The New York City
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Salón de la fama
Nació en la ciudad de New York, con descendencia inglesa por parte de ambos padres quienes se dedicaban al narcotrafico. Sus padres se vieron obligados a dejar Londres gracias a que sus cabezas tenían precio; ambos pensaron que en New York estarían a salvo , consiguieron nuevas y viejas amistades, se hicieron un lugar entre las mafias de la ciudad, hasta que un día, nueve años después sus enemigos finalmente los encontraron. Irrumpieron en la residencia de los Ripper y armaron un baño de sangre del que nadie salio vivo, nadie a excepción de Derek quien se mantuvo escondido mientras la ayuda llegaba. Antes de que se armara todo el escándalo por el baño de sangre, los hombres de un viejo amigo de los Ripper llegaron al lugar, rescataron a Derek y lo llevaron a Corvinus, un viejo mafioso retirado que a partir de ese momento se hizo cargo de Derek. Lo educo con métodos poco usuales, educación solo en casa, torturas, castigos, golpes que fueron llenando poco a poco el cuerpo de Derek con todas las cicatrices que tiene hoy en día bajo los tatuajes de su piel. Siempre vio a Corvinus como su segundo padre, pensando en que todo lo que le hacía era por su bien, nunca tomo rencor contra él. En el tiempo de su estadía con Corvinus conoció a Dimitri, él que se convertiría en su mejor amigo casi hermano y con quien años después, a la edad de 19 años se marcharía para probar fortuna por su propia cuenta, sin la ayuda de Corvinus. Fueron años los que le costaron para escalar escalón por escalón para llegar a la cima. Hizo cosas inhumanas para lograr sus objetivos, paso por encima de quien hiciera falta para conseguirse el respeto de sus enemigos y de todo aquel que siquiera escuchara su nombre y 5 años más tarde se convirtió en uno de los narcotraficantes más conocidos en New York y más buscados por la policía.
Líder Mafioso
Derek W. Ripper
Nació en California gracias a un accidente de una noche, motivo por el cual en su infancia se vio reflejado el poco apego por parte de sus padres, sobretodo por el lado de su progenitor. En la misma época, se vio desplazado por la presencia de su hermano menor que pareció ser la solución a todos los problemas que la familia presentaba. De tal manera, se crió casi por su cuenta de forma inestable, llegando a crear conceptos bastante errados y desconcertantes acerca de la vida misma. A los dieciocho años, abandonó su hogar para entregarse a las calles, donde se dedicó a vender droga para costearse la carrera de arquitectura en la universidad. A pesar de haberse graduado, nunca llegó a ejercer, pues durante el trayecto descubrió la gran pasión que sentía por la mezcla y las bebidas. Empezó específicamente a los veintitrés como conserje en un bar de mala muerte, lugar en el que se dedicó a observar la manera en la que los que atendían la barra se desplazaban para luego copiar sus movimientos en sus horas libres. Fue avanzando así hasta adquirir experiencia en el asunto y acabar recorriendo medio país con el único fin de ganar reconocimiento, acabando por ser el favorito de uno o más empresarios exitosos. A la edad de treinta y cinco, decidió establecerse en New York donde su carrera alcanzó el apogeo al ser ascendido a gerente del bar en el que trabajaba, obteniendo así la preferencia de las grandes estrellas de la ciudad y además, al ganar el World Class que lo coronó como el mejor barman del mundo.
Bartender World Class
Boris Dixon
Ivy Rose nació la noche caótica del fin de milenio en un hospital del Bronx, en una sala llena de gente, junto a una anciana que moría y de la cual, por un error, tomó su nombre. Nació adicta y su madre la abandonó ahí mismo. A los seis meses salió de rehabilitación por heroína solamente para ser encerrada de nuevo en uno de los tantos MAC de la ciudad de New York. A los ocho años forma parte de un programa de integración al arte, decantándose por el ballet, mismo que practica hasta ahora y para el cual tiene bastante habilidad. A los doce es adoptada por una pareja de artistas de éxito que la hacen conocer el mundo exterior, lo caótico y hermoso que puede ser, lo brutal también pues, después de adaptarse y amarlos, se lo arrebatan todo de golpe. Su madre adoptiva se suicida dos años después y su marido la sigue un año después. Ahí comienza la caída libre para Ivy quien a los quince era alcohólica y comenzaba con otro tipo de drogas; convencida de que su paso por el mundo sería breve, Ivy Rose comenzó a dar pasos gigantescos, comienza a querer vivir y experimentar de todo hasta que se da cuenta que no puede, porque algo dentro de ella se apagó cuando se dio la primera línea de coca y llegó a un hogar vacío. Es en ese mismo año que conoce a su mejor amigo con el que tendrá una experiencia demasiado grave la cual la hace reconsiderar un poco su