The New York City
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Salón de la fama
Nació en la ciudad de New York, con descendencia inglesa por parte de ambos padres quienes se dedicaban al narcotrafico. Sus padres se vieron obligados a dejar Londres gracias a que sus cabezas tenían precio; ambos pensaron que en New York estarían a salvo , consiguieron nuevas y viejas amistades, se hicieron un lugar entre las mafias de la ciudad, hasta que un día, nueve años después sus enemigos finalmente los encontraron. Irrumpieron en la residencia de los Ripper y armaron un baño de sangre del que nadie salio vivo, nadie a excepción de Derek quien se mantuvo escondido mientras la ayuda llegaba. Antes de que se armara todo el escándalo por el baño de sangre, los hombres de un viejo amigo de los Ripper llegaron al lugar, rescataron a Derek y lo llevaron a Corvinus, un viejo mafioso retirado que a partir de ese momento se hizo cargo de Derek. Lo educo con métodos poco usuales, educación solo en casa, torturas, castigos, golpes que fueron llenando poco a poco el cuerpo de Derek con todas las cicatrices que tiene hoy en día bajo los tatuajes de su piel. Siempre vio a Corvinus como su segundo padre, pensando en que todo lo que le hacía era por su bien, nunca tomo rencor contra él. En el tiempo de su estadía con Corvinus conoció a Dimitri, él que se convertiría en su mejor amigo casi hermano y con quien años después, a la edad de 19 años se marcharía para probar fortuna por su propia cuenta, sin la ayuda de Corvinus. Fueron años los que le costaron para escalar escalón por escalón para llegar a la cima. Hizo cosas inhumanas para lograr sus objetivos, paso por encima de quien hiciera falta para conseguirse el respeto de sus enemigos y de todo aquel que siquiera escuchara su nombre y 5 años más tarde se convirtió en uno de los narcotraficantes más conocidos en New York y más buscados por la policía.
Líder Mafioso
Derek W. Ripper
Nació en California gracias a un accidente de una noche, motivo por el cual en su infancia se vio reflejado el poco apego por parte de sus padres, sobretodo por el lado de su progenitor. En la misma época, se vio desplazado por la presencia de su hermano menor que pareció ser la solución a todos los problemas que la familia presentaba. De tal manera, se crió casi por su cuenta de forma inestable, llegando a crear conceptos bastante errados y desconcertantes acerca de la vida misma. A los dieciocho años, abandonó su hogar para entregarse a las calles, donde se dedicó a vender droga para costearse la carrera de arquitectura en la universidad. A pesar de haberse graduado, nunca llegó a ejercer, pues durante el trayecto descubrió la gran pasión que sentía por la mezcla y las bebidas. Empezó específicamente a los veintitrés como conserje en un bar de mala muerte, lugar en el que se dedicó a observar la manera en la que los que atendían la barra se desplazaban para luego copiar sus movimientos en sus horas libres. Fue avanzando así hasta adquirir experiencia en el asunto y acabar recorriendo medio país con el único fin de ganar reconocimiento, acabando por ser el favorito de uno o más empresarios exitosos. A la edad de treinta y cinco, decidió establecerse en New York donde su carrera alcanzó el apogeo al ser ascendido a gerente del bar en el que trabajaba, obteniendo así la preferencia de las grandes estrellas de la ciudad y además, al ganar el World Class que lo coronó como el mejor barman del mundo.
Bartender World Class
Boris Dixon
Ivy Rose nació la noche caótica del fin de milenio en un hospital del Bronx, en una sala llena de gente, junto a una anciana que moría y de la cual, por un error, tomó su nombre. Nació adicta y su madre la abandonó ahí mismo. A los seis meses salió de rehabilitación por heroína solamente para ser encerrada de nuevo en uno de los tantos MAC de la ciudad de New York. A los ocho años forma parte de un programa de integración al arte, decantándose por el ballet, mismo que practica hasta ahora y para el cual tiene bastante habilidad. A los doce es adoptada por una pareja de artistas de éxito que la hacen conocer el mundo exterior, lo caótico y hermoso que puede ser, lo brutal también pues, después de adaptarse y amarlos, se lo arrebatan todo de golpe. Su madre adoptiva se suicida dos años después y su marido la sigue un año después. Ahí comienza la caída libre para Ivy quien a los quince era alcohólica y comenzaba con otro tipo de drogas; convencida de que su paso por el mundo sería breve, Ivy Rose comenzó a dar pasos gigantescos, comienza a querer vivir y experimentar de todo hasta que se da cuenta que no puede, porque algo dentro de ella se apagó cuando se dio la primera línea de coca y llegó a un hogar vacío. Es en ese mismo año que conoce a su mejor amigo con el que tendrá una experiencia demasiado grave la cual la hace reconsiderar un poco su vida, anesteciada de emociones, entra en rehabilitación, se llena de trabajos, retoma la escuela y conoce a Felicia. De marzo a mayo trabaja como Bella Durmiente, un servicio de chicas para hombres acaudalados en donde conoce a Nando Morelli, el hombre que le torcería la vida de nuevo al iniciar una relación por demás ílicita. Recae en las drogas y desciende más hacia el abismo hasta tomar una escala, un coma a causa de una sobredosis. Nando desaparece de su vida y ella sigue cayendo. Son los Peyton quienes colocan una red de contención y la detienen adoptándola al conocer su historia, es con ellos con quienes conoce lo que es tener una familia y una vida digna. Morelli reaparece en su vida, limpio y amándola y es él la parte más rota de su vida por la cual entra más luz a su interior. Después de caer por fin en el abismo y darse cuenta que lo que había ahí abajo era ella misma en su total realidad, Ivy Rose decidió comenzar a subir, paso a paso, tomando la mano de los que la rodean y quieren verla bien, de los que la apoyan. Una oportunidad única en la vida llega gracias a alguien que ella desconoce y su rumbo toma otra dirección, lejos de la ciudad, tomando un lugar por el cual, siempre en su vida, tendrá que luchar con uñas y dientes por mantener. Ha fijado residencia en Covent Garden, Londres, viajando a New York cuando puede, aunque no sean muchas ocasiones porque tiene demasiadas cosas que hacer, Academia, colegio, pareja, mantener la popularidad que gracias a su personalidad y escándalos (su relación ilícita, aunque legal en Londres, ahora es pública) ha obtenido… Intentando salvarse de ella misma cada día, pero intentando sobrellevarlo todo con una enorme sonrisa y con el orgullo y la arrogancia que la caracteriza.
High School Queen
Ivy Rose Hathaway
