The New York City
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Salón de la fama
Nació en la ciudad de New York, con descendencia inglesa por parte de ambos padres quienes se dedicaban al narcotrafico. Sus padres se vieron obligados a dejar Londres gracias a que sus cabezas tenían precio; ambos pensaron que en New York estarían a salvo , consiguieron nuevas y viejas amistades, se hicieron un lugar entre las mafias de la ciudad, hasta que un día, nueve años después sus enemigos finalmente los encontraron. Irrumpieron en la residencia de los Ripper y armaron un baño de sangre del que nadie salio vivo, nadie a excepción de Derek quien se mantuvo escondido mientras la ayuda llegaba. Antes de que se armara todo el escándalo por el baño de sangre, los hombres de un viejo amigo de los Ripper llegaron al lugar, rescataron a Derek y lo llevaron a Corvinus, un viejo mafioso retirado que a partir de ese momento se hizo cargo de Derek. Lo educo con métodos poco usuales, educación solo en casa, torturas, castigos, golpes que fueron llenando poco a poco el cuerpo de Derek con todas las cicatrices que tiene hoy en día bajo los tatuajes de su piel. Siempre vio a Corvinus como su segundo padre, pensando en que todo lo que le hacía era por su bien, nunca tomo rencor contra él. En el tiempo de su estadía con Corvinus conoció a Dimitri, él que se convertiría en su mejor amigo casi hermano y con quien años después, a la edad de 19 años se marcharía para probar fortuna por su propia cuenta, sin la ayuda de Corvinus. Fueron años los que le costaron para escalar escalón por escalón para llegar a la cima. Hizo cosas inhumanas para lograr sus objetivos, paso por encima de quien hiciera falta para conseguirse el respeto de sus enemigos y de todo aquel que siquiera escuchara su nombre y 5 años más tarde se convirtió en uno de los narcotraficantes más conocidos en New York y más buscados por la policía.
Líder Mafioso
Derek W. Ripper
Nació en California gracias a un accidente de una noche, motivo por el cual en su infancia se vio reflejado el poco apego por parte de sus padres, sobretodo por el lado de su progenitor. En la misma época, se vio desplazado por la presencia de su hermano menor que pareció ser la solución a todos los problemas que la familia presentaba. De tal manera, se crió casi por su cuenta de forma inestable, llegando a crear conceptos bastante errados y desconcertantes acerca de la vida misma. A los dieciocho años, abandonó su hogar para entregarse a las calles, donde se dedicó a vender droga para costearse la carrera de arquitectura en la universidad. A pesar de haberse graduado, nunca llegó a ejercer, pues durante el trayecto descubrió la gran pasión que sentía por la mezcla y las bebidas. Empezó específicamente a los veintitrés como conserje en un bar de mala muerte, lugar en el que se dedicó a observar la manera en la que los que atendían la barra se desplazaban para luego copiar sus movimientos en sus horas libres. Fue avanzando así hasta adquirir experiencia en el asunto y acabar recorriendo medio país con el único fin de ganar reconocimiento, acabando por ser el favorito de uno o más empresarios exitosos. A la edad de treinta y cinco, decidió establecerse en New York donde su carrera alcanzó el apogeo al ser ascendido a gerente del bar en el que trabajaba, obteniendo así la preferencia de las grandes estrellas de la ciudad y además, al ganar el World Class que lo coronó como el mejor barman del mundo.
Bartender World Class
Boris Dixon