vida, anesteciada de emociones, entra en rehabilitación, se llena de trabajos, retoma la escuela y conoce a Felicia. De marzo a mayo trabaja como Bella Durmiente, un servicio de chicas para hombres acaudalados en donde conoce a Nando Morelli, el hombre que le torcería la vida de nuevo al iniciar una relación por demás ílicita. Recae en las drogas y desciende más hacia el abismo hasta tomar una escala, un coma a causa de una sobredosis. Nando desaparece de su vida y ella sigue cayendo. Son los Peyton quienes colocan una red de contención y la detienen adoptándola al conocer su historia, es con ellos con quienes conoce lo que es tener una familia y una vida digna. Morelli reaparece en su vida, limpio y amándola y es él la parte más rota de su vida por la cual entra más luz a su interior. Después de caer por fin en el abismo y darse cuenta que lo que había ahí abajo era ella misma en su total realidad, Ivy Rose decidió comenzar a subir, paso a paso, tomando la mano de los que la rodean y quieren verla bien, de los que la apoyan. Una oportunidad única en la vida llega gracias a alguien que ella desconoce y su rumbo toma otra dirección, lejos de la ciudad, tomando un lugar por el cual, siempre en su vida, tendrá que luchar con uñas y dientes por mantener. Ha fijado residencia en Covent Garden, Londres, viajando a New York cuando puede, aunque no sean muchas ocasiones porque tiene demasiadas cosas que hacer, Academia, colegio, pareja, mantener la popularidad que gracias a su personalidad y escándalos (su relación ilícita, aunque legal en Londres, ahora es pública) ha obtenido… Intentando salvarse de ella misma cada día, pero intentando sobrellevarlo todo con una enorme sonrisa y con el orgullo y la arrogancia que la caracteriza.
High School Queen
Ivy Rose Hathaway
Nacido en Queens, Nueva York de madre inmigrante. Lo poco que Lucas ha conocido de su verdadera madre es que era mexicana y que murió al darle a luz, muchos rumores sobre su madre biológica le han confirmado que probablemente su padre era un mafioso muy influyente, sin embargo esos rumores nunca fueron confirmados y después de todo eso fueron. Adoptado por una pareja que jamás tuvo la dicha de formar su propia familia, sin embargo al ver al pequeño bebé de inmediato comenzaron los trámites para adoptarlo y terminaron por ponerle Lucas Earle. Su padre un policía de Queens le enseñó cada una de las cosas que hoy en día aplica. Cuando aplicó a la academia, pronto destacó entre sus demás compañeros, sus jefes pronto notaron que aquel joven tenía una vocación que una profesión de ser policía, lo recomendaron para que fuera a la Interpol en Londres donde pasó un tiempo y de inmediato fue asignado a Nueva York como policía encubierto, pronto conoció a la que se convertiría en una de sus mejores amigas y madre de sus hijos. El tiempo con la Interpol término cuando la CIA comenzó a ofrecerle un puesto como agente, pero Lucas decidió rechazarlo. No fue que hace dos meses que estuvo como agente de la CIA y después de terminar un caso enorme de trata de personas con toda su red, sufrió un accidente que dañó parte de su cerebro, actualmente rige como Jefe de Fuerzas Tácticas, puesto que sus amigos y compañeros no dudaron en recomendarlo por su enorme esfuerzo y porque realmente es un policía de campo con ese toque de saber cómo piensa una mente criminal.
Jefe de Fuerzas Tácticas de la CIA
Lucas Earle
Nació una tarde de Agosto en Seattle. Hija del dueño de una fábrica de vidrios y una abogada fue la adoración. Segunda y última hija del complicado matrimonio Peyton, fue la bebe que se suponía salvaría el matrimonio pero no pudo ser, las disputas ganaron la batalla a la familia y terminaron divorciándose cuando Isabella no cumplía un año de nacida. Ambas niñas se fueron con su madre quien dejo su crianza en mano de sus abuelos por lo que ambas fueron enseñadas con los mismos principios con los que sus abuelos criaron a sus hijos. Isabella siempre hablaba y pedía tener acercamientos con su padre quien las visitaba pocas veces en Seattle, aun así en ella nació una afición por el vidrio que pronto le terminaría haciendo descubrir el arte en él. A medida que fueron creciendo Lucy se alejaba más de Isabella quien siempre quedaba detrás gracias a su edad, para cuando Lucy cumplió dieciocho años ya no estaba presente en la vida de su hermana menor quien con trece años quedo a la merced de los juegos de sus primos menores. A pesar de que el malestar por la actitud de Lucy la afligía su adolescencia no estuvo llena de únicamente momentos tristes, sus primos le enseñaron a adorar aquellas costumbres de la ciudad que finalmente despertaron su interés, los próximos años los paso entre juegos de fútbol americano, reuniones con sus amigos de escuela y el estudio del vidrio y los grandes murales que llenaban de colores las iglesias y daban al sol una