hacer, Academia, colegio, pareja, mantener la popularidad que gracias a su personalidad y escándalos (su relación ilícita, aunque legal en Londres, ahora es pública) ha obtenido… Intentando salvarse de ella misma cada día, pero intentando sobrellevarlo todo con una enorme sonrisa y con el orgullo y la arrogancia que la caracteriza.
High School Queen
Ivy Rose Hathaway
Nacido en Queens, Nueva York de madre inmigrante. Lo poco que Lucas ha conocido de su verdadera madre es que era mexicana y que murió al darle a luz, muchos rumores sobre su madre biológica le han confirmado que probablemente su padre era un mafioso muy influyente, sin embargo esos rumores nunca fueron confirmados y después de todo eso fueron. Adoptado por una pareja que jamás tuvo la dicha de formar su propia familia, sin embargo al ver al pequeño bebé de inmediato comenzaron los trámites para adoptarlo y terminaron por ponerle Lucas Earle. Su padre un policía de Queens le enseñó cada una de las cosas que hoy en día aplica. Cuando aplicó a la academia, pronto destacó entre sus demás compañeros, sus jefes pronto notaron que aquel joven tenía una vocación que una profesión de ser policía, lo recomendaron para que fuera a la Interpol en Londres donde pasó un tiempo y de inmediato fue asignado a Nueva York como policía encubierto, pronto conoció a la que se convertiría en una de sus mejores amigas y madre de sus hijos. El tiempo con la Interpol término cuando la CIA comenzó a ofrecerle un puesto como agente, pero Lucas decidió rechazarlo. No fue que hace dos meses que estuvo como agente de la CIA y después de terminar un caso enorme de trata de personas con toda su red, sufrió un accidente que dañó parte de su cerebro, actualmente rige como Jefe de Fuerzas Tácticas, puesto que sus amigos y compañeros no dudaron en recomendarlo por su enorme esfuerzo y porque realmente es un policía de campo con ese toque de saber cómo piensa una mente criminal.
Jefe de Fuerzas Tácticas de la CIA
Lucas Earle
Nació una tarde de Agosto en Seattle. Hija del dueño de una fábrica de vidrios y una abogada fue la adoración. Segunda y última hija del complicado matrimonio Peyton, fue la bebe que se suponía salvaría el matrimonio pero no pudo ser, las disputas ganaron la batalla a la familia y terminaron divorciándose cuando Isabella no cumplía un año de nacida. Ambas niñas se fueron con su madre quien dejo su crianza en mano de sus abuelos por lo que ambas fueron enseñadas con los mismos principios con los que sus abuelos criaron a sus hijos. Isabella siempre hablaba y pedía tener acercamientos con su padre quien las visitaba pocas veces en Seattle, aun así en ella nació una afición por el vidrio que pronto le terminaría haciendo descubrir el arte en él. A medida que fueron creciendo Lucy se alejaba más de Isabella quien siempre quedaba detrás gracias a su edad, para cuando Lucy cumplió dieciocho años ya no estaba presente en la vida de su hermana menor quien con trece años quedo a la merced de los juegos de sus primos menores. A pesar de que el malestar por la actitud de Lucy la afligía su adolescencia no estuvo llena de únicamente momentos tristes, sus primos le enseñaron a adorar aquellas costumbres de la ciudad que finalmente despertaron su interés, los próximos años los paso entre juegos de fútbol americano, reuniones con sus amigos de escuela y el estudio del vidrio y los grandes murales que llenaban de colores las iglesias y daban al sol una bienvenida feliz todo los días. Su padre comenzó a mostrar más interés por acercarse cuando Isabella tenía 15 años, la joven no puso contras al interés de su padre, ella quería estar presente en la fabricación del vidrio desde cerca, quería convertirse en una artista que pudiese moldear figuras fantásticas y brillantes, por ese motivo acepto que su padre la llevara de paseo a Nueva York de vez en cuando donde paso muchas horas en su fábrica, aprendió a calentar vidrio y darle formas, a tallarlo y pintarlo, su padre dio riendas sueltas y fueron los años más maravillosos de su vida. Entre aviones y viajes llego a la universidad de Boston donde estudio Artes modernas. Con 23 años tenía una carrera