Ivy Rose nació la noche caótica del fin de milenio en un hospital del Bronx, en una sala llena de gente, junto a una anciana que moría y de la cual, por un error, tomó su nombre. Nació adicta y su madre la abandonó ahí mismo. A los seis meses salió de rehabilitación por heroína solamente para ser encerrada de nuevo en uno de los tantos MAC de la ciudad de New York. A los ocho años forma parte de un programa de integración al arte, decantándose por el ballet, mismo que practica hasta ahora y para el cual tiene bastante habilidad. A los doce es adoptada por una pareja de artistas de éxito que la hacen conocer el mundo exterior, lo caótico y hermoso que puede ser, lo brutal también pues, después de adaptarse y amarlos, se lo arrebatan todo de golpe. Su madre adoptiva se suicida dos años después y su marido la sigue un año después. Ahí comienza la caída libre para Ivy quien a los quince era alcohólica y comenzaba con otro tipo de drogas; convencida de que su paso por el mundo sería breve, Ivy Rose comenzó a dar pasos gigantescos, comienza a querer vivir y experimentar de todo hasta que se da cuenta que no puede, porque algo dentro de ella se apagó cuando se dio la primera línea de coca y llegó a un hogar vacío. Es en ese mismo año que conoce a su mejor amigo con el que tendrá una experiencia demasiado grave la cual la hace reconsiderar un poco su vida, anesteciada de emociones, entra en rehabilitación, se llena de trabajos, retoma la escuela y conoce a Felicia. De marzo a mayo trabaja como Bella Durmiente, un servicio de chicas para hombres acaudalados en donde conoce a Nando Morelli, el hombre que le torcería la vida de nuevo al iniciar una relación por demás ílicita. Recae en las drogas y desciende más hacia el abismo hasta tomar una escala, un coma a causa de una sobredosis. Nando desaparece de su vida y ella sigue cayendo. Son los Peyton quienes colocan una red de contención y la detienen adoptándola al conocer su historia, es con ellos con quienes conoce lo que es tener una familia y una vida digna. Morelli reaparece en su vida, limpio y amándola y es él la parte más rota de su vida por la cual entra más luz a su interior. Después de caer por fin en el abismo y darse cuenta que lo que había ahí abajo era ella misma en su total realidad, Ivy Rose decidió comenzar a subir, paso a paso, tomando la mano de los que la rodean y quieren verla bien, de los que la apoyan. Una oportunidad única en la vida llega gracias a alguien que ella desconoce y su rumbo toma otra dirección, lejos de la ciudad, tomando un lugar por el cual, siempre en su vida, tendrá que luchar con uñas y dientes por mantener. Ha fijado residencia en Covent Garden, Londres, viajando a New York cuando puede, aunque no sean muchas ocasiones porque tiene demasiadas cosas que hacer, Academia, colegio, pareja, mantener la popularidad que gracias a su personalidad y escándalos (su relación ilícita, aunque legal en Londres, ahora es pública) ha obtenido… Intentando salvarse de ella misma cada día, pero intentando sobrellevarlo todo con una enorme sonrisa y con el orgullo y la arrogancia que la caracteriza.
High School Queen
Ivy Rose Hathaway
Nacido en Queens, Nueva York de madre inmigrante. Lo poco que Lucas ha conocido de su verdadera madre es que era mexicana y que murió al darle a luz, muchos rumores sobre su madre biológica le han confirmado que probablemente su padre era un mafioso muy influyente, sin embargo esos rumores nunca fueron confirmados y después de todo eso fueron. Adoptado por una pareja que jamás tuvo la dicha de formar su propia familia, sin embargo al ver al pequeño bebé de inmediato comenzaron los trámites para adoptarlo y terminaron por ponerle Lucas Earle. Su padre un policía de Queens le enseñó cada una de las cosas que hoy en día aplica. Cuando aplicó a la academia, pronto destacó