The New York City
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Salón de la fama
Nació en la ciudad de New York, con descendencia inglesa por parte de ambos padres quienes se dedicaban al narcotrafico. Sus padres se vieron obligados a dejar Londres gracias a que sus cabezas tenían precio; ambos pensaron que en New York estarían a salvo , consiguieron nuevas y viejas amistades, se hicieron un lugar entre las mafias de la ciudad, hasta que un día, nueve años después sus enemigos finalmente los encontraron. Irrumpieron en la residencia de los Ripper y armaron un baño de sangre del que nadie salio vivo, nadie a excepción de Derek quien se mantuvo escondido mientras la ayuda llegaba. Antes de que se armara todo el escándalo por el baño de sangre, los hombres de un viejo amigo de los Ripper llegaron al lugar, rescataron a Derek y lo llevaron a Corvinus, un viejo mafioso retirado que a partir de ese momento se hizo cargo de Derek. Lo educo con métodos poco usuales, educación solo en casa, torturas, castigos, golpes que fueron llenando poco a poco el cuerpo de Derek con todas las cicatrices que tiene hoy en día bajo los tatuajes de su piel. Siempre vio a Corvinus como su segundo padre, pensando en que todo lo que le hacía era por su bien, nunca tomo rencor contra él. En el tiempo de su estadía con Corvinus conoció a Dimitri, él que se convertiría en su mejor amigo casi hermano y con quien años después, a la edad de 19 años se marcharía para probar fortuna por su propia cuenta, sin la ayuda de Corvinus. Fueron años los que le costaron para escalar escalón por escalón para llegar a la cima. Hizo cosas inhumanas para lograr sus objetivos, paso por encima de quien hiciera falta para conseguirse el respeto de sus enemigos y de todo aquel que siquiera escuchara su nombre y 5 años más tarde se convirtió en uno de los narcotraficantes más conocidos en New York y más buscados por la policía.
Líder Mafioso
Derek W. Ripper
Nació en California gracias a un accidente de una noche, motivo por el cual en su infancia se vio reflejado el poco apego por parte de sus padres, sobretodo por el lado de su progenitor. En la misma época, se vio desplazado por la presencia de su hermano menor que pareció ser la solución a todos los problemas que la familia presentaba. De tal manera, se crió casi por su cuenta de forma inestable, llegando a crear conceptos bastante errados y desconcertantes acerca de la vida misma. A los dieciocho años, abandonó su hogar para entregarse a las calles, donde se dedicó a vender droga para costearse la carrera de arquitectura en la universidad. A pesar de haberse graduado, nunca llegó a ejercer, pues durante el trayecto descubrió la gran pasión que sentía por la mezcla y las bebidas. Empezó específicamente a los veintitrés como conserje en un bar de mala muerte, lugar en el que se dedicó a observar la manera en la que los que atendían la barra se desplazaban para luego copiar sus movimientos en sus horas libres. Fue avanzando así hasta adquirir experiencia en el asunto y acabar recorriendo medio país con el único fin de ganar reconocimiento, acabando por ser el favorito de uno o más empresarios exitosos. A la edad de treinta y cinco, decidió establecerse en New York donde su carrera alcanzó el apogeo al ser ascendido a gerente del bar en el que trabajaba, obteniendo así la preferencia de las grandes estrellas de la ciudad y además, al ganar el World Class que lo coronó como el mejor barman del mundo.
Bartender World Class
Boris Dixon
Ivy Rose nació la noche caótica del fin de milenio en un hospital del Bronx, en una sala llena de gente, junto a una anciana que moría y de la cual, por un error, tomó su nombre. Nació adicta y su madre la abandonó ahí mismo. A los seis meses salió de rehabilitación por heroína solamente para ser encerrada de nuevo en uno de los tantos MAC de la ciudad de New York. A los ocho años forma parte de un programa de integración al arte, decantándose por el ballet, mismo que practica hasta ahora y para el cual tiene bastante habilidad. A los doce es adoptada por una pareja de artistas de éxito que la hacen conocer el mundo exterior, lo caótico y hermoso que puede ser, lo brutal también pues, después de adaptarse y amarlos, se lo arrebatan todo de golpe. Su madre adoptiva se suicida dos años después y su marido la sigue un año después. Ahí comienza la caída libre para Ivy quien a los quince era alcohólica y comenzaba con otro tipo de drogas; convencida de que su paso por el mundo sería breve, Ivy Rose comenzó a dar pasos gigantescos, comienza a querer vivir y experimentar de todo hasta que se da cuenta que no puede, porque algo dentro de ella se apagó cuando se dio la primera línea de coca y llegó a un hogar vacío. Es en ese mismo año que conoce a su mejor amigo con el que tendrá una experiencia demasiado grave la cual la hace reconsiderar un poco su vida, anesteciada de emociones, entra en rehabilitación, se llena de trabajos, retoma la escuela y conoce a Felicia. De marzo a mayo trabaja como Bella Durmiente, un servicio de chicas para hombres acaudalados en donde conoce a Nando Morelli, el hombre que le torcería la vida de nuevo al iniciar una relación por demás ílicita. Recae en las drogas y desciende más hacia el abismo hasta tomar una escala, un coma a causa de una sobredosis. Nando desaparece de su vida y ella sigue cayendo. Son los Peyton quienes colocan una red de contención y la detienen adoptándola al conocer su historia, es con ellos con quienes conoce lo que es tener una familia y una vida digna. Morelli reaparece en su vida, limpio y amándola y es él la parte más rota de su vida por la cual entra más luz a su interior. Después de caer por fin en el abismo y darse cuenta que lo que había ahí abajo era ella misma en su total realidad, Ivy Rose decidió comenzar a subir, paso a paso, tomando la mano de los que la rodean y quieren verla bien, de los que la apoyan. Una oportunidad única en la vida llega gracias a alguien que ella desconoce y su rumbo toma otra dirección, lejos de la ciudad, tomando un lugar por el cual, siempre en su vida, tendrá que luchar con uñas y dientes por mantener. Ha fijado residencia en Covent Garden, Londres, viajando a New York cuando puede, aunque no sean muchas ocasiones porque tiene demasiadas cosas que hacer, Academia, colegio, pareja, mantener la popularidad que gracias a su personalidad y escándalos (su relación ilícita, aunque legal en Londres, ahora es pública) ha obtenido… Intentando salvarse de ella misma cada día, pero intentando sobrellevarlo todo con una enorme sonrisa y con el orgullo y la arrogancia que la caracteriza.
High School Queen
Ivy Rose Hathaway
Nacido en Queens, Nueva York de madre inmigrante. Lo poco que Lucas ha conocido de su verdadera madre es que era mexicana y que murió al darle a luz, muchos rumores sobre su madre biológica le han confirmado que probablemente su padre era un mafioso muy influyente, sin embargo esos rumores nunca fueron confirmados y después de todo eso fueron. Adoptado por una pareja que jamás tuvo la dicha de formar su propia familia, sin embargo al ver al pequeño bebé de inmediato comenzaron los trámites para adoptarlo y terminaron por ponerle Lucas Earle. Su padre un policía de Queens le enseñó cada una de las cosas que hoy en día aplica. Cuando aplicó a la academia, pronto destacó entre sus demás compañeros, sus jefes pronto notaron que aquel joven tenía una vocación que una profesión de ser policía, lo recomendaron para que fuera a la Interpol en Londres donde pasó un tiempo y de inmediato fue asignado a Nueva York como policía encubierto, pronto conoció a la que se convertiría en una de sus mejores amigas y madre de sus hijos. El tiempo con la Interpol término cuando la CIA comenzó a ofrecerle un puesto como agente, pero Lucas decidió rechazarlo. No fue que hace dos meses que estuvo como agente de la CIA y después de terminar un caso enorme de trata de personas con toda su red, sufrió un accidente que dañó parte de su cerebro, actualmente rige como Jefe de Fuerzas Tácticas, puesto que sus amigos y compañeros no dudaron en recomendarlo por su enorme esfuerzo y porque realmente es un policía de campo con ese toque de saber cómo piensa una mente criminal.
Jefe de Fuerzas Tácticas de la CIA
Lucas Earle
Nació una tarde de Agosto en Seattle. Hija del dueño de una fábrica de vidrios y una abogada fue la adoración. Segunda y última hija del complicado matrimonio Peyton, fue la bebe que se suponía salvaría el matrimonio pero no pudo ser, las disputas ganaron la batalla a la familia y terminaron divorciándose cuando Isabella no cumplía un año de nacida. Ambas niñas se fueron con su madre quien dejo su crianza en mano de sus abuelos por lo que ambas fueron enseñadas con los mismos principios con los que sus abuelos criaron a sus hijos. Isabella siempre hablaba y pedía tener acercamientos con su padre quien las visitaba pocas veces en Seattle, aun así en ella nació una afición por el vidrio que pronto le terminaría haciendo descubrir el arte en él. A medida que fueron creciendo Lucy se alejaba más de Isabella quien siempre quedaba detrás gracias a su edad, para cuando Lucy cumplió dieciocho años ya no estaba presente en la vida de su hermana menor quien con trece años quedo a la merced de los juegos de sus primos menores. A pesar de que el malestar por la actitud de Lucy la afligía su adolescencia no estuvo llena de únicamente momentos tristes, sus primos le enseñaron a adorar aquellas costumbres de la ciudad que finalmente despertaron su interés, los próximos años los paso entre juegos de fútbol americano, reuniones con sus amigos de escuela y el estudio del vidrio y los grandes murales que llenaban de colores las iglesias y daban al sol una bienvenida feliz todo los días. Su padre comenzó a mostrar más interés por acercarse cuando Isabella tenía 15 años, la joven no puso contras al interés de su padre, ella quería estar presente en la fabricación del vidrio desde cerca, quería convertirse en una artista que pudiese moldear figuras fantásticas y brillantes, por ese motivo acepto que su padre la llevara de paseo a Nueva York de vez en cuando donde paso muchas horas en su fábrica, aprendió a calentar vidrio y darle formas, a tallarlo y pintarlo, su padre dio riendas sueltas y fueron los años más maravillosos de su vida. Entre aviones y viajes llego a la universidad de Boston donde estudio Artes modernas. Con 23 años tenía una carrera prometedora, por lo que se mudó a Nueva York donde con ayuda de su padre comenzaría a dibujar el nuevo destino como artista dejando a un lado cualquier sentimiento que le hiciera sentir culpable de nuevo. En La ciudad del pecado conoció a su mejor amigo quien más adelante se convertiría en el padre de sus dos hijas. Después de haber tenido en mente una colección formada por cuadros cuya pintura se vería mezclada con pedazos de vidrios de colores, se atrevió a realizarla y enviarla a Italia para que fuese publicada en una galería en crecimiento que celebró una gala para críticos exigentes. Sus cuadros fueron un éxito total. Uno de ellos se comenzó a exhibir en una famosa galería donde solo los grandes artistas exponen sus obras. Después de ese día Isabella fue reconocida por periódicos locales Como una gran artista en el arte del vidrio y se hizo famosa a nivel mundial. Sus cuadros ahora son valorados por grandes cantidades de dinero y tiene muchos pedidos de clientes exigentes y conocedores.
Artista Vidriera
Isabella Peyton
Un 18 de Octubre de 1990 nacería una rubia dispuesta a comerse el mundo. Elisabeth Angelica Maier se trataba de la hija de Michael Maier y Arabella Leisser. Ambos que se conocieron en Harvard, su padre dejó el mundo militar para acabar derecho allí mientras que su madre, proveniente además de Ámsterdam, intentaba sacar adelante la carrera de empresariales pagándose los estudios trabajando como camarera en el propio recinto universitario. Hay personas que no creen en el amo a primera vista, pero lo que ellos tuvieron fue prácticamente un flechazo. A los 25 se casarían y enseguida tendrían a su encantadora hija. Elisabeth era especial, su abuelo paterno lo sabía ya que tenía un magnetismo completamente distinto al de sus demás nietos. Criada en el propio territorio paterno, no era raro que la muchacha empezase a alimentarse del ambiente jurídico, a fin de cuentas los Maier eran famosos por eso. A medida que los años pasaban ella seguía interesándose por ese mundo, y además intentaba paliar cualquier grado de controversia experimentado en su círculo familiar. Sus padres no dejaban de pelearse, vivía un puro drama aquella rubia aniñada. A los 10, se divorciarían. Entre la poca comunicación que existía entre sus padres, y que a ella le mandaban de un lugar a otro para tenerla lejos de ese conflicto... Ella acababa hartándose. A Elisabeth le gustaba estar con sus primos y sus abuelos, pero evitaba en cualquier situación encontrarse con los otros dos. Los años no tardaron en pasar y a pesar de que en su vida emocional hubiese pasado un bache como el de Jakob Hoffman, sintió la necesidad de cortar raíces e ir a la misma Universidad que la de toda la familia Maier, a estudiar lo que le gustaba; El Derecho. Tenía pensado acabar aquella carrera y una vez así entrar en el bufete de su abuelo, no tardó demasiado en acabar y así hacerlo. Empezó a hacerse un nombre en el propio bufete, subiendo escalafón y a raíz de pelearse con unos y con otros llegó a dónde quería. Deseaba poder ser una digna sucesora de su abuelo y así hacerse con la empresa. Tenía todo en mente, pero por su vida se cruzaron un par de ''obstáculos'' que no podía dejar de lado. Se casó con el que creía ser el hombre de su vida, creyó estar embarazada de él y justo después de descubrir todas las mentiras que le había estado diciendo, se divorció y se encontró con que no era el padre de sus actuales retoñas. Al parecer este bombo sorpresa vino de regalo por un encuentro que tuvo con el que ha considerado -y sigue considerando- su mejor amigo, y actual pareja, Boris Dixon. Su vida sentimental parecía mejorar, y hasta la de sus padres que volvían a las andadas con encuentros sexuales muy de la época de los setenta. Pero su vida no se vio completa hasta que por fin, el mismo día de sus veintiséis cumpleaños su abuelo y su padre le regalasen la meta que siempre había ansiado; Ser la dueña del bufete. Madre de gemelas, dueña de cuatro perros, novia de lo más encantadora y ahora, jefa de su propio mundo. ¿Se podría pedir algo más?.
New York's Drama Queen
Elisabeth A. Maier
Normas básicas
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Ξ El +18 está permitido on-rol, se debe indicar en el post.

