The New York City
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Salón de la fama
Nació en la ciudad de New York, con descendencia inglesa por parte de ambos padres quienes se dedicaban al narcotrafico. Sus padres se vieron obligados a dejar Londres gracias a que sus cabezas tenían precio; ambos pensaron que en New York estarían a salvo , consiguieron nuevas y viejas amistades, se hicieron un lugar entre las mafias de la ciudad, hasta que un día, nueve años después sus enemigos finalmente los encontraron. Irrumpieron en la residencia de los Ripper y armaron un baño de sangre del que nadie salio vivo, nadie a excepción de Derek quien se mantuvo escondido mientras la ayuda llegaba. Antes de que se armara todo el escándalo por el baño de sangre, los hombres de un viejo amigo de los Ripper llegaron al lugar, rescataron a Derek y lo llevaron a Corvinus, un viejo mafioso retirado que a partir de ese momento se hizo cargo de Derek. Lo educo con métodos poco usuales, educación solo en casa, torturas, castigos, golpes que fueron llenando poco a poco el cuerpo de Derek con todas las cicatrices que tiene hoy en día bajo los tatuajes de su piel. Siempre vio a Corvinus como su segundo padre, pensando en que todo lo que le hacía era por su bien, nunca tomo rencor contra él. En el tiempo de su estadía con Corvinus conoció a Dimitri, él que se convertiría en su mejor amigo casi hermano y con quien años después, a la edad de 19 años se marcharía para probar fortuna por su propia cuenta, sin la ayuda de Corvinus. Fueron años los que le costaron para escalar escalón por escalón para llegar a la cima. Hizo cosas inhumanas para lograr sus objetivos, paso por encima de quien hiciera falta para conseguirse el respeto de sus enemigos y de todo aquel que siquiera escuchara su nombre y 5 años más tarde se convirtió en uno de los narcotraficantes más conocidos en New York y más buscados por la policía.
Líder Mafioso
Derek W. Ripper
Nació en California gracias a un accidente de una noche, motivo por el cual en su infancia se vio reflejado el poco apego por parte de sus padres, sobretodo por el lado de su progenitor. En la misma época, se vio desplazado por la presencia de su hermano menor que pareció ser la solución a todos los problemas que la familia presentaba. De tal manera, se crió casi por su cuenta de forma inestable, llegando a crear conceptos bastante errados y desconcertantes acerca de la vida misma. A los dieciocho años, abandonó su hogar para entregarse a las calles, donde se dedicó a vender droga para costearse la carrera de arquitectura en la universidad. A pesar de haberse graduado, nunca llegó a ejercer, pues durante el trayecto descubrió la gran pasión que sentía por la mezcla y las bebidas. Empezó específicamente a los veintitrés como conserje en un bar de mala muerte, lugar en el que se dedicó a observar la manera en la que los que atendían la barra se desplazaban para luego copiar sus movimientos en sus horas libres. Fue avanzando así hasta adquirir experiencia en el asunto y acabar recorriendo medio país con el único fin de ganar reconocimiento, acabando por ser el favorito de uno o más empresarios exitosos. A la edad de treinta y cinco, decidió establecerse en New York donde su carrera alcanzó el apogeo al ser ascendido a gerente del bar en el que trabajaba, obteniendo así la preferencia de las grandes estrellas de la ciudad y además, al ganar el World Class que lo coronó como el mejor barman del mundo.
Bartender World Class
Boris Dixon
Ivy Rose nació la noche caótica del fin de milenio en un hospital del Bronx, en una sala llena de gente, junto a una anciana que moría y de la cual, por un error, tomó su nombre. Nació adicta y su madre la abandonó ahí mismo. A los seis meses salió de rehabilitación por heroína solamente para ser encerrada de nuevo en uno de los tantos MAC de la ciudad de New York. A los ocho años forma parte de un programa de integración al arte, decantándose por el ballet, mismo que practica hasta ahora y para el cual tiene bastante habilidad. A los doce es adoptada por una pareja de artistas de éxito que la hacen conocer el mundo exterior, lo caótico y hermoso que puede ser, lo brutal también pues, después de adaptarse y amarlos, se lo arrebatan todo de golpe. Su madre adoptiva se suicida dos años después y su marido la sigue un año después. Ahí comienza la caída libre para Ivy quien a los quince era alcohólica y comenzaba con otro tipo de drogas; convencida de que su paso por el mundo sería breve, Ivy Rose comenzó a dar pasos gigantescos, comienza a querer vivir y experimentar de todo hasta que se da cuenta que no puede, porque algo dentro de ella se apagó cuando se dio la primera línea de coca y llegó a un hogar vacío. Es en ese mismo año que conoce a su mejor amigo con el que tendrá una experiencia demasiado grave la cual la hace reconsiderar un poco su vida, anesteciada de emociones, entra en rehabilitación, se llena de trabajos, retoma la escuela y conoce a Felicia. De marzo a mayo trabaja como Bella Durmiente, un servicio de chicas para hombres acaudalados en donde conoce a Nando Morelli, el hombre que le torcería la vida de nuevo al iniciar una relación por demás ílicita. Recae en las drogas y desciende más hacia el abismo hasta tomar una escala, un coma a causa de una sobredosis. Nando desaparece de su vida y ella sigue cayendo. Son los Peyton quienes colocan una red de contención y la detienen adoptándola al conocer su historia, es con ellos con quienes conoce lo que es tener una familia y una vida digna. Morelli reaparece en su vida, limpio y amándola y es él la parte más rota de su vida por la cual entra más luz a su interior. Después de caer por fin en el abismo y darse cuenta que lo que había ahí abajo era ella misma en su total realidad, Ivy Rose decidió comenzar a subir, paso a paso, tomando la mano de los que la rodean y quieren verla bien, de los que la apoyan. Una oportunidad única en la vida llega gracias a alguien que ella desconoce y su rumbo toma otra dirección, lejos de la ciudad, tomando un lugar por el cual, siempre en su vida, tendrá que luchar con uñas y dientes por mantener. Ha fijado residencia en Covent Garden, Londres, viajando a New York cuando puede, aunque no sean muchas ocasiones porque tiene demasiadas cosas que hacer, Academia, colegio, pareja, mantener la popularidad que gracias a su personalidad y escándalos (su relación ilícita, aunque legal en Londres, ahora es pública) ha obtenido… Intentando salvarse de ella misma cada día, pero intentando sobrellevarlo todo con una enorme sonrisa y con el orgullo y la arrogancia que la caracteriza.
High School Queen
Ivy Rose Hathaway
Nacido en Queens, Nueva York de madre inmigrante. Lo poco que Lucas ha conocido de su verdadera madre es que era mexicana y que murió al darle a luz, muchos rumores sobre su madre biológica le han confirmado que probablemente su padre era un mafioso muy influyente, sin embargo esos rumores nunca fueron confirmados y después de todo eso fueron. Adoptado por una pareja que jamás tuvo la dicha de formar su propia familia, sin embargo al ver al pequeño bebé de inmediato comenzaron los trámites para adoptarlo y terminaron por ponerle Lucas Earle. Su padre un policía de Queens le enseñó cada una de las cosas que hoy en día aplica. Cuando aplicó a la academia, pronto destacó entre sus demás compañeros, sus jefes pronto notaron que aquel joven tenía una vocación que una profesión de ser policía, lo recomendaron para que fuera a la Interpol en Londres donde pasó un tiempo y de inmediato fue asignado a Nueva York como policía encubierto, pronto conoció a la que se convertiría en una de sus mejores amigas y madre de sus hijos. El tiempo con la Interpol término cuando la CIA comenzó a ofrecerle un puesto como agente, pero Lucas decidió rechazarlo. No fue que hace dos meses que estuvo como agente de la CIA y después de terminar un caso enorme de trata de personas con toda su red, sufrió un accidente que dañó parte de su cerebro, actualmente rige como Jefe de Fuerzas Tácticas, puesto que sus amigos y compañeros no dudaron en recomendarlo por su enorme esfuerzo y porque realmente es un policía de campo con ese toque de saber cómo piensa una mente criminal.
Jefe de Fuerzas Tácticas de la CIA
Lucas Earle
Nació una tarde de Agosto en Seattle. Hija del dueño de una fábrica de vidrios y una abogada fue la adoración. Segunda y última hija del complicado matrimonio Peyton, fue la bebe que se suponía salvaría el matrimonio pero no pudo ser, las disputas ganaron la batalla a la familia y terminaron divorciándose cuando Isabella no cumplía un año de nacida. Ambas niñas se fueron con su madre quien dejo su crianza en mano de sus abuelos por lo que ambas fueron enseñadas con los mismos principios con los que sus abuelos criaron a sus hijos. Isabella siempre hablaba y pedía tener acercamientos con su padre quien las visitaba pocas veces en Seattle, aun así en ella nació una afición por el vidrio que pronto le terminaría haciendo descubrir el arte en él. A medida que fueron creciendo Lucy se alejaba más de Isabella quien siempre quedaba detrás gracias a su edad, para cuando Lucy cumplió dieciocho años ya no estaba presente en la vida de su hermana menor quien con trece años quedo a la merced de los juegos de sus primos menores. A pesar de que el malestar por la actitud de Lucy la afligía su adolescencia no estuvo llena de únicamente momentos tristes, sus primos le enseñaron a adorar aquellas costumbres de la ciudad que finalmente despertaron su interés, los próximos años los paso entre juegos de fútbol americano, reuniones con sus amigos de escuela y el estudio del vidrio y los grandes murales que llenaban de colores las iglesias y daban al sol una bienvenida feliz todo los días. Su padre comenzó a mostrar más interés por acercarse cuando Isabella tenía 15 años, la joven no puso contras al interés de su padre, ella quería estar presente en la fabricación del vidrio desde cerca, quería convertirse en una artista que pudiese moldear figuras fantásticas y brillantes, por ese motivo acepto que su padre la llevara de paseo a Nueva York de vez en cuando donde paso muchas horas en su fábrica, aprendió a calentar vidrio y darle formas, a tallarlo y pintarlo, su padre dio riendas sueltas y fueron los años más maravillosos de su vida. Entre aviones y viajes llego a la universidad de Boston donde estudio Artes modernas. Con 23 años tenía una carrera prometedora, por lo que se mudó a Nueva York donde con ayuda de su padre comenzaría a dibujar el nuevo destino como artista dejando a un lado cualquier sentimiento que le hiciera sentir culpable de nuevo. En La ciudad del pecado conoció a su mejor amigo quien más adelante se convertiría en el padre de sus dos hijas. Después de haber tenido en mente una colección formada por cuadros cuya pintura se vería mezclada con pedazos de vidrios de colores, se atrevió a realizarla y enviarla a Italia para que fuese publicada en una galería en crecimiento que celebró una gala para críticos exigentes. Sus cuadros fueron un éxito total. Uno de ellos se comenzó a exhibir en una famosa galería donde solo los grandes artistas exponen sus obras. Después de ese día Isabella fue reconocida por periódicos locales Como una gran artista en el arte del vidrio y se hizo famosa a nivel mundial. Sus cuadros ahora son valorados por grandes cantidades de dinero y tiene muchos pedidos de clientes exigentes y conocedores.
Artista Vidriera
Isabella Peyton
Un 18 de Octubre de 1990 nacería una rubia dispuesta a comerse el mundo. Elisabeth Angelica Maier se trataba de la hija de Michael Maier y Arabella Leisser. Ambos que se conocieron en Harvard, su padre dejó el mundo militar para acabar derecho allí mientras que su madre, proveniente además de Ámsterdam, intentaba sacar adelante la carrera de empresariales pagándose los estudios trabajando como camarera en el propio recinto universitario. Hay personas que no creen en el amo a primera vista, pero lo que ellos tuvieron fue prácticamente un flechazo. A los 25 se casarían y enseguida tendrían a su encantadora hija. Elisabeth era especial, su abuelo paterno lo sabía ya que tenía un magnetismo completamente distinto al de sus demás nietos. Criada en el propio territorio paterno, no era raro que la muchacha empezase a alimentarse del ambiente jurídico, a fin de cuentas los Maier eran famosos por eso. A medida que los años pasaban ella seguía interesándose por ese mundo, y además intentaba paliar cualquier grado de controversia experimentado en su círculo familiar. Sus padres no dejaban de pelearse, vivía un puro drama aquella rubia aniñada. A los 10, se divorciarían. Entre la poca comunicación que existía entre sus padres, y que a ella le mandaban de un lugar a otro para tenerla lejos de ese conflicto... Ella acababa hartándose. A Elisabeth le gustaba estar con sus primos y sus abuelos, pero evitaba en cualquier situación encontrarse con los otros dos. Los años no tardaron en pasar y a pesar de que en su vida emocional hubiese pasado un bache como el de Jakob Hoffman, sintió la necesidad de cortar raíces e ir a la misma Universidad que la de toda la familia Maier, a estudiar lo que le gustaba; El Derecho. Tenía pensado acabar aquella carrera y una vez así entrar en el bufete de su abuelo, no tardó demasiado en acabar y así hacerlo. Empezó a hacerse un nombre en el propio bufete, subiendo escalafón y a raíz de pelearse con unos y con otros llegó a dónde quería. Deseaba poder ser una digna sucesora de su abuelo y así hacerse con la empresa. Tenía todo en mente, pero por su vida se cruzaron un par de ''obstáculos'' que no podía dejar de lado. Se casó con el que creía ser el hombre de su vida, creyó estar embarazada de él y justo después de descubrir todas las mentiras que le había estado diciendo, se divorció y se encontró con que no era el padre de sus actuales retoñas. Al parecer este bombo sorpresa vino de regalo por un encuentro que tuvo con el que ha considerado -y sigue considerando- su mejor amigo, y actual pareja, Boris Dixon. Su vida sentimental parecía mejorar, y hasta la de sus padres que volvían a las andadas con encuentros sexuales muy de la época de los setenta. Pero su vida no se vio completa hasta que por fin, el mismo día de sus veintiséis cumpleaños su abuelo y su padre le regalasen la meta que siempre había ansiado; Ser la dueña del bufete. Madre de gemelas, dueña de cuatro perros, novia de lo más encantadora y ahora, jefa de su propio mundo. ¿Se podría pedir algo más?.
New York's Drama Queen
Elisabeth A. Maier
Normas básicas
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Ξ El +18 está permitido on-rol, se debe indicar en el post.