entre sus demás compañeros, sus jefes pronto notaron que aquel joven tenía una vocación que una profesión de ser policía, lo recomendaron para que fuera a la Interpol en Londres donde pasó un tiempo y de inmediato fue asignado a Nueva York como policía encubierto, pronto conoció a la que se convertiría en una de sus mejores amigas y madre de sus hijos. El tiempo con la Interpol término cuando la CIA comenzó a ofrecerle un puesto como agente, pero Lucas decidió rechazarlo. No fue que hace dos meses que estuvo como agente de la CIA y después de terminar un caso enorme de trata de personas con toda su red, sufrió un accidente que dañó parte de su cerebro, actualmente rige como Jefe de Fuerzas Tácticas, puesto que sus amigos y compañeros no dudaron en recomendarlo por su enorme esfuerzo y porque realmente es un policía de campo con ese toque de saber cómo piensa una mente criminal.
Jefe de Fuerzas Tácticas de la CIA
Lucas Earle
Nació una tarde de Agosto en Seattle. Hija del dueño de una fábrica de vidrios y una abogada fue la adoración. Segunda y última hija del complicado matrimonio Peyton, fue la bebe que se suponía salvaría el matrimonio pero no pudo ser, las disputas ganaron la batalla a la familia y terminaron divorciándose cuando Isabella no cumplía un año de nacida. Ambas niñas se fueron con su madre quien dejo su crianza en mano de sus abuelos por lo que ambas fueron enseñadas con los mismos principios con los que sus abuelos criaron a sus hijos. Isabella siempre hablaba y pedía tener acercamientos con su padre quien las visitaba pocas veces en Seattle, aun así en ella nació una afición por el vidrio que pronto le terminaría haciendo descubrir el arte en él. A medida que fueron creciendo Lucy se alejaba más de Isabella quien siempre quedaba detrás gracias a su edad, para cuando Lucy cumplió dieciocho años ya no estaba presente en la vida de su hermana menor quien con trece años quedo a la merced de los juegos de sus primos menores. A pesar de que el malestar por la actitud de Lucy la afligía su adolescencia no estuvo llena de únicamente momentos tristes, sus primos le enseñaron a adorar aquellas costumbres de la ciudad que finalmente despertaron su interés, los próximos años los paso entre juegos de fútbol americano, reuniones con sus amigos de escuela y el estudio del vidrio y los grandes murales que llenaban de colores las iglesias y daban al sol una bienvenida feliz todo los días. Su padre comenzó a mostrar más interés por acercarse cuando Isabella tenía 15 años, la joven no puso contras al interés de su padre, ella quería estar presente en la fabricación del vidrio desde cerca, quería convertirse en una artista que pudiese moldear figuras fantásticas y brillantes, por ese motivo acepto que su padre la llevara de paseo a Nueva York de vez en cuando donde paso muchas horas en su fábrica, aprendió a calentar vidrio y darle formas, a tallarlo y pintarlo, su padre dio riendas sueltas y fueron los años más maravillosos de su vida. Entre aviones y viajes llego a la universidad de Boston donde estudio Artes modernas. Con 23 años tenía una carrera prometedora, por lo que se mudó a Nueva York donde con ayuda de su padre comenzaría a dibujar el nuevo destino como artista dejando a un lado cualquier sentimiento que le hiciera sentir culpable de nuevo. En La ciudad del pecado conoció a su mejor amigo quien más adelante se convertiría en el padre de sus dos hijas. Después de haber tenido en mente una colección formada por cuadros cuya pintura se vería mezclada con pedazos de vidrios de colores, se atrevió a realizarla y enviarla a Italia para que fuese publicada en una galería en crecimiento que celebró una gala para críticos exigentes. Sus cuadros fueron un éxito total. Uno de ellos se comenzó a exhibir en una famosa galería donde solo los grandes artistas exponen sus obras. Después de ese día Isabella fue reconocida por periódicos locales Como una gran artista en el arte del vidrio y se hizo famosa a nivel mundial. Sus cuadros ahora son valorados por grandes cantidades de dinero y tiene muchos pedidos de clientes exigentes y conocedores.