Ξ Recuerda que saludar a los demás en la CB es parte de una convivencia más agradable y llevadera.

Ξ Avatar: 220x400 / Firma: 500x250

Ξ La multicuenta está permitida, pero si el primer PJ es femenino, el segundo debe ser masculino, sin excepciones; lee el reglamento completo para mayor información.

Ξ Antes de realizar registros hay que tener aceptada la ficha.

Ξ Para tener color hay que tener la ficha aceptada, todos los registros hechos y el MP de la cuenta New York respondido.
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Stardom
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Mensaje por Steve McCall el Miér Ene 13, 2016 3:18 am

Lugar: Departamento de Steve
Steve & Danae



El aparcamiento de los departamentos estaba ubicado en el lado izquierdo de las enormes estructuras, había decidido comprarlo cerca de la Universidad por el simple placer y porque sabía que el camino hacia el aeropuerto de La Guardia no quedaba muy lejos de ahí, además, desde que había visto las fotos con su vendedora de bienes raíces, el lugar le había enamorado completamente, era grande, contaba con dos habitaciones, dos baños, un pequeño lugar de lavandería y una pequeña terraza que daba hacia la piscina que estaba justo en medio de los demás edificios de departamentos, una cocina y una sala comedor donde había instalado una pantalla. Su gato y él habían estado viviendo por lo menos unos dos años desde que se habían hecho con el contrato y mes con mes pagaba por ser el dueño del lugar, aunque también había deseado comprarse una pequeña casa en Queens.

Estaciono su coche, un Corolla del 2010 y ayudo a la rubia a bajar junto al pequeño gatito que habían encontrado en las calles cerca de la llegada de la Estatua, Steve no era de los que solía invitar a chicas a casa, pero con Nae siempre había una excepción, la rubia solía quedarse con él. A veces preparaban la cena juntos y se acurrucan en su sofá para ver alguna película en la programación, otra veces jugaban cualquier videojuego que había comprado y algunas veces terminaban tocándose, besándose hasta que terminaban en la cama entre las colchas, no había pensado nunca en lo que eso podría significar, como hasta ahora. Nae le gustaba más allá de todo, podían salir juntos y casi siempre terminaban con alguna acción involuntaria, tomarse de las manos, besarse o simplemente para pasar el tiempo juntos. En el fondo no quería admitir que la rubia llegaba a esas partes de su corazón que no deseaba curar, como si cada día que pasaban juntos, ella pudiera curar esas heridas.

Le asustaba, sin embargo, por el día de hoy no pensaría en nada más que en ella y en ese gatito que asomaba la cabeza curioso por su entorno, suponía que Sparks también lo había sido cuando había visto su casa por primera vez y poco a poco comenzaba a acostumbrarse a ese entorno.