bienvenida feliz todo los días. Su padre comenzó a mostrar más interés por acercarse cuando Isabella tenía 15 años, la joven no puso contras al interés de su padre, ella quería estar presente en la fabricación del vidrio desde cerca, quería convertirse en una artista que pudiese moldear figuras fantásticas y brillantes, por ese motivo acepto que su padre la llevara de paseo a Nueva York de vez en cuando donde paso muchas horas en su fábrica, aprendió a calentar vidrio y darle formas, a tallarlo y pintarlo, su padre dio riendas sueltas y fueron los años más maravillosos de su vida. Entre aviones y viajes llego a la universidad de Boston donde estudio Artes modernas. Con 23 años tenía una carrera prometedora, por lo que se mudó a Nueva York donde con ayuda de su padre comenzaría a dibujar el nuevo destino como artista dejando a un lado cualquier sentimiento que le hiciera sentir culpable de nuevo. En La ciudad del pecado conoció a su mejor amigo quien más adelante se convertiría en el padre de sus dos hijas. Después de haber tenido en mente una colección formada por cuadros cuya pintura se vería mezclada con pedazos de vidrios de colores, se atrevió a realizarla y enviarla a Italia para que fuese publicada en una galería en crecimiento que celebró una gala para críticos exigentes. Sus cuadros fueron un éxito total. Uno de ellos se comenzó a exhibir en una famosa galería donde solo los grandes artistas exponen sus obras. Después de ese día Isabella fue reconocida por periódicos locales Como una gran artista en el arte del vidrio y se hizo famosa a nivel mundial. Sus cuadros ahora son valorados por grandes cantidades de dinero y tiene muchos pedidos de clientes exigentes y conocedores.
Artista Vidriera
Isabella Peyton
Un 18 de Octubre de 1990 nacería una rubia dispuesta a comerse el mundo. Elisabeth Angelica Maier se trataba de la hija de Michael Maier y Arabella Leisser. Ambos que se conocieron en Harvard, su padre dejó el mundo militar para acabar derecho allí mientras que su madre, proveniente además de Ámsterdam, intentaba sacar adelante la carrera de empresariales pagándose los estudios trabajando como camarera en el propio recinto universitario. Hay personas que no creen en el amo a primera vista, pero lo que ellos tuvieron fue prácticamente un flechazo. A los 25 se casarían y enseguida tendrían a su encantadora hija. Elisabeth era especial, su abuelo paterno lo sabía ya que tenía un magnetismo completamente distinto al de sus demás nietos. Criada en el propio territorio paterno, no era raro que la muchacha empezase a alimentarse del ambiente jurídico, a fin de cuentas los Maier eran famosos por eso. A medida que los años pasaban ella seguía interesándose por ese mundo, y además intentaba paliar cualquier grado de controversia experimentado en su círculo familiar. Sus padres no dejaban de pelearse, vivía un puro drama aquella rubia aniñada. A los 10, se divorciarían. Entre la poca comunicación que existía entre sus padres, y que a ella le mandaban de un lugar a otro para tenerla lejos de ese conflicto... Ella acababa hartándose. A Elisabeth le gustaba estar con sus primos y sus abuelos, pero evitaba en cualquier situación encontrarse con los otros dos. Los años no tardaron en pasar y a pesar de que en su vida emocional hubiese pasado un bache como el de Jakob Hoffman, sintió la necesidad de cortar raíces e ir a la misma Universidad que la de toda la familia Maier, a estudiar lo que le gustaba; El Derecho. Tenía pensado acabar aquella carrera y una vez así entrar en el bufete de su abuelo, no tardó demasiado en acabar y así hacerlo. Empezó a hacerse un nombre en el propio bufete, subiendo escalafón y a raíz de pelearse con unos y con otros llegó a dónde quería. Deseaba poder ser una digna sucesora de su abuelo y así hacerse con la empresa. Tenía todo en mente, pero por su vida se cruzaron un par de ''obstáculos'' que no podía dejar de lado. Se casó con el que creía ser el hombre de su vida, creyó estar embarazada de él y justo después de descubrir todas las mentiras que le había estado diciendo, se divorció y se encontró con que no era el padre de sus actuales retoñas. Al parecer este bombo sorpresa vino de regalo por un encuentro que tuvo con el que ha considerado -y sigue considerando- su mejor amigo, y actual pareja, Boris Dixon. Su vida sentimental parecía mejorar, y hasta la de sus padres que volvían a las andadas con encuentros sexuales muy de la época de los setenta. Pero su vida no se vio completa hasta que por fin, el mismo día de sus veintiséis cumpleaños su abuelo y su padre le regalasen la meta que siempre había ansiado; Ser la dueña del bufete. Madre de gemelas, dueña de cuatro perros, novia de lo más encantadora y ahora, jefa de su propio mundo. ¿Se podría pedir algo más?.
New York's Drama Queen
Elisabeth A. Maier
Normas básicas
Ξ Mínimo 10 líneas completas.