Artista Vidriera
Isabella Peyton
Un 18 de Octubre de 1990 nacería una rubia dispuesta a comerse el mundo. Elisabeth Angelica Maier se trataba de la hija de Michael Maier y Arabella Leisser. Ambos que se conocieron en Harvard, su padre dejó el mundo militar para acabar derecho allí mientras que su madre, proveniente además de Ámsterdam, intentaba sacar adelante la carrera de empresariales pagándose los estudios trabajando como camarera en el propio recinto universitario. Hay personas que no creen en el amo a primera vista, pero lo que ellos tuvieron fue prácticamente un flechazo. A los 25 se casarían y enseguida tendrían a su encantadora hija. Elisabeth era especial, su abuelo paterno lo sabía ya que tenía un magnetismo completamente distinto al de sus demás nietos. Criada en el propio territorio paterno, no era raro que la muchacha empezase a alimentarse del ambiente jurídico, a fin de cuentas los Maier eran famosos por eso. A medida que los años pasaban ella seguía interesándose por ese mundo, y además intentaba paliar cualquier grado de controversia experimentado en su círculo familiar. Sus padres no dejaban de pelearse, vivía un puro drama aquella rubia aniñada. A los 10, se divorciarían. Entre la poca comunicación que existía entre sus padres, y que a ella le mandaban de un lugar a otro para tenerla lejos de ese conflicto... Ella acababa hartándose. A Elisabeth le gustaba estar con sus primos y sus abuelos, pero evitaba en cualquier situación encontrarse con los otros dos. Los años no tardaron en pasar y a pesar de que en su vida emocional hubiese pasado un bache como el de Jakob Hoffman, sintió la necesidad de cortar raíces e ir a la misma Universidad que la de toda la familia Maier, a estudiar lo que le gustaba; El Derecho. Tenía pensado acabar aquella carrera y una vez así entrar en el bufete de su abuelo, no tardó demasiado en acabar y así hacerlo. Empezó a hacerse un nombre en el propio bufete, subiendo escalafón y a raíz de pelearse con unos y con otros llegó a dónde quería. Deseaba poder ser una digna sucesora de su abuelo y así hacerse con la empresa. Tenía todo en mente, pero por su vida se cruzaron un par de ''obstáculos'' que no podía dejar de lado. Se casó con el que creía ser el hombre de su vida, creyó estar embarazada de él y justo después de descubrir todas las mentiras que le había estado diciendo, se divorció y se encontró con que no era el padre de sus actuales retoñas. Al parecer este bombo sorpresa vino de regalo por un encuentro que tuvo con el que ha considerado -y sigue considerando- su mejor amigo, y actual pareja, Boris Dixon. Su vida sentimental parecía mejorar, y hasta la de sus padres que volvían a las andadas con encuentros sexuales muy de la época de los setenta. Pero su vida no se vio completa hasta que por fin, el mismo día de sus veintiséis cumpleaños su abuelo y su padre le regalasen la meta que siempre había ansiado; Ser la dueña del bufete. Madre de gemelas, dueña de cuatro perros, novia de lo más encantadora y ahora, jefa de su propio mundo. ¿Se podría pedir algo más?.
New York's Drama Queen
Elisabeth A. Maier
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Ξ El +18 está permitido on-rol, se debe indicar en el post.