-¿Nerviosa chica?-
le acarició el morro con suavidad al tiempo que besaba la parte inferior del cuello de la rubia –Mi casa es su casa, señorita Nae- hizo una reverencia, al tiempo que le guiñaba un ojo y le abría la puerta para que pasara, el apartamento estaba en los pisos de arriba, saco las llaves para abrir la puerta en cuanto llegaron y una bola de pelos se acercó hacia ambos. Sabía que Sparks tenía debilidad por la chica, así como por Olive, pero en cuanto captó con sus ojos gatunos aquella bolita de pelos, notó su lomo ligeramente erizado –No seas huraño Sparks, es pequeñita- mire a mi rubia, mientras también se ponía a la altura de mi gato y lentamente le enseñaba a la pequeña gatita –Anda, dale la bienvenida- Sparks me miró un instante antes de acercarse a la gatita, con Olive no era tan receloso, no sé si porque le tenía cierto cariño a la gata de Nae, en cuanto la aceptó, le sonreí a la rubia antes de abrazarla y atraerla hacia mí.

-Bueno, tenemos trabajo que hacer- le dijo en un tono entre sugerente y bromista. Para luego besarla y deslizar sus dedos por su nuca, mordió su labio un poco más de lo habitual para separarse y mirarla a los ojos –Cena por ejemplo, después una revancha de matar zombies- volvió a besarla, sonriendo en el acto de la respuesta de la rubia.


Departamento:


Última edición por Steve McCall el Jue Ene 21, 2016 12:46 am, editado 1 vez
Steve McCall
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Mensaje por Danae Vonnegut el Sáb Ene 16, 2016 11:25 am
Danae observo la escena en ese apartamento que ya era como el suyo, mirando como esa pequeña gata desnutrida se acercaba a sparks, ambos recelosos hasta que se aclimataron. De repente, Sparks como buen hermano comenzó a lamerla y todo iba bien. Sonrió y se abrazó a Steve, contenta, le gustaba esto, parecían una familia, tanto que empezaba a dar miedo. Su corazón temblaba ligeramente y suspiro contra el cuello de Steve. -Parece que ellos se adoran.- dijo sonriendo levemente. Eran gatos dulces. Olive también era muy dulce así que también la querría. -¿Y tu me adoras a mi? - Le preguntó juguetona mientras lo besaba profundamente, con dulzura y a la vez algo más no nombrarle. -Le pones una camita calentita y de comer a la pequeña mientras yo me pongo tu chándal?- Dijo sin querer soltarlo.
El accedió y ella fue a la habitación de él y cambio de ropa, recogiéndose el pelo en un moño informal por comodidad, salió y comenzó a preparar la consola mientras Sparks ronroneaba en sus piernas y ella lo mimaba mientras conectaba todos los cables. -Sabes que te voy a aniquilar. Llama al japo de siempre y pide lo de siempre con una buena copa de vino y soy toda tuya. - dijo riendo mientras encendía la play y notaba la mirada del rubio sobre ella. El deseo invadió su cuerpo así que cuando termino se acercó a Steve y lo arrinconó contra la pared para besar su cuello. -¿Que miras tanto, rubio?.-  dijo mientras mordía suavemente su cuello y luego beso su boca en profundidad. -No se si cenar sushi o cenarte a ti.- dijo picara. Le encantaba estar con él, le encantaba besarlo. Acariciarlo. Provocarle. Había algo más que química entre ambos,  ambos lo sabían y ambos se lo callaban. No sabía si era bueno o malo. No sabia que nombre ponerle. Pero sabia que había algo especial y cuando estaba con otra gente no sentía lo mismo. Ni de lejos. Incluso se planteaba el dejar de quedar con otra gente pero eso sería hablar de noviazgo con Steve. ¿Estarían preparados? Esa era su gran duda. Ambos estaban rotos por dentro pero cuando estaban juntos era como si un bálsamo los relajará y calmara ese dolor. Hacían a esta descreída una creyente de que quizá, solo quizá, el amor pudiera no solo existir, sino hasta funcionar. ¿O no?
Danae Vonnegut
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Queens, New York

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Mensaje por Steve McCall el Lun Ene 18, 2016 4:12 am
La rubia se despidió de él con un beso y la vio caminar hacia la habitación en la que solían dormir juntos, se acercó a la barra de la cocina para buscar el teléfono de la comida japonesa cuando regresó con su ropa puesta, la primera reacción fue directamente a esa parte de su anatomía que se ponía a mil cuando la rubia se ponía su ropa, le quedaba aquel pantalón un poco grande pero podía ver las perfiladas caderas desde donde estaba y se mordió el labio inferior con fuerza para no ir y tomarla entre sus brazos para llevarla directamente a la cama.

No, en lugar de eso contempló como el traidor de su gato se paseaba entre sus piernas dejando a la gatita en su cama y mofándose directamente de él, le miró a los ojos mientras Sparks ronroneaba y le señalo la cama para que le hiciera compañía a la gata, su gato alzó la cola indignado y apresuro el paso para echarse junto a la gatita, ni siquiera estuvo alerta cuando Nae se abalanzó sobre él y lo beso de esa forma, estremeciendo los cimientos de su corazón.

-¿No vas a jugar limpio, rubia?- le dijo con una sonrisa lobuna al tiempo que se giraba con ella y con delicadeza la pegaba a la pared, le instó a que le rodeara con las piernas sus propias caderas y se restregó contra ella, mirándola a los ojos –Y sabes que te adoro Nae- le dio un beso ahí donde latía su pulso, subiendo hacia la mejilla y luego a sus labios, le mordió el inferior y le instó a que abriera la boca para deslizar su lengua y saborearla, una de sus manos subió hacia su cuello y terminó bajo su nuca para que el beso fuera más profundo, su respiración y la de la rubia se aceleró -¿Me cenas o cenamos?- dijo con la voz ronca por el deseo, sonriéndole a la rubia mientras le daba pequeños mordiscos en el cuello.

Y pensando seriamente que estaba completamente jodido, lo que sentía por la rubia opacaba cualquier dolor del pasado, le complementaba de muchas maneras e incluso ambos vivían prácticamente en el apartamento del otro, solo faltaba que Olive viniera a su departamento para que la familia estuviera completa. Familia. Una palabra que desde hace tiempo tiene otro significado cuando esta con Danae y aunque le asusta pensarlo, en el fondo no puede verse en otro sitio sino es con ella.
Steve McCall
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Uptown Manhattan

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Mensaje por Danae Vonnegut el Lun Ene 18, 2016 4:36 pm
Danae subió sus piernas. Era una chica realmente delgada y pesaba muy poco a pesar de que comía como una lima y hacia mucha gimnasia así que rodear las caderas del rubio y perderse en sus labios era todo uno. -Ambas cosas. Tengo hambre.- dijo sugerente, gimiendo contra su boca. Pero entonces escuchó el "te adoro" y se aparto ligeramente, mordiéndose el labio. Como hubiera dicho su madre, de perdidos al río y necesitaba decirle lo que sentía. Con todas las consecuencias.

-Yo .. estoy enamorándome de ti, Steve. Muy rápido. Siento que estas muy dentro de mi, odio que te vayas de viaje y te echo de menos cada segundo. Y me da mucho miedo. Porque .. hay cosas que no sabes de mi. Y esas cosas pueden hacer que te pierda para siempre.- dijo y sus ojos se volvieron tristes. Bajó las piernas y lo cogió del brazo. -Ven, déjame que te cuente algo.- dijo con medio suspiro, sabía que eso podía significar que la echará y eso la aterraba. Por primera vez se sentía vulnerable en mucho tiempo y lo sentó en el sofá, para mirarlo tensada.

Carraspeó levemente. -Cuando murieron mis padres odié mi vida. Me metí en el mundo de las drogas. Intenté salir por mi hermana pero ... aun soy adicta.- suspiró y agachó la cabeza, llorando repentinamente. -Era una cria, yo .. no tengo excusa. Y si no sintiera algo tan profundo por ti ni siquiera te enterarías. Quiero salir, pero no sé hacerlo.- dijo y entonces lo miro, llorando en silencio. -¿Sigues adorándome ahora?- preguntó, triste, pensando que lo mejor que tenía en su vida lo acababa de perder. Eso hacían las drogas, lo destrozaban todo. No apartó sus ojos de los de él, esperando que la mandará a la mierda o vete tu a saber. Sentía un vació en el estómago de desazón.
Danae Vonnegut
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Mensaje por Steve McCall el Lun Ene 18, 2016 5:43 pm
Cuando ella correspondió el beso, él dejo de pensar en nada más que en sentir aquellos labios y besar con suavidad cada parte de piel expuesta a su alcance, sin embargo después de decirle que la adoraba, Nae se detuvo, haciéndole mirarle y sentirse como idiota por haberlo confesado aquello sin pensarlo, lo que no le gusto sin duda fue ver aquella mirada triste en aquellos preciosos ojos que tanto le gustaban, la siguió hacia el sofá y una vez ahí, comenzó a contarle aquello.

La sorpresa fue la primera en instalarse en su mente para darle paso a sensaciones que no estaba muy acostumbrado a sentir ¿Odio? No, no era eso lo que él deseaba sentir porque no era un adolescente como para ponerse a decirle cualquier tontería, al menos debía concederle a la edad un poco más de sabiduría y ¿Quién era él para juzgarla a ella?