Nacido en Queens, Nueva York de madre inmigrante. Lo poco que Lucas ha conocido de su verdadera madre es que era mexicana y que murió al darle a luz, muchos rumores sobre su madre biológica le han confirmado que probablemente su padre era un mafioso muy influyente, sin embargo esos rumores nunca fueron confirmados y después de todo eso fueron. Adoptado por una pareja que jamás tuvo la dicha de formar su propia familia, sin embargo al ver al pequeño bebé de inmediato comenzaron los trámites para adoptarlo y terminaron por ponerle Lucas Earle. Su padre un policía de Queens le enseñó cada una de las cosas que hoy en día aplica. Cuando aplicó a la academia, pronto destacó entre sus demás compañeros, sus jefes pronto notaron que aquel joven tenía una vocación que una profesión de ser policía, lo recomendaron para que fuera a la Interpol en Londres donde pasó un tiempo y de inmediato fue asignado a Nueva York como policía encubierto, pronto conoció a la que se convertiría en una de sus mejores amigas y madre de sus hijos. El tiempo con la Interpol término cuando la CIA comenzó a ofrecerle un puesto como agente, pero Lucas decidió rechazarlo. No fue que hace dos meses que estuvo como agente de la CIA y después de terminar un caso enorme de trata de personas con toda su red, sufrió un accidente que dañó parte de su cerebro, actualmente rige como Jefe de Fuerzas Tácticas, puesto que sus amigos y compañeros no dudaron en recomendarlo por su enorme esfuerzo y porque realmente es un policía de campo con ese toque de saber cómo piensa una mente criminal.
Jefe de Fuerzas Tácticas de la CIA
Lucas Earle
Nació una tarde de Agosto en Seattle. Hija del dueño de una fábrica de vidrios y una abogada fue la adoración. Segunda y última hija del complicado matrimonio Peyton, fue la bebe que se suponía salvaría el matrimonio pero no pudo ser, las disputas ganaron la batalla a la familia y terminaron divorciándose cuando Isabella no cumplía un año de nacida. Ambas niñas se fueron con su madre quien dejo su crianza en mano de sus abuelos por lo que ambas fueron enseñadas con los mismos principios con los que sus abuelos criaron a sus hijos. Isabella siempre hablaba y pedía tener acercamientos con su padre quien las visitaba pocas veces en Seattle, aun así en ella nació una afición por el vidrio que pronto le terminaría haciendo descubrir el arte en él. A medida que fueron creciendo Lucy se alejaba más de Isabella quien siempre quedaba detrás gracias a su edad, para cuando Lucy cumplió dieciocho años ya no estaba presente en la vida de su hermana menor quien con trece años quedo a la merced de los juegos de sus primos menores. A pesar de que el malestar por la actitud de Lucy la afligía su adolescencia no estuvo llena de únicamente momentos tristes, sus primos le enseñaron a adorar aquellas costumbres de la ciudad que finalmente despertaron su interés, los próximos años los paso entre juegos de fútbol americano, reuniones con sus amigos de escuela y el estudio del vidrio y los grandes murales que llenaban de colores las iglesias y daban al sol una bienvenida feliz todo los días. Su padre comenzó a mostrar más interés por acercarse cuando Isabella tenía 15 años, la joven no puso contras al interés de su padre, ella quería estar presente en la fabricación del vidrio desde cerca, quería convertirse en una artista que pudiese moldear figuras fantásticas y brillantes, por ese motivo acepto que su padre la llevara de paseo a Nueva York de vez en cuando donde paso muchas horas en su fábrica, aprendió a calentar vidrio y darle formas, a tallarlo y pintarlo, su padre dio riendas sueltas y fueron los años más maravillosos de su vida. Entre aviones y viajes llego a la universidad de Boston donde estudio Artes modernas. Con 23 años tenía una carrera prometedora, por lo que se mudó a Nueva York donde con ayuda de su padre comenzaría a dibujar el nuevo destino como artista dejando a un lado cualquier sentimiento que le hiciera sentir culpable de nuevo. En La ciudad del pecado conoció a su mejor amigo quien más adelante se convertiría en el padre de sus dos hijas. Después de haber tenido en mente una colección formada por cuadros cuya pintura se vería mezclada con pedazos de vidrios de colores, se atrevió a realizarla y enviarla a Italia para que fuese publicada en una galería en crecimiento que celebró una gala para críticos exigentes. Sus cuadros fueron un éxito total. Uno de ellos se comenzó a exhibir en una famosa galería donde solo los grandes artistas exponen sus obras. Después de ese día Isabella fue reconocida por periódicos locales Como una gran artista en el arte del vidrio y se hizo famosa a nivel mundial. Sus cuadros ahora son valorados por grandes cantidades de dinero y tiene muchos pedidos de clientes exigentes y conocedores.
Artista Vidriera
Isabella Peyton
Un 18 de Octubre de 1990 nacería una rubia dispuesta a comerse el mundo. Elisabeth Angelica Maier se trataba de la hija de Michael Maier y Arabella Leisser. Ambos que se conocieron en Harvard, su padre dejó el mundo militar para acabar derecho allí mientras que su madre, proveniente además de Ámsterdam, intentaba sacar adelante la carrera de empresariales pagándose los estudios trabajando como camarera en el propio recinto universitario. Hay personas que no creen en el amo a primera vista, pero lo que ellos tuvieron fue prácticamente un flechazo. A los 25 se casarían y enseguida tendrían a su encantadora hija. Elisabeth era especial, su abuelo paterno lo sabía ya que tenía un magnetismo completamente distinto al de sus demás nietos. Criada en el propio territorio paterno, no era raro que la muchacha empezase a alimentarse del ambiente jurídico, a fin de cuentas los Maier eran famosos por eso. A medida que los años pasaban ella seguía interesándose por ese mundo, y además intentaba paliar cualquier grado de controversia experimentado en su círculo familiar. Sus padres no dejaban de pelearse, vivía un puro drama aquella rubia aniñada. A los 10, se divorciarían. Entre la poca comunicación que existía entre sus padres, y que a ella le mandaban de un lugar a otro para tenerla lejos de ese conflicto... Ella acababa hartándose. A Elisabeth le gustaba estar con sus primos y sus abuelos, pero evitaba en cualquier situación encontrarse con los otros dos. Los años no tardaron en pasar y a pesar de que en su vida emocional hubiese pasado un bache como el de Jakob Hoffman, sintió la necesidad de cortar raíces e ir a la misma Universidad que la de toda la familia Maier, a estudiar lo que le gustaba; El Derecho. Tenía pensado acabar aquella carrera y una vez así entrar en el bufete de su abuelo, no tardó demasiado en acabar y así hacerlo. Empezó a hacerse un nombre en el propio bufete, subiendo escalafón y a raíz de pelearse con unos y con otros llegó a dónde quería. Deseaba poder ser una digna sucesora de su abuelo y así hacerse con la empresa. Tenía todo en mente, pero por su vida se cruzaron un par de ''obstáculos'' que no podía dejar de lado. Se casó con el que creía ser el hombre de su vida, creyó estar embarazada de él y justo después de descubrir todas las mentiras que le había estado diciendo, se divorció y se encontró con que no era el padre de sus actuales retoñas. Al parecer este bombo sorpresa vino de regalo por un encuentro que tuvo con el que ha considerado -y sigue considerando- su mejor amigo, y actual pareja, Boris Dixon. Su vida sentimental parecía mejorar, y hasta la de sus padres que volvían a las andadas con encuentros sexuales muy de la época de los setenta. Pero su vida no se vio completa hasta que por fin, el mismo día de sus veintiséis cumpleaños su abuelo y su padre le regalasen la meta que siempre había ansiado; Ser la dueña del bufete. Madre de gemelas, dueña de cuatro perros, novia de lo más encantadora y ahora, jefa de su propio mundo. ¿Se podría pedir algo más?.
New York's Drama Queen
Elisabeth A. Maier
Normas básicas
Ξ Mínimo 10 líneas completas.