Ξ El +18 está permitido on-rol, se debe indicar en el post.

Ξ Recuerda que saludar a los demás en la CB es parte de una convivencia más agradable y llevadera.

Ξ Avatar: 220x400 / Firma: 500x250

Ξ La multicuenta está permitida, pero si el primer PJ es femenino, el segundo debe ser masculino, sin excepciones; lee el reglamento completo para mayor información.

Ξ Antes de realizar registros hay que tener aceptada la ficha.

Ξ Para tener color hay que tener la ficha aceptada, todos los registros hechos y el MP de la cuenta New York respondido.
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Mensaje por Invitado el Mar 16 Feb 2016 - 1:41

Upper East Side, Townhouse.
22 de Febrero del 2016. Hora:   6:06pm
Con Gabriel y Nico Farrell


Es mejor que seamos solo amigos…”




D ebido al crecimiento en la tasa de natalidad de la última década,  y a las leyes severas dentro de  algunas naciones que prohíben concebir a más de un retoño, y, a todos aquellos  inmigrantes que viajan de un lado a otro en busca de un mejor porvenir, muchos quedan fuera del sistema; en esta tesitura solo nos quedaría basarnos en predicciones más o menos fiables, sin posibilidades  a precisar  una cantidad exacta de la población de la raza humana.

Perdóname, debo  hacerlo…”

Aproximadamente somos 7,000.000.000 de habitantes en el mundo, así como lo oyes, pero eso seguramente ya lo sabías. Con todo ello, existen fuertes rumores que apuntan a que siete personas en algún punto de la Tierra, siete se te parecen, y no de parecerse como te pareces a tu padre, o el  hermano mayor al más pequeño, compartiendo ciertas características y rasgos entre sí  que los identifican como familia;  sino idénticos, como increíbles gotas de agua salpicadas desde diferentes nubes,  tallados bajo un mismo molde, solo que uno es alemán y el otro un argentino al otro extremo del continente  y no comparten lazos de sangre.  Emilia había estado leyendo una revista de National Geographic hacía tiempo que mencionaba tales acontecimientos, llegándose a preguntar en más de una ocasión mientras leía las letras pequeñitas  debajo de la  fotografía de una mujer africana,  qué sucedería si un día ella ella llegase a toparse de frente con su propio reflejo.  ¿Sería impresionante acaso, sufriría un shock o,  por el contrario, estallaría de gran asombro y felicidad que podría verse saltando encima de aquella? ¿Cuál sería su reacción?

Este infierno es mío, no te pertenece ¿ok?…”

Llevaba el pedazo de periódico con la dirección de su nuevo empleo (posible nuevo empleo),  en la mano y su bolso en la otra cuando se detuvo en una de las escalerillas del Upper East Side. Se alisó  el suéter de cachemira perfectamente blanco  y echó un rápido vistazo a sus pantalones caqui que había comprado en una de las mejores boutiques especialmente para esa ocasión, tenía que dar una imagen  pulcra y recatada  si deseaba que tales creaturas  bañadas en dinero contrataran sus servicios. Impresionante townhouse.  

¡Guau! ¿Qué había sido eso? Había estado tan cerca de presionar el botón cuando la puerta se abrió de par en par y una mujer bajita con  una especie de ropaje  aterrador la invitó  a pasar al living.  

¿Qué tal? Soy…
—Sé quién eres—señaló la mujer (la estilo institutriz, ama de llaves) de manera brusca, dirigiéndole una mirada  tan gris como su vestido de una forma gradual y espeluznante.  Emilia se limitó a sonreírle de forma adorable, no permitiría que una vieja y fisgona perra le arruinara la oportunidad de salir exitosa de su entrevista con uno de los hombres más ricos de todo  Upper East Side. ¡Qué salón, el candelabro!   —. Acompáñame, el señor Farrell se encuentra en su despacho en estos momentos.

Te amo…”

Mientras avanzaba por aquellos pasillos, hubo un breve  instante en el que Emilia tuvo la sensación de que, no estaba dirigiéndose al despacho de un hombre cualquiera, sino penetrando a  la mismísima  fortaleza del castillo de la bestia, sobre todo  con esas pintas  de casa antigua. Pasadizos de ultratumba, un silencio sepulcral y el constante  repiqueteo de sus tacones contra la madera del suelo le hicieron sentir escalofríos. Curiosa trató de indagar un poco sobre  el aludido.