Ξ Recuerda que saludar a los demás en la CB es parte de una convivencia más agradable y llevadera.

Ξ Avatar: 220x400 / Firma: 500x250

Ξ La multicuenta está permitida, pero si el primer PJ es femenino, el segundo debe ser masculino, sin excepciones; lee el reglamento completo para mayor información.

Ξ Antes de realizar registros hay que tener aceptada la ficha.

Ξ Para tener color hay que tener la ficha aceptada, todos los registros hechos y el MP de la cuenta New York respondido.
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Mensaje por Ivy Rose Hathaway el Miér Abr 06, 2016 10:21 pm

Adaptation. Cap1
Bárbara y Elle Peyton ┇ SoHo, Manhattan ┇ Abril, 2016 ┇ 7:57 pm

Ivy Rose permanecía inmutable frente a la puerta del Black Tap, sintiendo la lluvia caerle sobre el rostro tibio, enrojecido al extremo por el choque de las temperaturas, ¿acaso no era ya primavera? Suspiró profundamente y siguió de largo por dos cuadras más, hasta el alto edificio donde vivía Mrs. Peyton, Bárbara… la persona que había firmado una custodia compartida junto a su hermano para hacerse cargo de ella. Mientras caminaba por el asfalto húmedo por la lluvia, con las manos metidas en el abrigo de peluche que su amigo Nico le había regalado en su pasado cumpleaños, iba repasando y comparando las dos únicas adopciones de su vida, la de Eden y la de Bárbara, ¿dejaría que la llamara mamá o Mrs Peyton como en el trabajo? Se dio cuenta con cierta incomodidad que estaba temblando y no solo de frío, si no de nervios.

Sentía la boca seca y el estómago revuelto, ¿y si no se adaptaban? Ella podía hacerlo, estaba acostumbrada a ser como una de esas estampitas removibles de distintos lugares. Se tenía a ella misma como una en realidad, siempre inerte, silenciosa, fija en distintos panoramas y climas. Todo cambiaba a su alrededor pero ella seguía siendo ella siempre: desconfiada, rota, violenta, vulgar incluso para algunos cuando lo deseaba. No se trataba de agradar a la jefa, sino de convivir permanentemente con alguien por tiempo indefinido, hasta que se cansen, murmuró y se encaminó envalentonada para accionar el interlocutor y pedir el paso. No hizo falta, una persona iba saliendo y le dejó abierta la puerta, sonriéndole.