prometedora, por lo que se mudó a Nueva York donde con ayuda de su padre comenzaría a dibujar el nuevo destino como artista dejando a un lado cualquier sentimiento que le hiciera sentir culpable de nuevo. En La ciudad del pecado conoció a su mejor amigo quien más adelante se convertiría en el padre de sus dos hijas. Después de haber tenido en mente una colección formada por cuadros cuya pintura se vería mezclada con pedazos de vidrios de colores, se atrevió a realizarla y enviarla a Italia para que fuese publicada en una galería en crecimiento que celebró una gala para críticos exigentes. Sus cuadros fueron un éxito total. Uno de ellos se comenzó a exhibir en una famosa galería donde solo los grandes artistas exponen sus obras. Después de ese día Isabella fue reconocida por periódicos locales Como una gran artista en el arte del vidrio y se hizo famosa a nivel mundial. Sus cuadros ahora son valorados por grandes cantidades de dinero y tiene muchos pedidos de clientes exigentes y conocedores.
Artista Vidriera
Isabella Peyton
Un 18 de Octubre de 1990 nacería una rubia dispuesta a comerse el mundo. Elisabeth Angelica Maier se trataba de la hija de Michael Maier y Arabella Leisser. Ambos que se conocieron en Harvard, su padre dejó el mundo militar para acabar derecho allí mientras que su madre, proveniente además de Ámsterdam, intentaba sacar adelante la carrera de empresariales pagándose los estudios trabajando como camarera en el propio recinto universitario. Hay personas que no creen en el amo a primera vista, pero lo que ellos tuvieron fue prácticamente un flechazo. A los 25 se casarían y enseguida tendrían a su encantadora hija. Elisabeth era especial, su abuelo paterno lo sabía ya que tenía un magnetismo completamente distinto al de sus demás nietos. Criada en el propio territorio paterno, no era raro que la muchacha empezase a alimentarse del ambiente jurídico, a fin de cuentas los Maier eran famosos por eso. A medida que los años pasaban ella seguía interesándose por ese mundo, y además intentaba paliar cualquier grado de controversia experimentado en su círculo familiar. Sus padres no dejaban de pelearse, vivía un puro drama aquella rubia aniñada. A los 10, se divorciarían. Entre la poca comunicación que existía entre sus padres, y que a ella le mandaban de un lugar a otro para tenerla lejos de ese conflicto... Ella acababa hartándose. A Elisabeth le gustaba estar con sus primos y sus abuelos, pero evitaba en cualquier situación encontrarse con los otros dos. Los años no tardaron en pasar y a pesar de que en su vida emocional hubiese pasado un bache como el de Jakob Hoffman, sintió la necesidad de cortar raíces e ir a la misma Universidad que la de toda la familia Maier, a estudiar lo que le gustaba; El Derecho. Tenía pensado acabar aquella carrera y una vez así entrar en el bufete de su abuelo, no tardó demasiado en acabar y así hacerlo. Empezó a hacerse un nombre en el propio bufete, subiendo escalafón y a raíz de pelearse con unos y con otros llegó a dónde quería. Deseaba poder ser una digna sucesora de su abuelo y así hacerse con la empresa. Tenía todo en mente, pero por su vida se cruzaron un par de ''obstáculos'' que no podía dejar de lado. Se casó con el que creía ser el hombre de su vida, creyó estar embarazada de él y justo después de descubrir todas las mentiras que le había estado diciendo, se divorció y se encontró con que no era el padre de sus actuales retoñas. Al parecer este bombo sorpresa vino de regalo por un encuentro que tuvo con el que ha considerado -y sigue considerando- su mejor amigo, y actual pareja, Boris Dixon. Su vida sentimental parecía mejorar, y hasta la de sus padres que volvían a las andadas con encuentros sexuales muy de la época de los setenta. Pero su vida no se vio completa hasta que por fin, el mismo día de sus veintiséis cumpleaños su abuelo y su padre le regalasen la meta que siempre había ansiado; Ser la dueña del bufete. Madre de gemelas, dueña de cuatro perros, novia de lo más encantadora y ahora, jefa de su propio mundo. ¿Se podría pedir algo más?.
New York's Drama Queen
Elisabeth A. Maier
Normas básicas
Ξ Mínimo 10 líneas completas.