Ξ El +18 está permitido on-rol, se debe indicar en el post.

Ξ Recuerda que saludar a los demás en la CB es parte de una convivencia más agradable y llevadera.

Ξ Avatar: 220x400 / Firma: 500x250

Ξ La multicuenta está permitida, pero si el primer PJ es femenino, el segundo debe ser masculino, sin excepciones; lee el reglamento completo para mayor información.

Ξ Antes de realizar registros hay que tener aceptada la ficha.

Ξ Para tener color hay que tener la ficha aceptada, todos los registros hechos y el MP de la cuenta New York respondido.
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B. Owners
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Stardom
26
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Mensaje por Daisy O'Neil el Miér Mar 02, 2016 10:26 am
¡La loca esta aquí!

Ethan Langdon Apartamento Langdon 19.00 PM 1 de marzo
Baje del taxi y aspire hondo, acabe tosiendo porque me trague toda la mierda que había en el ambiente pero bueno la intención era que quería llenar mis pulmones de aire neoyorkino. Mire hacia el interior - ¿Cuánto es? – le pregunte al taxista, este me miro con mala cara – Soy capaz de dejarle la carrera gratis si supiera que es capaz de callarse – entrecerré los ojos -  y yo soy capaz de reventarle el taxi por su atrevimiento, ahora la carrera se la va a pagar el tato – me erguí muy digna yo y tras hacerle una peineta me di la vuelta y me encamine hacia mi destino obviando como el taxista me ponía verde – Su madre, por si acaso – dije en voz alta antes de doblar la esquina. Encima el muy capullo había decidido pararse a una manzana de mi destino… que se fuera a pelar un puto cactus.

Decidí pararme unos segundos para calmar mis malas vibras, no quería ver a mi chico favorito estando cabreada por un taxista mal follado. Tome aire varias veces y cuando estuve en paz con el universo proseguí mi camino. No tarde mucho en llegar al bloque de pisos de Ethan, al igual que esperaba que su mujer no estuviera en casa, eso sí que me había pillado de sorpresa… mi Ethan casado. En fin, esperaba que ella estuviera trabajando o algo porque no me quería cortar ni un pelo con él, hacia 1 año que no le veía ese increíblemente apuesto rostro y pensaba comérmelo a besos, se pusiera la tipa como se pusiera. Entre en el edificio y tras saludar al portero llame al ascensor, estaba extremadamente ansiosa por verlo, tanto que mis pies repiqueteaban contra el suelo del ascensor. El sonidito de la llegada me hizo sonreír y con saltitos sali del ascensor y me plante frente a la puerta de su apartamento.