Lo tomó como un buen augurio, subió las escaleras, acostumbrada a hacerlo por su mismo edificio en Brooklyn, aun llevando la pesada mochila con alguna de su ropa, la suficiente por tres días al menos y los libros de la escuela. Cada paso que daba sobre los escalones le cerraba más y más el estómago hasta que llegó a su destino y el aire se le fue hacia dentro. — Muy bien, Ivy… sólo respira. — se consoló tocando la puerta con los nudillos, a la vieja usanza, esperando que Mrs. Peyton abriera la puerta, de hecho ansiando que ella lo hiciera porque en esos momentos cayó en cuenta que tanto ella como Eden Beaumont, la primera mujer que la adoptó, tenían los ojos intensamente azules. Cosas bonitas del destino… el cielo y el mar en los ojos de dos mujeres que la marcarían para toda la vida.

Buenas tardes… no, no, no, demasiado formal… ¡Hola! No, si no somos amigas, sigue siendo mi jefa… — ensayó el saludo hasta que de improviso la puerta se abrió dejándola muda.
Ivy Rose Hathaway
Localización :
Londres - New York

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Mensaje por Invitado el Miér Abr 06, 2016 11:16 pm

Adaptation. Cap1
Ivy Rose ┇ SoHo, Manhattan ┇ Abril, 2016 ┇ 7:57 pm


La vida nos pone en encrucijadas tan complejas, enormes laberintos con miles de opciones la cual decidir y recorrer y que llegan a tener salida si la sabemos buscar. La vida se trata de eso y de mucho más, intentar encontrarnos uno mismo y especialmente ser felices en ello, pero, ¿Qué está bien y qué está mal?, y especialmente ¿Cómo lograr eso?

Este era ese momento en la vida de Bárbara, ¿Qué la había llevado a tomar esa decisión?, quizá el instinto maternal lo llevaba a flor de piel pero todo había sucedido tan rápido que cuando menos pensaron ella y su hermano Julian habían tomado la decisión de hacerse cargo de Ivy Rose, la cual había llegado a las oficinas administrativas del Black Tap; mismas que se encontraban en el mismo loft de Bárbara por decisión tanto de ella como Eddard, su mellizo. La pelirroja había presentado una I.D falsa y probablemente Barbie habría caído en el engaño por unos momentos de no ser por su hermano Julian, quién se encontraba de visita en su casa, los términos legales habían sido fijados pero no la convivencia.

Pero, ¿Quién es Ivy Rose?, ¿Cómo es Ivy Rose?, ¿Habrían estado en lo correcto ambos hermanos?

El sonido de la puerta no fue tan sonoro pero aun así la pequeña Elle corrió hasta ella lo que captó la atención de Bárbara y que tuvo que perseguir a la pequeña niña mientras que al mismo tiempo vigilaba la cena. Bajó la temperatura de la pasta y fue tras la niña quién intentaba abrir la puerta ignorando que llevaba el seguro de arriba. – Listo, ahora puedes abrir. – La madre dedico una sonrisa a Elle y esta con impaciencia fue girando la perilla y termiando por abrirla puerta hasta que ambas descubrieron quién era la persona detrás de la puerta. Elle dio un grito chillón de la emoción, había visto un par de veces a Ivy y jugaba de vez en vez con ella, abrió sus brazos para que la pelirroja la cargara.

Barbie sentía esa sensación del primer día de clases, no conocía a la perfección a Ivy pero sin duda estaba dispuesta a hacerlo porque ahora formaba parte de ellas. – Ivy Rose, Bienvenida a tu casa…– Y su sonrisa se amplió, dejando la puerta totalmente abierta para entrar y recibirla con un abrazo porque en aquel justo momento y aquél lugar ya no era su jefa, era su nueva madre.

Invitado

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Mensaje por Ivy Rose Hathaway el Jue Abr 07, 2016 12:00 am
Aunque intento dejar pegada la mirada a la de Bárbara, fue inevitable ver el bullicio de aquel gritito infantil que la hizo sonreír amplio, mostrando las perlas de los dientes. Elle tenía los bracitos estirados hacia arriba para que la cargara como solía hacer cuando jugaban, Ivy no era de juegos suaves, acostumbrada a batallar con los otros niños del orfanato, dar vueltas rápido y volar por los aires eran las distracciones más ansiadas en los momentos de juego por aquella pequeña que ahora sería, ¿su hermana? La sola posibilidad la llenó de cosquillas en la barriga mientras su cuerpo se fue inclinando lo suficiente para meter las manos temblorosas por debajo de las alitas de Elle, levantándola después de hacerle cosquillas con los dedos.

Colocó debajo del cuerpecito el brazo para que le sirviera de asiento y le sostuvo la espalda con la otra mano. En sus años de vida había convivido con pocos niños a pesar de lo que pudiese esperarse de una huérfana que pasó más de la mitad de su vida en un centro de adopciones, los colocaban por edades y eran pocos los bebés que llegaba a ver, porque en efecto, eran los más fáciles de ser adoptados. Pero ahí estaba Elle, sonriéndole como si fuese su persona favorita en el mundo mientras le mostraba el montón de collares de colores que llevaba. — Son preciosos, te ves guapísima. — le respondió Ivy antes entrecerrar los ojos a la claridad que tuvo de frente.

La puerta del departamento estaba abierta de par en par y a un costado, Bárbara le daba la bienvenida a su casa… la palabra fue tan ajena a ella que por un momento se descolocó y trago grueso, sin animarse a dar el primer paso hacia dentro aún con la niña en brazos, de hecho, tuvo toda la intención de bajarla y salir escapando de ahí, porque no era buena con el cariño, no el que se le daba gratuito, incluso con Eden, su primera madre, todo era un trueque, qué decir de Nando… sacudió la cabeza alejando demonios y sin pensarlo, dio un par de pasos, cortando de golpe con el pasado.

Miró a Bárbara primero y luego a Elle quién jugaba con cabellos mojados y rojos y después al lugar. No quiso llorar frente a la niña, pero todo fue tan intenso que la traspasó dejándola con los ojos ahogados en lágrimas. Temblaba como una hoja y sintió el llamado hacia tierra, en donde sus raíces comenzaban a buscar enterrarse en ese lugar. — Gracias… — murmuró bajando a Elle quién se comenzó a remover entre sus brazos para que la bajara pues quería mostrarle algo muy, muy importante.

Cuando la niña se alejó lo suficiente, Ivy se cubrió el rostro con ambas manos y soltó un par de sollozos fuertes para después, descubrirse y actuar como si nada, aunque las mejillas las tenía muy rojas por aguantar el llanto. — Lo siento, es que, no sé qué hacer cuando la gente es amable. Gracias Mrs. Peyton, por esta oportunidad…
Ivy Rose Hathaway
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Mensaje por Invitado el Jue Abr 07, 2016 12:32 am

Adaptation. Cap1
Ivy Rose ┇ SoHo, Manhattan ┇ Abril, 2016 ┇ 8:01 pm


El libro de la vida de Ivy Rose parecía llenarse con toda la variedad de historias que habían dejado perplejos tanto a Julian como a Bárbara aquél día, habían tenido que consultar días antes con Brooke y en el último orfanato en el que estuvo. ¿Cuántas páginas llevaba escrita?, en algún punto la pelirroja decidió leer un capítulo de su vida a los hermanos Peyton. Drogas, sexo, amor, desamor, traición, desolación y tan sólo por mencionar algunos adjetivos que venían remarcado en sus páginas para una niña que sólo tenía 16 años.

Es verdad, cada quién sabe la cruz que lleva cargando, cada uno tenía sus problemas en diferentes tipos de intensidad. Bárbara sentía esa carga del padre de su hija, había sufrido el abandono repentino de Zeke, mientras que su hermano Julian combatía día a día la enfermedad de la diabetes y cuando ese tipo de cosas suceden solo les quedaba mirar al cielo y preguntar: ¿Por qué? ¿Por qué a mi?. Pero cuando miras los problemas de otras personas es cuando te das cuenta que lo tuyo es algo totalmente insignificante y ahí estaba Ivy Rose, frente a frente a Bárbara.

Podía llegar a comprender que todo esto le tomara por sorpresa puesto que a ella también, el corazón se le había hecho chiquito cuando escucho la garrafal historia de la menor. – Bienvenida – Se acercó a ella tras cerrar la puerta y sus brazos la rodearon con fuerza, ver llorar a un ser como ella le partía el corazón, no quería imaginarse a Elle pasando por lo mismo, no lo iba a soportar, era tanto el dolor que había pasado Ivy que los Peyton habían decidido adoptarla como un verdadero miembro. – Estamos aquí para cuidarte y esperamos que puedas recibir el amor que necesitas a nuestro lado, y no me vuelvas a decir Mrs. Peyton... – Las miradas se cruzaron y el pulgar de Barbie limpió la mejilla de la pelirroja, de pronto se separó de golpe corriendo hacia la cocina, había olvidado que tenía la cena sobre la estufa.