Ξ Recuerda que saludar a los demás en la CB es parte de una convivencia más agradable y llevadera.

Ξ Avatar: 220x400 / Firma: 500x250

Ξ La multicuenta está permitida, pero si el primer PJ es femenino, el segundo debe ser masculino, sin excepciones; lee el reglamento completo para mayor información.

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Mensaje por Daisy O'Neil el Vie 01 Abr 2016, 19:58
Hola, soy la loca acosadora

Ethan y Darwin Apartamento Ethan 20.15 PM 10 de marzo
Ya llevaba una semana viviendo en casa de Ethan y la verdad es que me daba una pena horrible, más de una noche lo había pillado de madrugada mirando a la tele sin verla en realidad y eso me partía el alma. Por más que lo sacara, que lo hiciera hacer mis locuras, cuando se encerraba en casa decaía de una forma que más de una vez me había hecho llorar por verlo tan mal, al parecer la tal Mira esa le había calado fondo y eso me mataba de celos porque yo, que lo amaba con toda mi alma, no le podía dar lo que el tanto ansiaba. ¿Y porque? Porque era incapaz de lanzarme de una vez por todas a por él. Pero ya me había cansado y bueno, el estaba libre así que como me había dicho cuando llegue, esta vez seria mío. Ya había perdido demasiado el tiempo con la tontería de tener miedo a no ser lo suficientemente buena para él. Joder a mi edad ya era la bailarina principal de mi compañía de Ballet y tenía un brillante futuro por delante, era más madura… bueno no tanto, pero si lo suficiente para darle a Ethan lo que necesitaba, una mujer fuerte y decidida que se las jugara todas por él, y esa iba a ser yo.

Con esa decisión tomada me metí en la ducha, mientras me enjabonaba no pude evitar que la imagen de Ethan completamente deprimido delante de la televisión me volviese a asaltar, suspire y negué con la cabeza para quitármela. Era la última vez que lo iba dejar así, ya era hora de que levantase cabeza, quisiera o no quisiera, eso o de la hostia que le daba le quitaba toda la tontería. No podía seguir en ese estado o si que acabaría cayendo en tal depresión que ni si quiera yo con mis locuras lo iba a lograr sacar, así que o se le quitaba o se le quitaba, no había más opción y menos estando yo a su lado. Me duche con tranquilidad y sali de la ducha con ánimos renovados, iba hacer a Ethan feliz. Me seque el pelo y me lo recogí en una coleta y me puse la ropa interior, pero andaba algo acalorada por la ducha con agua caliente, así que cogí mis cosas y sali del baños así, solo con el sujetador y el tanguita. Estaba acostumbrada, en el teatro mientras nos cambiamos nos llegábamos a ver hasta denudos así qué que me viera Ethan no me suponía ningún problema, sobre todo porque ya me había visto infinidad de veces. Me acerque al salón - Ethan ¿Qué tal si…? – me quede callada en el instante en que vi que no estaba solo, sino que otro hombre lo acompañaba – Ups… lo siento, creí que estábamos solos – dije divertida – Hola, soy Day – dije saludándolo como si nada, o más bien como si yo estuviera completamente vestida y no en ropa interior y además minúscula, no tenía remedio.
Daisy O'Neil

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Mensaje por Darwin F. Woodman el Mar 05 Abr 2016, 04:40
Desde que Darwin se había enterado de lo que habí apasado con Ethan y Mira siempre que tenía un hueco disponible intentaba pasarse por su casa o quedar en algún lado para intentar animarle ya que había sido un golpe muy duro. Y lo más fuerte de todo es que aquel día en la galería ya empezaba a olerse algo. Estaba furioso con la rubia ya que Ethan era su mejor amigo y no soportaba que estuviera pasando por esa mala racha y menos por culpa de Mira. Hoy habían quedado en su apartamento ya que quería salir a que le diera el aire y a distraerlo  un poco, se lo merecía, además para eso estaban los amigos ¿no?.

Vestía como siempre fiel a su estilo. Se preparó bien antes de salir de casa y una vez fuera del edificio comenzó a caminar hasta la casa de Ethan. Lo primero que hizo nada más salir a la calle fue encenderse un cigarro ya que estaba algo alterado con la situación y eso le ayudaba a mantenerse relajado, sí era un vicio malísimo, pero no podía evitarlo y menos en situaciones como esas. No tardó demasiado en llegar, quizás unos quince minutos caminando a un paso normal.

al llegar llamó al timbre y entró al edificio. Subió rápidamente y cuando le abrió la puerta le recibió con un fuerte abrazo: Muy buenas Ethan- confesó mientras se separaba y entraba en la casa. No quería hacer mucho hincapié en lo ocurrido ya que lo último que querría Ethan sería revivir todo el rato el momento, pero últimamente estaba preocupado por él y quizás demasiado protector: ¿Listo para salir? - confesó mientras se giraba sobre sus talones y le miraba. Fue entonces cuando escuchó una voz femenina detrás suyo y sugirió comprobando que se trataba de una chica y que andaba en ropa interior por la casa. Sabía que se había mudado una amiga de su amigo a vivir con él, lo que consideraba que estaba bastante bien pero no se imaginó a esa hermosura de mujer: No te preocupes, acabo de llegar, yo soy Darwin - confesó saludándola.
Darwin F. Woodman