Ξ El +18 está permitido on-rol, se debe indicar en el post.

Ξ Recuerda que saludar a los demás en la CB es parte de una convivencia más agradable y llevadera.

Ξ Avatar: 220x400 / Firma: 500x250

Ξ La multicuenta está permitida, pero si el primer PJ es femenino, el segundo debe ser masculino, sin excepciones; lee el reglamento completo para mayor información.

Ξ Antes de realizar registros hay que tener aceptada la ficha.

Ξ Para tener color hay que tener la ficha aceptada, todos los registros hechos y el MP de la cuenta New York respondido.
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Stardom
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Mensaje por Samantha Anderson el Vie Ene 08, 2016 7:44 pm
Apartamento de Samantha.
Viernes 9 de enero.


Samantha se revolvía en la cama, no sabía que hora, día o siglo era. Se había echado una siesta de las buenas ya que estaba destrozada de haber tenido que trabajar desde las seis de la mañana en aquel bar sin apenas descansos. Se quedó mirando el techo blanco y desgastado pensando que se olvidaba de algo, algo que posiblemente era importante. Tomó su móvil y repaso el horario del bar, y no, no tenía turno. -Que era... Que era...- dijo entre suspiros. La chica se levantó con pereza y dio un gran bostezo mientras se estiraba. Que coño tenia que hacer hoy. Samantha estaba acostumbra a dormir solo con la parte inferior de su ropa interior -y como supuestamente no tenia que salir a ninguna lado-, solo se puso una sudadera grande de los Bengals, que seguramente había sido de alguno de sus rollos de una noche o algo por estilo.

La chica se dirigió al salón y puso en marcha su viejo ipod -con sus respectivos altavoces- a todo volumen, lleno de música de todos los tiempos y de todo tipo. Five Finger Death Punch empezó a sonar llenando su pequeño apartamento con sus gritos y melodías metals. Sam con un baile raro se dirigió a la cocina a por una cerveza y algo de comer. Cuando por fin obtuvo lo que tenía volvió al salón acabando sentada en el sofá con las piernas dobladas mientras bebía y comía una bolsa de palomitas que había encontrado en uno de los armarios de la cocina. Y allí se quedó comiendo y cantando de vez en cuando intentando recordar que tenía que hacer aquella noche. Maldición que coño tenía que hacer hoy... Se repetía una y otra vez. De repente aquel odioso y atronador timbre viejo sonó incluso  por encima de la música. -Que susto coño...Ya está la vieja del cuarto jodiendo para que baje la música...- habló para si misma la rubia dirigiéndose hacia la puerta, olvidándose o más bien sin darle importancia a que se encontraba sólo con una sudadera y coulotte con estampados de gatitos. La chica abrió la puerta con su cara risueña y de repente se acordó de que era aquello que tenía que hacer. -Oh vaya... ¡Hey!- saludó levantando una mano y apartándose para dejarla pasar. -Adelante- dijo con una sonrisa y tono infantil.

Apartamento:

Piso de Bronx, segundo piso con ascensor roto.
Vista a una cancha de basket.


Idea de casa (Sin esos muebles, plantas y tanto blanco).
Los muebles de Sam son viejos, gastados y la casa esta algo desoredenada.
En la pared hay 2 o 3 posters frikis y alguna que otra pintarrajeada con alguna frase o insulto.


Salón de Sam, eso si, el sofá y el sillón más viejos y gastados.


Última edición por Samantha Anderson el Miér Feb 24, 2016 7:41 am, editado 1 vez
Samantha Anderson
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Detrás de ti imbécil