Invitado

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Mensaje por Ivy Rose Hathaway el Jue Abr 07, 2016 1:22 am
 Se quedó perpleja al sentir los brazos finos de Bárbara rodeándola. El perfume exquisito y la suavidad de su indumentaria la hicieron pensar en esas mujeres de las revistas, porque ella era igual o incluso más bella que cualquiera de esas artistas y modelos. Se atrevió a hacer lo mismo, a rodear con sus brazos la cintura breve y perfilada, apoyando la mejilla en el pecho ajeno, pegando la oreja lo más que pudo para saciar esa obsesión que tenía por amoldar sus propios latidos a los ajenos. Se sintió más pequeñita de lo que era y recordó el último abrazo que había recibido y la había hecho sentir así.

Suspiró profundamente, llenándose los pulmones de ese perfume para poder grabárselo bien y asintió a sus palabras, sí, sí a todo pensó sonriendo tímida ante la caricia con la que barrió las lágrimas de una de sus mejillas. Abrió la boca para responderle pero fue tarde, apenas alcanzó a ver las puntas de los largos cabellos oscuros y se quedó ahí, impregnada del aroma de Bárbara y con una risita contenida.

Olisqueó el ambiente, sí… estaba cocinando. Rió por lo bajo y caminó apenas un par de metros hasta encontrarse con Elle que llevaba un par de preciosas muñecas, Elsa y Anna, las reconoció enseguida por la popularidad de la película. — Tú eres Anna — le dijo con la vocesita infantil levemente alzada mientras le entregaba la muñeca. Ivy le hizo un gesto con la mano para que la esperara pues iba a quitarse el abrigo húmedo para colgarlo en lo que reconoció rápido como el armario para esos menesteres. Estaban ahí colgados un par de Bárbara y otro de Elle, pequeñito y hermoso como ella misma.

¡Ya estoy! — le dijo a la pequeña tomando la muñeca. Elle, risueña como cualquier niñita de esa edad, la condujo hasta la cocina en donde haló desde abajo la ropa de su madre. Ivy llegó segundos después, sonriendo también con cierto aire infantil mientras se hacía un par de trenzas como la muñeca que llevaba bajo el brazo.

Se acercó hasta la barra esplendida y se sentó en uno de los altos banquitos arreglándole la ropa a la muñeca, mirando atenta a madre e hija. — ¿Necesita ayuda con algo?
Ivy Rose Hathaway
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Mensaje por Julian Peyton el Jue Abr 07, 2016 8:33 am
La cabeza de Julian se encontraba en todos los lugares, el no podía centrar sus pensamientos en una sola cosa gracias a el numero de acontecimientos que habían rodeado su vida las últimas horas. El no había planeado nada de lo que había pasado, por una vez las cosas no estaban bajo su control y eso le estresaba, el era un controlador por excelencia y sus mujeres  -hermanas- no parecían querer entender que el también era un ser humano que no podía seguir el estilo de vida de ellas algunas veces. El por supuesto hablaba de la menor de las Peyton, la misma que lo terminaría por acabar eventualmente, para su suerte Barbará era ya una mujer que no necesitaba que nadie guiara. Además de estar agotado por el viaje a Hawái, se había comprometido con su hermana a llevar la responsabilidad compartida de una adolescente. El no tenía hijos y gracias a como estaban las cosas el dudaba que alguna vez la chispa de la paternidad se fuese a encender en el, aun así le había entusiasmado poder llevar a una joven chica por un camino diferente al que posiblemente estaba destinada, el sentía empatía por todas las mujeres quienes eran su especia favorita que no estaba en peligro de extinción. Sería el tutor legal de la chica y eso lo convertía en lo más parecido a un padre. Dejo salir un bostezo y se arreglo la corbata en la parte de atrás de su auto negro, Barton aun lo acompañaba ya que su custodiada había decidido abandonar la ciudad algunos días, eso no lo molestaba, sobretodo porque no se había previsto que tan problemático seria para otros chóferes llevar las cosas como a el le gustaban, el no iba a dejar ir a Barton con una cabra loca, tal vez solo contrataría a alguien más para sus hermanas -Pasare un buen rato aquí viejo amigo, puedes ya irte a tu casa. Alguien me acercara a mi departamento mas al rato- Ordeno a su fiel trabajador para después bajarse del vehículo.

Toco la puerta cuando llego hasta su destino dejando que los olores que rodeaban el departamento de Barbara llenaran sus pulmones, el no podía comer de muchas cosas pero se permitía sentir que en otra vida el podía llevar una rutina normal. Sonrió cuando las puertas se abrieron y fue Elle quien mostró el entusiasmo por verlo mas grande del edificio -Mariposa, mira que grande estas.. no se quien eres pero supongo que es una princesa- el conocía poco de toda la jodida cosa de las princesas así que solo seguiría su corriente. Ingreso al lugar y saludo a su hermana con un beso -¿Como has estado? ¿Lograste descansar?- cuestiono pensando en la salud de su hermana como primer tema a tratar.
Julian Peyton
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Manhattan

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Mensaje por Invitado el Sáb Abr 09, 2016 12:40 am

Adaptation. Cap1
Ivy Rose & Julian ┇ SoHo, Manhattan ┇ Abril, 2016 ┇ 8:25 pm


Frente a la estufa y mientras seguía preparando esa salsa de tomate, seguían rondándole ideas y pensamientos a la cabeza, sus manos actuaban de manera inteligente y rápida al añadir el albaca a la salsa y algunas especies más. – No, no te preocupes mejor juega con Elle. – Le dedicó una amplia sonrisa a Ivy Rose mientras que al mismo tiempo bajaba la temperatura de la estufa. ¿Cocinar?, Bárbara consideraba que una de las mejores terapias para ella era el cocinar, desde los aperitivos, comidas fuertes o postres. Y el solo hecho de ponerse a cocinar la cena la llenaba de serenidad y de un mejor humor.

Comenzó a pelar los camarones cuando de momento escuchaba a ambas menores jugar por toda la estancia, y volvía a llenarse de dudas con respecto a Ivy Rose, pero no deberían mal interpretar pues sus dudas iban hacía el sentir de la menor. Bárbara tenía miedo que la chica se arrepintiera o no se sintiera feliz al lado de todos ellos, ¿Y si no le gustaba el ambiente?, ¿Y, si los consideraba demasiado aburridos para la vida que ella estaba acostumbrada?, ¿Querría Ivy Rose en verdad querer formar parte?

Mientras su cabeza se llenaba de aquellas incógnitas  siguió con la cena pues en ningún momento se detuvo. Primero echó los camarones a la mezcla de la salsa de tomate y el albaca, viendo cómo se ponían naranjas al instante, y luego fue directo a tirar al agua donde hervía la pasta, dejándola al dente. Con sinceridad hubo momentos en que se olvidó de que las niñas estaban con ellas, y la cena estaba casi lista que se centró más en aquello por varios minutos hasta que su hermano le hablaba.

Miró entre la pasta en salsa pomodoro con camarones y luego a su hermano. – Hey, ¿En qué momento llegaste? – Echo un vistazo a la estancia y ahí seguían ambas. – Estoy perfectamente, ¿Has visto que Ivy se ha mudado ya? – Se acercó para besar ambas mejillas y volver a mirar la cena. – Cuando se duerma Elle deberíamos hablar con ella, lo que quiere, lo que espera, lo que desea, y nosotros también, ¿Qué vamos a necesitar todos?, en realidad me preocupa demasiado su futuro, sé que no podremos cambiar el pasado y lo que vivió pero quiero que a partir de ahora todo lo que hagamos sea para que se forje un futuro mucho mejor y que su pasado no influya de manera negativa en ella. – Su voz era murmuro mientras le explicaba casi en secreto a su hermano mayor y al mismo tiempo le daba de probar de la pasta. – Me aterra pensar que Elle también pasara lo mismo que ella y no, me lleno de miedo, quiero que Ivy tenga las mejores opciones en su vida, y que se sienta una de las chicas más amadas… - La cena estaba casi lista, faltaba poner la mesa así que solo basto echar unas miradas a su hermano para que él lo hiciera.


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Mensaje por Ivy Rose Hathaway el Mar Abr 12, 2016 1:19 am


Aceptó entonces no ayudar y después fue con Elle hasta la estancia en donde comenzaron a jugar con todo lo que tenían a su alcance; las muñecas de la niña de las princesas fueron las elegidas por Ivy para hacerlas bailar sobre la mesa de centro en dónde la más pequeña fue acomodando el exquisito servicio de té infantil que tenía. La pelirroja por más que rebuscó en su memoria, no encontró nada parecido a sus juegos infantiles, porque a decir verdad, no tenía recuerdos de sus primeros años.