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Mensaje por Ethan P. Langdon el Miér 06 Abr 2016, 18:30
Últimamente las ganas de hacer cosas se habían esfumado, de ser por él ni siquiera saldría ni al portal pero Day era bastante insistente y hasta que no conseguía sacarlo aunque fuese para darle un paseo a Rex no paraba. Aun así, hacia unos días se había armado de valor y había borrado todas las fotos que tenía junto a ella en el móvil e incluso, tiró a la basura el anillo con el que se había casado. Necesitaba olvidarse de ella y por algo tenía que empezar. Iba a ser difícil olvidarla porque lo que sentía por Mira y todo lo que había pasado entre ellos, todavía estaba muy reciente. Sacudió la cabeza y se relajó bajó el chorro de agua caliente de la ducha. Había quedado con Darwin para salir.

Una vez listo se vistió y se dirigió al salón a esperarlo hasta que el sonido del timbre le indicó que su amigo ya había llegado. — Buenas Win — saludó y le correspondió el abrazo. Desde que se enteró de lo suyo con Mira hacia todo lo posible para sacarlo de casa y distraerlo, algo que Day también hacia desde que se había instalado a vivir con él. Era consciente que ambos a su manera, intentaban que dejara de pensar y despejara su mente de la rubia, algo que conseguía nada más salir por la puerta pero en cuanto volvía a entrar en casa, su mente no dejaba de darle vueltas al asunto y se pasaba las horas muertas durante la noche con la televisión encendida y sin poder dormir. Aunque también sabía que no podía seguir en aquel estado y ya no solo por el mismo sino por a los que verdaderamente les importaba. — Listo — asintió con una leve sonrisa hasta que la voz de Day llenó el salón. Cuando vio que iba solo en ropa interior no pudo más que llevarse las manos al rostro y negar a su vez. Definitivamente esta chica no tenía remedio. — Me ahorro las presentaciones — dijo encogiéndose de hombros. — Day, vamos a salir — informó mirando a su amigo y por primera vez desde que pasó lo de Mira, era él quien decía aquello y no los demás. — Te podrías vestir… — dijo alzando una ceja diciéndole con la mirada que no estaban solos. — ¿Quieres venir con nosotros? — preguntó mirando a la castaña para después dirigirse a Darwin. — ¿No te importa, no? —.

Ethan P. Langdon
Localización :
Manhattan

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Mensaje por Daisy O'Neil el Sáb 09 Abr 2016, 12:24
Hola, soy la loca acosadora

Ethan y Darwin Apartamento Ethan 20.15 PM 10 de marzo
Mire a ambos caballeros sin cortarme un poco si quiera, estaba acostumbrada por mi trabajo a que me vieran desnuda y la verdad para Ethan no era ningún secreto mi cuerpo, es más el sabía muy bien que por su casa siempre iba de esta guisa así que no sabía a qué venía esa alarma en su rostro – Ya quita esa cara de haber chupado un limón, Ethan – dije alzando una ceja y negando – ya tenéis mas que visto el cuerpo de una mujer – me centre en el amigo de Ethan y le sonreí – Encantada Darwin,  es un placer conocerte al fin – estreche su mano – Ethan me ha hablado de ti, lo que no me menciono es que eras tan guapo – le guiñe un ojo con diversión – y eso me lleva a preguntaros… ¿A dónde vais tan guapos? – la respuesta me la dio Ethan y enseguida le respondí – Si no os importa, me encantaría acompañaros – dije con una sonrisa – Es más, venia al salón a proponerte que saliéramos un rato, nene – bese la mejilla de Ethan – dadme 10 minutos – me di la vuelta y comencé a ir hacia mi habitación – no me miréis el culo – solté una carcajada y desaparecí de la vista de ellos.