Antes de llamar, saque un espejo de mi bolso y me mire para ver si estaba mona, siempre tenía que estar mona. Sonreí a mi reflejo y guarde el espejito. Llame y espere, escuche pasos al otro lado de la puerta y cuando la puerta se abrió no le di no tiempo a reaccionar - ¡EEETHAAAAAAAN! – grite mientras me lanzaba a sus brazos y le plantaba un besazo en todos los morros, él sabía que yo era así de efusiva y que más de una vez se lo había hecho así que me despreocupaba. – No sabes cuánto te he echado de menos – comencé a decir mientras le llenaba de besos la cara para acabar cogiéndole el rostro – Si, sigues siendo el tío más guapo que he conocido nunca – le di un pico rápido en el los labios y de repente vi como Rex venia hacia mí. - ¡REEEEEEX! – grite también emocionada al ver al enorme animal, empuje a Ethan hacia un lado y me agache para jugar con el perro – A ti también te he echado de menos, mi peludo amigo – dije divertida acariciándole las orejas y dejando que el perro me lamiera – sí, sí, yo también te quiero, Rex – dije divertida para después recordar que había venido a ver a mi amigo y no a su perro – Uy, siempre se me olvida de que mi amigo eres tú – dije guiñándole un ojo a Ethan mientras me levantaba y me secaba la cara – Oye que cuando quieras, cierras ¿eh? – solté una pequeña carcajada al ver que no terminaba de reaccionar – Tierra llamando a Ethan, oyeee que soy yo, tu sensual bailarina favorita, despierta – chasquee los dedos delante de su cara y al final acabe abrazándome de nuevo a él – En serio… te he echado muchísimo de menos – susurre con la cabeza apoyada en su pecho. Ethan sin duda era una de las personas más importantes de mi vida.
Daisy O'Neil

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Mensaje por Ethan P. Langdon el Miér Mar 02, 2016 3:58 pm
¡la loca esta aquí!
RESIDENCIA LANGDON — 7 PM — DAISY O'NEIL

Hacía unos días que las cosas habían cambiado totalmente para Ethan, sobre todo después del fin de semana en Los Hamptons. Aún seguía asimilando todo lo que había ocurrido con Mira y la razón de porque lo había dejado. No creía que estuviese volviendo a vivir lo que ya había vivido con su primera novia aunque esta vez, era distinto ya que Mira se había convertido en su mujer apenas unas semanas atrás. Al menos agradecía que aquellos días los tuviese libres porque no le apetecía para nada salir de casa, estar encerrado allí con la única compañía de su perro era lo que estaba haciendo en esos momentos. Algo que no le hacía ningún bien y el lo sabía porque no dejaba de pensar en cómo de rápido pasas de estar bien a estar hecho realmente una mierda. Se sentía engañado, traicionado y dolido. No sabía qué había hecho mal para que se alejara así de él.

Estaba sentado en el sofá, en silencio y sin dejar de pensar en todo cuando escuchó el sonido del timbre. Frunció el ceño, no había pedido comida a domicilio ni esperaba a nadie por lo que se extrañó que picaran a esa hora en su puerta. Arrastró los pies y no pudo creer lo que vieron sus ojos cuando abrió, más bien a quién veían. Se quedó quieto en el sitio sin saber como reaccionar mientras ella no paraba de hablar y de darle besos por todas partes. Meneó la cabeza y pestañeó varias veces ante el chasquido de dedos de la chica. ― Perdona, es que no te esperaba ― negó y  cerró la puerta tras de si para después abrir sus brazos y devolverle el abrazo. ― ¿Qué haces aquí? ¿Cómo ha ido la gira? ― preguntó separándose de ella. No había cambiado nada desde que la conocía. Se alegraba de verla pero sus gestos y sus ojos decían todo lo contrario, no estaba pasando por un buen momento y aunque intentara sonreír no le salía.

Ethan P. Langdon
Localización :
Manhattan

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Mensaje por Daisy O'Neil el Dom Mar 06, 2016 9:59 pm
¡La loca esta aquí!

Ethan Langdon Apartamento Langdon 19.00 PM 1 de marzo
Algo no iba bien, Ethan no tenía esa chispeante energía que solía tener siempre que andaba conmigo y eso no me gustaba ni un pelo. La última vez que lo vi así la puta esa lo había dejado tirado, tan solo esperaba que la historia no se hubiera vuelto a repetir porque me juraba a mi misma que no solo iba a matar a la esposa si le había hecho daño, no… si no que iba me iba a dejar de gilipolleces e iba a reclamar a Ethan como mío. Aun así mi cabeza como siempre se precipitaba y empezaba a vagar por derroteros que ni siquiera sabía si había posibilidades de tenerlos. Como por ejemplo ahora, que me andaba viendo ya de camino al altar con Ethan esperándome para casarse conmigo. Suspire y negué un poco para quitarme de la cabeza todas esas gilipolleces, seguro y todo estaba bien - ¿La gira? – pregunte algo desubicada porque me había perdido en mis pensamientos – Ay joder, si, la gira – me reí y me rasque un poco la cabeza – Pues genial, nene – comente con orgullo – Me hicieron bailarina principal y casi estaba en todo los actos, así que no me puedo quejar – sonreí ampliamente – y ahora estoy de unas merecidas vacaciones antes de empezar los ensayos de la próxima – me acerque a él y lo abrace de nuevo – Vas a tenerme uuuuuuuuna buena temporada por aquí, nene – sentirlo tan cerca me afectaba, pero lo había echado tantísimo de menos.