-Oye, amor, tranquila- la tomó por la cintura y la atrajo hacia su regazo donde deposito un beso en una parte de su brazo, lo cierto era que él también lo estaba haciendo, cayendo en caída libre hacia ella, por que también estaba enamorándose. La abrazo lo más fuerte que pudo, acariciando su espalda para que dejase de llorar, tal vez él no tenía adicción a nada que no fuera su trabajo, pero sí ella le contaba aquello era un gran paso –Nae, mírame cielo- susurró al tiempo que le tomaba de la barbilla y la giraba hacia él –No soy quien para juzgarte y sí quieres salir, voy ayudarte- le limpió las lágrimas con la mano que tenía cerca de su rostro y besó su nariz –Te adoraré hasta que me muera rubia, eso no se discute- sonrió y le dio un rápido beso en los labios –Estoy seguro que será difícil, pero oye, estaré aquí siempre para ti, no lo dudes.

Y era cierto, él la adoraba con cada fibra de su ser, la rubia se había colado sin previo aviso en su alma y en su corazón, dejarla no era un opción para él y le ayudaría en cuanto pudiera. Sí es que ella también estaba dispuesta a dejarse ayudar.
Steve McCall
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Mensaje por Danae Vonnegut el Lun Ene 18, 2016 6:03 pm
El sentir sus brazos alrededor de ella era un bálsamo reconfortante y dulce, como si de repente todos sus males fueran livianos, como si sus pecados fueran perdonados. Las lágrimas fluían como un río por su rostro, cuantos años guardando ese secreto, mintiendo hasta a su propia hermana y ahora .. se estaba desnudando de la forma mas intima posible ante Steve. Eso daba miedo, vértigo y al mismo tiempo una sensación de paz tan inmensa que no sabia asimilar tantas cosas.

Cuando le levantó la barbilla lo miro a los ojos. No le gustaba sentirse así pero la reacción de él desde luego había sido una sorpresa. -Quiero salir. Por ti. Por nosotros.- murmuro, ambos sabían que había un nosotros muy grande dibujado detrás de ellos. -Te necesito Steve. Eres el único con el que aguanto sobria. Cuando no estas la ansiedad puede conmigo pero tú .. tú eres mi calma.- confeso en un susurro, ella se jactaba de su independencia pero bien era cierto de que Steve la hacía mejor persona. Eso debía ser el amor. Si no, era muy parecido. Con él la adicción desaparecía y solo existía él.

Escuchó su confesión, y lo miro, dejándolo terminar. -Steve .. ¿Tu también estás enamorado de mi?- decidió ir directa al grano, y acaricio su rostro, perdiéndose en sus ojos. Beso sus labios con el sabor salado de sus lágrimas. -En calidad de que va a estar a mi lado.- pregunto mientras se acurrucaba en él cual gatita. Necesitaba su calor, su aroma, su contacto, más que cualquier droga.
Danae Vonnegut
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Mensaje por Steve McCall el Lun Ene 18, 2016 6:45 pm
La adoraba, no había otra manera de describir lo que sentía cuando la rubia se quedaba en su casa. Lo difícil siempre había sido cuando su cama estaba vacía y no la veía por horas, no tenía porque negar el hecho de que estaba enamorándose de ella como un loco.

-Lo haremos juntos rubia, saldremos de esto juntos–
le dio un beso, con el sabor de aquellas lágrimas. Le dolía verla de esa forma, lo que más odiaba era ver a una mujer llorar de esa manera. Tal vez porque muchas veces descubrió a su madre llorar en casa cuando era un adolescente, su madre le decía que era porque extrañaba a sus abuelos, pero a su edad, había comprendido que era la soledad de estar en casa –Yo también te necesito Nae, demasiado- sonrió para infundirle ánimos y siguió acariciando su espalda, le gustaba el calor que la rubia transmitía.

-Sí rubia, estoy coladito por ti. Creo que no es bueno negarlo- sonrió más al tiempo que subía la mano de su espalda hacia su rostro y con ambas le tomó de las mejillas, la atrajo hacia él para darle un beso lleno de ternura y la abrazo contra él, sintiendo el corazón salírsele del pecho, era ahí donde ella encajaba en su vida, no quería apartarse de ella nunca. Después de tanto tiempo y de su corazón roto, por fin podía sentir como cada pieza se unía para latir por ella y solo por la rubia, le entregaría el corazón a Danae porque así se lo dictaba, tenía miedo, siempre lo tendría pero ya no le importaba sí al final era ella quien volvía a romperlo.

Sonrió por aquella sensación de paz que le inundó al ser abrazado de esa forma, beso ahí donde podía con sus labios porque ese era su lugar, ya tenían una gatita y era de tiempo para que ambos se decidieran a ir más allá.


Última edición por Steve McCall el Mar Ene 19, 2016 6:31 am, editado 1 vez
Steve McCall
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Mensaje por Danae Vonnegut el Lun Ene 18, 2016 7:42 pm
Conforme iba escuchando a Steve su respiración se iba calmando, sus besos la iban sanando, curando cicatrices que ni recordaba que existían, como el dolor por la muerte de sus padres, la mirada brava de su hermana cuando la acusó de haberla abandonado, los tratamientos inhumanos de aquella clínica horrible, los maltratos, los abusos y como ella se había abandonado. Ahora, aunque seguía consumiendo, estaba mas sana, aguantaba más sobria, pero aún así tenía esa sensación de que por él podría conseguirlo. Con él el impulso desaparecía. -Lo lograremos.- dijo en un susurro convencido para después devolverle el beso, con tranquilidad, dulzura y al vez con pasión. -Gracias Steve. Gracias por querer a un desastre como yo.- susurro con media sonrisa y comenzó a besarlo más apasionadamente.

El escuchar que la necesitaba la llenó de calidez por dentro. Fue como una llama que calentaba su cuerpo, una sensación de paz inmensa a pesar de estar confiando su vida a Steve. Sensación de calma mientras te tiras al abismo, vértigo y paz. Menuda mezcla.

-Así que coladito eh?- dijo riendo contra sus labios mientras lo iba venciendo hasta tumbarse sobre él besándolo, sin poder parar, las manos de Steve en su espalda. -Ya somos dos.- dijo mientras mordía su labio con suavidad y con las mismas continuo besándolo con intensidad, como si hiciera una eternidad que no lo besaba, en vez de 15 minutos. La calidez de Steve la hacia mejor, Steve la hacía mejor. -Te quiero.- murmuró tras apoyarse en el codo y mirarlo con una sonrisa, mientras dibujaba sus labios con un dedo. Si, lo quería, y era una de las mejores sensaciones que había tenido en la vida.
Danae Vonnegut
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Mensaje por Steve McCall el Mar Ene 19, 2016 6:58 am


Se hubiera puesto a dar brincos como un niño cuando ella le dijo todo aquello, porque tenía razón, había un trasfondo en todo esto que era lo que sentían, para que seguir engañándose a sí mismos con no querer ir más allá cuando intuía que estaban mucho más hundidos en esos sentimientos que florecían de ambos, porque ya no podía pensar en el pasado sino en el presente que tenía con ella y lo iba admitir, un futuro. Sonrío contra sus labios cuando comenzó a empujarlo para quedar sobre él y le besaba de esa forma que le volvía loco y lo atormentaba de muchas maneras, la necesitaba como lo hacía una planta con el sol, entre besos soltó palabras que sonaban a “Sí lo haremos” “Nae” pero en cuanto la rubia se detuvo, el gruño un poco, mirándola.

-Yo también te quiero. Te quiero rubia- sonrió al tiempo que con suavidad salía debajo de ella y le ofrecía  la mano para tirar de ella, la rubia intrigada accedió a darle la mano, él tiro con suavidad para ponerla en pie y sonrío con picardía, cuando la levantó, colocó su mano bajo sus rodillas y con la otra sujeto su cintura –A mi cama rubia, te necesito en mi cama- sonrío por el grito que dio y le beso el cuello. Caminó con ella el poco trayecto, mirando de reojo a su gato que parecía dormir a pata tirante junto a la pequeña Stenae, empujó con suavidad la puerta para observar su habitación, le gustaba la enorme cama que había comprado donde a veces su gato iba a dormirse y la colocó con suavidad sobre el borde, le tomó de ambas mejillas y le dio un beso -¿Te he dicho lo caliente que me pones cuando te pones mi ropa?- sonrió al ver esos labios tan besables y mordió el inferior, tirando con suavidad de él.