Es un gruñón  ¿no? Puedo percibirlo  en el aire…Y en su decoración…murmuró bajito.  
—Aquí es—la institutriz  se detuvo frente a una puerta ancha de las que se abren a los extremos  y se acomodó las mangas— Y por favor, niña,  no hagas preguntas tontas—sentenció—, al señor Farrell le desagradan por completo.
No preguntas tontas. Entendido.

Adiós, Oliver…”

¿Hola?
Lo primero que notó la mexicana es que adentro  no era muy distinto de lo que había  afuera. Más silencio sepulcral y una gigantesca  boca de lobo, que se extendía  en todas direcciones y se disipaba  conforme sus ojos iban adaptándose a ella.  
Buenas tardes. Me presento: soy Emilia Cruz, la niñera de su hijo. Si me da la oportunidad, obviamente.


Invitado

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Mensaje por Invitado el Sáb 20 Feb 2016 - 6:14

22 de febrero 2016, 18:06hrs



—El de la última palabra soy yo, muchacho.  Así que te enfrentas a esta realidad y aceptas lo que te estoy ofreciendo: techo, comida y protección, y una niñera que evite  que salgas de esta casa y  te metas en problemas. Escucha—coloqué  una mano sobre  su hombro, apretando un poco  y lo miré fijamente. Una mirada que me recordó a la de mi padre antes de que me enviara al ejército—, creo en ti, estoy convencido que detrás de toda esa fachada de chiquillo insolente y rebelde insubordinado hay un joven inteligente y capaz de conseguir lo que desea, de llegar alto si se lo propone, con disciplina y dedicación. —Hasta recité las mismas palabras. Le solté del hombre y me alejé con la silla—Quiero ayudarte, Nico, no seas un testarudo y ayúdame a que esto resulte  una tarea más  sencilla.

...

La entrevista consistiría en echarle un vistazo a su currículo y hacerle una pequeña serie de preguntas para ver si era apta para el  puesto del que se le ocupaba. De niño también había pasado por una extensa lista  de niñeras que declinaban poco después; ninguna de esas supo controlar a un pequeño trío de mocosos que sólo buscaban llamar la atención de sus padres acosta de sus nervios, por lo que no duraban más que un par de semanas, un mes a lo mucho, cuidándonos a mis hermanos y a mí. Esperaba que la segunda muchacha (que estaba esperando afuera) en lo que iba de esta semana si contara con  lo que se requería;  de armas tomar, que no se dejara influenciar fácilmente por un chiquillo de 17 y sus travesuras, por supuesto no tenía que llegar a ser una versión mucho más joven de Maggie,  nuestra ama de llaves. La estimaba, Maggie era una gran mujer, pero también habría que aceptar que si no la conocías daba algo de miedo.

Ubicado de manera contigua a la biblioteca—desde donde Nico estaría esperando pacientemente—, el despacho permanecía a oscuras, con frecuencia solía entrar allí y revisar papeleo como de costumbre, hasta que fui liberado de mis obligaciones, pero había elegido ese lugar precisamente por la seriedad que ameritaba el hecho de una nana para mi hijo y el toque intimidatorio que me encantaba hacer resaltar.
—Señorita Cruz—atisbé en voz alta manejando mi silla de ruedas hacía el escritorio. —Tome asiento. Iré directo al grano, necesito a una chica soltera y con disponibilidad inmediata. No pienso estar lejos de mi chico, pero habrá ocasiones en las que me sea imposible permanecer a su lado  por distintas circunstancias, como verá usted...  
Mis ojos chocaron con los suyos, tan oscuros como la diminuta escultura de arcilla  sobre mi escritorio; por unos instantes el momento fue desconcertante. Era alta, pero no demasiado, de rostro juvenil con un matiz corroído por algo que no supe deducir…Guapa, a decir verdad. Muy guapa.
—Señorita Cruz. —reclamé su atención al ver que no respondía.
 
Invitado

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Mensaje por Invitado el Miér 2 Mar 2016 - 4:08

Upper East Side, Townhouse.
22 de Febrero del 2016. Hora:   6:06pm
Con Gabriel y Nico Farrell