Una vez en mi cuarto me apresure en vestirme y arreglarme. Ambos iban trajeados y demasiado guapos, fijo y sería la envidia de todas las féminas esta noche. Enseguida descarte los vaqueros, debía estar a la altura de ambos, así que saque mi conjunto de falda y camiseta negra y lo convine con una chaqueta colorida y unos tacones. Formal y sexy, aunque yo era más lo segundo que lo primero, pero en fin debía ir en consonancia a los dos buenorros. Me maquille y me ondule un poco el pelo, el cual deje suelto y libre. Una vez lista salí de la habitación y me dirigí hacia el salón. Les sonreí cuando aparecí de nuevo – Contento, amor – dije mirando a Ethan con una ceja alzada – ya me vestí – le guiñe un ojo y gire sobre mi misma para que viera que iba algo mas tapada que antes – Pues cuando ustedes digáis, yo ya estoy completamente lista para irnos – comente mientras metía en mi bolso mi móvil y mi cartera. Me acerque a ellos – gracias por dejarme ir con vosotros – les sonreí y enrede mi brazo con el de Ethan - ¿Vamos? – pregunte esperando a que se movieran para irnos.

Daisy O'Neil

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Mensaje por Darwin F. Woodman el Lun 11 Abr 2016, 05:13
Ya estaba prácticamente listos cuando Daisy apareció en el salón. Darwin no se iba a quejar, desde luego que no ya que era un placer para su vista contemplar a la mujer, aunque tampoco abusaría de su mirada. No pudo más que reír cuando le dijo lo de la cara de limón a Ethan pero lo disimuló girando la cabeza hacia un lado: Gracias, tu también eres muy atractiva- confesó saludándola cuando le dijo que su amigo le había hablado de él: Ethan me ha hablado de tí, pero se ha dejado algunas partes sin contar- bromeó mirando a su amigo alzando las cejas. Darwin tenía que reconocer que en un primer momento le extrañó que tan rápidamente decidiera aceptar a alguien para vivir en su casa, pero parecía que todos los hilos se acababan atando solos: si si, me parece perfecto que te unas a nosotros, la compañía femenina nunca está de más - confesó cuando le preguntó su amigo si le importaba, ya que cuantos más mejor ese era su dicho.

Por algún motivo hizo caso a las palabras de Daisy y no le miró el culo, más bien se giró sobre sus talones para hablar con su amigo en esos diez minutos: ¿Así que esta es la chica de la que me habías mencionado? - preguntó sin poder evitar sonreír pícaramente. Le gustaba que pasase página con lo de Mira, pero a la vez tenía miedo de que fuera demasiado rápido y no la hubiera superado aún, aunque quería estar equivocado ene so ya que lo único que quería es ver a su amigo mejor: Que callado te tenías algunas cosas. ¿Y siempre va así por la casa? - preguntó más por curiosidad propia que por nada más.

Estás muy guapa- dijo sin poder evitarlo mientras miraba a Ethan para comprobar su reacción ante la fémina: Yo estoy listo así que vamos - confesó mientras hacía un gesto para que pasasen delante suyo. Era curioso ver como entre ellos había tanta confianza, cuando tuviera más tiempo a solas intentaría saber más cosas pero ahora lo principal era distraer a Ethan.

Darwin F. Woodman

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Mensaje por Ethan P. Langdon el Mar 12 Abr 2016, 13:20
Que graciosa llegaba a ser Day en algunas ocasiones. No le molestaba que fuese de aquella manera por casa, ahora también era suya pero que Darwin estuviese delante le había molestado un poco, la verdad. Pero no sabía por qué, solo eran amigos. Dejó que acabaran de presentarse hasta que los abandonó dejándolos solos en el salón mientras ella iba a preparase.