Se quitó la camisa y sonrió cuando los ojos de la rubia le miraron sin miramientos, la deseaba tanto como también deseaba acurrucarse con ella, ya después pedirían o se cocinarían cualquier cosa de su cocina. Por el momento, lo único que necesitaba era ese pequeño cuerpo contra el suyo.
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Mensaje por Danae Vonnegut el Miér Ene 20, 2016 7:18 pm
Hizo un mohín cuando salió de debajo de ella. Ahora que lo tenía donde le gustaba .. bueno, le gustaba tenerlo en todas partes pero justo en ese momento en el que por fin se habían confesado el uno al otro lo que sentían era como que en su cabeza su casa ya solo era donde estuviera él. Cuando el trabajaba lo acosaba a mensajes de texto y en twitter por el simple hecho de que lo extrañaba. Al menos ahora no se sentiría una pesada.
Le ofreció su mano y arqueó una ceja, pero cogió su mano sin dudar, pero soltó un grito y rió divertida cuando la tomo en brazos hacia la cama. -¡Steve! Te vas a reventar la espalda, que ya estas mayor para estas cosas.- bromeó divertida, aunque no se cansaba de que la sorprendiera con esas cosas, de que la hiciera reir, de que fuera su calma, aunque ahora mismo, en la cama viendolo sin camisa su corazón latia al ritmo de un tambor. -Si, y a mi me pone muchisímo que te ponerte caliente.- dijo riendo. Nunca había sentido nada parecido que lo que sentía con él. Si, lujuria o pasión, lo que fuera, no era nada parecido a lo que sentía por Steve. Era algo más mágico, más dulce, más especial. La hacia sentir una diosa, una diva, algo que nunca le había pasado. Pero con él todo fluía y ella cambiaba con él. Ella era más feliz, ella misma. Podía ser una freak marimacho con él y seguiría mirándola como si fuera una diosa. -

Se mordió el labio y sonrió deseosa y divertida a la vez. -Dios, que sexy eres.- dijo y se quito la camiseta, mientras se levantaba, lo agarraba del pantalón y comenzaba a besarlo, con pasión, con dulzura, y con intensidad, mientras acariciaba su torso, como si no pudiera saciarse de él. Besaba su boca, mordía su labio, se dejaba llevar, mientras juntaba su torso con el de el rubio. -Me vuelves loca.- susurro contra su boca para seguir besándolo como si el fuera la panacea que la salvaba de todos los males. Y realmente, así era. Él era su salvación.
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Mensaje por Steve McCall el Jue Ene 21, 2016 1:12 am


El corazón se le detuvo un momento, solo el justo para volver a bombear la sangre a todo su cuerpo, admiro a la mujer que le miraba de esa forma para luego ponerse en pie y besarlo ahí donde quería y como quería, mordió sus labios, acaricio su piel con la confianza que se tenían desde el primer momento en que sin más había cedido al deseo, como ahora. Dejo que Nae le tocara, le besara y admiro aquel cuerpo que le volvía loco. Sonrío y levantó sus brazos que hasta ese momento habían estado pegados a los lados de su cuerpo y le tomó de las mejillas.

-Estate quieta, rubia- le sonrío por la mirada que Nae le dirigió y se inclinó para besarla, un beso que no estaba cargado de lujuria, fue un roce pequeño, apenas el toque de sus propios labios contra los de la rubia, notó el mohín en aquella boca para luego atraparle el labio y morderlo a su antojo, bebió aquel gemido con su nombre y sus manos bajaron despacio por su cuello, tocando toda la piel que sus palmas abarcaban, bajo sus labios para morder la curvatura de su cuello –Me vuelves loco Nae- susurró, bajando sus curiosos manos por la espalda baja, deteniéndose ahí y sonriéndole como un niño.

-No me haga gestos señorita- sonrió ante la protesta que no dejo salir porque la sujeto de la cintura y la levantó, sus labios se encontraron a medio camino, termino cayendo sobre ella en el colchón pero sin aplastarla completamente al detenerse con las manos, mordió sus labios y bajo por su mejilla, despacio, dando pequeños besos en aquella piel tan suave, bajo entre el valle de sus pechos, sonriendo porque aquel sujetador revelaba sus tensos pezones, pero ya le prestaría atención más adelante, alzó un poco la mirada para perderse en esos ojos que tanto amaba –Quiero saborearte rubia- siguió bajando, besando la piel de su estomago, deteniéndose un instante en su ombligo y levantándose un poco para quedar entre sus muslos –Voy a quemar esos pantalones, para que no tengas que ponerte nada estando en mi apartamento- lo anotaría en la lista de pendientes  -¿O tiene alguna objeción señorita  Vonnegut?-sonrió, porque podía notar el cuerpo en tensión de la rubia tal vez aguardando lo que quería hacerle y lo haría, claro que sí.

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Mensaje por Danae Vonnegut el Jue Ene 21, 2016 1:55 am
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Sus besos eran droga, sus manos hacían magia sobre su piel sensible, su cuerpo se pegaba al suyo como atraído por un imán. Sólo llevaba los pantalones puestos, y su sujetador. No estaban en igualdad de condiciones pero al escuchar su estate quieta contuvo un mohín. -Pero quiero comerte entero.- dijo con voz dulce mientras se quejo con un pequeño bufido ante su leve beso. Quería más, mucho más y gimió contra su boca cuando el la beso de esa manera en la que solo el sabía besarla, volviéndola loca. Agarro su paquete mientras dejaba que se la comiera a besos. -Mio. Eres mio.- susurro, posesiva, mientras sus manos, con vida propia, revoloteaban por su cuerpo, queriendo quitarle los pantalones y sentirlo entero. Lo necesitaba como el respirar.

De repente se vio en la cama, con su pelo esparcido sobre la colcha, no supo como sucedió, solo sabía que en algún momento se había quejado mientras luchaba por quitarle los pantalones. ¿Quién dijo que aquella fuera una guerra justa? Sonrió contra sus labios. -¿Desde cuando me da ordenes, caballero?- bromeo para seguir comiéndoselo a besos, en todas las zonas del cuerpo a las que el le permitía acceder, acariciándolo. Noto como cubría su cuerpo a besos y sus gemidos se fueron intensificando. -Y yo saborearte a ti.-gimió, ya poco consciente del tiempo y del espacio. -Desnudame.- le pidió, mordiéndose el labio mientras los gemidos salían involuntarios al notar sus besos en su vientre.

Entonces el solo sentirlo entre sus muslos, la volvió completamente loca. Solo existía Steve en ese momento. -Quitámelos, iré desnuda por casa siempre que quieras pero no los quemes, son mis preferidos. Y los tuyos.- atino a decir, con divertida ironía, además el conjunto de lencería que llevaba era para volver loco al mas santo, aunque ella solo quería volverlo loco a él. Se dio cuenta que había hablado de la casa de Steve como de la suya propia. Si, donde estuviera él sería su hogar pero deberían hablar de mudanza. No tenía caso tener dos pisos cuando ya en apenas un día iban tan avanzados. Se semi-incorporo para mirarlo, jadeando, ansiosa. -Steve, desnudame. Cómeme entera. Te necesito.- más que una orden era una suplica. Lo necesitaba, hoy más que nunca. Necesitaba su calor. Necesitaba todo lo que él quisiera darle y más porque de repente, lo único que importaba eran ellos dos devorándose en esa habitación.


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Mensaje por Steve McCall el Vie Ene 22, 2016 7:53 pm


La rubia le volvió loco y la pasión con la que jugaban en la cama era algo que siempre llevaría presente, la idea de hundirse en ella ya estaba haciendo estragos en esa parte de su anatomía que pedía a gritos encontrar su camino a casa, ese pensamiento casi lo hizo jadear y con deseos de romperle la ropa, pero se contuvo y sonrió cuando aquella mujer le pidió con ese tono lo mucho que quería hacer.

-Oh sí, Nae- sonrió divertido, incorporándose lo suficiente para tomar los listones de aquel pantalón y desatarlos, miro hacia los ojos de la rubia que no dejaba de moverse –Quieta ahí- eso le gustaba, la forma en la que ambos parecían no tener suficiente de ellos, quería amarla centímetro a centímetro, memorizar cada lunar y tomarse el tiempo besándolos, con demasiada lentitud tomo la cinturilla de aquellos pantalones que le gustaban y sí, lo admitía, cuando Nae llegaba a casa y se cambiaba para estar más cómoda, aquellos pantalones le quedaban de maravilla o internamente era porque ya la imaginaba como parte de su casa, como su mujer y no como la amiga con la que pasaba las noches, muchas noches para darse cuenta que no quería que ella se fuera de ahí, en donde él quería tenerla.

Bajó la prenda con suma lentitud, como si con aquello solo postergara lo que más deseaba. Aquel conjunto de ropa casi le provoca una embolia, la rubia sabía que adoraba su lencería, en pocas ocasiones la pasión había sido tanta que había roto un par de braguitas y su rubia le había amonestado por eso, se incorporó y la beso tomando sus manos para subirlas sobre su cabeza.