Me separe de él y lo mire con ojo crítico – A ver ¿Qué coño pasa aquí? – pregunte ya algo preocupada - ¿Dónde está el entusiasmo por tenerme de nuevo en tu vida? – lo cogí de la mano y tire de él hacia el sofá, lo obligue a sentarse y rápidamente me senté yo a su lado – Desembucha ya – dije con el ceño fruncido – porque cuando me fui de gira te deje estupendamente y ahora vuelvo y pareces un alma pena – lo cogí de las manos - ¿A quién tengo que matar? – oki… me ponía un poco agresiva si me tocaban a mis seres queridos… pero si me jodian a Ethan, la sangre sí que podía llegar al rio – Cielo, me preocupas… había escuchado por Eli y por la prensa que te habías casado, pensaba que estarías feliz y llego y me encuentro a… - lo señale de arriba abajo y al final lo hice recostarse en el sofá haciendo que apoyase la cabeza  en mis piernas - ¿Qué ha pasado, cariño? – pregunte de nuevo en tono susurrante, realmente preocupada.

Daisy O'Neil

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Mensaje por Ethan P. Langdon el Mar Mar 08, 2016 8:21 am
¡la loca esta aquí!
RESIDENCIA LANGDON — 7 PM — DAISY O'NEIL

Escuchaba atento sus palabras y no podía sentirse más orgulloso de ella. Había perseguido lo que siempre quiso y que ahora estaba disfrutando. ― Eso está genial, Day ― dijo intentando mostrar alegría. De verdad estaba alegre por ella, aunque su expresión dijera todo lo contrario. ― Prometo ir a verte al próximo espectáculo que hagas ― dijo asintiendo. Tenía ganas de ir a verla bailar y se lo había dicho muchas veces. En cuanto escuchó que iba a quedarse allí una buena temporada, no pudo evitar estrecharla aún más entre sus brazos. ― Yo también te he echado de menos ― a ella y a esa locura que siempre iba con ella que hacía que los días malos se volviesen buenos.

El entusiasmo está ahí escondido, pero está ― dijo mirándola una vez se separó de él. ― Me alegro mucho de que estés aquí, de verdad Day ― murmuró casi en un susurro dejándose arrastrar por ella hasta el sofá.  Desde lo ocurrido había dejado de ser el Ethan que la castaña conocía, había pasado de ser el Ethan alegre y divertido a pasar al triste y abatido. Se tiró en el sofá como si de un imán se tratara, después de su vuelta de Londres era el lugar del que no se despegaba. ― No hay que matar a nadie ― negó y bajó la mirada. ― Y lo estaba ― asintió para después recostarse sobre sus piernas. Estaba la mar de feliz hasta que lo soltó aquella bomba en su cara y que ni él mismo podía imaginar que pudiera pasar. Ethan volvió a quedarse absorto en sus pensamientos, clavando la mirada y dejándola fija en la maleta que descansaba al lado del mueble del salón. Aún no había tenido las ganas de ponerse a deshacerla desde que había llegado de Londres. No fue hasta que Day volvió a hablar, que volvió a reaccionar de nuevo ― ¿Que ha pasado? ― repitió la pregunta que le había formulado segundos antes. ― Adivina ― susurró clavando sus ojos en los de ella y se incorporaba un poco. ― La historia se ha vuelto a repetir ― hizo una mueca y se encogió de hombros. Day había sido su mayor apoyo entonces, cuando la conoció, y estaba seguro que volvería a serlo ahora. ― Me ha dejado ― acabó por decir incorporándose del todo en su sitio.

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Mensaje por Daisy O'Neil el Vie Abr 01, 2016 8:52 am
¡La loca esta aquí!

Ethan Langdon Apartamento Langdon 19.00 PM 1 de marzo
Lo dicho, la sangre iba a llegar al rio… yo me iba a cargar a la mala puta esa por hacer daño al amor de mi vida. Pero si solo había que mirarlo a los ojos para ver que Ethan era el hombre más maravilloso que podía pisar la tierra. Su energía, su sonrisa, su forma de ser… todo el te invitaba a darle amor, a mimarlo, a quererlo, a destrozarlo en la cama… ¡JODER TE INVITABA A AMARLO! Eso sin duda era lo que más me jodía, apostaba lo que fuera que mi hombre perfecto se había desvivido por esa hija de la grandísima… y la otra le había faltado el tiempo para irse con cualquier cabron. No, no… esta vez yo lo ayudaría, pero lo ayudaría en mi beneficio. Ethan iba a ser mío, solo mío… aunque me pareciera al puto Gollum, pero lo iba a ser como me llamaba Daisy. Ya era hora que a Ethan lo trataran como se merecía, con amor y dedicación. Necesitaba a alguien que se entregara a él al 100% y esa iba a ser yo.

Suspire y lo obligue a recostarse de nuevo, odiaba verlo así de abatido… con la otra puta estuvo mal pero al parecer con esta la cosa sí que lo había jodido. Acaricie su pelo y suspire – Ay amor… lo siento mucho – tenía que guardar la calma, tampoco le iba a poner la cabeza como un bombo ahora, lo que necesitaba era relajarse y no pensar en nada que no fuera yo y el divertirse – Te preguntaría que ha pasado, pero ¿sabes qué? – sonreí un poco – no hablemos del tema por ahora – acaricie de nuevo su pelo – Parece que mi misión en la vida es levantarte cuando estas mal – me mordí un poco el labio inferior – así que como es mi misión te prometo que hare que te olvides de todo y vuelvas a ser tu – me incline y le di un beso en la punta de la nariz – He vuelto para quedarme a tu lado, no estás solo… yo estoy contigo ¿Vale? – le susurre y como estoy loca y no pienso, presione mis labios contra los suyos y lo bese de forma lenta y suave – ahora más que nunca me alegra haber vuelto – susurre sobre sus labios antes de incorporarme y mirarlo con una sonrisa – Me iba a quedar en casa de mi hermano, pero visto lo visto… tu me necesitas, así que da la bienvenida a tu nueva compañera de piso – si me acababa de meter de ocupa en su casa y lo acababa de besar, pero así era yo y se iba a joder porque iba a tener Day hasta en la sopa.