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Mensaje por Danae Vonnegut el Mar Ene 12, 2016 5:20 pm
La ansiedad ya conocida por la joven invadía su sistema nervioso. Llevaba todo el dia con ganas de matar a su jefe y las barreras informaticas y lo inutil que era su hacker. Ni siquiera los mensajes de Steve la hacian sonreir. El agobio se pintaba en su rostro, hasta tal punto de no saber como recogerse el pelo. Coleta, moño. Llevaba tres días agobiada con esa investigación, a punto de deshacer el nudo pero sin conseguirlo y entonces envio un mensaje a Samantha, necesitaba sustancia esa noche y cuando le pidio un lugar escondido y me ofrece su piso, me parece demasiado perfecto.
Finalmente llego a casa y se puso unos vaqueros rotos, un sueter de cuello de pico, unos bambos y una bomber color verde militar. Iba al bronx, y a hacer cosas de dudoso calado, mejor no ir arreglada. Su pelo era un caos ondulado pero se lo dejo así, harta de pasar torturandoselo todo el día y decidió no maquillarse. Salió hacia el piso de Sam en metro, y vio alguna mirada lasciva hacia su escote y suspiro. Cuando por fin llego a su parada se bajó aliviada. Por fin iba a consumir su dosis y con alguien con quien se llevaba de lujo. ¿Que podía ir mal?
Por fin llego al edificio y entro en el portal siempre abierto. Le llegaba ya la música desde el piso de Sam. Menuda loca. Cuando le abrió la rubia la puerta ya estaba sacudiendo su cabello con una sonrisa divertida. -Hey.- dijo como saludo y entro guiñándole un ojo. Aunque desordenado, le gustaba el piso de Sam, era muy ella. - No te preocupes, no bajes la música, por mi esta genial- Dijo con una sonrisa y entonces le miro el cuerpo. Siempre le habia causado curiosidad la joven, era sexy sin pretenderlo. -Y quedate así, por favor, disfruto de las vistas.- le dijo con un guiño para despues silbar mirando sus piernas. Se rio divertida. Le gustaba la tensión que había entre ellas y en ese momento Steve no estaba su mente.
-¿Tienes lo que te pedi? Podemos compartirlo. Prometo no cobrarte.- bromeo riendose. Colocarse juntas de repente parecia una idea cojonuda. Colocarse juntas en ese sofa de un piso del bronx. Menos mal que su hermana estaba lejos de ahí. Necesitaba drogarse. -¿Tienes una cerveza por ahí para mi, lindura?- dijo con media sonrisa y la miró con picardía trás sacarle la lengua. Sam cuando le pillabas el punto era divertida y a ella le gustaba provocarla.
Danae Vonnegut
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Queens, New York

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Mensaje por Samantha Anderson el Sáb Ene 16, 2016 8:34 pm
Samantha cerró la puerta tras Danae y se sentó encogiendo las piernas en el sofá junto a ella. -Esta bien, pero puedes cambiar la música si quieres- le respondió con una sonrisa. La rubia empezó a recoger unas botellas de cerveza vacías de encima de la pequeña mesa que se encontraba frente ellas y se puso en pie para deshacerse de éstas cuando escuchó el silbido de la rubia. -Tranquila, no pensaba hacerlo- le dijo mientras le guiñaba un ojo entre alguna risita.

Una vez apartado aquellas botellas de la mesa se acercó de nuevo a su acompañante y alzó una ceja ante su proposición. Eso me vendría de puta madre, pensó la rubia. Había tenido una mañana de mierda y relajarse junto aquella preciosidad era lo que más deseaba en ese momento y bueno... otras cosas. Sin embargo, se había propuesto no consumir con sus clientes, ¡pero que coño! Danae no era una simple cliente siempre había existido algo extraño entre ellas, -cosa que  también le pasaba con otra de sus compradoras habituales-.  -Claro, rubia. Tengo todo lo que buscas- le dijo con una sonrisa picara antes de alejarse unos pasos para sacar de aquella vieja nevera dos cervezas. -Toma- volvió a hablar acercándole a la mano la fresca botella de cerveza y dejando la suya encima de la mesita. -Espera un momento, iré a por lo tuyo- dijo mientras se dirigía a su habitación a por la mercancía de Danae.

El piso de Sam era bastante pequeño pero a ella eso le bastaba. La cocina y el salón compartían el mismo espacio, un pequeño pasillo se habría paso entre ambos lugares dando a una pequeña habitación a su izquierda y en frente el baño, que sin dudo lo mejor que había en esa casa era la bañera que había instalado su abuela antes de fallecer. Y al final del pasillo se encontraba su cuarto, que era el más grande y desordenado. La rubia sacó de debajo de su cama una especie de mini-maletín plateado y antes de volver con la rubia, se hizo con una pequeña y heavy cachimba.