La primera vez que fue consciente de su soledad, fue cuando comenzaron a caérsele los dientes de leche y uno de los niños devueltos de cualquier casa le dijo que debía dejarlos debajo de la almohada porque entonces mientras dormía, un hada iría por ellos y le dejaría dinero, así lo hizo con toda la ilusión de sus siete años pero cuando descubrió ahí los dientes a la mañana siguiente, su pequeño mundo cayó de pronto en la realidad.

La risita entusiasmada de Ellen al ver llegar a Julian la hizo salir de sus recuerdos y lo miró saludar atento y pasar directo a la cocina con Bárbara, ¿estaría molesto con ella? ¿Y si se arrepentían? Tendría que volver sobre sus pasos hasta la casa abandonada de Coney Island… tuvo muchísimo miedo y entonces ya no pudo concentrarse mucho en los juegos de la niña aunque la siguió en la rutina de tomar el té, saboreó el líquido imaginario y se sobó la barriga satisfecha, sonriéndole feliz a la que sería su hermanita si es que los Peyton no se arrepentían.

Espérame acá, iré a ver si no se ofrece nada. — le dijo claramente a la pequeña pues estaba muy en contra de que a los niños se les hablara como a las mascotas por ejemplo, además de que la pequeña mostraba ser una personita muy inteligente y despierta a su tierna edad. Ivy se levantó y se arregló la ropa y el cabello lo mejor que pudo y se encaminó directo al comedor, encontrando a los hermanos mientras los aromas deliciosos de la cena le despertaron el hambre de días que llevaba a cuestas. Se acercó tímida y saludó con voz casi imperceptible a ambos mirándolos intercaladamente, queriendo adivinar algún gesto de molestia o lo que fuese por su presencia. — ¿Puedo ayudar en algo?...






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Mensaje por Julian Peyton el Miér Abr 13, 2016 9:10 am
Julian entendía perfectamente los nervios de su hermana, Barbara era una mujer que siempre parecía tener todo muy controlado, su departamento estaba organizado, Elle siempre estaba impecable y su restaurante iba en armonía con todo lo demás que tan limpio y en su lugar se encontraba, aun cuando el sabia aquello entendía que siempre iba a necesitar a su hermano mayor -He llegado hace poco, ya conoces lo esclavizante que resulta mi trabajo- el miro a su alrededor y sonrió para luego depositar su mirada en la de su hermana nuevamente -Me doy cuenta que se ha acomodado bastante bien- para Ivy era lo mejor vivir con Barbara, ella y Elle hacían un equipo fantástico, estaba seguro la joven se iba a adaptar muy bien a ellas dos -Hablaremos con ella cuando la pequeña se duerma, no te preocupes que estoy aquí para ayudarte como sea que pueda hacerlo- el no conocía muy bien las opciones que tenia para ayudar pero como fuese, lo haría, el también quería regalarle a la chica un mejor futuro que el que la vida había previsto para ella en su pasado, eso no tenia que determinarla en ninguna manera.

El olor se metió por las fosas nasales de Julian haciendo que su estomago emitiera un rugido que le gritaba el hambre que ya se comenzaba a despertar. No había comido bien ese día, todas sus horas se habían repartido entre reuniones, firma de documentos y contestación de Emails, no había puesto atención a su dieta y eso era grave para un hombre con sus condiciones de Salud -Estoy hambriento, todo huele muy bien-musito sobando su estomago, noto la mirada preocupada de su hermana por lo que se acerco a ella para así colocar la mano sobre su hombro y brindarle una sonrisa -Lo vamos a hacer bien, eres una gran madre para Elle, lo serás para Ivy- le dio un beso en la cabeza y se volteo cuando escucho la voz joven de la chica pelirroja a un lado de la cocina -Pues yo soy un invitado mas y no me atrevo a irrumpir en la cocina de una mujer así que solo me quedare a un lado viendo a las señoritas trabajar- les regalo una mueca cómplice a sus dos chicas y se sentó. El quería hacer sentir cómoda a la pelirroja y que pudiese confiar en el, el podía ser muy sobre protector con sus hermanas y ellas podían dar fe de aquello, solo quería el bien de quienes el quería.
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Mensaje por Invitado el Dom Abr 17, 2016 2:00 am

Adaptation. Cap1
Ivy Rose & Julian ┇ SoHo, Manhattan ┇ Abril, 2016 ┇ 8:39 pm


Bárbara abrió la boca a manera de asombro fingido cuando su hermano mencionó que era un invitado más, justo antes le había insinuado que faltaba la mesa. O una de dos, o se hizo el tonto o no captó la indirecta pero la ojiazul no se quedaría tan tranquila y lo señaló con el índice sin decirle nada aún. – Tú, no eres un invitado, eres mi hermano y esta no es una cena formal, abrirás el vino y para tu buena suerte lo elegirás. – Le dedico una sonrisa amable mientras miraba ahora a la pelirroja, su rostro era tan hermoso que cada que la miraba a Bárbara le enternecía.

Apago la estufa y miró el rostro lleno de pecas de la adolescente, se miraba tan vulnerable y tímida y no era para menos, aquella situación era muy extrema, diferente pero consideraba que era valiente, dentro de todo. – Y tú señorita, tú pondrás la mesa. – Le guiñó el ojo y el dedo que antes señalaba a su hermano mayor había cambiado de rumbo para indicarle que en uno de los cajones se encontraban todo. – Te dejaré que seas tú misma la que decida qué color de servilletas y cubre mantel deseas que tengamos esta noche. –   A la vista se encontraban un vitral con copas de diferentes estilos y tamaños según el tipo de vino que tomaran. – Hermano tu haz lo tuyo y pon las copas y sirve por favor el vino, y como te dije tu elijes aunque creo que uno blanco bien helado será mejor, en el frigobar están los vinos fríos.. – Estaba consiente que aquella noche Ivy Rose sólo tomaría una copa de vino para acompañar la cena, tenía 16 y pronto si ella decidía quedarse con ellos tendría que aprender muchas etiquetas.

Decidió ser ella misma quién eligiera los platos y comenzó a colocar el bowl de ensalada en medio de la mesa con sus vinagretas y aderezos para luego volver y servir en los platos la pasta con los camarones. – Ivy, por esta vez beberás una copa de vino con la comida, solo una pequeña porción para que veas la magia de los sabores. – La familia de Bárbara estaba llenas de artistas, por parte de su padre se dedicaban al arte en sus diferentes tipos, pinturas, vidrios, esculturas y por parte de su madre al arte culinario y desde pequeños a Bárbara y Graham (Su mellizo) les habían inculcado el arte de disfrutar los sabores de la comida. – Pero no te acostumbres, sólo será en ocasiones especiales… – Le volvió a guiñar el ojo, mientras llevaba los platos a la mesa cuando vio que Ivy Rose había terminado de poner los cubiertos y lo demás.


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Mensaje por Ivy Rose Hathaway el Dom Abr 17, 2016 3:35 pm

Presenció aquella escena con nerviosismo y diversión. Acostumbrada a las cenas solitarias en su pequeño departamento, no supo cómo lidiar con aquellas muestras de afecto entre ambos hermanos y para con ella. Le sonrió a Julian y de inmediato sus mejillas se colorearon de un rojo lleno de timidez; después simplemente rió cómplice por las expresiones de Bárbara antes de obedecerla y encaminarse hasta el cajón que le indicó. ¿Cómo se ponía una mesa? Es decir, lo sabía, por su trabajo de mesera y porque en algunas ocasiones cuando le había tocado atender como mesera y vinera en las elegantes cenas de Felicia.

Había varios colores de servilletas, cada uno más exquisito que el otro pero al final, eligió las servilletas blancas, preciosas y suaves, muchísimo más finas que las sábanas de su cama en Brooklyn. Las tomó con cuidado y fue colocándolas con el cuidado que le enseñaron tener en noches de entrenamiento para esas fastuosas cenas de Felicia. Pero todo era muy diferente en la mesa de los Peyton, partiendo del hecho de que no andaba en lencería y siguiendo en que el ambiente era familiar y cálido, no le costaría nada acostumbrarse a ese entorno.

Fue de lugar en lugar, dejando las servilletas y cubiertos con dedicación observando la fina vajilla que se utilizaría esa noche. Ayudó a acomodar la ensaladera y las copas e incluso se permitió ayudar con el vino. Esperaba en verdad que no fuesen a preguntarle dónde había aprendido eso pues sería difícil de explicar. Había conversado con ellos, pero en ningún momento tocó el tema de Felicia porque era algo demasiado oscuro que no sabía si ellos podrían comprender y peor aún, cómo reaccionarían al saber lo que ella había hecho para esa mujer.