Daisy O'Neil

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Mensaje por Ethan P. Langdon el Dom Abr 03, 2016 12:10 pm
¡la loca esta aquí!
RESIDENCIA LANGDON — 7 PM — DAISY O'NEIL

La presencia de Day, le alegraba y mucho. Tenía muy buenos recuerdos con ella, eran seis años de amistad, sin secretos y dónde la sinceridad era lo más importante. La había echado de menos y durante ese año que ella había estado fuera habían pasado miles de cosas. Se recostó de nuevo en sus piernas como minutos antes. — No lo sientas — negó mirándola a los ojos. — Supongo que ya lo veía venir — de hecho, hacía un par de semanas antes de que lo dejara en Los Hamptons que Mira había dejado de ser la misma de siempre y se había encerrado en su propia burbuja. Así que no era tan raro pensar que aquello no iba a acabar muy bien para ninguno de los dos.

Tampoco me apetece hablar del tema — no quería hablar de ello y mucho menos recordar la cara de gilipollas que se le quedó en cuanto le dijo que estaba enamorada de él y de Will y que lo dejaba. — Eso es lo que más me jode — dijo molesto. — Cada vez que me ves estoy hecho una mierda por una cosa o por otra y tienes que aguantarme con mis problemas — no quería que nadie lo viera en esas circunstancias, mucho menos Day, que a pesar de todo siempre había estado apoyándolo y había estado a su lado desde que la conoció en la cafetería. — No quiero estar así — la bipolaridad se había apoderado de él. Un día tenía ganas de olvidarse de todo y comerse el mundo y al otro, hecho una mierda y sin ganas ni de salir a la calle, como era el caso en esos momentos. — Empiezo a pensar que soy yo el problema — ya iban dos veces que lo dejaban de aquella manera, primero Melanie y ahora Mira. ¿Qué coño hacía mal? Asintió ante sus palabras pero la palabra solo retumbó en su mente, no podía evitar sentirse así. Se sentía más solo que nunca, las personas que más necesitaba en aquellos momentos para hablar y desahogarse no estaban. Su padre ya se sabía la situación y sus hermanos habían decidido que definitivamente, aquella ciudad que los había visto crecer, no era su lugar por lo que se habían marchado a saber dónde y no sabía si algún día iban a volver.

Un segundo después, notó que lo besaba pero él ni siquiera se resistió sino que le correspondió el beso, ya todo le daba igual aunque sabía y tenía muy claro que por aquel beso no iba a cambiar nada en su amistad. — No hace falta Day, voy a estar bien — negó ante su loca idea de quedarse a vivir con él. — No es que no quiera que te quedes, es que no necesito que nadie me cuide, se cuidarme solo — dijo y se incorporó de nuevo para mirarla. Daisy era cabezota a más no poder igual que él por lo que era tontería discutir por algo que era imposible. — Pero como sé que vas a hacer lo que te dé la gana, diga lo que diga… — se encogió de hombros. — Bienvenida patita — y por primera vez en esos días esbozó una sonrisa sincera para después abrir los brazos y abrazarla. — Gracias — susurró en su oído.
Ethan P. Langdon
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Manhattan

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Mensaje por Daisy O'Neil el Sáb Abr 09, 2016 9:33 am
¡La loca esta aquí!

Ethan Langdon Apartamento Langdon 19.00 PM 1 de marzo
Escucharlo hablar me mataba, sobre todo cuando el mismo me decía que se sentía el problema – Langdon no me obligues a patearte ese traserito tan perfecto que me tienes porque pienso hacerlo si vuelves a decir eso – lo amenace sin remordimientos, me reventaba ver que se sintiera de esa manera cuando él era el perfecto de la relación y las demás unas zorras – Y que no te joda, cielo – le sonreí con cariño – me gusta sentirme tu salvadora, me hace sentir única y especial – le guiñe un ojo y lo bese en los labios, beso que el correspondió pero supuse que lo hizo porque estaba en plan de me quiero morir y me importa todo un carajo. Sinceramente, yo también me pondría así… pero aunque fuera empatía con el no podía permitirme el lujo de dejarlo a su bola, tenía que sacarlo de esa depresión a la de ya.

Alce una ceja – Se que sabes cuidarte solito, no pretendo quedarme a ser tu madre – lo mire con media sonrisa – créeme quiero ser muchas cosas, pero tu madre o tu niñera no se encuentra entre ellas – le guiñe un ojo coqueta y me abrace a él cuando accedió porque no le quedaba más remedio que aceptarme en su casa – no las des, Donald, aun no – dije con diversión, llamándolo como el pato ronco de Disney – Por cierto, me alegra saber que ya no te pones en mi contra – sonreí con suficiencia – Creo que los años de amistad por fin te hicieron ver que soy demasiado cabezona como para intentar convencerme de no hacer algo cuando ya he tomado la decisión – bese su mejilla y me levante del sofá – bueno me alegra ver que te mudaste de aquel cuchitril y que las cosas te van tan jodidamente bien que te has podido agenciar este pisazo – lo mire de reojo - ¿Qué creías? ¿Qué me venía a vivir contigo solo porque estas bueno? No guapo, esto es mejor que el hotel o vivir con mi hermano – solté una carcajada, siempre era igual de chistosa con todo el mundo.