-Te amo  y deja quietas esas manos– besó sus labios, mordiendo así el inferior con suavidad, rozando su lengua con la de la rubia, saboreando su sabor. Siguió bajando con sus labios, besando su barbilla, la piel del cuello,  raspando con sus dientes sobre la piel por encima de uno de sus pechos, sonrió contra aquella piel y llevo las manos hacia los elásticos de sus hombros para bajarlos despacio –Me gustas- susurró, mordiendo con suavidad aquella redondez y bajando así la tela del sujetador para revelar aquel pezón en busca de atención, no dudo en prestársela y sonrió divertido por las reacciones de su rubia, muchas veces todo era pasión, deseo y terminaban acurrucados en la cama, hoy quería hacerlo despacio y sin prisas porque tenían todo el tiempo, siempre habría tiempo para ella, lamió y aprisionó aquel botón, dándole también atención al otro y bajando la mano hacia su ombligo y más abajo para deslizar los dedos por encima de las braguitas, donde sonrío por la humedad -¿Estás mojada para mí?- susurró con voz ronca, alzando la mirada hacia aquellos labios mordisqueados y trazando círculos con sus dedos sobre aquel botón entre sus piernas.

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Mensaje por Danae Vonnegut el Sáb Ene 23, 2016 11:18 am
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Los gemidos de la rubia se escucharon por toda la habitación. El rubio sabía como volverla loca, pero esa noche todo tenía una nueva dimensión. Veía a su hombre haciéndole el amor, no a un amigo con el que se acostaba, ahora se daba cuenta de que hacía tiempo que lo veía como su hombre, su persona, su alma gemela. Esos sentimientos la abrumaban y hacían que todo lo sintiera el doble de intenso de lo que antes había sentido nada.

-¿Te divierte torturarme?.- suspiró y lo miró mientras observaba como le quitaba los pantalones. No podía estar quieta por más que Steve se lo pidiera, pero lo intentaba. -Steve, me estas matando.-  suspiró ahogando gemidos para luego notar sus manos subiendo las suyas para dejarla quieta. -No eres justo. -Dijo restregando su pelvis contra la suya, aprovechando como saboreaba su boca, cosa que la rubia aprovechó para profundizar los besos y corresponderle al mordisco, mientras restregaba su cuerpo contra él. Lo necesitaba como respirar, como una droga de la que nunca se cansaba. Era su hombre, su amor. Era su todo. Lo beso hasta desgastarse los labios, dejándose llevar por él.

Escuchó su "Te amo" y le sonrió con un amor inmenso que se reflejaba en su mirada. -Repitemelo. Todo el rato. Todos los días. Toda la vida- le dijo besandolo de nuevo. Ese "Te amo" le daba vida, encendía esa esperanza que hacía tiempo estaba apagada en ella. -Yo tambien te amo, viejete. Pero no me gusta eso de estarme quietecita.- dijo entre suspiros y gemidos involuntarios, mientras rozaba todas las partes de su cuerpo contra el. El rubio la volvía loca y trás esa declaración, el doble. Lo necesitaba dentro de ella. Sentirlo, por completo. Rió ante las cosquillas que hizo al besarle el cuello. Era una combinación de sensaciones que le encantaban, la de las cosquillas con el placer y a Steve le gustaba hacerle eso. -Tu me encantas. Todo tú.- acarició su cabello, desoyendo su orden. La rubia era una rebelde y sabía que a él le encantaba volverla así de loca, pero cuanod llego a sus pechos un gemido profundo y ronco se escapo de sus labios y sus manos quedaron quietas por inercia, sin darse cuenta ella apenas. -Oh, dios...- suspiró, mientras notaba  como la mano de él comenzaba a rozar esa zona tan intima, volviéndola loca.

-Amor, vas a matarme.- Dijo entre gemidos mientras acercaba su pelvis a su mano. -Siempre, siempre me pones así.- en todos los aspectos la dejaba débil e indefensa y tenía cierto atractivo el sentir eso, sus ojos cerrados e invadida por las sensaciones, no pudo mas que susurrar "Me vuelves loca" y "te amo" constantemente mientras el seguía torturándola, a su manera, haciéndola sentir ese placer tan inmenso. Con una nueva intensidad. Sus gemidos volvían loco a Steve y ella solo quería devorarlo pero de momento, se iba a dejar llevar por él. Él era su dueño, se dejaría llevar por él. Lo era todo para ella, si le dijera "salta desde un acantilado" lo haría sin dudarlo. Lo amaba y ya no quería evitarlo.


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Mensaje por Steve McCall el Dom Ene 24, 2016 8:12 am

El corazón le latía a mil por todas las sensaciones que está mujer despertaba en él, iba a adorar cada espacio de su cuerpo, bebería de sus labios así como disfrutaría de los gemidos que salían de ella indicándole que aquello era lo correcto, porque así lo sentía, no quería estar con nadie más ni en millón de años. Nunca se imagino que aquella chica rubia que le sonrió la primera vez en aquella fiesta y con la que no le costó entablar amistad, poco después se convertiría en su amiga y pasaría el tiempo para que ambos compartieran la cama, fuera la misma que estaba aquí en su cama, retorciéndose contra sus caricias, disfrutando de ellas y llamándolo con su nombre entre gemidos.

-¿Sí? ¿Qué quieres que haga?- su voz se volvió ronca por el deseo, pero bajo despacio hacia su estomago, besando y lamiendo la piel con su lengua, incorporándose lo suficiente para quitarle las braguitas y tirarlas en el suelo, dejando a su merced aquel lugar que aclamaba por él, le sonrió con picardía y le tomo de los muslos para extenderlos, aquello sería su festín –Espera ahí- bajó de la cama y caminó hacia la mesita que tenía en la habitación, abrió el cajón para sacar un par de condones, sonrió hacia la rubia que le devolvió el gesto y desabrochó el primer botón del pantalón, bajando un poco la cremallera –Te amo rubia, con todo el corazón- y después de esas palabras su corazón unió todos los fragmentos rotos para fundirlos, su corazón siempre latiría por la rubia, por Danae.

Extendió los muslos de la rubia, deposito pequeños besos a lo largo del pie, hacia el tobillo y sonriendo por los lunares que encontraba a su paso, entonces llegó aquel sitio que tanto esperaba por él, lamió y mordisqueo aquel botón, escuchando los gemidos de su chica volverle loco, provocando así que se corriera contra su lengua y una sonrisa se dibujo en su boca cuando la rubia se rindió, su gritó fue melodía para sus oídos. Se incorporó para quitarse la última ropa que tenía puesta, se colocó el preservativo y tiró de ella, con los muslos aun extendidos -¿Lista?- sonrió apenas y alcanzó los labios de la rubia, sus lenguas danzaron juntas mientras sus caderas eran apresadas por las piernas de Nae, mordió su labio inferior y se acomodó un poco para comenzar a entrar en ella, fue despacio, gimiendo contra su boca, le encantaba las reacciones en aquel cuerpo, como se estremecía, la forma en la que le raspaba la espalda con las uñas, sus pechos aplastados por su torso, sus bocas devorándose, todo en sí le gustaba.

-Te amo rubia, te amo- comenzó a moverse más deprisa, gimiendo y jadeando por aire, antes de que las manos de la rubia bajaran hacia su espalda, interceptó con la suya la mano derecha y entrelazó sus dedos con los de ella, sus ojos perdiéndose en los de la rubia –Llega conmigo Nae- susurró en su oído, mordisqueando la piel a su alcance, sonriendo y gimiendo contra su boca.

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Mensaje por Danae Vonnegut el Lun Ene 25, 2016 6:55 pm
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La estaba volviendo loca. Cada roze, cada beso, cada palabra. Todo había cobrado una nueva dimensión. Nunca pudo llegar a imaginar que ese rubio con el que había congeniado al segundo, iba a romper su coraza y robar su alma, poseerla y besarla hasta curar cada cicatriz de la misma. El había obrado magia en ella en apenas unos meses y desde que él estaba en su vida el paso lógico era lo que estaba pasando. Ser novios, pareja, una vida en común que prácticamente ya tenía. Entre gemidos no podía evitar susurrar cosas como que era suya. Y si, así lo sentía, era suya. En cuerpo y alma.

-Hazme lo que quieras.- susurró entre gemidos y efectivamente eso hizo el rubio, volviendola loca con cada beso sobre su cuerpo y al ayudarle a quitarle la ropa interior, notarlo en esa zona tan intima provocó en la rubia una descarga eléctrica que la volvió loca. Steve sabía como volverla loca y notarlo ahí abajo, con todo el cúmulo de sensaciones que tenía ya acumuladas hizo que estallara contra su boca. Pero el joven no le dio tregua y enseguida se introdujo dentro de ella, sin tiempo, a responderle y un gemido profundo se escapó de su garganta. -Si.- atinó antes de dejarse llevar por las embestidas de él. -Te amo, dios. No sé como he podido vivir sin tí.- murmuró, presa de las sensaciones, dejandosé llevar por su ritmo y acompañandolo. -Yo también. Eres mio. Te amo.- murmuraba mientras se notaba de nuevo cada vez más cerca del climax. Finalmente llegó ahogando un grito besandolo mientras notaba como él se iba con ella, en perfecta sincronía.