S i había algo de lo que Emilia Danahe Cruz jamás podría verse afectada, eso serían las sorpresas. Porque ella no solo era la zorra mejor pagada por las emperejiladas esposas de todo Nueva York, era Emilia Cruz,  una chica que a pesar de vérselas duras desde el comienzo de su estadía en un país extranjero y de contada lengua hispanohablante, supo cómo apañárselas sacando  el peor lado de su personalidad, engatusando a hombres poco atractivos pero grandísimos idiotas acaudalados, timándolos con el efecto fascinador de un cuerpo acaramelado  y una voz melosa  y meticulosa al oído; y cuando por fin el sujeto embelesado se regodeaba ante su erotismo, ella se subía a horcajadas sobre  él para atarlo a la cama y depositarle un beso rojo en su frente cual sello propietario  y después desaparecer, mofándose de su incredulidad  y abandonándole a su suerte.  Porque no existía nadie en el mundo que sorprendiera de una forma tan ridículamente escandalosa como la mexicana, nadie, y, sin embargo ahí estaba a él, permaneciendo bajo las sombras detrás de un escritorio caoba mientras le clavaba los ojos verdes como si de una completa desconocida se tratase, sobrecogiéndola de una manera ridículamente escandalosa y absurda. Oliver Simmons, un ilusorio y lastimoso espejismo…, complejo como podrían describirse sus emociones en ese momento, que iban desde el desconcierto aturdida como estaba, el miedo y las ganas de abalanzarse sobre él en un abrazo conmovedor. Solo una persona en fechas recientes y después de tantísimos años de vivir a la deriva del verdadero romance le había hecho sentir a la morena  que su corazón saltaría de su pecho como un conejillo travieso y traidor; bueno, esto se vio por breves segundos destructivamente opacado por aquella ilusión hecha hombre.  Las luces se encendieron y la misma  ilusión cuarteó una pared en su alma férrea al darse cuenta que Oliver era real, que estaba allí tan cerca de ella, que podría tocarlo. Enternecimiento  que se resquebrajó  poco a poco  al oírle  dirigirse a ella sin un atisbo de reconocimiento.

Olivermurmuró  aquel nombre con nostálgica, logrando  escapar  de su ensoñación y parsimoniosa disposición.

No, no era Oliver.
¿Él no podría olvidarse de ella? ¿O sí?

Sí…lo…lo lamento. Me distraje pensando en…, no importa. ¿Me decía?

Emilia carraspeó y recorrió con la mirada la quieta habitación, santo cielo, ojala sus latidos fueran menos efusivos. Tomó asiento  frente al  tipo con la misma cara de Oliver y de su bolso, extrajo rápidamente  su currículo, el cual  le cedió sin titubear.  Era insoportable como su niña interior le empujaba a posar su atención en las largas pestañas ajenas, la nariz afilada  y aquellos labios tan parecidos a los que había besado en el pasado.

¿Tiene hermanos?se arrepintió de abrir la boca apenas  la pregunta brotó de sus labios.



Invitado

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Mensaje por Nico Farrell el Jue 3 Mar 2016 - 4:46

 

Hacía menos de un mes que Nico había llegado a la casa de Gabriel trayendo consigo un pequeño bolso en el que cabían todas sus pertenencias. No era mucho, algunas de sus prendas rotosas habían ido a parar a la basura sin más. Tal fue su sorpresa al llegar y encontrarse con un armario repleto de ropa nueva. La cama era amplia y cálida, el moreno dormía mejor de lo que había dormido en mucho tiempo. Bueno era ducharse con agua caliente todos los días y buena era la comida. Sentía que estaba en una especie de sueño, que aquello era demasiado bueno como para ser cierto, como para pasarle a él.

Como todo, aquello traía sus desventajas. La adaptación no estaba yendo muy bien, Nico estaba dando más problemas de los que Gabriel se esperaba y poco caso le hacía a su pedagogía y su modo de llevar las cosas. No era culpa del adolescente o del hombre, realmente. Sabía que su tutor legal se identificaba con él en un pasado lejano, pero Nico tenía la certeza de que éste no había vivido ni la mitad de lo él pasó. Gabriel no sabía lo que era quedarse sin familia, a la deriva, completamente solo.

Su apellido ahora era Farrell, pero aún no se sentía como tal. No dejaba de ser el Nico de las calles, de los robos, las raves, las sustancias y la vida sin ningún tipo de control, sin una consciencia o una guía. Sentía que Gabriel esperaba demasiado para él, que había sido demasiado generoso y eso le generaba un cargo de consciencia. Estaba aterrado de no cumplir con sus expectativas, de defraudarlo.

La calle había su hogar durante mucho tiempo y aquel cambio le había sido abrupto. Gabriel afirmaba que quería lo mejor para él, y si eso significaba tenerlo vigilado todo el tiempo, así sería. El adolescente no estaba acostumbrado a estar en casa demasiado tiempo, nunca lo había estado cuando su madre aún vivía. Se sentía asfixiado en cuatro paredes y su tutor legal no parecía comprenderlo. Una jaula de oro no dejaba de ser una jaula.

...

Y ahora quería conseguirle una "niñera". Con esas palabras se lo había dicho, niñera. Como si se tratase de un crío, como si necesitara que le cambiaran los pañales o le prepararan la cena. Aquello sonaba como una burda broma, pero Gabriel no era de hacer bromas y no le llevó demasiado tiempo en entender que iba en serio.

No importase cuanto protestara o se negara, a Gabriel le gustaba tener la última palabra y parecía ser tan testarudo como él. Se le ponía algo en mente y nada podía hacerlo cambiar de opinión. Sin embargo, Nico no le iba a poner las cosas tan fáciles.