-Hey Danae, ¿Cómo nos lo fumamos hoy?- le dijo elevando la cachimba con una amplia sonrisa mientras se iba acomodando a su lado. -¿Quieres al señor porro o prefieres a la señora cachimba?- volvió hablar mientras abría aquella caja y sacaba un grinder negro junto a unas bolsitas de hierba. -Rubia, pasa el paquete de cigarros de allí?- señaló la esquina de la mesa de al lado de Danae.
Samantha Anderson
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Detrás de ti imbécil

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Mensaje por Danae Vonnegut el Lun Ene 18, 2016 11:50 am
Rió divertida, repanchingada en el sofa, observando a la rubia y sus movimientos. Eran la noche y el día pero las drogas las unían, como no. Era sorprendente como una adicción podía unir a personas tan dispares y Steve vino a su mente. ¿Debía contarselo?¿En que punto estaban? Que demonios, había ido a casa de Sam a no pensar. -Sabes que me mola esta música, Sam, no la cambies.- dijo con un guiño y rio divertida. No era noche para pensar. Ya llegaría mañana y entonces tomaría decisiones. No era el momento.

Cogió la cerveza y sonrió mirando las caderas de la rubia. -Lleva cuidado, rubia, que como te coja no te suelto.-  dijo divertida y silbó provocativa, mientras le daba un trago a su cerveza y empezó a relajarse por primera vez en muchos días. -¿Segura de que tienes todo lo que busco?- pregunto provocadora y acto seguido se echó a reir. Le gustaba el apartamento de la rubia. El de Danae no era mucho más grande aunque Queens fuera más conocido. No quería la herencia de su padre y por eso vivía humildemente. Lo prefería mil veces.

Vio llegar a Sam con la cachimba y aplaudió entusiasmada. -¡Cachimba, cachimba!- dijo emocionada riendo mientras imitaba  a un futbolero. Cogió el paquete de cigarros y se lo lanzó en un arco perfecto para que lo cogiera. -Touchdown.- dijo riendo y le señalo el sofa. -Ven a mi lado rubia, que estas muy lejos.- dijo divertida con media sonrisa mientras se quitaba los zapatos y se sentaba en el sofa encima de sus piernas.
Danae Vonnegut
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Queens, New York

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Mensaje por Samantha Anderson el Jue Ene 21, 2016 7:32 pm
Samantha sonrió ante el comportamiento de la rubia, a ella también le apetecía fumar de la cachimba más que hacerse un porro. Le dio un largo trago a su cerveza antes de recibir el paquete de cigarrillos que le había lanzado Danae haciendo un gesto de victoria con las manos. -Menudo equipo hacemos eh- dijo la rubia guiñándole un ojo. -Espera me faltan cosas- añadió poniéndose de pie con base de la cachimba en la mano. Colocó aquella base en la encimera y abrió la nevera sacando una botella de agua y un limón. Después se acercó a unos de los armarios a por una botella de vodka que ya estaba por la mitad. Y empezó a llenar la base colocando un poco más de vodka que de agua como era de costumbre y algunas gotas de limón ya que le daba un gusto especial. Antes de volver al sofá abrió unos de los cajones de la encimera haciéndose con el carbón. -¡Oh vaya! Si todavía tengo tabaco de liar- habló para si misma sacando la bolsa y el carbón del cajón. Le mostró una sonrisa picara a la rubia y se acercó de nuevo al sofá pegándose más a la chica mientras seguía removiendo la base y dejaba el resto de cosas en la mesa. -Uy, se resbaló- bromeó cuando dejó caer un chorro de cerveza dentro de la base.    

Sin duda fumar con alcohol en vez de agua hacia una mezcla explosiva, fuerte y duradera. Todo aquellas sensaciones, risas y tonterías se multiplicaban por dos, todo era más divertido. Five Finger Death Punch dejaron de sonar dando continuación a Black Skinhead, si realmente había de todo tipo de música en ese ipod.
 