Laxa quedo debajo de Steve, aun manteniendolo dentro de ella, con sus piernas abrazadas contra su cintura. Menos mal que ella tomaba la pastilla de forma regular. Se negaba a despegarse de él y acaricio su rostro con sus manos, mirándolo con adoración. -Entonces ¿puedo presumir de novio piloto?.- bromeo para luego besarlo en un beso lleno de amor, profundo, dulce. Siguió acariciando su rostro, perdiéndose en su mirada, en su dulzura, besando cada milímetro de su rostro, abrazándolo con sus piernas y sus brazos alrededor de su cuello,acariciando su cabello. Todos los pedazos rotos de ella se habían unido, dándole un nuevo sentido a su vida.


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Mensaje por Steve McCall el Miér Ene 27, 2016 7:25 am

El climax le golpeo duro y bebió de los gemidos que salieron de la rubia, mientras él se corría gimiendo dentro de ella, sentía el cuerpo sudoroso y el corazón latirle con fuerza, como si en lugar de haber hecho el amor con ella, hubiera salido a correr al central park, se apoyo en sus manos para no aplastarla y beso cada parte de su boca, desde las comisuras hasta besarle de lleno, mordisqueo el labio inferior y sus ojos se quedaron prendados de aquel raro matiz de azul con verde, le gustaba perderse en su mirada.

-¿Tienes un novio piloto?- bromea al tiempo que se incorporaba un poco para salir de ella y deshacerse del condón tirándolo con destreza al pequeño cubo de basura y sonríe divertido por aquel gesto en la rubia –Tendría que pedirlo con propiedad ¿No cree, señorita Vonnegut?- le dio un par de besos en las mejillas, mientras se recostaba sobre la cama para ganar un poco más de energías, la noche apenas empezaba, aunque debería ir pidiendo algo de comida porque terminaría saciados y hambrientos –Así que…- la sonrisa no se borró de su rostro al ver aquellos ojos divertidos, le había pillado en la broma y le parecía adorable que la rubia y él compenetraran de esa forma, tal vez había sido eso una parte importante de su relación, no había comenzado a cortejarla como lo hubiera hecho con alguien más, la rubia simplemente se había colado ahí donde no podía sentirla donde veía todo de lo más normal sin prestarle atención y que poco a poco se había convertido en algo más esa necesidad por ella -¿Quieres ser mi novia, Danae?- le pregunta, con un poco de seriedad en sus palabras y a la vez el temor de cometer un error y lastimarla. Aunque la idea tan solo en su cabeza le da la sensación de que podría morirse si se separan -¿Y bien?- la rubia se las estaba cobrando, se queda callada y le miraba divertida -¿Quiere que la convenza?- alza las cejas, acariciando la piel de su vientre y tirando de ella para sentarla sobre su estomago.

-Creo que me he saltado un paso-
comenta y se incorpora solo para besarle el hombro, llevando las manos hacia la parte de atrás del sujetador y desabrochándolo, sus dedos desliza los elásticos por sus hombros y tirándolo al piso –Preciosos, toda tú- se siente un idiota por no decírselo, pero ahora simplemente no puede dejar de no besar aquella piel –Eres preciosa- tira sus labios por la clavícula y sonríe porque la rubia ha echado la cabeza hacia atrás, sujetándole la cabeza y enterrando las uñas en su cuero cabelludo, masajeándolo –Te amo, por Dios- sonríe y de pronto, está dentro de ella, golpeando ahí donde sus cuerpos se unen, dejando que la rubia tome el control y rindiéndose a ella, porque la ama con toda su alma.

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Mensaje por Danae Vonnegut el Miér Ene 27, 2016 7:11 pm
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Sonrió ante su comentario, perdiéndose en su mirada, observando sus movimientos para luego acurrucarse a su lado y acariciar su rostro con una sonrisa, captando ese sentido del humor tan de ellos, tan propio, que quizá poca gente comprendería. -Aham.- asintió con la cabeza y se quedo callada, mientras las manos de la joven vagaban por el rostro y cuello del joven. ¿Como había tenido tanta suerte? pensó mientras con su silencio continuaba con la broma, sus ojos sonreían, su boca sonreía y su corazón daba brincos solo de observarlo. Era un hombre maravilloso y era suyo. Aún no se lo creía.

Se mordió el labio ante la pregunta, ahogando la risa, deseando responder a su pregunta. La risa se escapaba de sus labios sin que ella pudiera evitarlo. Rio divertida ante su pregunta y suspiro, mordiéndose el labio al evitar responderla para seguir con la broma para luego soltar un gritito de sorpresa al notar como la ponía con facilidad a horcajadas sobre él. Rie divertida y lo besa profundamente. -Te amo y si, quiero ser tu novia. Quiero ser tu mujer. Tu diosa. Tu todo.- sonrió y lo ayudo a quitarle el sujetador. No existían vergüenzas entre ellos. Solo amor de ese que te calienta la tripa y te hace sentir en casa.

Comenzó a notar sus besos y sus piropos y su cuerpo comenzó a calentarse como con una corriente eléctrica. Suspiró y gimio levemente ante sus besos. -Tu si que eres precioso. De los pies a la cabeza.- suspiro notando sus besos y sintiendose en el paraíso. No existía más que él. Me echo hacía atrás al notar sus besos. -Señor, es usted el amor de mi vida.- declara entre suspiros mientras de repente lo volvió a notar dentro de ella. Un gemido profundo salio de su garganta y lo miró directamente a los ojos. -¿Eres insaciable o yo te vuelvo insaciable?- pregunto jadeando mientras comenzó a moverse sobre él, a su ritmo, dejando que le hiciera el amor y a la vez amándolo ella. Era increíble como cambiaba el sexo cuando amas a alguien, se acercó para besarlo profundamente en la boca y morder su labio. -Te amo.- gimió contra su boca mientras se movía haciéndolo enloquecer. Solo ella sabía como volverlo loco y la joven sabía jugar sus cartas.


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Mensaje por Steve McCall el Miér Ene 27, 2016 7:55 pm

Le sonrió divertido ante sus palabras y marcó los movimientos sujetándole de las caderas, decir que se estaba volviendo loco era poco, iba a morir y moriría feliz por tener a esa hermosa mujer en su vida, gimió con cada embestida, mordiéndose los labios incluso un par de veces, otras simplemente le besaba y llegado al punto, volvieron a alcanzar el climax.

Acarició su espalda y sonrió perezoso ante la visión de aquella mujer con los labios ligeramente hinchados por sus besos y sus mejillas sonrojadas, el sudor les perlaba el cuerpo y el corazón le seguía retumbando como si fuera a salírsele de un momento a otro, levantó la mano para acariciarle el labio inferior y sonrió cuando ella deposito así sin más un tierno beso.

-El amor de tu vida quiere llevarte de vacaciones a una playa- dibujo una sonrisa y la abrazo contra su pecho para acariciar su espalda, haciendo ligeros círculos cerca de su cadera. Las respiraciones fueron bajando de ritmo y beso con suavidad su frente –Y espero que mi cuñada no ponga el grito en el cielo- bromeo y la miro –Tendré que congraciarme con ella- le gustaba sentirla así de cerca de su pecho, si mañana o en un mes moría, se iría feliz -¿Qué dices?- le pregunto y sus ojos se encontraron, siguió trazando círculos en su cadera, bajando un poco más hacia la espalda baja.

Miró hacia el techo y luego hacia la rubia, por un instante creyó que se había quedado dormida y le dio un pellizquito sobre la nalga más próxima,  quiso reírse pero se quedo callado, mordiéndose la lengua para que la rubia no le fulminara, así era siempre, ellos dos, jugando en la cama. Volvió su mirada al techo, ya hablaría con su jefe para que le programara las vacaciones en unos días, le debían un par de días porque le habían interrumpido las vacaciones y él no se había negado por el simple hecho de que antes no tenía con quien pasarse los días, a veces había ido con Will a Italia, otra veces se había quedado en casa de sus padres y en otras ocasiones se había ido solo o con Josh a algún para conocer.
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Mensaje por Danae Vonnegut el Miér Ene 27, 2016 10:16 pm
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Se dejó llevar por su ritmo hasta alcanzar el climax, al mismo tiempo que él. Era increíble como con un simple "Te amo" todo adquiría un nuevo sentido. De repente todo adquirió un nuevo significado. Sus besos, sus caricias que ya significaban mucho eran el cielo, el paraíso, Steve era su paraíso personal. Rendida, sobre él, se dio cuenta de que esa vez no habían tomado más precaución que sus pastillas, sería suficiente pero de repente se imaginó embarazada y le pareció lo más bello del mundo. Como te cambia la vida en apenas un momento.