Irrumpió en la oficina de Gabriel sin mucha delicadeza, donde sabía que su tutor legal estaba reunido con la segunda candidata en lo que iba de la semana.

-¿Qué tal? - Preguntó, interrumpiendo cualquier tipo de conversación que hayan tenido hasta el momento. No miró dos veces a Gabriel, pero podía sentir su mirada de reproche sobre su nuca. Le había pedido específicamente que esperara en la biblioteca.

-Soy Nico - Se presentó, estrechándole la mano a la candidata que tenía delante suyo. Con la mano libre, se llevó una manzana que había robado de la cocina hacía un momento a la altura del rostro para darle un mordisco -...musho gusto. - Añadió, mientras masticaba con descaro.

Nico Farrell
Localización :
Manhattan

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Mensaje por Invitado el Lun 14 Mar 2016 - 3:04

22 de febrero 2016, 18:06hrs

Vaya, vaya, ¿pero que teníamos aquí? Una morena indiscutiblemente bella, sí,  pero distraída, lenta y curiosa además, ¿qué importancia podía tener mi vida privada para una mucama? O mejor dicho ¿con que excusas una mucama  se atrevía  a indagar sobre mi familia cuando no teníamos ni un minuto de habernos conocido? Por supuesto que lo hablaríamos, sin lugar a dudas en caso de concretarse,  pero la conversación no se asentaría en Nicholas, mi petimetre  y asno hermano mayor, sino de un asunto mucho más delicado y relevante que sus excentricidades, un tocayo casi veinte años más joven, recién salido de las calles de Bronx, revoltoso, insolente y fuera de control. De mi control. Y esto apenas era el inicio de una paternidad que no busqué, que encontré de pura casualidad cuando lo atrapé con las manos en la masa, tratando de robarle a una mujer. ¿Saben? Yo comencé así, casi igual que él,  indómito, con ideales adversos a los de mi padre;  claro que yo no sufrí penurias, o de necesidades básicas propias como un techo, vestimenta,  ni alimento, siempre tuve todo lo que quise, menos una cosa: cariño, atención, apoyo, jamás obtuve  un poco de consideración, ni siquiera cuando les mencioné mi plan de irme a estudiar arte en Londres, era mi sueño por aquellos días. Su falta de interés y su evidente preferencia por Nicholas, quien sí continuaría el negocio familiar me hicieron salirme del carril en la búsqueda de acaparar aunque fuera un minuto de su atención. No importaba realmente cuanto hubiera sufrido mientras estuvo perdido, ni en qué circunstancias haya tenido que vivir tal sufrimiento, porque ahora  estaba aquí, y quisiera verlo o no quería lo mejor para él, darle lo que yo no tuve cuando chico, un interés real por sus metas, sus gustos y sus penas, no deseaba que la crueldad siguiera arrastrándolo consigo. Pero Nico no estaba dejándomela fácil, y era momento de recurrir a otros medios de refuerzo.

Releí su experiencia ignorando a su pregunta con una sonrisa seca. Hoteles, hoteles, un departamento para soltero no muy lejos  de aquí, niñera de un bebé meses antes del último hotel. ¿Podría ser capaz Emilia Cruz de mantener vigilado a un rebelde de diecisiete años? Alcé la mirada encontrándome  con la suya, de nuevo esos ojos mirándome una manera fuera de lo común para dos desconocidos, como cuando los ojos se te humedecen previo al llanto o al cansancio.
—Parece estar todo en orden, Emilia—apoyé ambos codos sobre el roble y clavé mis ojos minuciosos en ella — Bien, hablemos de…—justo estaba por nombrar a Nico y de pedir su discreción para lo que estaba a punto de decirle, cuando apareció el susodicho con una manzana en la boca, dirigiéndose a la mujer. Descarado con una mezcla extraña de amabilidad.
“Paciencia, paciencia”, me repetía tantas veces fueran necesarias por conservar el dominio propio. Mis dedos, pulgar e índice izquierdos frotando el puente de mi  nariz.
—Emilia, él es mi hijo, Nicolás.  Como podrá darse cuenta es una situación algo fuera de lo ordinario. No tuve la oportunidad de hablar más a detalle sobre el tema en cuestión, ruego lo disculpe por su intromisión. —dije con mi tono más insidioso, haciendo hincapié (esperaba lo notara), sobre él más que en cualquier otra cosa  — ¿Cuántas veces debo repetirte que no se habla con la boca llena de comida?  Se suponía que debías esperar… allá. En fin, si lo que quieres es estar presente, está bien, puedes quedarte, pero  toma asiento en aquel sofá y alza la mano para pedir tu derecho a tomar la palabra solo cuando  lo creas necesario. No quiero interrumpciones.
Invitado