Fue tal vez su silencio lo que delató sus pensamientos, sin embargo, pudo darse cuenta a tiempo y sin más asintió sonriente, como si no pasara nada.— Está bien, tomaré agua… parte del programa de rehabilitación es abstenerse de cualquier tipo de tentación, alcohol incluido aunque a mí no me gusta tanto… Iré por Elle. — se excusó antes de en efecto, ir por la pequeña que seguía jugando y la cual le tendió los bracitos en cuanto la vio. Ivy la levantó con sumo cuidado y la abrazó con fuerza, dejándole muchos besitos en las mejillas lo cual provocó las risas infantiles. Después volvió con ella hasta el comedor y se la entregó a su madre para que así comenzara la cena… ¿Cuántos días tenía sin comer bien? Ya había perdido la cuenta.






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Mensaje por Julian Peyton el Miér Abr 20, 2016 11:49 am
Julian conocía muy poco de la historia de la joven que ahora tenía bajo su tutela. El jamás imagino tener una responsabilidad así de grande sobre sus hombros. El había pensado en formar una familia en algún momento de su vida pero gracias a las circunstancias se había olvidado de esa idea al menos por los momentos. Ahora el destino podía frente a él a la pelirroja que parecía un tanto tímida pero que al parecer guardaba un pasado del que el conocía poco, seguramente igual que ella con él, se conocían poco por lo que tenían que remediar la situación. El dudaba que ella pudiese abrirse completamente con él desde un principio, vivía con Barbara y ambas eran mujeres, a pesar de eso el esperaba que ella pudiese encontrar en el alguien en quien confiar, siempre lo había intentado ser con sus hermanas y no podía aspirar a menos con Ivy.

El sonrió ante la actitud mandona de su hermana y asintió sin dejarle de mostrar la buena disposición que tenia para ayudarle con lo que ella necesitara. Escucho las palabras de la chica y levanto una ceja. El no sabía de qué clase de rehabilitación ella hablaba pero eso solo formaba parte de todas las cosas que ellos tenían que hablar si tenía que ser ahora la figura paterna de la joven -Pues me quedare con el blanco, es mi favorito- camino hacia donde estaba el destapa corcho y continuo escuchando la conversación aunque no estaba seguro en qué momento podría intervenir y preguntar lo que pasaba, quizás el mejor momento iba a ser cuando Elle durmiera y el pudiese estar frente a la chica dispuesto a presentarle su completa ayuda. Miro como la chica se fue y miro a su hermana -Hay varias cosas de las que no me entero, por suerte tengo hambre y no pensare mucho en eso- bromeo caminando hacia la mesa.

Se sentó en su puesto y escucho su estomago rugir gracias al hambre, su hermana conocía a la perfección su estado de salud por lo que le confiaba todos los ingredientes que sabía que eran buenos para él -Creo que no he comido nada en todo el día, y el olor alimenta el ansia- bromeo cuando vio que la chica regreso con su sobrina el brazos. Tomo la servilleta y espero que su hermana sirviera la comida para así comenzar con lo que debían de hacer.
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Mensaje por Invitado el Mar Abr 26, 2016 12:25 am

Adaptation. Cap1
Ivy Rose & Julian ┇ SoHo, Manhattan ┇ Abril, 2016 ┇ 8:39 pm


Enarcó una ceja al ver lo bien que le había quedado la mesa, parecía tener la suficiente experiencia en ello y sonrío totalmente complacida. Entonces, pronto iría a servir los platos hasta que miró como traía a la pequeña. – Elle, ¿Querrás cenar con nosotros nena? – Por lo general la pequeña tenía su propia mesa adecuada a su tamaño, con sillas e incluso un set de té ambientado en “Beauty and Beast”, y al parecer por esta vez quería participar con la gente adulta.

Pronto se dispuso a servir los cuatro platos de pasta, colocándolos cada uno en la mesa y poniendo el frasco de queso parmesano para que pudieran servirse a su gusto. No quería comenzar una discusión la primera noche de Ivy pero no pudo contenerse demasiado tiempo. - ¿Así qué me estas tratando de decir que te has pasado de horas con la comida, Julian? – Frunció el ceño, entendía que el trabajo absorbiera todo el tiempo disponible que él pudiera tener pero otra cosa era que se pasara de listo con su propia salud, lo que tenía no era algo para tomarse a la ligera, cualquier desarreglo lo podía dañar y mandarlo al hospital.

Intentó dar un sorbo a la copa de agua y comenzó por insertar el tenedor en la pasta, mirando de reojo como Elle hacía lo mismo, sabía realmente lo que hacía, a su manera graciosa y hasta tierna para comer como cualquier pequeño lo hacía. – En fin, no vamos a asustar a Ivy, así que provecho para los tres… - Su sonrisa por fin se amplió para con ellas, excepto para Julian, siempre intentaba ayudarlo en todo y su descuido le causaba molestia.


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Mensaje por Ivy Rose Hathaway el Dom Mayo 01, 2016 11:36 pm

Tomó asiento y miró a su alrededor encontrándose con los rostros conocidos y aquella mesa servida para una cena familiar. Le cayó un balde de agua helada en la frente y se quedó pálida, ¿cómo se lidiaba a eso? ¿cómo podías corresponder a tanto bien? Sintió que la barbilla comenzó a temblarle porque tenía unas ganas incontrolables de llorar, sin embargo, no lo hizo. Elle y Bárbara comenzaron a comer la pasta que olía a maravillas y Julian con esos ojos cristalinos la invitó a sentirse como en casa pero, ¿cómo se sentía eso? Así, justo así. ¿Justo así?

La tensión en el ambiente por un aparente descuido de Julian Peyton la hizo olvidar un poco la sensación de pérdida dentro de aquella escena doméstica. Se sentía como un personaje pintado por error en un cuadro que adornaría una habitación pulcra. Como algo que no debía estar ahí, un manchón, un error, una pincelada mal dada y cubierta con un personaje extra.

Se llevó ambas manos al rostro y comenzó a sollozar incontrolablemente bajando de forma intercalaba ambas manos que agitó como si quisiera disimular que no sucedía nada. Las palabras se le quedaron atoradas en la garganta formando un doloroso calambre que se extendió hasta la barriga y las puntas de las manos; negó una y otra vez y después se dio por vencida.
Comenzó a llorar con el rostro encerrado entre los dedos temblorosos y se disculpaba a medias, lo que los constantes espasmos de llanto la dejaron. Pasarían un par de minutos para que pudiese volver a respirar y mirarlos, avergonzada.

Lo siento mucho, perdón, lo siento, no quise arruinar todo… es que no sé cómo lidiar con todo esto, nunca me sentí querida ni deseada en ningún lugar. Prometí que no lloraría, lo lamento tanto Bárbara, perdón… — se limpió con el dorso de la mano las lágrimas de sus mejillas y buscó levantarse de la mesa para ir a donde fuera posible, pero el pecho la llevó justo hasta donde Julian se encontraba y se inclinó lo suficiente para abrazarlo por el cuello y llorar mientras decía como podía “gracias”

Lo mismo a Bárbara a quién le extendió la mano para buscar la suya y a la pobre pequeña a quién seguro asustó con aquel exceso de llanto descontrolado. — .Gracias, a ambos… con toda el alma, gracias…






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Mensaje por Julian Peyton el Lun Mayo 02, 2016 12:05 pm
Los regaños de su hermana le llegaron como melodía a los oídos. El sabia y conocía perfectamente la actitud que tomaban sus hermanas cada que un tema de su salud salía a flote. Ellas jamás lo habían visto teniendo una crisis de esas que le solían dar cuando los niveles de azúcar no estaban bien, de ser así seguramente pasarían todo el día encima de sus hábitos alimenticios -No me he estado saltando comidas, lo que pasa es que cuando trabajas tanto como yo lo hago, es imposible no perder un poco la noción del tiempo- le regalo una sonrisa y dejo que la comida se metiera por sus fosas nasales hasta acariciar el hambre que le había estado trabajando desde hacía ya varias horas -No soy tan irresponsable en el asunto, tranquila- a el no le gustaba angustiarlas de ninguna forma, las amaba demasiado como para permitir que la angustian anunciara malas noches por su culpa -Estaré bien, como siempre- acerco su mano y acaricio la de ella para así darle un poco de tranquilidad.