La rubia estaba sentada de una forma no muy femenina mientras se disponía a preparar todo el material. -Vamos a ver...- estiró su mano y alcanzó el resto de las partes de la cachimba. Abrió una de las bolsitas y el olor a hierba empezó a expandirse por la pequeña sala. -Waw- exclamó. -Quizás no me crees pero no me importa, pero hace mucho que no fumaba esto- dijo con una sonrisa colocando la hierba dentro del grinder para machacarla un poco. -¿Aún te acuerdas de como se preparaba esto, verdad?- le dijo señalando el material con la mirada para que le echara una mano. -Vamos barbie, ayúdame- le dijo levantando sus cejas mordiéndose inconscientemente el labio.  

Estaba tan dormida cuando le dejó entrar que no se había dado cuenta de lo preciosa que estaba esa noche. Ya se conocían hace tiempo y ambas sabían que la tensión que había entre ellas se podía palmar en el aire, era inevitable.
Samantha Anderson
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Mensaje por Danae Vonnegut el Jue Feb 11, 2016 9:13 am
Danae no podía parar de reír al ver las cosas que hacía. ¿Quien estaba más loca de las dos? Vete tu a saber. Al menos toda la tensión de las ultimas semanas se estaba desvaneciendo de su cabeza. Steve pasó por su mente, como le pasaba desde que lo conoció, la atraía de forma inexorable. Pero la rubia también le encantaba y en ese momento no tenía que darle explicaciones a nadie, ¿para qué calentarse la cabeza? Estaba cansada de calentarse la cabeza. -El equipo de las rubias locas.- dijo riéndose y observando a la joven preparar la cachimba se mordió el labio, le gustaba mucho, tanto que cuando se "resbaló" entre risas le mordió el cuello. -Estas para cenarte.- dijo entre risas. Le encantaba coquetear con Sam. Era fácil, sencillo y recíproco. Y le gustaba.

Se arrimo y su mano se paseaba por el muslo de la rubia. -Esto tiene pintaza.- dijo con media sonrisa picara, y arqueó una ceja cuando dijo lo de "Barbie" echándose a reír. -Cuando quieras compruebas si soy una Barbie, muñeca.- Danae no conocía la vergüenza y se puso a arreglar la cachimba. -También hace un montón que no fumo esto.- dijo entre risas y termino de prepararla. Arrimó a la rubia hasta sentarla encima de ella y mordió el labio que ella se mordía -No te muerdas el labio, que tengo que encenderla y me desconcentras.- Dijo picara sin dejarla que se separará de ella, encendió la cachimba y dio la primera calada. Dios, sabía a gloria. -Que rico. Como lo echaba de menos.- frase tipica de adicta. Se lo pasó a la joven con un guiño. -Prueba tu mezcla especial. - ya empezó a notar el subidón y se sentía genial. Y con una rubia encima de ella. Paraíso.
Danae Vonnegut
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Queens, New York

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Mensaje por Samantha Anderson el Miér Feb 24, 2016 7:31 am
Samantha reía de las respuestas divertidas y desafiantes de Danae, realmente se lo pasaban de puta madre juntas. -¿Sólo yo?- le respondió con una mirada provocativa a la rubia sonriéndole cuando ésta le muerde el cuello. Se mordió el labio al sentir su piel erizarse ante la caricia que le regalaba a su muslo. -Barbie...- susurró para molestarla  apoyando su cabeza en su hombro para observarla atentamente acabar de preparar la cachimba.

Cuando la cachimba ya esta lista para la diversión, Sam se sorprendió y rió cuando Danae la atrajo hacia ella sentándola en sus piernas. -¡Ey!- se quejó alzando una ceja relamiéndose los labios después de recibir aquel mordisco. Se acercó al cuello de la rubia -aprovechando que ésta se adelantaba a dar la primera calada- para moderle suavemente el cuello. -Tú si que estás rica- susurró en su oído mientras rozaba su nariz por su cuello. Cogió la manguera que le ofrecía Danae con una sonrisa y se apresuró a fumar; absorbiendo lentamente todo aquella mezcla celestial que les hacía perder la cabeza para después dejarla salir poco a poco por encima de su cabeza.  -Dios...- habló pasandosela a ella de nuevo mientras se volvía a esconder en su cuello. -¿Sabías que hueles de maravilla?, preciosa- dice regalando cortos besos a su cuello. -¿Aún estás con ese moreno o era rubio? No me acuerdo...- ríe en su cuello dándole un mordisco.  