Sonrio, acurrucada sobre él, sintiendo sus caricias, su amor, dandole besitos por el hombro y el cuello, en un estado de bienestar, sintiendo su calor y feliz, con una sonrisa que no se le borraba del rostro. Recibió su beso tierno y su corazón temblo ante ese beso que decía tanto con tanta sencillez. Era feliz entre los brazos de ese hombre.

Sonrió y lo miro desde su hombro apoyada, emocionada ante la idea. -Tu y yo, en la playa. Ordenaré a mi jefe las vacaciones.- dijo para luego besar su cuello mientras se dejaba acariciar por su novio. Si, ya podía decirlo sin miedo. Rio divertida ante su comentario sobre su hermana. -La vas a enamorar en cuanto te conozca. April es .. como yo pero más locuela. - dijo divertido y bien era cierto que April y ella eran muy parecidas. Y ella quería a su hermana con toda su alma. -El que os conozcáis antes de irnos? Maravilloso.- dijo sonriente y se apoyo en su pecho, sintiendose mejor que nunca en su vida.

Se había relajado en sus brazos cuando sintió su pellizco en la nalga y rio divertida. -¿Eso a que vino?- dijo mientras comenzaba a hacerle cosquillas en síntoma de venganza, para acabar cogiendo sus mejillas y sonriendo contra su boca. -¿Y a que playa me vas a llevar?- dijo con media sonrisa. -Deberiamos cenar, o perderemos las fuerzas.- dijo riendo mientras abrazaba con fuerza a su viejete. Suyo.


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Mensaje por Steve McCall el Sáb Ene 30, 2016 2:24 am

Cuando ella comenzó a hacerme cosquillas la tome de las manos y me puse sobre ella, mordiendo sus labios con lentitud, pequeños mordiscos que la hicieron jadear, mis manos sujetaban las suyas por encima de su cabeza y apoyaba mi peso en las rodillas, torturando a mi novia con cada mordisco y saboreando su boca con mi lengua, danzando con la suya en besos húmedos.

-Mmm, mi hambre eres tú- comenté con una sonrisilla en los labios, mientras le soltaba las manos para acariciar sus mejillas, baje hacia aún lado y camine desnudo hacia donde tenía mi celular, le sonreí mientras alzaba ambas cejas por su mirada a mi cuerpo y negué despacio, sonriendo. No me tomó nada pedir un par de sushis , un pay de queso y pastel de chocolate porque la verdad que hacía hambre e íbamos a morir de hambruna –No sé si tu tengas en mente una playa, podríamos ir a México- le sonreí y me acosté a su lado, sujetándola contra mi pecho y acariciando su espalda de nuevo –Las playas de allá son hermosas, podemos quedarnos una semana por ahí, volver a Nueva York, ir con mis padres a Massachusetts para que conozcas a mi madre– sonreí y le bese la punta de la nariz –O sí tu quieres ir algún lugar, dime y lo vamos viendo- me gustaba tenerla aquí contra mi pecho, acariciando su piel y respirando su aroma, toda ella me volvía loco -¿Qué dices?- pregunté curioso y la mire a los ojos.

Sí quería que nos quedáramos aquí también lo aceptaría, donde estuviera Nae yo también quería estar, tal vez regresando de nuestro viaje podría pedirle que se quedara conmigo o en definitiva mudarnos a Queens, tal vez podría ir viendo algún lugar más cercano al aeropuerto, podría funcionar y así ella podría estar al pendiente de April, aunque mi cuñada ya era bastante grandecita.
Steve McCall
Localización :
Uptown Manhattan

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Mensaje por Danae Vonnegut el Sáb Ene 30, 2016 5:02 pm
Home sweet home


Nunca la dejaba hacerle cosquillas, siempre prefería besarla como si fuera la única mujer del mundo. Amaba esos besos profundos y sentidos, en los que ambos se abstraían y parecía que el tiempo se detuviera con ello. Rio al escuchar su comentario y mordió su labio. -Para comerme a mi tendrías que matarme. ¿No serás un asesino en serie?- Dijo con claros síntomas de estar bromeando por si acaso lo dudaba tiro del cabello del rubio mientras lo besaba profundamente y sonrió contra sus labios. Amaba a ese hombre con todo su corazón y era lo más bello que podía pasarle. Eso y que ganaran los Rockets pero últimamente eso era demasiado pedir.


Vio como se levantaba y miro a su adonis pidiendo la comida completamente desnudo, disfrutando de las vistas, del panorama. Amaba a ese hombre divertido y sin tapujos que se había colado en su vida casi sin proponerselo, dejándola desarmada, sin coraza, y aunque eso la aterraba iba a vivirlo al 100% -¿Recibirás así al repartidor? A lo mejor nos hace descuento- Bromeo mientras lo recibía agradecida en la cama, abrazándose y acurrucándose contra él, como una gata contra su dueño, como una chica helada buscando la cálidez del hogar. -México suena fabuloso.- dijo con una sonrisa dulce y lo miró preocupada cuando el le comentó lo de sus padres. -¿Crees que ... les caeré bien? Tengo miedo de .. caerles mal a tus padres.- dijo con gesto preocupado y escondió la cara en su pecho. En el fondo eso era ella, un cúmulo de inseguridades e imperfecciones que la hacían sentir pequeñita. Era una mezcla de tía dura y chica débil que había perdido demasiado, demasiado pronto.

Sonrió ante su beso en la nariz y se abrazó más fuerte a él. A veces no les hacía falta más que estar así, acurrucados, el uno contra el otro, felices y compartiendo preocupaciones, oliendo su aroma tan particular a sándalo y cayendo rendida cada segundo que pasaba a sus pies. Con él todo era mágico y divertido y le encantaba. -Digo que México y después visitar a tus padres me parece perfecto. Y que eres un genio haciendo planes.- dijo con una sonrisa y beso su boca con devoción hasta que sonó el timbre de la puerta. Se puso una camiseta de él y fue hacía la puerta, riendo internamente ante la mirada divertida del repartidor. Le pagó y volvió con la comida a la cama con una cara de niña buena increíblemente bien ensayada para cuando quería algo. -¿Cenamos en la cama?.- dijo con toda su inocencia mientras se quitaba la camisa y se metía desnuda en la cama acurrucándose contra él después de dejar la cena en la mesilla. -Por favor ..- le susurró para después mordisquearle la oreja. Creía que no podía ser más feliz que en ese momento nunca en su vida.


Con Mi viejete en su nuestro apartamento el 00/00/2000

NEW YORK CITY ©
Danae Vonnegut
Localización :
Queens, New York

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Mensaje por Steve McCall el Lun Feb 01, 2016 9:08 pm

Me gustaba tenerla aquí, encajando a la perfección contra mi costado y acariciando su piel con mis dedos sobre la espalda, me volvía completamente loco y feliz tenerla así, disfrutando de una noche juntos y con las ganas de tenerla para siempre, aunque no había pensado en sus palabras anteriormente ¿Podía hacer que olvidara las drogas? Mientras acariciaba su espalda y nos quedábamos un segundo en silencio, la miré y arquee ambas cejas.

-¿Matarte? No me sirves así- bromee y le di un pequeño cachete en la nalga, puse cara de disculpa y le bese con fuerza para que no replicara, sí, mi vida era perfecta con ella a mi lado y ya no veía matices de gris, era como si el color gobernara en mi vida ahora que estaba con ella de esta forma –México es excelente, tiene playas preciosas y sobre mis padres- le sonreí  y no pude decirle más porque salió muy linda con mi camisa puesta, regreso con las bolsas y sonreí para tenerla a mi lado desnuda –Mamá no come niñas bonitas como tú- bromee y le mordí ligeramente el cuello –Creo que va a ponerse de tu lado y decirte lo mal hijo que soy, así que desde ya con que le sonrías tendrás a esa mujer comiendo de tu mano- no era mentira, mamá conocía muy pocas mujeres como algo más que mis amigas, pero nunca había llevado a casa una novia oficial y sé que iba a estar feliz con Nae por eso –Mi padre es algo huraño, pero es un buen viejo- le besé el hombro, mientras esperaba que me sirviera en mi plato, sintiendo una punzada en la cabeza, hacíamos cosas tan de pareja que no me sorprendía en lo absoluto –Y nos irá bien en el viaje.

Y eso esperaba porque al ver su sonrisa supe que no había mañana en el que no quisiera tenerla a mi lado, tal vez íbamos demasiado rápido o tal vez nos habíamos tardado mucho en ver lo que siempre teníamos a la mano, le besé con suavidad y agradecí mi plato de comida, esto era lo que quería y esperaba fuera así para todo la vida.
Steve McCall
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Uptown Manhattan

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Mensaje por Contenido patrocinado Hoy a las 3:55 pm
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