Di una vuelta rápida sobre mi misma para mirarlo todo bien – Ahora no te voy a pedir que me enseñes mi habitación – lo mire y puse mis brazos en jarra – ahora vas a vestirte, vas a ponerte uno de esos conjuntos de tío bueno que tanto me ponen y me vas a acompañar – ordene con una ceja alzada – y mas te vale que no te niegues, ni me discutas porque te desnudo, te ducho y te visto yo como si fueras mi muñeco – él sabía que era capaz de cumplir mi amenaza perfectamente – Vamos a ir a mi hotel a por mis pertenecías, vamos a traerlas y después amigo mío – sonreí triunfal por mi plan genial – nos vamos a ir de cerveceo por ahí para celebrar mi vuelta y celebrar que vamos a ser compañeros de piso – le tendí la mano – así que vamos, ¡Para arriba! – exclame con energía esperando que no decidiese ponérmelo difícil.
Daisy O'Neil

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Mensaje por Ethan P. Langdon el Lun Abr 11, 2016 10:32 am
¡la loca esta aquí!
RESIDENCIA LANGDON — 7 PM — DAISY O'NEIL

Se acomodó en el sofá cuando se separó de ella. ― Joder Day, como quieres que no lo piense. Ya van dos veces y las dos veces igual ― llamemoslo casualidad. Las dos personas con las que había mantenido una relación lo habían dejado de la misma forma. Suspiró y asintió pensando en los años de amistad que tenía con ella. ― Es lo que menos necesito ahora ― dijo negando. Ahora no necesitaba nadie que anduviera diciéndole lo que tenía que hacer ni machacándolo al recordarle el pasado. Sonrió cuando lo llamó Donald y en ese momento recordó el día en que se conocieron y como en el primer momento, nada más decirle su nombre, la llamó patita de la manera más espontánea. ― Te conozco lo suficiente como para saber que aunque te lo diga mil veces, no me vas a hacer caso ― asintió. Ella era así de cabezota y hiciera lo que hiciera no iba a cambiar de opinión. ― Hay una copia de la llave en el cajón del mueble del recibidor ― informó. Si se iba a mudar con el necesitaría una llave. ― No me puedo quejar. No me ha ido tan mal como ves ― dijo encogiéndose de hombros. El refugiarse en el deporte y entrenar como lo había hecho, había dado sus frutos y ahora podía decir que todo lo que tenía de lo había ganado por el mismo, con esfuerzo y constancia. ― ¿Ah no? ― preguntó alzando una ceja divertido.― Ya decía yo. Qué decepción ― dijo riendo.

Alzó las cejas cuando acabó de hablar. ― ¿Tengo opción? ― negó agarrándole la mano mientras se levantaba con lentitud del sofá. No tenía ganas de discutir por un imposible. Además necesitaba salir un rato después de todos aquellos días encerrado en casa. ― Vale, me voy a duchar y a cambiar. No tardo ― dijo caminando poco a poco hacia el baño. Estuvo un rato bajo la ducha para después salir y vestirse con algo decente. Cuando salió de la habitación se encontró con Day que lo estaba esperando. ― ¿Contenta la señorita? ― preguntó guardándose el móvil y la cartera en los bolsillos del pantalón. ― ¿Dónde dices que está el hotel? ―.
Ethan P. Langdon
Localización :
Manhattan

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Mensaje por Daisy O'Neil el Lun Abr 25, 2016 3:17 pm
¡La loca esta aquí!

Ethan Langdon Apartamento Langdon 19.00 PM 1 de marzo
Lo mire con una ceja alzada - ¿Enserio me estas preguntado eso? – dije y acabe sonriendo con cierta malicia – No, no tienes opción, así que mueve ese culito, Ethan – me agarro de la mano para levantarse pero lo hizo con tanta lentitud que me desespero – Vale, te espero aquí – dije mientras veía como iba a su habitación como si sus pies fueran plomo – O sea, Ethan… he visto tortugas más rápidas, por dios mueve el culo – dije pero como si escuchara llover. Suspire y negué, esta lo había jodido pero bien. Mientras esperaba a que saliera me deje caer en el sofá y mire al techo, esta iba a ser mi casa durante un tiempo pero no sabía si en realidad estaba preparada para afrontar de nuevo a un Ethan de bajona. Aun recordaba los bajones que le daban cuando nos conocimos, como la vez que llego borracho a mi piso y tras horas de escucharlo hablar de Melanie y el daño que le había hecho me acabo besando, nuestro primer beso que él ni siquiera recordaba. En fin, ¿Sería capaz de volverlo a sacar de esta mierda? Esperaba por el bien de él que sí.