Asintió ante su pregunta. — La misma — dijo mirando a su amigo. — Nos conocemos desde hace unos cuantos años — explicó con una sonrisa. — Tampoco hay mucho que contar de ella, es tal como la ves — Day era tal cual, sin ningún tipo de vergüenza ante quién estuviera y sin ningún filtro a la hora de hablar. — Ya lo estás viendo — dijo refiriéndose al momento en que había irrumpido en el salón sin ningún tipo de pudor al estar en ropa interior. — Le molesta la ropa — respondió riendo a la vez que asentía respondiéndole a la pregunta. — La mayoría de días va así, ya me he acostumbrado — aunque tampoco le quedaba otra y como bien decía el dicho: la confianza da asco. Bien era cierto que apenas le había hablado mucho de ella, lo suficiente, que eran amigos y que se había mudado hacía una semana a vivir con él. — Y… a todo esto… ¿Tú que tal? — preguntó mientras esperaban a la castaña.

Mucho mejor — comentó asintiendo mirándola de arriba abajo. Estaba preciosa como siempre. — Siempre que quieras, Day — dijo mientras se encaminaba con ella cogida del brazo hacia la salida delante de Darwin. — ¿Dónde queréis ir? O mejor dicho, ¿Dónde vais a llevarme esta vez? — preguntó mirándolos a ambos. Eran ellos los que últimamente tenían algún plan genial para sacarlo de casa y distraerlo de aquel estado en el que estaba inmerso últimamente.  
Ethan P. Langdon
Localización :
Manhattan

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Mensaje por Daisy O'Neil el Miér 27 Abr 2016, 11:11
Hola, soy la loca acosadora

Ethan y Darwin Apartamento Ethan 20.15 PM 10 de marzo
Agarrada del brazo de Ethan, mire a los dos hombres y le sonreí a Darwin – Gracias majo, tu también lo estas – le guiñe un ojo algo coqueta y después mire a Ethan – Eres un soso, deberías agradecer que tengas estas buenas vistas día sí y día también – comente con una ceja alzada – Es un carca, solo sabe quejarse – dije mirando a Darwin para después reírme – pero es un carca guapísimo – le di un beso sonoro en la mejilla a Ethan y los hice moverse hasta salir del apartamento, les diría de ir a cenar a alguna parte y si la noche acompañaba ir a algún pub después para tomar unas copas y reírnos un rato, que era lo que necesitaba Ethan en estos momentos, pasar un buen rato entre personas que realmente lo querían.

Una vez en el ascensor, no solté el brazo de Ethan si no que baje la mano por este y acabe entrelazando mis dedos con los de él. Era una costumbre que había adquirido desde que lo conocí, si iba con él a algún sitio siempre lo cogía de la mano y no iba a dejar de hacerlo en estos momentos – Me ha dicho Ethan que eres loquero – dije con una sonrisa - ¿Nunca te has propuesto psicoanalizar al demente este? – pregunte mientras miraba divertida a Ethan – fijo que si lo haces te quedas medio loco – solté una risita y le plante un sonoro beso en la mejilla a Ethan – no te molestes, sabes que adoro picarte – y era la verdad, adoraba picarlo de esa forma igual que lo adoraba a él por completo – y si ya me analizaras a mi… puff acabarías en el psiquiátrico preguntándote porque lo hiciste – esta vez solté una carcajada – dejando ese tema de lado, ¿Qué era lo que ibais a hacer? – si lo que ellos tenían planeado era mejor que lo que yo pensaba no diría nada – Y Darwin, siento si te parezco una loca que no se calla ni bajo agua, pero… - me encogí de hombros – soy así de siempre, que te lo diga mi viejito – sonreí a mi hombre – así que lo siento de antemano por el horrible dolor de cabeza con el que seguro acabaras esta noche – las puertas del ascensor se abrieron y salimos al vestíbulo – Bueno, os sigo caballeros – dije antes de despedirme con un gesto de la mano del portero.
Daisy O'Neil

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