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Mensaje por Invitado el Vie 8 Abr 2016 - 3:18

Upper East Side, Townhouse.
22 de Febrero del 2016. Hora:   6:06pm
Con Gabriel y Nico Farrell



D esde luego no hubo respuesta (aunque realmente no la esperaba) y su sonrisa en contexto fue lejos  de lo que Emilia podría recordar. Vacía, ¡santo cielo!, disfrazada cortesía en proporción a una mirada verde desdén que se ajustaba perfectamente a su halo emanado. Guau, que sensación escalofriante estar frente a uno de tus fantasmas y que este no resulte ser; pues  de ningún modo aquel fulano por mucho parecido que compartieran podía tratarse de su Oliver. Y quién sabe, tal vez el recuerdo de su amigo  y ex a lo largo de esos seis años pudo a bien distorsionarse en su memoria. De la manera que fuera, esperaba que él no estuviera  en una silla de ruedas.  Lo ocurrido inmediatamente después le despejó de dudas.  


El chico que se había sumado recientemente, distaba mucho de lo que cabría esperarse de un hijo del ¿político? Una bandera y pequeños distintivos de estilo presidencial  o de instituciones como el FBI o la Interpol aligeraban sus sospechas desde los estantes del enorme librero. Una sonrisita se escapó  de los labios de Emilia, no podía imaginarse a ese hombre como  una  figura paternal  y tal (o será que a Oliver jamás le vio esas intenciones) y por supuesto no, de un adolescente al  que difícilmente podría aludirse como su hijo, y del cual  buscó hacer hincapié. Aquello despertó la curiosidad en la morena.


Estrechó la mano del chico afro y se limpió una gotita del jugo de manzana que saltó a su mejilla.


Hola, Nico. El gusto es míoY lo decía en serio. Por primera vez en su vida, la mexicana estaba encantada  de conocer a un hombre, un hombrecito afroamericano con peinado extravagante que pintaba para hacer de su entorno todo  patas arriba.  Intercambió miradas y murmuró en voz baja arrugando la nariz: Él no me gusta «Oh vamos, Emilia, admite que la conmoción que ha provocado su  similitud  con tus recuerdos está haciendo meollo en ti», pero tú, tú no eres como él. Me agradas, oye, tu pelo es cool. Yo necesito el trabajo y tú una niñera…Emilia saboreó la  palabra y se soltó de su mano  aun con gesto cómplicedistraída.


Preguntas como sus aptitudes, donde se establece, estado civil y deseo monetario fueron respondidas a su debido tiempo. La decisión estaba prácticamente en las manos del chico.


No se arrepentirá


Con firmeza  se abrazó  del acuerdo de Gabriel Farrell.



Invitado

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Mensaje por Nico Farrell el Sáb 9 Abr 2016 - 8:19
No pudo evitar poner los ojos en blanco cuando Gabriel abrió la boca para reprenderlo como si fuese un crío, pero de todas formas aquella situación le divertía. Era el absurdo de todo aquello lo que le causaba gracia. La idea de tener una niñera aún le parecía algo rarísimo. No había tenido una cuando era un crío ¿Por qué ahora? Cuando nadie estaba en casa, Nico solía quedarse horas frente a la chatarra que tenían por televisor o salía a la calle a corretear descalzo junto a los otros niños sin ningún adulto que vigilara que no pise un vidrio o se metiera en problemas. Pero aquello no era negligencia por parte de sus padres, o al menos por parte de Rosario. No tenían dinero como para permitirse aquello y Nico siempre había demasiado inquieto, demasiado independiente. Rechazaba la autoridad desde que tenía uso de la razón.

Y ahora sin saberlo, paradójicamente era más libre que antes. ¿Distraída, había dicho? Le echó una segunda mirada a Emilia mientras se desplomaba en el sofá por orden de Gabriel. Incluso se parecía a ella, a su madre. Raíces latinas, acento marcado y la mirada de quien ha vivido mucho pero cuenta poco de ello. Era astuta, lo pudo adivinar por la mirada y la sonrisita ladina que se le asomaba. Sí, definitivamente tenía un aire a Rosario antes de que su alma se viera machada y su voluntad desdoblada.

Escuchó sin prestarle mucha atención al resto de la charla entre Gabriel y Emilia. No tenía interés en discutir el sueldo de la latina ni escuchar aquel palabrerío practicado hablando del por qué debía contratarla. Nico estaba intrigado en conocerla, en conocer a la verdadera Emilia y no aquel corderito que aparentaba ser frente al ex-militar.

- Ésta me gusta. - Anunció dirigiéndose a Gabriel. Terminó de comer la manzana y dejó el esqueleto de la fruta sobre el escritorio. - A ver como lo llevas... - Agregó en un fluido pero algo oxidado español, en dirección a Emilia.
Nico Farrell
Localización :
Manhattan

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