Aquella primera calada empezó hacerle efecto más rápido de lo normal, seguramente era por el tiempo que llevaba sin fumar hierba o por la rara y fuerte mezcla que se inventó ese día, o simplemente por la presencia embriagadora de Danae, su mirada, su sonrisa o sus juegos para provocarla. Una rubia irresistible.
Samantha Anderson
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Mensaje por Danae Vonnegut el Vie Abr 08, 2016 10:19 am
Smoke weed everyday

Danae comenzaba a notar los efectos de la droga en su cuerpo, al igual que el coqueteo con la rubia como siempre. Eran amigas y a parte tenian ese extraño rollo entre ellas que se tornaba peligroso, quizá por eso la tenía enganchada. Entre coqueteos y besos el subidón iba mejorando y mordió la oreja de la rubia con suavidad cuando la llamo "Barbie" -La próxima vez será más fuerte.- Le advirtió y acabo mordiendo el labio de la rubia con sensualidad justo antes de que ella probara la droga. Empezaba a notar como las tensiones del trabajo se iban esparciendo de su cuerpo y desapareciendo mientras esa rubia mezclada con la droga la hacían reir constantemente.

Gimió levemente ante el mordisco de la rubia y soltó una carcajada. -No más que tu. Anderson.-  dijo divertida mientras daba otra calada y la absorbia, lentamente, empezaba a calentarse, todo, ella, su cuerpo, Sam ... todo la estaba encendiendo sus sentidos. Se le erizó la piel al notarla en su cuello y rio ante la mención de Steve aunque dentro de ella su estomago se encogió levemente. -Rubio. Si, nos seguimos viendo, aún nada serio. ¿Celosa, Anderson?- Bromeó sabiendo la respuesta. Samantha sabía perfectamente lo que había entre ellas, los celos no formaban parte de la ecuación.  Gimió de nuevo ante el mordisco y le giro la cara para besarla. La combinación de droga y Sam era algo realmente adictivo y en esos momentos no quería mas que pensar en la rubia que tenía encima de ella. Sólo eso.



Con Sam Anderson en Su piso el 9/01/2016

NEW YORK CITY ©
Danae Vonnegut
Localización :
Queens, New York

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Mensaje por Samantha Anderson el Miér Abr 27, 2016 6:00 pm
Se mordió los labios por todo su sexy y provocador juego. No sabia si era la droga o simplemente su jugueteo pero estaba sintiendo que la tensión aumentaba por momentos. Suspiró cuando la rubia le mordió el labio y le echó una mirada lasciva antes de llevarse la cachimba a la boca.

Sonrió ante la risa pegadiza de la rubia y tomó la manguera después de que su acompañante fumase. -Lo digo en serio- añadió muy segura mientras dejaba que el humo recorriera sus pulmones. Soltó lentamente el humo sobre su cuello y le pasó la manguera a la rubia. -- rió -Soy yo la que está aquí en este momento no él- susurró en su oído antes de morder con suavidad el lóbulo de su oreja. Danae se giró y le besó soprendiendole. Subió una de sus manos hacia su mejilla y respondió a su lento y apasionado beso. Dio un pequeño mordisco a su labio inferior deteniendo el beso para tomar aire. -Vaya...había olvidado lo bien que sabían tus labios- rió buscando la manguera de la cachimba por miedo de no poder controlarse.

Nunca había tenido nada serio con Danae y era algo que le gustaba, no relaciones, no complicaciones. Cada una tenia su vida y eran amigas, amigas con derecho sí, pero no iba más allá de eso. Después de una larga calada se dejó caer hacia atrás apoyando su espalda en el sofá dejando sus piernas sobre las de la rubia. Dejó salir el humo poco a poco de sus labios. -Eh, Danae, ven aquí...- habló entre risas mientras se hacia un lado dejandole un hueco a su izquierda. -C'mon- protestó impaciente. La droga le estaba haciendo muy difícil controlar esas ganas que tenia de sentirle más cerca.
Samantha Anderson
Localización :
Detrás de ti imbécil

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