Saque el móvil y me puse a cotillear, buscando alguna foto de la ex mujer de él para  verle la cara de zorra que tenia. La sorpresa fue que al encontrar una foro de ella me encontré que tenía cara de niña buena, de no haber roto un plato en su vida… esa eran las peores, las más putas, al menos Melanie tenía cara de lo que era… una zorrona de cuidado. Apague el móvil justo cuando apareció Ethan por el salón y no pude evitar sonreír – Este sí que es mi Ethan – me acerque a él y lo abrace por el cuello – Tan guapo y sexy como siempre – sonreí con cariño y suspire – Ahora hablando enserio – me puse algo seria y nostálgica – No sabes cuánto te he extrañado todo este tiempo – bese la punta de su nariz – no te haces una idea – me mordí el labio inferior y negué – me pongo tonta, lo siento – me separe de él con una sonrisa y lo cogí de la mano – El hotel esta en Brooklyn, cerca del estudio de la compañía – comente mientras tiraba de él y lo llevaba hasta la puerta, donde me pare y abrí el cajón para coger las llaves, la cuales alce y la menee frente a su cara – miaaaaas – canturreé frente a él. Una vez cogí todo, salimos de su casa y finalmente salimos a la calle – Cojamos tu moto o vayamos en metro… pero por favor taxis no… tuve un problema con el taxista que me trajo hasta aquí – le explique indignada – me hablo malamente así que me baje y me fui sin pagar por borde y capullo – me encogí de hombros - así que tú decides amor como nos vamos – finalice esperando a ver como decidia que nos iríamos.
Daisy O'Neil

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Mensaje por Ethan P. Langdon el Lun Mayo 09, 2016 12:29 pm
¡la loca esta aquí!
RESIDENCIA LANGDON — 7 PM — DAISY O'NEIL
Abrazó su cintura y asintió. ― Yo también te he echado de menos, patita ― sonrió y besó su cabello. Day le aportaba ese soplo de aire fresco que el jugador necesitaba de vez en cuando y ella se lo proporcionaba sin pedirle nada a cambio. Se dejó arrastrar segundos después por ella hasta la puerta y soltó una risa cuando le mostró las llaves delante de su cara. ― Todas tuyas, ya puedes entrar y salir cuando quieras ― asintió y salió detrás de ella. ― Mejor vamos en metro, en mi moto no creo que podamos traer tus maletas ― la miró y señaló dónde la tenía aparcada. La suave brisa de ese día le azotó en la cara y después de estar varios días encerrado en casa, se dio cuenta que necesitaba salir de esas cuatro paredes y despejarse. ― Creo que se que hotel es ― comenzó a caminar y rodeó sus hombros con un brazo. No sabía como había podido estar un año entero sin las locuras de Daisy y sus planes improvisados que lo hacían divertirse y olvidarse por un momento de todo. ― Qué te habrá pasado con el taxista... Aunque conociéndote, ya me espero cualquier cosa ― comentó alzando una ceja divertido. Últimamente apenas sonreía pero con ella, era un gesto que le salía solo, cómo si el dolor y el estar pasándolo mal se esfumaran por completo.

Siguieron caminando unas cuantas manzanas más, atravesando las calles de Manhattan hasta que llegaron a la boca de metro. ― Seguro que tienes algo más que contarme a parte de lo bien que te ha ido con la compañía de baile ― comentó mientras bajaban las escaleras del suburbano para coger el metro que los llevaría hasta Brooklyn. Cómo siempre estaba abarrotado de gente, por eso Ethan prefería ir a los sitios con su moto antes que ir en transporte público, no solo porqué podía sortear el tráfico como le diera la gana sino porque tanta gente acababa agobiandolo. ― ¿Cuantas maletas has traído? ― preguntó una vez entraron al metro.
Ethan P. Langdon
Localización :
Manhattan

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Mensaje por Daisy O'Neil el Dom Jun 05, 2016 1:19 pm
¡La loca esta aquí!

Ethan Langdon Apartamento Langdon 19.00 PM 1 de marzo
Asentí cuando dijo lo del metro y sonreí cuando me rodeo los hombros con su brazo, cosa que aproveche para rodear su cintura y pegarme a él. Lo mire frunciendo el ceño cuando me dijo lo del taxi - ¿Cómo que conociéndome? El muy gilipollas empezó a insultarme – dije mirándolo enfadada – Me dijo que la próxima vez me callara que era una cotorra insufrible solo porque estaba emocionada por verte – indignada estaba por cómo me había tratado el muy sin vergüenza – bastante tiene con que no le ponga una reclamación por como se ha comportado – sentencie aun alterada – y obviamente no le pague, que se lo pague su puta madre – acabe por decir antes de ver que el estaba sonriendo cosa que me hizo sonreír a mi – Mira por donde, me alegro de haberme encontrando a un gilipollas, así al menos veo esa sonrisa que me tiene loca – dije guiñándole un ojo divertida para acabar pellizcándole el culo.

Entre risas y tonterías llegamos a la parada de metro y bajamos, compramos lo billetes y nos pusimos a esperar que llegara. Lo mire y me encogí de hombros – A parte de lo que te he contado, me he pasado el año y pico que llevamos separados entre espectáculos, ensayos y viajes – comente divertida – poco he tenido para pasarlo bien, pero ha sido genial me he podido dedicar a lo que tanto amo – dije con una sonrisa – y si te refieres a amoríos, solo he tenido un rollo largo con Fabrizio… y por largo me refiero a tres semanas que estuve en Roma – me encogí de hombros – después muchos rollos de una noche, ya sabes no me gusta atarme a nadie, este trabajo no me lo permite – acabe por decir aunque en realidad no fuera del todo cierto, si no tenia novio era porque estaba esperándolo a él y solo a él.

Finalmente llegamos al hotel y subimos a la habitación para empezar a meter todas mis cosas en la maleta – Si, sigo siendo un desastre con la ropa – dije divertida mientras metía la ropa y los zapatos a presión en la maleta – Llevamos todo esto a casa y después nos vamos de cañas – sonreí mientras acababa de cerrar la ultima maleta – Y no, no me vas a decir que no – una vez cerrada y todas agrupadas acabe soltando un gemido de desesperación - ¡MIERDA! – Maldije sin ganas – Vamos a tener que coger un taxi para volver a casa – dije desanimada antes de abandonar la habitación para dirigirnos a la que sería mi nueva casa junto a él.
Daisy O'Neil

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