De repente todo se puso caótico, al menos para Julian. El había crecido teniendo a su hermana menor cerca. Eran hijos de distintas madres pero gracias a que las distancias jamás lo detuvieron, ellos fueron mucho más cercanos de lo normal. El la vio reír y hasta le encontró solución a aquellas rabietas que hacia ella. Para lo que jamás había sido bueno era para el llanto, mucho menos el femenino. Levanto los ojos azules hacia los de Barbara y le suplico alguna solución mágica. El seria su figura paterna y debía de prepararse, nadie le advirtió que el llanto vendría tan pronto, solo así se puso nervioso. Ella lo abrazo mientras el permanecía sin saber que demonios hacer, sintió su cabello cerca y sonrió un poco al sentirse como un tonto sin tacto -Estamos felices de hacerlo.. no nos agradezcas tanto que estoy seguro te vamos a agradecer nosotros a ti- le sonrió y miro a Barbara esperando que ella reaccionara mejor -Mejor comenzamos a comer antes de que Barbara me asesine con una de sus miradas.. ¿Cierto Elle?- le toco la mejilla a Elle y miro de nuevo a la chica esperando que ya hubiese encontrado la calma.
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Mensaje por Invitado el Lun Mayo 02, 2016 11:19 pm

Adaptation. Cap1
Ivy Rose & Julian ┇ SoHo, Manhattan ┇ Abril, 2016 ┇ 8:48 pm


Existen momentos en la vida que no se sabe cómo actuar ante aquel problema o simple situación, y ese era el caso de Julían. Bárbara no sabía si reírse o ponerse triste cuando vio la actitud de la chica pelirroja, era tan frágil y para sus ojos aún era una niña pequeña que debía ser protegida ante cualquier cosa, pero el problema no era Ivy Rose, sino su propio hermano que a pesar de ser maduro y tener esa vena paternal que se le desarrollaba de vez en vez con Elle y ahora se encontraba ante la reacción de una adolescente que sólo por estar en esa simple etapa manifestaban cambios de humor y de conducta a cada momento y si se sumaba los problemas que ya traía acarreando la pelirroja entonces todo se sumaba.

La pequeña Elle miraba de vez en vez a cada uno de los presentes sin poner demasiado énfasis en lo que los adultos hacían, y comenzó a comer de la ensalada y la pasta mientras los ojos azules de Barbie se posaron sobre su hermano y luego sobre Ivy mientras acariciaba el dorso de esta. – Tienes todo el derecho de sentirte como te sientes, incluso de desconfiar de todo esto que está sucediendo, con el tiempo te darás cuenta que todo lo que queremos para ti es por tu bien, y cuando la cena acabé es cuando nos dirás todo lo que desees sobre tu pasado para que así te podamos ayudar. – La morena no quería hacer presión sobre la chica, no quería que se sintiera obligada a hablar con ellos y es que la verdad Bárbara tenía miedo de lo que Ivy Rose pudiera contar, tenía miedo de saber por todo lo que pasó.

- Por ahora, quiero que los dos se pongan a comer, de verdad… - Les sonrió de manera amplia y dedico una mirada a Elle que ni siquiera les prestaba atención, así que por el momento ella haría lo mismo, se dispondría a cenar y disfrutar realmente de aquél momento. - Y, no has arruinado nada, en realidad me pone muy feliz que nuestra familia vaya a crecer más...- Dio un sorbo al vino, degustando y probando un poco de la ensalada mientras la aderezaba.


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Mensaje por Ivy Rose Hathaway el Vie Mayo 06, 2016 3:46 am

Sonrió entre sollozos y se enderezó dando un par de pasitos hacia atrás, asintiendo. Intentó tranquilizarse un poco pero le fue imposible, después de pedir permiso e indicaciones, caminó hacia el baño el cual encontró después de atravesar un largo pasillo lleno de pequeños y elegantes detalles, como fotografías de la pequeña Elle, siempre sonriente. Ella no tenía muchas fotos de pequeña y en todas y cada una salía seria, casi siempre llorosa pues eran tomadas los días en los que parejas iban a ver a los niños para decidir a cual se llevarían a casa. Ella nunca fue la elegida.

Se miró en el espejo y vio el desastre de su tímido maquillaje, el delineador algo corrido y la poca purpurina puesta encima de las ojeras estaba ya bastante batida. Se lavó las manos y la cara y salió de ahí tan pálida como era, con mejor semblante y una sonrisa contenida. — Tiene una casa bellísima, Bárbara. — no supo si tutearla o hablarle de usted como la jefa que seguía siendo para ella, a Eden varios años atrás no le costó nada decirle mamá, pero Bárbara imponía demasiado, con esa mirada y ese porte, Julian también. Todo era exactamente como le había dicho a Eden, demasiado difícil. ¿Cómo adaptarse a todo eso? ¿Cómo?

¿Y si no les gustaba? Ella como persona tenía muchas fallas, desde su drogadicción hasta su forma de ser, tan libre, tan ajena a todo y tan fiel a sí misma. En algún momento todo eso tendría que salir, tarde o temprano, pero, ¿para qué preocuparse por el futuro? En ese momento, comenzó a dejar que las pequeñas raicitas de su cuerpo emergieran de entre sus pies para comenzar a afianzarse en el suelo de aquel departamento cálido, lleno de amor. — .La pasta está deliciosa… todo está demasiado rico, tenía mucho tiempo sin comer de esta forma, en familia. — en ese momento recordó a Eden, ¿él contaba como familia? ¿Qué dirían los Peyton? Tenía en ese momento como primer consigna, saberlo.

Tengo un amigo, con quién estuve viviendo este tiempo mientras se arreglaban las cosas con servicios infantiles, me pidió que por favor lo llamara en cuanto llegara acá, o cuando pudiera… es fotógrafo, bastante conocido, se llama Eden Lehrer — no pudo evitar el sonrojo ni la emoción al hablar de él, y aunque trato de disimularlo, la sonrisa dibujada en sus labios fue más que suficiente.

Aunque en ningún momento quiso ir más allá de la barrera de intimidad que conservaba frente a los hermanos Peyton, misma que con el tiempo, esfuerzo y paciencia, los tres lograrían sortear… o al menos eso esperaba. — Me ayudó mucho… — agregó mientras enredaba pasta en el tenedor y la metía en su boca con auténtico gusto, porque todo estaba más allá de lo rico.  





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Mensaje por Julian Peyton el Lun Mayo 09, 2016 9:19 am
Cuando Ivy se levanto de la mesa, Julian no pudo evitar dejar salir un suspiro largo. Dio un sorbo a su bebida y miro los ojo claros de su hermana -Creo que he perdido el toque con todo esto de la paternidad. Isabella y yo no nos llevamos mucho tiempo de diferencia y creo que ella ha sido lo más cercano que he tenido a una hija pequeña y como es evidente, no salió demasiado bien mi influencia en su vida- sus inseguridades tenían sus raíces sembradas en todo aquello que había dejado de hacer y hablar con sus hermanas. Ivy era una adolescente y el no estaba completamente seguro de lo que ella pensaba con respecto a la familia que ahora le estaba dando apoyo y quería un mejor bienestar para ella -Por suerte estas tu que lo haces todo genial- dio un sorbo a su comida y continuo asi haciendo caso a las protesta de su estomago -Lo haremos bien pero es importante hablar mucho con ella. Yo no conozco completamente su historia- admitió desviando los ojos hacia Elle quien no dejaba de mirarlo.

La chica regreso algún tiempo después mucho más calmada cosa que alivio los nervios de Julian que se quedaba sin cosas que decir para llevar armonía a la mesa -No he probado la primera cosa que Barbara o Graham no sepan cocinar- miro a su hermana y negó con una sonrisa mientras se dejaba degustar por el rico sabor de la pasta casera que siempre se comía tan fácil -Evidentemente es un don materno- realmente el no cocinaba en lo absoluto, estaba seguro su hermana menor tampoco lo que le hacía llegar a al conclusión que no era por su padre que el don de la cocina los había envuelto. Su cabeza se subió hacia la de su hermana cuando la chica hablo sobre su amigo. Recordaba claramente los dramas juveniles y amorosos, aquellos que siempre eran mucho más intensos que cualquier cosa. El había vivido eso y en parte se sentía preparado aunque tampoco quería ser aquel hombre que pondría millones de limitaciones a una joven que quizás jamás lo vería realmente como padre -Si te ha ayudado tanto, es bueno que sepas que ya estás bien y protegida bajo un techo- el realmente no se atrevía a cuestionar que tipo de amigo era. Ya Julian se sentía muy viejo y anticuado para las etiquetas amorosas modernas.
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Mensaje por Invitado el Mar Mayo 31, 2016 10:11 pm

Adaptation. Cap1
Ivy Rose & Julian ┇ SoHo, Manhattan ┇ Abril, 2016 ┇ 9:07 pm


Tenía la plena conciencia que su hermano estaba haciendo su mayor esfuerzo, de una manera a otra él era su ejemplo a seguir, era un hombre hasta cierto punto honesto, intachable, caballeroso y amoroso con su familia y esperaba que con el tiempo comenzara a sentirse de aquella manera con Ivy a quién Bárbara sentía la necesidad de proteger.

Se aclaró la garganta cuando escucho cada una de las palabras que la pelirroja les contaba, examinaba su forma de hablar y moverse, de comportarse, el timbre de la voz y la forma de respirar. Intercambió un par de miradas con su hermano y por último en la pequeña Elle quién comenzaba a tallarse los ojos para volver a mirar los ojos oscuros de Ivy Rose. – Este chico...- Hizo una pausa para limpiar las comisuras de las pequeña Elle para luego mirar de manera directa a la adolescente. – El fotógrafo. – Sintió un poco de vergüenza al preguntarle sobre él pero quería que fuera sincera con ellos. - ¿Tiene que ver con tu pasado y las drogas?, no estamos para juzgarte sino ayudarte, y quiero saber que tan importante es que estés lejos o cerca de él, por tu propio bien. – Lanzó una mirada a su hermano y guardo unos segundos al ver que su hija estaba cayendo.

Se levantó de la mesa hasta tomar a la pequeña en sus brazos y mirar a los otros dos. – Iré a terminar de arreglarla para que se acueste y volvemos al tema, ¿Quieres ayudarme o deseas conversar con Julian, Ivy? – Le dedico a ambos una sonrisa, podía hacerlo sola pero quizá le gustaría conocer su habitación y sentirse parte de la casa y de la familia.


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Mensaje por Ivy Rose Hathaway el Mar Jun 07, 2016 3:15 am



L
La respuesta favorable de Julian la animó a sonreír de forma más amplia después de tragar el enorme bocado de pasta que acababa de llevarse a la boca. Se limpió suavemente con la servilleta que descansaba en su regazó y dio un sorbito de agua después, dejando la copa en su lugar con sumo cuidado, todo, bajo la atenta mirada de aquellos ojos inquisidores y preciosos de Bárbara. Su mirada iba de ella a Julian y después volvía a Elle quién tenía los ojitos entrecerrados, era bastante tarde para la pequeña y recordó que cuando era más niña, en el MAC, solían apagar las luces a las ocho de la noche tuvieras o no tuvieras sueño.

Tomó algo más de pasta y repitió sus movimientos excepto el del agua pues fue Bárbara quién hizo las preguntas que ella esperaba, aunque fue suave y no tan directa o más bien, cuidadosa. — Sí, tiene que ver con mi pasado… lo conocí hace ya bastante tiempo, de fama. Mi primera madre adoptiva lo admiraba por su trabajo y cuando lo vi en persona en el café donde yo antes trabajaba casi muero de la impresión — comenzó a contar con una enorme sonrisa en los labios, ahora sí tomando entre sus delgados labios la copa de agua mineral que le había servido Bárbara junto al servicio de la mesa.

Después nos conocimos más… hasta que sucedió algo y no nos volvimos a ver pero… dejamos en claro que nos gustamos, que es mutuo… Él es quién me ha llevado a los grupos de apoyo estos días, quiere tanto o más que yo que deje las drogas y es mi mayor apoyo… junto con ustedes ahora.

Miró a Bárbara el mayor tiempo posible a los ojos, también a Julian pues ahora había sido algo más honesta, Eden era su novio, pero tenían en contra la considerable diferencia de edades así que de común acuerdo quedaron en no hacerlo público. Guardó silencio cuando Bárbara se disculpó para retirarse de la mesa con la pequeña Elle en brazos. — No lo sé… — respondió apenada pues sabía lo feo que era comer solo y no quería hacer sentir de esa manera a quién ahora era su padre, pero también quería acompañar a Bárbara y conocer más del departamento, aunque para eso hubiese tiempo de sobra.

Agachó el rostro y después lo alzó con una sonrisa tímida. — ¿Puedo quedarme? Es que tengo mucha hambre… — dijo al final la verdad, pues quería con esa cena quería compensar todos los días en que no pudo comer absolutamente nada. ¿Se lo diría a ellos? No quería causar lastima, ni compasión, ¿qué imagen tenían ellos de ella? ¿Por qué habían querido adoptarla? ¿Tan miserable lucía? Cuando se quedó a solas con Julian, encorvó un poco la espalda y suspiró profundamente, volteando a verlo. — ¿Por qué me adoptaron?....







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Mensaje por Julian Peyton el Mar Jun 14, 2016 7:24 am


Julian aun no estaba completamente seguro de lo que enfrentaba. El había aceptado gustoso ayudar a su hermana y había tenido un presentimiento bueno con respecto a la adopción de Ivy. Mucho mas allá de lo que pudiese decir las personas de sus intenciones, el quería hacer algo bueno por una persona por una vez en su vida. Julian ayudaba a sus trabajadores lo mas que podía, a pesar de eso, sentía que no hacia lo suficiente para ellos y la mayoría del tiempo estaba pensando únicamente en sus intereses y eso no era justo para el resto del mundo. Por eso mismo no había preguntado demasiado. Su infancia y juventud no habían sido malas, de hecho, su madre lo había hecho convertirse en un hombre trabajador al que jamás le falto nada, dudaba que pudiese entender las circunstancias en las que había crecido su hija adoptiva.

Escucho la historia del amigo fotógrafo que la había apoyado e intento ser lo más comprensible posible. El no era un hombre controlador, de hecho, se le podía catalogar como relajado en ocasiones, aun siendo como era, no podía evitar cuidar y proteger a quienes amaba. Ahora ese circulo envolvía a Ivy que por lo que fuese, ya estaba dentro de su vida y a quien le debía algo mejor.

Quedo solo con ella y de inmediato la joven sintió curiosidad por sus intensiones. Tal y como lo había estado pensando hacia pocos segundos atrás. Julian no era un maestro de las palabras, el podía cagarla muy fácilmente por lo que considero que lo mejor era hablarle con sinceridad y sin maquillar ninguna palabra -La verdad es que queremos ayudarte. No conozco tan bien tu historia como lo hace Barbara pero quiero ayudarte- tal vez la adopción también curaría algunas heridas pasadas de Julian pero el no podía saberlo en ese momento -Estamos muy felices de tenerte con nosotros- era una joven hermosa que podía tener un futuro igual de brillante que sus ojos -Te adoptamos porque quisimos que formaras parte de nuestra familia- dio un sorbo al agua frente a él y sonrió de medio lado -Quizás para disminuir las posibilidades de mi hermano y mías de poder ganar alguna disputa con las mujeres Peyton que cada día son mas- dio otro sorbo mas a la comida que tenia frente a el y espero su explicación fuese suficiente como para demostrarle que sus intenciones no tenían nada oculto.
Julian Peyton
Localización :
Manhattan

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Mensaje por Invitado el Sáb Jul 23, 2016 2:46 pm

Adaptation. Cap1
Ivy Rose & Julian ┇ SoHo, Manhattan ┇ Abril, 2016 ┇ 9:07 pm


Los ojos de la pequeña Elle tenían una batalla casi campal por sostenerse abiertos, le gustaba estar atenta a casi todo aunque no entendiera la mayoría de las cosas o al menos de las conversaciones de adultos. Su cabello oscuro caía sobre la almohada y su respiración se volvía más lenta conforme iba cayendo en un sueño cada vez más profundo.

La mirada de Bárbara iba de un lado a otro de la habitación buscando el famoso libro que no soltaba su hija, el cuento se repetía una y otra vez cada noche y por lo general lo hacía con todos los cuentos que le leía, incluso había ocasiones en las que tenía que improvisar con cuentos inventados o distorsionados pero la pequeña Elle era tan lista que le corregía a la brevedad posible.

- Y fueron felices por siempre y para siempre... – La mano cálida de Barbie le acarició el rostro a su hija, a veces sentía ese pequeño vuelco en el corazón cada noche al mentirle sobre los finales felices de pareja, pero tampoco se quería meter en temas escabrosos. La realidad era otra pero para Elle todo seguiría siendo un fantástico cuento de hadas.

Luego de que apagara la luz volvió al comedor, no tenía idea de que tanto había transcurrido pero sabía que mínimo se había tardado media hora. - ¿Están en la sobre mesa? – Sonrío a ambos, recogiendo los platos y llevarlos hasta la cocina, ya se encargaría de limpiar más tarde. - ¿Alguien querrá postre? – Se giró para mirarles, no estaba muy segura de que habían estado hablando pues al llegar había un silencio entre ambos.



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